


Es una semana que arranca con calma. Los principales expedientes regionales permanecen provisionalmente en suspenso, ya sea la reanudación de las negociaciones entre Washington y Teherán o la retirada israelí de dos “zonas piloto” en el sur del Líbano. Una pausa que se explica, entre otras cosas, por los funerales oficiales del ex Guía Supremo iraní, Ali Jameneí, que concluirán el jueves, pero también por la cumbre de la OTAN, prevista para los martes 7 y miércoles 8 de julio en Ankara. Una cumbre tanto más importante cuanto que el presidente estadounidense, Donald Trump, tiene previsto participar en ella, tras varios meses de tensión con los aliados europeos.
Antes de partir hacia Turquía, Donald Trump dejó claro que no afloja en su postura frente a Irán. Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, redefinió sus prioridades y reiteró sus amenazas contra Teherán. “O llegamos a un acuerdo, o terminamos el trabajo. Y terminar el trabajo no será difícil, pero prefiero cerrar un trato, porque no quiero hacerles daño a 91 millones de personas”, afirmó, asegurando que el ejército estadounidense puede “destruir los puentes (iraníes) en una hora”.
Y prosiguió con el mismo tono amenazante: “Podemos aniquilar su red energética, todas las grandes centrales que han construido, en una pequeña fracción de una tarde. Lo saben. Hoy no tienen dinero. No les hemos dado ni un centavo”.
Reafirmó que su objetivo no es “lograr un cambio de régimen en Irán, aunque, en realidad, eso es lo que es. El primer régimen desapareció. El segundo régimen desapareció. Y creo que el tercero es más razonable. Pero ya veremos”.
Donald Trump también recordó que Washington tiene intención de recuperar el “polvo” nuclear iraní, “es decir, el material enriquecido” (el uranio enriquecido), insistiendo de nuevo en que Irán “no puede poseer armas nucleares”.
Preguntado sobre el asunto del estrecho de Ormuz, que Teherán quiere mantener bajo su control, el presidente estadounidense se limitó a señalar, como única respuesta, que “es una magnífica máquina de generar dinero”. Estados Unidos, como es sabido, junto con los países árabes y Europa, rechaza que esta vía marítima estratégica esté controlada por el régimen de los mulás.
El inquilino de la Casa Blanca también expresó su voluntad de ayudar a los presidentes ruso, Vladímir Putin, y ucraniano, Volodímir Zelenski, a poner fin a la guerra que los enfrenta desde hace más de cuatro años. “Creo que estamos mucho más cerca de un acuerdo de lo que la gente piensa. El presidente Putin quiere que esta guerra termine. El presidente Zelenski también quiere ahora que se acabe. Vamos a ir a la cumbre de la OTAN, en Ankara, donde hablaremos de ello. Y creo que vamos a lograr poner fin a esta guerra”.
Macron en Damasco
La Casa Blanca confirmó que Donald Trump se reunirá al margen de la cumbre de la OTAN con Volodímir Zelenski, así como con el presidente sirio, Ahmad al-Sharaa, quien debía recibir el lunes por la noche a su homólogo francés, Emmanuel Macron. Este último viaja acompañado de un grupo de empresarios franceses.
Es la primera visita de un presidente francés a Damasco en casi 17 años. Las relaciones entre Francia y la Siria de Bachar al-Ásad comenzaron a deteriorarse con el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, atribuido a Damasco. París rompió posteriormente sus relaciones diplomáticas con el régimen sirio en el contexto de la guerra de 2011, tras un ataque contra su embajada.
En el centro de los debates franco-sirios se encuentra, como era de esperar, la situación en la región, que también será objeto de una reunión en Washington entre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente Trump. Aunque, según el propio dirigente israelí, este encuentro aún no tiene fecha fijada, reviste una importancia particular en un momento en que las negociaciones entre Washington y Teherán avanzan con dificultad. Más aún, teniendo en cuenta que Donald Trump había dejado entrever, en algún momento, cierta reticencia ante la idea de recibir al señor Netanyahu en la Casa Blanca.
Una tregua relativa en el Líbano
La pausa diplomática se ha extendido al Líbano, donde, según la cadena árabe Al-Hadath, el comandante del Centcom, el almirante Brad Cooper, regresaría en los próximos días para presentar a las autoridades libanesas una propuesta de mecanismo para una retirada israelí gradual, conforme a las disposiciones de seguridad del acuerdo marco líbano-israelí de Washington.
El presidente Joseph Aoun reafirmó en este contexto la importancia del redespliegue del ejército libanés a lo largo de toda la frontera sur, al tiempo que subrayó la necesidad de aumentar la presión sobre Israel para que se retire de los territorios que aún ocupa en el sur del país. “El mantenimiento de la ocupación socava la legitimidad del Estado, impide el despliegue del ejército y compromete los fundamentos de una paz justa y duradera”, advirtió durante una videoconferencia con representantes del American Task Force for Lebanon.
También insistió en que “no puede haber guerra civil en el Líbano”, a pesar de “los intentos de algunos de reavivar las tensiones confesionales”, en alusión a Hezbolá.
Sobre el terreno, en el Líbano, la situación sigue siendo volátil. El ejército israelí continúa con sus operaciones de demolición en varias localidades de Bint Jbeil, Marjeyoun y Nabatyeh, así como con sus incursiones puntuales. Un ataque sobre Nabatiyé el-Faouqa causó tres muertos el lunes: una directora de escuela, su madre y su empleada del hogar.
El ejército israelí también afirmó haber descubierto importantes arsenales de armas en el pueblo de Haddatha, donde lleva a cabo importantes operaciones de demolición y al que presenta como una base operativa de Hezbolá. Así, anunció la destrucción de “decenas de infraestructuras militares” en esa localidad y la incautación de más de 150 armas. Asimismo, lanzó una advertencia a los habitantes de los pueblos fronterizos del sur, recordándoles que deben abstenerse de acoger a desplazados procedentes de localidades consideradas bastiones de Hezbolá.
En otro orden de cosas, unas declaraciones del primer ministro israelí según las cuales ciertos pueblos cristianos fronterizos habrían solicitado ser “anexionados” a Israel para protegerse de Hezbolá generaron una gran conmoción en el país. Fueron rechazadas de inmediato por los municipios, mujtares y personalidades locales de una quincena de pueblos afectados, quienes denunciaron que se trata de informaciones “totalmente infundadas” y reafirmaron su apego a la soberanía del Estado libanés.
Disolución del gobierno en Gaza
Cabe señalar otro acontecimiento importante a nivel regional: Hamás anunció la disolución de su gobierno en Gaza, casi veinte años después de su toma del poder en 2007, con el fin de facilitar el traspaso de responsabilidades al Comité Nacional para la Administración del enclave (NCAG), una estructura compuesta por tecnócratas creada en el marco de los debates previos al alto el fuego de octubre de 2025. Este acontecimiento, que algunos analistas han acogido con cierto escepticismo, merece seguimiento, ya que podría modificar el panorama político palestino.
Hamás presenta esta decisión como una forma de “privar a la ocupación de cualquier pretexto” para continuar la guerra, al tiempo que afirma su disposición a ceder las prerrogativas gubernamentales al nuevo comité. El presidente del NCAG, Ali Chaath, aseguró que este organismo estaba listo para asumir sus responsabilidades en cuanto se reunieran los medios necesarios.
Tel Aviv, sin embargo, no parece creerlo e insiste en el desarme de la milicia proiraní, tal como lo contempla el plan de paz negociado por Estados Unidos. El ministro israelí de Asuntos Exteriores, Gideon Sar, calificó la medida de “maniobra” destinada a evitar el desarme: “Mientras Hamás conserve sus armas, cualquier gobierno civil funcionará, por supuesto, bajo las directrices de ese grupo. Israel insiste en la aplicación íntegra del plan Trump, cuyos principios fundamentales son el desarme de Hamás y de todas las demás organizaciones terroristas, así como la desmilitarización completa de la Franja de Gaza”, escribió en X.