


Hay éxitos que engendran otros. Marruecos lo ha demostrado desde la llegada de Mohammed VI al trono, hace veintisiete años. El primero de esos logros sigue siendo la consolidación de la marroquinidad del Sáhara, a la que se han sumado grandes proyectos que hoy son una realidad. Entre ellos destacan la transformación del puerto de Dajla en una de las principales puertas atlánticas de África, el gasoducto africano que unirá Nigeria con Marruecos y la autopista de más de mil kilómetros que conecta Tiznit con Dajla y que hoy lleva el nombre de Donald Trump.
El monarca marroquí difícilmente necesitaba insistir en estos logros durante su discurso con motivo de la Fiesta del Trono, sobre todo después de la adopción de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el 31 de octubre de 2025. Aquella resolución marcó un punto de inflexión al reconocer explícitamente la marroquinidad del Sáhara y confirmar que la única solución realista sigue siendo la que Rabat defiende desde 2007: una amplia autonomía para las provincias saharianas dentro del marco de la soberanía marroquí.
Mohammed VI prefirió dejar que las cifras hablaran por sí solas. Sin embargo, quiso recordar a quienes están dispuestos a escucharlo que los avances del Reino descansan sobre bases sólidas, porque Marruecos es, según sus propias palabras, «un Estado-nación antiguo».
Como afirmó:
«Marruecos es un Estado antiguo que extrae su fuerza de tradiciones profundamente arraigadas como Estado-nación. Sus instituciones cumplen plenamente su función dentro de un marco de armonía y complementariedad. Eso es lo que otorga al Estado la eficacia necesaria para continuar sus logros y afrontar los desafíos pese a las dificultades y las limitaciones. Marruecos lo ha demostrado mediante la organización ejemplar de grandes acontecimientos continentales e internacionales, que le han valido la admiración y el reconocimiento en todo el mundo, despertando incluso, en ocasiones, la envidia de algunos».
Es natural que Marruecos despierte «la envidia de algunos». Los avances alcanzados han convertido al Reino en un factor de estabilidad en una región que necesita un clima muy distinto para impulsar el desarrollo y la integración, lejos de los eslóganes, las promesas vacías, las ilusiones y la utilización de los pueblos y de su futuro.
Con motivo del vigesimoséptimo aniversario de su acceso al trono, Mohammed VI tenía sobradas razones para mirar al futuro con confianza. Su discurso estuvo orientado hacia el porvenir de Marruecos, un futuro prometedor que ya no se sustenta únicamente en aspiraciones, sino en logros concretos firmemente asentados en la realidad. Esos avances son fruto, subrayó, «de la seguridad, la estabilidad y la eficacia de las instituciones». De ahí «la multiplicación de los indicadores positivos en todos los sectores, reforzando la dinámica de crecimiento económico y consolidando la soberanía nacional».
Volviendo al lenguaje de las cifras, es decir, a los hechos verificables, el monarca marroquí señaló que «la tasa de crecimiento alcanzó aproximadamente el 4.9 % en 2025 y se espera que se mantenga en ese nivel, o incluso lo supere, en 2026».
También destacó que, «en el sector agrícola, Marruecos se benefició de abundantes lluvias y de una excelente temporada, lo que contribuyó a reforzar la seguridad hídrica y alimentaria». Al mismo tiempo, el Reino consolidó su posición como polo de inversión industrial, turística y financiera, como lo demuestra la mejora constante de sus indicadores, especialmente en el ámbito industrial.
Las industrias automotriz y aeronáutica, las energías renovables y la industria agroalimentaria constituyen hoy la columna vertebral del aparato productivo marroquí. Desempeñan un papel decisivo tanto para atraer inversión extranjera como para generar riqueza y crear empleo.
Marruecos es ya el principal exportador de automóviles de África, con una capacidad de producción cercana al millón de vehículos al año. Las exportaciones de los sectores automotriz y aeronáutico representan actualmente más del 40 % de las exportaciones totales del Reino, superando incluso a las del fosfato.
Como parte de esta misma estrategia, Mohammed VI recordó haber presidido, a principios de este año, la inauguración de nuevas plantas industriales que permitieron a Marruecos incorporarse al reducido grupo de países que cuentan con grandes centros de producción de motores de aviación y sistemas de tren de aterrizaje.
El desarrollo de una industria integrada de baterías eléctricas refleja igualmente la capacidad del Reino para anticiparse a las transformaciones tecnológicas e integrarse en las cadenas de producción de las industrias estratégicas.
Con ese mismo espíritu de innovación y modernización, Marruecos continúa impulsando grandes proyectos destinados a convertir las energías renovables en uno de los pilares de su seguridad energética y en un poderoso factor de atracción para las industrias que buscan una energía competitiva y baja en carbono. Como parte de esta ambiciosa estrategia, el Reino ha comenzado a poner en marcha su programa de hidrógeno verde, autorizando una primera serie de grandes proyectos.
Todo ello no representa sino una pequeña parte de lo que Marruecos ha logrado, en un país que hoy recibe veinte millones de turistas al año.
El discurso pronunciado este año por Mohammed VI con motivo de la Fiesta del Trono fue un mensaje dirigido a todos: a quienes desean comprender y a quienes se niegan a hacerlo. Su idea central es clara: Marruecos tiene una visión y confía en su gente. Apuesta por la capacidad de los marroquíes para seguir impulsando el desarrollo del país y situarlo entre las naciones capaces de desempeñar un papel constructivo tanto en el ámbito regional como en el internacional, lejos de los enfrentamientos ideológicos, de las ilusiones y de las estériles escaladas retóricas que no ofrecen ningún horizonte político, económico ni civilizatorio.
En el fondo, el mensaje es muy sencillo: Marruecos ha asumido plenamente que el mundo ha cambiado. Ha cambiado incluso más profundamente de lo que muchos imaginaban hace menos de cinco años, primero con el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania y después con la ola de violencia desatada por los ataques del 7 de octubre de 2023 y la guerra que envolvió a Oriente Medio.
El mundo ha cambiado y Marruecos está decidido a ocupar su lugar entre los países que están rediseñando las cadenas mundiales de suministro, diversificando su producción y vinculando sus capacidades nacionales a la economía global. Para lograrlo, el Reino se apoya en sus infraestructuras, sus recursos naturales, la calidad de su diplomacia y de su acción política, así como en la preservación de una estabilidad que hoy constituye uno de sus principales activos, tanto a escala nacional como regional.