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Religión

La Encíclica "Magnifica humanitas" de León XIV, texto fundacional sobre la IA (1/3)

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Por Fady Noun
Publicado jun 9, 2026 - 16:04

En la primera encíclica de su pontificado, León XIV aborda de frente las inmensas ventajas, pero también los peligros actuales y potenciales de la inteligencia artificial (IA). Aboga por una «paz posible» en una época que piensa que “la guerra forma inevitablemente parte de la naturaleza humana”.

Instalado en el trono de Pedro hace poco más de un año, el papa León XIV presentó el pasado 15 de mayo su primera encíclica, Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), que aborda de frente las inmensas ventajas, pero también los peligros actuales y potenciales de la inteligencia artificial (IA), un avance tecnológico sin precedentes en la historia de la humanidad, pero también una temible herramienta capaz de someter a la humanidad, de desnaturalizar al hombre.

El paralelismo entre Magnífica Humanitas y la encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891) es evidente, incluso en la forma: León XIV firmó simbólicamente su texto el 15 de mayo de 2026, día del 135.º aniversario de la encíclica fundadora de la «Doctrina Social de la Iglesia». El papa ya había explicado que eligió su nombre de reinado para honrar a León XIII, trazando un paralelismo directo entre las convulsiones de la primera revolución industrial y las provocadas por la inteligencia artificial.

En 1891, la encíclica Rerum Novarum, que habría de inspirar toda la doctrina social de la Iglesia del siglo XX, establecía una serie de principios para recordar que la economía y el progreso técnico en general, entonces en plena transformación, debían permanecer al servicio del hombre y no al contrario. En plena revolución industrial, el papa León XIII quería advertir sobre el peligro que representaban para la humanidad, por un lado, el advenimiento de un capitalismo salvaje y, por otro, el proyecto socialista de una economía estatal.

Entre esos grandes principios destacaban la dignidad del trabajador, la necesidad de que el Estado se preocupara por el bien común, el destino universal de los bienes frente a su apropiación por unos pocos, la subsidiariedad, según la cual una autoridad superior solo debe realizar aquello que los escalones inferiores no pueden hacer por sí mismos, la legitimidad tanto del sindicalismo como de la propiedad privada, así como la necesidad de una opción preferencial por los pobres.

Un legado “aumentado”

La encíclica Magnifica Humanitas ha sido recibida como un texto fundacional para la era digital, comparable a Rerum Novarum para la revolución industrial. Retoma ese legado adaptándolo al nuevo entorno digital, pues “la IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina social” (§17). Para muchos intelectuales, León XIV se revela, gracias a este documento, como el hombre del momento.

Así, la encíclica incorpora los datos digitalizados al destino universal de los bienes y advierte que “cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes” (§67). Otro ejemplo: la encíclica redefine la subsidiariedad, pues el “nivel superior” ya no está encarnado por el Estado, sino por las grandes plataformas tecnológicas que fijan las condiciones de acceso a la vida pública (§71).

Toda la sociedad es interpelada

Al igual que las grandes encíclicas sociales de la tradición católica, Magnifica humanitas interpela al conjunto de la sociedad. Es un llamado universal dirigido tanto a los diseñadores de algoritmos y a los dirigentes políticos como a los ciudadanos comunes, creyentes o no, para volver a situar la dignidad humana inalienable en el centro de la innovación.

La encíclica está marcada por una gran fidelidad doctrinal. Retoma los conceptos de Juan Pablo II sobre la dignidad del trabajo humano (Laborem exercens), de Benedicto XVI sobre el desarrollo humano integral frente a la técnica (Caritas in veritate) y de Francisco sobre el destino universal de los bienes y la denuncia del paradigma tecnocrático (Laudato si’), así como sobre la promoción de la fraternidad frente al individualismo digital transmitido por las pantallas (Fratelli tutti).

Actualidad teológica

“Hay que devolver actualidad a la idea de que la humanidad es algo grande”, escribió un día el papa Benedicto XVI. Ya desde su título, la encíclica de León XIV hace eco directamente de esa aspiración.

La “Magnífica humanidad” es algo que debe contemplarse “en el rostro del Hijo”, afirma el papa estadounidense (§133). Un Hijo “por quien y para quien todo fue creado” (Col 1:16), pero que se presentó a sus contemporáneos y al mundo como “el hijo del hombre”, el hermano de todos (Fratelli tutti).

En este sentido, Magnífica Humanitas es una encíclica profundamente personalista, que sitúa a la persona humana «en el centro» y no en la periferia de la actividad humana. Es también profundamente moral. Pero no se trata de una moral personal, sino de la moral determinada por el advenimiento y la utilización de esta herramienta extraordinaria que es la IA; es decir, en particular, la moral de su modo de producción, de las relaciones entre naciones ricas y pobres, de la relación entre el capital y el trabajo, de la concentración del poder cognitivo, económico y político en manos de multinacionales o de particulares. Es también la moral del uso del poder digital en el ámbito educativo, con fines civiles o militares, o bien con fines de bien común o de malicia criminal.

Una gran ceguera espiritual

La encíclica es también moral por el juicio que emite sobre nuestra época, marcada, según el Papa, de “notable ceguera espiritual y cultural”. Puede leerse en el §204:

“Vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural. Un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria, como si se pudiera inaugurar una especie de “nueva creación” desvinculada del pasado; incluso quienes invocan grandes principios morales pueden caer en este nihilismo histórico, creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX (las de las dos guerras mundiales y las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, el gulag soviético, la Shoá y los arrozales de Camboya, etc.) ya no pueden repetirse. En realidad, las mismas dinámicas resurgen bajo nuevas formas.”

Como lo vemos ante nuestros propios ojos en Medio Oriente, África, Asia e incluso en la vieja Europa.

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