
La cumbre entre el presidente del Líbano, Joseph Aoun, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Washington marca una etapa fundamental en el proceso impulsado por las autoridades libanesas para restaurar la autoridad del Estado. En el trasfondo aparece un objetivo estratégico que se inscribe en la continuidad de las transformaciones en curso en la región y que Estados Unidos respalda plenamente, en la medida en que responde a sus propias aspiraciones: poner fin de manera definitiva a la influencia iraní en el Líbano. En términos concretos, esto pasa, como es sabido, por resolver el problema de las armas ilegales de Hezbolá, que sigue negándose a reconocer la autoridad del Estado y cuestiona con firmeza la línea política del presidente. La resolución de este asunto sigue siendo, a los ojos de los libaneses y de la comunidad internacional, con la excepción de Irán, por supuesto, una condición indispensable para restablecer la soberanía del Estado.










