


Sohmor. Un asentamiento ubicado en el oeste de la Bekaa, con unas 1500 viviendas y una población de entre 5000 y 8000 habitantes. Por su tamaño y número de residentes, definir a Sohmor como un pueblo es el término geográfico más adecuado.
Sohmor ha sido objeto de repetidos bombardeos israelíes, hasta el punto de que parece que se trata de rutina. Si este pueblo y sus sucesivos alcaldes han sido un imán para el ejército israelí, su municipalidad, por su parte, ha resultado ser un auténtico pararrayos.


En el “Top 10” de los mayores deudores de las facturas de la Electricité du Liban (EDL) figuran la Oficina de Aguas del Sur, la Oficina de Aguas de la Bekaa y la municipalidad de Sohmor…
En efecto, según un informe publicado por la EDL que contabiliza las facturas impagas entre noviembre de 2022 y diciembre de 2025, el modesto edificio municipal acumula una deuda de 1.599.205 dólares. Un cálculo rápido, basado en un costo de 25 centavos de dólar por kilovatio hora, muestra que durante ese período la municipalidad consumió 6 396 820 kWh, es decir, 170 430 kWh al mes.
Como las cifras suelen ser tediosas, nada mejor que una comparación práctica: ese consumo mensual bastaría para abastecer de electricidad de manera continua a 560 hogares en Francia, subrayando de paso la importancia de la palabra “continua”, una condición que la electricidad en el Líbano dista mucho de cumplir y que resulta todavía más esquiva que el último bombardero B-2.
Un edificio municipal que resplandece con tal intensidad que llega a triplicar el consumo de la sede central de Beirut, la cual mantiene una deuda acumulada de 530,00 dólares.
Cuando se descubre que una modesta alcaldía consume más electricidad que un centro dedicado a la inteligencia artificial, salvo que haya decidido abastecer por sí sola a sus habitantes y a los pueblos vecinos, la pregunta deja de ser si las cifras publicadas por la EDL son falsas y pasa a ser qué es lo que realmente están revelando.
La cuestión, evidentemente, es comprender el origen de este agujero negro eléctrico. ¿Y si la explicación estuviera, literalmente, en un agujero? Enterrada bajo tierra, allí donde Hezbolá ha establecido desde hace mucho tiempo su lugar predilecto.
Desde hace algunos meses, redes subterráneas han quedado expuestas a la vista de todos, demostrando que el famoso lema “construimos, protegemos” no era un simple eslogan electoral, aunque las infraestructuras no se encuentren sobre la superficie, sino debajo de ella.
Una versión contemporánea de La máquina del tiempo, de H. G. Wells, donde los Morlocks locales se dedicaron durante las últimas dos décadas no solo a crear un Estado dentro del Estado, sino un país debajo del país.
Durante años, responsables políticos y ministros competentes, aunque optaron por la política del avestruz, eran perfectamente conscientes de lo que ocurría. Después de todo, tener la cabeza enterrada en la tierra también permite ver con claridad lo que sucede debajo de ella.
Los historiadores coinciden en que el Líbano posee una profundidad excepcional en su legado civilizatorio. Hoy, más que nunca, esa descripción debe entenderse en el sentido más literal de la expresión.
Así se entiende mejor por qué el Estado tiene tantas dificultades para restablecer su autoridad en el territorio libanés: la está buscando en el nivel equivocado.