


¿El alto el fuego entre Washington y Teherán vive sus últimos días, o incluso sus últimas horas? La pregunta cobra aún más fuerza desde la mañana del miércoles, cuando las tensiones entre ambas capitales se agravaron peligrosamente tras un nuevo pulso militar en torno al estrecho de Ormuz.
Comprometida con una política de máxima tensión desde el fin de las operaciones militares israelíes y estadounidenses contra su territorio, la República Islámica lleva la provocación al límite para intentar arrancarle al presidente estadounidense, Donald Trump, el mayor número posible de concesiones en el marco de las negociaciones iniciadas sobre la base del memorando de entendimiento (MOU) firmado por ambos países en junio pasado. Teherán parece apostar por la voluntad de Trump de privilegiar una salida diplomática al conflicto, por consideraciones económicas, financieras y de política interna estadounidense, para tensar aún más la situación sin temer una ruptura de las conversaciones, que en principio deberían reanudarse en las próximas semanas.
¿Busca también Teherán poner a prueba los límites de la paciencia de Trump? La pregunta también es válida. Sea como sea, la República Islámica está jugando un juego peligroso. Su estrategia podría hacer saltar por los aires el memorando de entendimiento y empujar al presidente estadounidense a cumplir sus amenazas de lanzar una operación militar de gran escala, aunque puntual, para obligar al régimen iraní a aceptar sus condiciones.
Al anunciar prácticamente el fin del acuerdo de junio con un escueto, pero contundente, “The MOU is over” (“el memorando de entendimiento se acabó”), al margen de los trabajos de la cumbre de la OTAN que se celebra en Ankara, y al calificar a los dirigentes de la República Islámica con todo tipo de insultos, entre ellos “mentirosos” y “enfermos”, Donald Trump dejó claro su hartazgo, aunque sin anunciar medidas que apuntaran a una ruptura definitiva. Por el contrario, afirmó que corresponde a sus negociadores decidir si las conversaciones deben continuar o no. Si optan por mantenerlas, precisó, deberán informarle al respecto.
Sin embargo, al final de la noche del miércoles quiso insistir en ese cansancio. “No estoy seguro de que quiera llegar a un acuerdo con ellos (los dirigentes iraníes)”, declaró. “Podemos seguir jugando, pero no estoy seguro de querer cerrar un acuerdo. Simplemente terminemos el trabajo. Cuando un periodista le recordó que el mes pasado había elogiado a algunos altos funcionarios iraníes y le preguntó qué había cambiado, el presidente respondió: “He llegado a conocerlos”…
Ataques estadounidenses contra 80 objetivos
Irán tiene sus propios cálculos. Donald Trump también tiene los suyos. La gran incógnita es quién terminará imponiéndose.
El discurso estadounidense se produjo tras una nueva escalada de violencia durante la noche en torno al estrecho de Ormuz, desencadenada por disparos iraníes efectuados el martes contra tres buques petroleros que habían utilizado el corredor marítimo omaní, rechazado por Teherán.
Para Washington, esos disparos constituyen una violación flagrante del alto el fuego de junio. La respuesta estadounidense fue inmediata: el restablecimiento de la prohibición de la producción y venta de petróleo iraní y sus derivados. Horas después, Estados Unidos lanzó ataques contra más de 80 objetivos militares en Irán, que dejaron ocho muertos, según medios iraníes. Se registraron explosiones cerca del estrecho de Ormuz, especialmente en la región de Bushehr, no muy lejos de la isla de Kharg, principal terminal petrolera del país.
La República Islámica respondió atacando, según la información difundida por sus propios medios, “85 instalaciones militares estadounidenses ubicadas en bases de Kuwait y de Baréin”. En Kuwait, los ataques iraníes provocaron cortes en el suministro eléctrico.
Amenazas y contraamenazas
El miércoles estuvo marcado por un intercambio constante de amenazas estadounidenses y contraamenazas iraníes. Teherán, cuya mala fe ya no necesita demostración, sostiene que fue Washington quien violó el alto el fuego y que “Donald Trump deberá asumir personalmente las consecuencias”, según Ali Akbar Velayati, asesor del guía iraní Mojtaba Jamenei. En su cuenta de X anunció que “el eje de la resistencia no permanecerá de brazos cruzados si continúa el aventurerismo estadounidense”, en alusión a una posible entrada en escena de sus aliados regionales.
Teherán también prometió adoptar “medidas decisivas” para defender sus intereses si Washington incrementa la presión. El Estado Mayor iraní advirtió que “todo país que facilite operaciones militares estadounidenses contra su territorio se convertirá en un objetivo legítimo”, en una amenaza apenas velada dirigida a Baréin y Kuwait.
Pero en este peligroso juego, Irán se encuentra prácticamente solo. Estados Unidos, Europa y los países del Golfo rechazan por igual lo que Teherán intenta imponer por la fuerza: un control exclusivo del estratégico estrecho de Ormuz que le permita influir en el comercio marítimo mundial y compensar así el retroceso de su influencia regional.
En Ankara, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y el canciller alemán, Friedrich Merz, reflejaron esa oposición internacional a las ambiciones iraníes. Rutte estimó que la respuesta estadounidense era “absolutamente necesaria” y consideró indispensable mantener una posición firme frente a Irán. Para el canciller alemán, dicha respuesta estaba “totalmente justificada”.
Aunque Donald Trump reiteró durante toda la jornada del miércoles sus amenazas contra la República Islámica, esta vez el tono empleado fue diferente al de ocasiones anteriores. El presidente estadounidense parece dispuesto a dar un paso más, mientras medios estadounidenses e israelíes informaban sobre una posible coordinación entre Israel y Estados Unidos en este contexto.
Para Trump, la presión aumentaría de forma gradual: el restablecimiento del bloqueo marítimo, el control de la estratégica isla de Kharg y la reanudación de los ataques militares. De hecho, anunció al final de la tarde que los bombardeos contra objetivos militares iraníes “podrían reanudarse durante la noche”.
Poco después, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) anunció en su cuenta de Telegram que “más de 20 buques de guerra estadounidenses patrullan las aguas de Medio Oriente”, sin ofrecer mayores precisiones, “para garantizar la estabilidad y la seguridad” en la región. Una forma de recordar la presencia militar estadounidense en la zona.
La OTAN, Siria y el Líbano
La cumbre de la OTAN, durante la cual el presidente estadounidense se pronunció sobre varios temas, debía servir para aclarar distintos asuntos.
Aunque fue muy crítico con la Alianza y con los países europeos que no lo apoyaron durante su guerra contra Irán, Donald Trump anunció que no retirará a Estados Unidos de la OTAN. También informó que estudia vender cazas F-35, joya de la aviación militar estadounidense, a Ankara, una decisión que no agradará a Tel Aviv, y retirar a Siria de la lista de países que apoyan el terrorismo.
En cuanto al Líbano, afirmó que existe voluntad por parte de Israel de retirarse de las zonas que aún ocupa en el sur del país, aunque evitó profundizar en el tema. Situó esa retirada en el marco de las negociaciones en curso entre Tel Aviv y Beirut, cuya reanudación está prevista para los días 15 y 16 de julio en Roma.
Según diversas fuentes periodísticas, las autoridades libanesas todavía no han sido informadas oficialmente por Estados Unidos sobre esas fechas y expresan reservas respecto al anuncio, realizado sin consultas previas con ellas. Fueron Italia e Israel quienes dieron a conocer tanto las fechas como el lugar de la reunión.
Las mismas fuentes indican que el Líbano exige como condición para asistir a Roma la retirada israelí de dos “zonas piloto”, contemplada en el acuerdo marco.
Otra cita importante para el Líbano será la visita oficial que el presidente Joseph Aoun realizará a Washington el 21 de julio, por invitación de su homólogo estadounidense. El anuncio fue realizado el miércoles por la embajada libanesa en Washington. La invitación será entregada al presidente Aoun en las próximas horas por el embajador estadounidense en el Líbano, Michel Issa.
El principal tema de las conversaciones será la implementación del acuerdo marco firmado recientemente entre Israel y el Líbano, que prevé, entre otros puntos, la retirada gradual de las fuerzas israelíes del sur libanés y el desarme de Hezbolá.
En este contexto, cabe señalar que el presidente Trump fue consultado sobre una eventual participación siria en el desarme de Hezbolá. Su respuesta fue menos categórica que en ocasiones anteriores. “Podrían ayudar. Ya veremos. Creo que se están logrando avances y que podrían hacer un buen trabajo”, afirmó.