
Mientras los líderes mundiales se reúnen esta semana en Nueva York para la Asamblea General de las Naciones Unidas, se enfrentan a un problema central: el mundo se ha vuelto más interconectado que en cualquier otro momento de la historia de las relaciones internacionales desde el siglo XV. Sin embargo, al mismo tiempo, también se ha vuelto más fragmentado y polarizado, con el poder cada vez más disperso. Las economías nacionales están profundamente entrelazadas, la tecnología conecta a miles de millones de personas más allá de las fronteras, mientras que el capital, los bienes, los datos y las ideas circulan a velocidades inimaginables cuando se fundaron las Naciones Unidas en 1945. El comercio mundial alcanzó el año pasado un récord de 35 billones de dólares, mientras que seis mil millones de personas, casi tres cuartas partes de la humanidad, están hoy conectadas a Internet.












