


La tensión no deja de crecer en la región, que cada vez se parece más a un volcán a punto de despertar en cualquier momento. Irán elevó aún más el tono el jueves y volvió a agitar la carta de los hutíes frente a las advertencias estadounidenses.
Al mismo tiempo, en el Líbano, Hezbolá dio un nuevo paso en su desafío a las instituciones del Estado, arremetiendo —por boca de algunos de sus diputados— contra el presidente de la República para cuestionar la entrada en vigor de la retirada israelí parcial de las zonas piloto del sur del país y el proyecto de desarme del grupo.
Pocas horas antes del muy esperado discurso del presidente estadounidense Donald Trump, previsto para la 1:00 GMT del viernes (4:00 hora de Beirut), Teherán anunció que sus fuerzas militares atacarían infraestructuras en toda la región si el mandatario llevaba a cabo sus amenazas de golpear instalaciones civiles iraníes.
Fue el portavoz del alto mando militar iraní, citado por Reuters, quien lanzó esta advertencia, afirmando que Teherán «no permitiría ninguna injerencia estadounidense en el estrecho de Ormuz».
Esta cuestión, dijo, representa «una línea roja» para la República Islámica, cuyos puertos se encuentran nuevamente sometidos a un bloqueo naval estadounidense desde que cerró esa estratégica vía marítima.
También según Reuters, que cita tres fuentes, Irán habría pedido al movimiento hutí yemení que estuviera preparado para «cerrar la ruta petrolera del mar Rojo por Bab el-Mandeb si Estados Unidos atacaba las infraestructuras energéticas iraníes», lanzando así una nueva e importante amenaza sobre el suministro energético mundial.
La idea habría sido debatida en el seno de la cúpula de la República Islámica, y el mensaje habría sido transmitido a los aliados hutíes de Irán, según dos fuentes iraníes de alto nivel y una fuente regional conocedora del expediente que, según precisa Reuters, hablaron bajo condición de anonimato.
Irán parece querer anticiparse al discurso de Donald Trump y apostar por una ampliación del conflicto que lo enfrenta a Estados Unidos en caso de ataques «enemigos». Así, la República Islámica, maestra consumada en el arte de las guerras por delegación, volvió a valerse el jueves de la carta de los hutíes.
El líder de este grupo yemení, Abdel-Malik al-Houthi, arremetió con dureza contra Arabia Saudí en un mensaje audiovisual, amenazando con golpear Riad si el reino atacaba «de nuevo» objetivos hutíes.
Denunció «un ataque injustificado» saudí contra el aeropuerto de Saná, cuando fue precisamente su grupo el que disparó primero misiles contra un aeropuerto en el sur de Arabia Saudí el lunes por la noche, provocando una contundente respuesta saudí.
El discurso del presidente Trump debería marcar un punto de inflexión en la evolución del conflicto, según diversos medios internacionales que recuerdan que el último, el 1 de abril, estuvo repleto de anuncios «explosivos». El inquilino de la Casa Blanca lo ha presentado como «un anuncio muy importante». Deberá abordar, entre otros temas, cuestiones relacionadas con las elecciones estadounidenses previstas para noviembre, así como las conversaciones con Irán, actualmente paralizadas.
El mediador pakistaní, que multiplicaba los viajes de ida y vuelta para acercar posturas, parece hoy estar en paro. El jueves, Islamabad se limitó a pedir a Washington y Teherán que volvieran a la mesa de negociaciones. Este llamamiento, lanzado por el portavoz del Ministerio pakistaní de Asuntos Exteriores, refleja sobre todo la actual incapacidad de la mediación de Islamabad para frenar la escalada.
Sobre el terreno, el enfrentamiento continúa siguiendo el mismo patrón: el Centcom lanza ataques en serie, sobre todo de noche, contra instalaciones iraníes.
La República Islámica responde atacando objetivos estadounidenses en países de la región, entre ellos Jordania, Baréin y Kuwait. El jueves por la tarde temprano, Estados Unidos llevó a cabo ataques contra instalaciones situadas en los alrededores de Bandar Abbas, en el estrecho de Ormuz.
Armas para Hezbolá en el Líbano
Al mismo tiempo, la tensión también aumenta en el Líbano, donde el ejército libanés e Israel se preparan para poner en marcha el mecanismo que prevé una retirada parcial israelí de zonas piloto en el sur del país. Una medida a la que Hezbolá se opone rotundamente, ya que sigue rechazando el acuerdo marco alcanzado entre Beirut y Tel Aviv y cuestionando violentamente el principio de negociaciones directas entre ambas capitales, que comparten un mismo objetivo: reducir la capacidad de daño del grupo proiraní e imponer el monopolio de las armas en el Líbano.
Sin embargo, esta perspectiva se produce en un clima particularmente tenso. El Hezb sigue negándose a entregar sus armas, como reafirmó el jueves uno de sus diputados, Hassan Fadlallah, mientras el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, recordaba a su homólogo estadounidense, Pete Hegseth, que Tel Aviv pretende mantener sus tropas de forma duradera en las «zonas de seguridad» establecidas en el Líbano, Siria y la franja de Gaza para proteger sus fronteras.
El anuncio del Ministerio del Interior sirio, que informó de la interceptación en la frontera sirioiraquí de un camión que transportaba armas sofisticadas y cohetes destinados a Hezbolá, vino no obstante a reforzar el argumento esgrimido por Israel para justificar el mantenimiento de sus fuerzas en el Líbano.
Esta nueva incautación, que según Damasco está lejos de ser un caso aislado, refuerza las acusaciones de que Irán continúa rearmando a su principal brazo militar en la región, a pesar de la presión internacional.
Se produce cuando Donald Trump volvió a plantear la posibilidad de encomendar a Siria un papel más activo en la lucha contra Hezbolá, el cual desmintió «realizar cualquier tipo de actividad en Siria» en un comunicado escueto y formulado en términos muy vagos. El texto fue publicado tras el anuncio de la incautación de las armas, pero no hace ninguna mención a la misma.
Se limita a señalar «informaciones fabricadas de la nada para perjudicar (al grupo) y servir los intereses estadounidenses e israelíes».
Los diputados de Hezbolá, entretanto, arremetieron con dureza contra el presidente Joseph Aoun y el acuerdo marco libanés-israelí, «que Tel Aviv no logrará imponer a quienes se oponen a él». Hassan Fadlallah criticó con vehemencia la decisión de las autoridades libanesas de desarmar al grupo al que pertenece, «cuando las armas de las que dispone inquietan a Israel».
Mientras tanto, el ejército libanés comenzó a reforzar su presencia en el sur del país, patrullando por una decena de localidades, entre ellas Bint Jbeil, donde había entrado el ejército israelí.
Sobre el terreno, Tel Aviv prosigue sus operaciones militares limitadas: un ataque israelí causó dos muertos en Nabatieh el-Fawka durante la jornada, mientras que se reportaban de forma intermitente bombardeos y voladuras de viviendas.