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Religión

Líbano y su Iglesia en la turbulencia de tres guerras “santas”

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Por Fady Noun
Publicado mar 17, 2026 - 15:30

La Iglesia en el Líbano se encuentra hoy atrapada en la turbulencia de tres “guerras santas”: dos formas distintas de fundamentalismo islámico (chií y suní), un fundamentalismo judaico y un giro religioso de carácter escatológico, el llamado “sionismo cristiano”. Estas visiones espirituales en competencia comparten un mismo punto focal: Jerusalén, la ciudad por excelencia de la paz.

 

Durante su visita al Líbano, el papa León XIV se dirigió a la población libanesa con el mismo mensaje que ha transmitido al mundo desde su elección, especialmente a los jóvenes cristianos de Oriente: “Sean arquitectos de su propia paz; sean fuerzas decisivas para una paz entre religiones”. Estas palabras están dirigidas a hombres y mujeres de un país que forma parte integral de Tierra Santa y que, por ello, carga con una misión de unidad y comunión.

 

El Líbano es considerado un faro y una garantía para los cristianos de Oriente Medio, al ser el único país de la región donde el cristianismo histórico sigue profundamente arraigado en la sociedad. El papa Juan Pablo II describió a la nación como “un mensaje de libertad y un ejemplo de pluralismo tanto para Oriente como para Occidente”. Vinculados durante siglos al Vaticano y profundamente orientales a la vez, los maronitas libaneses y sus instituciones educativas han convertido al país en un puente excepcional entre Oriente y Occidente.

 

En contraste, en ciertas corrientes religiosas estadounidenses, en particular las asociadas al “sionismo cristiano”, Oriente Medio, incluido el Líbano, se percibe como un escenario profético centrado en la existencia y la seguridad del Estado de Israel. Desde esta perspectiva, los conflictos regionales no son solo políticos: forman parte de una lectura escatológica de la historia vinculada al fin de los tiempos. Ante ello, la Iglesia tiene el deber de responder con un lenguaje que combine la verdad y la caridad.

 

Prudencia y discernimiento

 

La Iglesia, por supuesto, también cree en el fin de los tiempos, pero lo hace con la prudencia y el discernimiento adquiridos a lo largo de dos milenios y tras reconocer sus propias fallas. Sin la gracia de Dios, esos errores pueden repetirse. No obstante, la Iglesia sostiene una posición clara frente a la instrumentalización de la religión para legitimar la violencia. Para ella, la única violencia “legítima” es la que se ejerce contra aquello que “hace impuro al ser humano”, lo que “sale del corazón: malos pensamientos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, falsos testimonios y calumnias” (Mateo 15).

 

Esta violencia se dirige, ante todo, contra uno mismo. También puede ejercerse externamente, dentro de los límites de la legítima defensa. Sin embargo, incluso este concepto, presente en el Catecismo de la Iglesia Católica, debe aplicarse con cautela. Actualmente está siendo objeto de revisión doctrinal, en particular cuando se invoca de forma colectiva bajo la noción de “guerra justa”.

 

Wilayat al-Faqih

 

En Irán, la doctrina islámica de la Wilayat al-Faqih establece que, durante la ocultación del duodécimo imán, conocido como el “Imán de la Era”, el gobierno recae en un faqih (jurista-teólogo). Esta teoría, desarrollada principalmente por el ayatolá Jomeini, sustenta una teocracia que otorga primacía política al clero chií. El faqih, considerado líder supremo, gobierna la comunidad musulmana con poder de veto en todos los ámbitos, desde el legislativo hasta el militar, y se espera que actúe de la manera más cercana posible a como lo haría el Mahdi.

 

Incorporada a la Constitución iraní, la aplicación de esta doctrina en el Líbano por parte de Hezbolá plantea un problema central: su incompatibilidad con el pluralismo confesional. En 1995, el jeque Mohammed Hussein Fadlallah se proclamó marja al-taqlid (fuente de emulación), en un gesto que representó un desafío abierto a la Wilayat al-Faqih, en nombre de una tradición chií pluralista y no jerárquica.

 

“Las señales de la Hora”

 

En un artículo publicado en la revista L’Histoire en abril de 2016, el historiador Jean-Pierre Filiu abordó la cuestión del “yihad del fin de los tiempos”. Diversas figuras de la teocracia iraní, desde el expresidente Mahmoud Ahmadineyad hasta el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, han vinculado públicamente el proyecto político y militar iraní con la inminencia del “fin de los días”.

 

Según Filiu, tanto en el sunismo como en el chiismo, el fin de los tiempos estará precedido por una serie de señales. Junto a indicios relativamente comunes, como la decadencia moral o el desprecio por la religión, aparecen otros más específicos: estaciones engañosas, la aceleración del tiempo, la urbanización de los desiertos o la aparición de una montaña de oro en el Éufrates. El grupo Estado Islámico ha recurrido con frecuencia a estas referencias, incluso al nombrar su revista Dabiq.

 

Asimismo, Filiu recuerda dos episodios de “oportunismo apocalíptico”, en Sudán en 1883 y en La Meca en 1979, ambos finalmente sofocados. En este último caso, la toma de la Gran Mezquita por un grupo insurgente buscaba el reconocimiento de uno de sus miembros como el Mahdi, en un contexto de crítica al régimen saudí por corrupción y occidentalización.

 

El historiador ilustra, además, este imaginario apocalíptico con el caso de Ahmadinejad, quien afirmó haber sido “envuelto en la luz del Mahdi” en un discurso ante la ONU. Asimismo, Hezbolá proclamó una “victoria divina” tras los enfrentamientos con Israel en 2006, atribuyéndola a una intervención del Mahdi junto a los combatientes chiíes.

 

¿Y qué hay de Israel?

 

¿Qué hay de Israel? El pequeño “hogar nacional” surgido de la Declaración Balfour se ha transformado en una potencia militar en la región. El Líbano ha sido testigo cercano de la guerra en Gaza, donde el gobierno de Benjamín Netanyahu respondió a los ataques del 7 de octubre con una ofensiva de gran escala.

 

Para dar cuenta del mesianismo nacionalista de Netanyahu, basta citar su intervención televisada en el canal israelí i24 el 26 de octubre de 2023: “Somos el pueblo de la luz; ellos, el pueblo de la oscuridad, y la luz prevalecerá. Nuestra guerra contra Hamás es una prueba para toda la humanidad; es una lucha entre el eje del mal iraní —que incluye a Hezbolá y Hamás— y el eje de la libertad y el progreso. Ha llegado el momento de unirse en torno a un solo objetivo: avanzar y lograr la victoria mediante fuerzas conjuntas y una profunda fe en la justicia, una profunda fe en la eternidad del pueblo judío. Cumpliremos la profecía de Isaías”.

 

Hamás y el hadiz

 

La dimensión escatológica de Hamás, vinculado a los Hermanos Musulmanes, aparece claramente en su carta fundacional de 1988. Entre sus objetivos figuran la creación de un Estado palestino y la eliminación de Israel. Sin embargo, uno de los pasajes más significativos del texto es el hadiz de carácter escatológico citado en su artículo 7, que alude a un enfrentamiento final entre musulmanes y judíos: “La Hora no llegará hasta que los musulmanes combatan a los judíos y los maten; hasta que los judíos se oculten tras las piedras y los árboles, y estos digan: ‘Oh musulmán, hay un judío escondido detrás de mí, ven y mátalo’”.

 

“Sionismo cristiano” y la segunda venida

 

El “sionismo cristiano” sostiene que la existencia del Estado de Israel forma parte del plan divino. En ciertos círculos evangélicos estadounidenses, los acontecimientos en Oriente Medio se interpretan como señales del regreso de Cristo. Según esta visión, el retorno de Israel a su tierra —“del Nilo al Éufrates”— aceleraría la segunda venida.

 

A diferencia del sionismo político, esta interpretación se basa en una lectura literal de la Biblia. Para muchos de sus partidarios, la propia existencia del Estado de Israel favorecerá el regreso de Jesús a la Tierra y garantizará la victoria de Dios sobre las fuerzas del mal, mientras que los judíos que se conviertan al cristianismo serán salvados.

 

Esta ideología fue denunciada recientemente por las Iglesias de Tierra Santa. En una declaración del 17 de enero de 2026, los patriarcas ortodoxos griego y armenio la calificaron de “ideología perjudicial”. Según el texto, estas corrientes “inducen a error a la opinión pública, siembran confusión y dañan la unidad de los fieles”. Además, los firmantes advierten sobre una posible instrumentalización política que podría perjudicar la presencia cristiana en Tierra Santa y en todo Oriente Medio.

 

Más allá de misiles, alianzas y rivalidades geopolíticas, la verdadera batalla por el Líbano reside en demostrar que es posible preservar la diversidad religiosa, construir un Estado justo y resistir la manipulación política de lo sagrado. Puede parecer una aspiración utópica, pero si el país logra sostener ese equilibrio en medio de la crisis, podría convertirse no en un campo de batalla, sino en un referente espiritual para toda la región.

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