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Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad
Publicado sep 5, 2026 - 20:01
La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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Por Youssef Mouawad - Publicado sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
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Por LevantTime . - Publicado sep 5, 2026 - 00:55
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El convoy del CICR que transportaba a los civiles liberados, procedente de la zona ocupada por Israel en el sur del Líbano, se dirigió al punto que marca el inicio de la zona controlada por las autoridades libanesas. (AFP)
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció el viernes que trasladó a Líbano a otras cuatro personas liberadas por Israel, un día después de la liberación de un primer civil. Según el CICR, se trata de tres libaneses y dos sirios. Es la primera vez que se lleva a cabo una operación de este tipo desde el inicio, en abril, de las negociaciones entre Líbano e Israel, bajo la mediación de Estados Unidos. Beirut había solicitado, durante la última ronda de conversaciones celebrada en agosto, la liberación de un primer grupo de ciudadanos libaneses capturados por Israel en el sur de Líbano, donde mantiene una guerra con Hezbolá, aliado de Irán. Sus familiares estiman que hay alrededor de una treintena de personas retenidas, entre ellas combatientes del movimiento islamista. El presidente libanés, Joseph Aoun, agradeció en un comunicado a Estados Unidos y al CICR, y afirmó que esta liberación «confirma lo acertado de la postura» de Líbano, que participa en negociaciones con Israel rechazadas por Hezbolá. Estados Unidos elogió el jueves «al Gobierno de Israel y al Gobierno de Líbano por haber demostrado buena fe mediante estos primeros pasos», y expresó su esperanza de que esto sirva «de base para conversaciones más amplias sobre otras cuestiones civiles». Ambos países deberán celebrar una nueva ronda de negociaciones en septiembre, en una fecha que aún no ha sido anunciada. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «se produce tras los esfuerzos realizados por Israel y Líbano para localizar y repatriar los restos de dirigentes de la comunidad judía que habían sido secuestrados y asesinados en Líbano» entre 1984 y 1986. Israel intensifica sus ataques En el terreno, ataques israelíes dejaron el viernes tres muertos y 23 heridos en el sur y el este de Líbano, según un medio estatal. Israel intensificó el viernes sus ataques en la región, después de anunciar la noche del jueves que había tomado el control de la cresta montañosa de Ali Taher, que servía como posición estratégica para Hezbolá, aliado de Irán, y domina, entre otras zonas, la ciudad de Nabatiye. El ejército reforzará ahora sus posiciones en la zona para «impedir que el enemigo vuelva a posicionarse allí», declaró el ministro israelí de Defensa, Israel Katz. Otro ataque alcanzó también la región de Tiro, en particular la localidad de Rmadiye, según la Agencia Nacional de Información (ANI). Para Trump, la guerra en Irán es «poca cosa» En cuanto a la guerra en Irán, el presidente estadounidense, Donald Trump, intentó el viernes minimizar su impacto para Estados Unidos ante la proximidad de las cruciales elecciones legislativas de medio mandato. «Mucha gente no lo llama guerra. Yo digo que es un conflicto militar, porque para nosotros es poca cosa (“small potatoes”). No es gran cosa. Hicimos lo de Venezuela y hemos hecho esto», respondió a periodistas en la Oficina Oval, al ser cuestionado sobre su vicepresidente, JD Vance, quien el día anterior había dicho que no quería describir el conflicto como una guerra. Mientras el fuerte aumento de los precios de los combustibles relacionado con la guerra amenaza con costarle a los republicanos de Donald Trump su mayoría en el Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre, su administración intenta restar importancia al conflicto. Según el presidente, Estados Unidos lleva a cabo «ataques puntuales» y aseguró que «actualmente no está combatiendo». También afirmó que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz y que ha diezmado a las fuerzas armadas iraníes. «Lo que hemos logrado es extraordinario. Tomamos el control de Venezuela y, en esencia, tomamos el control de Irán», declaró.
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"El amor a la patria", el testamento espiritual del patriarca Howayek (2/4)

Dentro de la gran tradición maronita, el patriarca Howayek dirigió a su comunidad, a lo largo de todo su patriarcado, "mensajes" anuales. El más célebre de ellos es, con justa razón, el que les dirigió en 1930 bajo el título “El amor a la patria”. Este texto constituye su testamento espiritual. En el ocaso de su vida, murió a los 88 años, revela especialmente su obsesión pastoral por el Líbano, país al que contribuyó a dar nacimiento y donde la falta de civismo entre las clases dirigentes parecía haber alcanzado proporciones alarmantes. El folleto es una apasionada lección de civismo que comienza con el amor a la patria y concluye con infinitas y cuidadosas recomendaciones sobre la justicia distributiva, elemento esencial de la justicia social defendida por León XIII. Remitiéndose a la etimología latina de la palabra patria, el patriarca escribe: “Los occidentales tienen razón al elegir el término Patria , derivado de Padre, para expresar lo que en nuestra lengua llamamos al-Watan , como si el amor del hombre por su patria fuera el mismo que su amor natural por sus padres”. Siguiendo fielmente la tradición de santo Tomás de Aquino, el patriarca Howayek subraya que, así como se debe honor a los padres, también se debe piedad y devoción a la patria. Pero al leer este mensaje resulta evidente que la apasionada defensa del patriarca Howayek refleja los dolores del nacimiento de una nación, vistos desde la perspectiva de un hombre preocupado por corregir los defectos de su etapa inicial y conducirla hacia un auténtico sentido del servicio público. ¿Por qué el patriarca Howayek sintió la necesidad de dirigir semejante exhortación a los maronitas apenas diez años después del nacimiento del Gran Líbano? No es difícil imaginarlo. En una nación en construcción, una nación que salía de su prehistoria e iniciaba sus primeros pasos en la historia, ese amor necesitaba ser comprendido, interiorizado y madurado. A partir de estas reflexiones elementales sobre el amor a la patria, el patriarca desarrolla una extensa y casi obsesiva lección de civismo. “Es evidente que los dirigentes no responden a su deseo de formar verdaderos ciudadanos”, confirma sor Marie-Antoinette Saadé, superiora de la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia. “La consideración de la situación actual, de las divisiones y de las miserias, abruma el alma con el desaliento. Con frecuencia hablamos de desesperanza respecto a las reformas que deben hacerse, lo que termina generando indiferencia, una disposición contraria a la virtud del amor patriótico. Esta virtud implica el verdadero deseo de ver a nuestra patria más gloriosa, más civilizada y más unida a Dios”, escribe el patriarca. Una patria “más civilizada” “Más civilizada”. La expresión no es casual. En su mensaje, el patriarca Howayek insiste en la necesidad de desarrollar entre la élite libanesa el sentido del interés general. Exhorta a quienes aspiran a ejercer funciones públicas a no aceptar responsabilidades incompatibles con sus verdaderas competencias. Como si se tratara de un espejo, sus exhortaciones reflejan las alarmantes deformaciones y los vicios de la sociedad política y económica de los primeros años del país. Candice Raymond: “Misión e identidad” ¿Por qué existía tanto desorden? La respuesta a esta pregunta se encuentra, en parte, en un estudio publicado en 2013, Vida, muerte y resurrección de la historia del Líbano o las vicisitudes del fénix , de la historiadora Candice Raymond (IFPO). La autora escribe: “Tras la Primera Guerra Mundial, cuando se planteó la cuestión territorial, los partidarios de la creación de un Estado libanés desarrollaron una argumentación tanto económica como histórica para obtener la incorporación al Monte Líbano, que desde 1861 gozaba del estatus de sanjacado autónomo, de diversos territorios periféricos: Trípoli y Akkar al norte, la llanura de la Becá al este, Sidón y Jabal Amel al sur y, sobre todo, Beirut, a la que deseaban convertir en la capital del nuevo Estado. La retórica de la lucha permanente contra la opresión fue entonces sustituida por una teleología del poder estatal, que distingue la historiografía comunitaria maronita de la historiografía libanista maronita. Esta última invierte, en efecto, la relación entre la comunidad maronita y el territorio libanés. Ya no es la comunidad la que, mediante su lucha por la libertad, otorga una identidad particular al territorio que ocupa, sino que es ese territorio el que, debido a sus características morfológicas y geográficas, impone una misión y una identidad a quienes lo habitan. El paralelismo geográfico entre la costa mediterránea y la montaña libanesa encuentra su correspondencia en una doble funcionalidad del territorio: la del Líbano del intercambio, entre el mar y el continente, entre Oriente y Occidente; y la del Líbano refugio, santuario de la libertad y de la independencia. A partir de entonces, el Estado hunde sus raíces en las experiencias políticas que lograron unir estas dos misiones, mientras que la nación encuentra allí el fundamento de su identidad específica.” Estas líneas son fundamentales. La historia del Líbano sigue siendo uno de los puntos débiles de nuestra educación nacional. Los libaneses de 1920, al igual que los de 2026, no terminaron de tomar conciencia de esa “inversión” señalada por Candice Raymond. El mensaje del patriarca Howayek buscaba, sin lugar a dudas, establecer el vínculo entre ese cambio de paradigma y la necesidad de un nuevo sistema de valores; entre el paso de una responsabilidad centrada únicamente en uno mismo a una responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás; o, en términos más filosóficos, entre el paso de la prehistoria del Líbano a su entrada en la historia. Ese tránsito es el que lleva del “Líbano mensaje” de Juan Pablo II al “Líbano misión”, para desarrollar una imagen que hoy todos los libaneses comprenden. El Gran Líbano fue, en realidad, un verdadero envío a una misión y no una feria del beneficio ni una lucha desenfrenada por los intereses particulares, como lamentablemente muchos libaneses de aquella época parecieron vivirlo. Leer también: El patriarca Howayek, profeta de la convivencia (1/4)

Trump y la apuesta por Irak…
Por
Khairallah Khairallah
Publicado

¿Tendrá Donald Trump mejor suerte con Irak que la que ha tenido con Irán? La pregunta surge de manera natural tras la cálida recepción que el presidente estadounidense ofreció en Washington al primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi. Trump no escatimó elogios hacia al-Zaidi, pasando por alto que, hasta hace poco, era propietario de un banco incluido en la lista de sanciones de Estados Unidos por presunto lavado de dinero en beneficio del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán. Trump recibió al primer ministro iraquí en la Casa Blanca en un momento en que los enfrentamientos intermitentes entre Estados Unidos e Irán han vuelto a intensificarse, con especial atención al estrecho de Ormuz. El presidente estadounidense descubrió, aunque demasiado tarde, que el memorándum de entendimiento firmado con el presidente iraní Masoud Pezeshkian, en realidad, significaba muy poco. Sigue existiendo un profundo abismo entre Washington y Teherán. Cada parte interpreta el memorándum a su manera. Del lado estadounidense, el acuerdo fue negociado por el vicepresidente J. D. Vance, acompañado por los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner. La reanudación de los enfrentamientos entre Washington y Teherán no es sino el reflejo de la profunda decepción de Trump con los resultados del proceso de Islamabad y del fracaso del papel de mediación desempeñado por Pakistán. Ali al-Zaidi logró rehabilitar su imagen política y llegar al cargo de primer ministro, la posición más importante de Irak, después de que el presidente estadounidense vetara el regreso del ex primer ministro Nuri al-Maliki, la principal figura chiita del llamado Marco de Coordinación. Hasta ahora, al-Zaidi ha demostrado una verdadera determinación a través de la campaña contra la corrupción impulsada por su gobierno. Sin embargo, esa campaña sigue siendo incompleta, ya que aún no ha alcanzado a las grandes figuras que han estado en el origen de la corrupción desde 2003, cuando Estados Unidos derrocó el régimen de Saddam Hussein, con todos sus defectos, para terminar entregando este país estratégico a la República Islámica de Irán. Lo que hoy se espera de Irak, bajo el gobierno de Ali al-Zaidi, es que separe definitivamente su rumbo del de Irán. Sin embargo, eso no parece posible por una razón muy sencilla: el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica sigue controlando los principales resortes del poder. La prueba más evidente de ello es la permanencia de las Fuerzas de Movilización Popular ( Hashd al-Shaabi ), una estructura que reúne a varias milicias sectarias leales a Teherán y que continúa siendo uno de los principales centros de gravedad de la vida política iraquí. El Hashd incluso desempeñó funciones de seguridad durante las ceremonias fúnebres del Líder Supremo Ali Jamenei en Kerbala y Nayaf, en presencia de figuras de peso como Nuri al-Maliki, Hadi al-Amiri y Qais al-Jazali. Más revelador aún, el día del funeral de Jamenei fue declarado día feriado oficial en Irak. Tarde o temprano, Irak tendrá que afrontar su hora de la verdad. La cuestión no se limita a continuar una campaña contra la corrupción que difícilmente llegará mucho más lejos de lo que ya ha llegado. El verdadero desafío radica en las armas que siguen en manos de las distintas facciones del Hashd al-Shaabi , así como de otras milicias iraquíes vinculadas también al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán. Contrariamente a lo que parece creer el presidente Trump, ni Ali al-Zaidi ni ningún otro dirigente iraquí podrán desprenderse fácilmente de la influencia iraní mientras Teherán continúe teniendo las verdaderas llaves del poder en Bagdad. ¿Cómo explica al-Zaidi el lanzamiento de drones desde territorio iraquí hacia Kuwait? ¿Y cómo justifica los continuos ataques contra el consulado de Kuwait en Basora, mientras la República Islámica sigue agrediendo a los Estados del Golfo Árabe y a Jordania bajo el argumento de responder a los ataques estadounidenses? También resultó revelador el decomiso, por parte de las autoridades sirias en la frontera con Irak, de un cargamento de armas que incluía 150 drones y misiles, y que se dirigía hacia Baniyas, donde se encuentra una refinería de petróleo. Las armas estaban destinadas a Hezbolá, organización que las autoridades sirias calificaron de terrorista. ¿Quién preparó cuidadosamente ese cargamento en Irak para enviarlo, a través de Siria, a Hezbolá y al Líbano? ¿Basta con crear una comisión investigadora iraquí para impedir que siga habiendo en Irak quienes simpaticen con Hezbolá? No cabe duda de que la decisión del gobierno iraquí de incluir a Hezbolá libanés en la lista de organizaciones terroristas constituye un paso de la mayor importancia. Sin embargo, persiste una realidad fundamental: al menos hasta ahora, el gobierno de Ali al-Zaidi ha sido incapaz de romper por completo con Hezbolá, que ha logrado penetrar en más de una milicia iraquí que sigue simpatizando con él. Pero, ¿quién sabe? Tal vez, con su postura respecto a Hezbolá libanés, el gobierno iraquí no haga más que echar tierra a los ojos, en lugar de afrontar el problema del llamado «Hezbolá iraquí». Trump habló largo y tendido sobre la importancia del petróleo iraquí y sobre lo que representa para las empresas estadounidenses. Sin embargo, cabe temer que su apuesta por Irak no corra una suerte mejor que la que hizo con Irán y con el memorándum de entendimiento que un sector de su administración alcanzó con la República Islámica. Preguntas como estas seguirán planteándose mientras no se produzca un cambio profundo en Irán. Ese cambio puede llegar… o puede no llegar nunca. Hasta entonces, toda la región, incluido Irak, seguirá siendo rehén de ese cambio, con Ali al-Zaidi en el poder… o sin él.

La región está sentada sobre un auténtico volcán

La tensión no deja de crecer en la región, que cada vez se parece más a un volcán a punto de despertar en cualquier momento. Irán elevó aún más el tono el jueves y volvió a agitar la carta de los hutíes frente a las advertencias estadounidenses. Al mismo tiempo, en el Líbano, Hezbolá dio un nuevo paso en su desafío a las instituciones del Estado, arremetiendo —por boca de algunos de sus diputados— contra el presidente de la República para cuestionar la entrada en vigor de la retirada israelí parcial de las zonas piloto del sur del país y el proyecto de desarme del grupo. Pocas horas antes del muy esperado discurso del presidente estadounidense Donald Trump, previsto para la 1:00 GMT del viernes (4:00 hora de Beirut), Teherán anunció que sus fuerzas militares atacarían infraestructuras en toda la región si el mandatario llevaba a cabo sus amenazas de golpear instalaciones civiles iraníes. Fue el portavoz del alto mando militar iraní, citado por Reuters, quien lanzó esta advertencia, afirmando que Teherán «no permitiría ninguna injerencia estadounidense en el estrecho de Ormuz». Esta cuestión, dijo, representa «una línea roja» para la República Islámica, cuyos puertos se encuentran nuevamente sometidos a un bloqueo naval estadounidense desde que cerró esa estratégica vía marítima. También según Reuters, que cita tres fuentes, Irán habría pedido al movimiento hutí yemení que estuviera preparado para «cerrar la ruta petrolera del mar Rojo por Bab el-Mandeb si Estados Unidos atacaba las infraestructuras energéticas iraníes», lanzando así una nueva e importante amenaza sobre el suministro energético mundial. La idea habría sido debatida en el seno de la cúpula de la República Islámica, y el mensaje habría sido transmitido a los aliados hutíes de Irán, según dos fuentes iraníes de alto nivel y una fuente regional conocedora del expediente que, según precisa Reuters, hablaron bajo condición de anonimato. Irán parece querer anticiparse al discurso de Donald Trump y apostar por una ampliación del conflicto que lo enfrenta a Estados Unidos en caso de ataques «enemigos». Así, la República Islámica, maestra consumada en el arte de las guerras por delegación, volvió a valerse el jueves de la carta de los hutíes. El líder de este grupo yemení, Abdel-Malik al-Houthi, arremetió con dureza contra Arabia Saudí en un mensaje audiovisual, amenazando con golpear Riad si el reino atacaba «de nuevo» objetivos hutíes. Denunció «un ataque injustificado» saudí contra el aeropuerto de Saná, cuando fue precisamente su grupo el que disparó primero misiles contra un aeropuerto en el sur de Arabia Saudí el lunes por la noche, provocando una contundente respuesta saudí. El discurso del presidente Trump debería marcar un punto de inflexión en la evolución del conflicto, según diversos medios internacionales que recuerdan que el último, el 1 de abril, estuvo repleto de anuncios «explosivos». El inquilino de la Casa Blanca lo ha presentado como «un anuncio muy importante». Deberá abordar, entre otros temas, cuestiones relacionadas con las elecciones estadounidenses previstas para noviembre, así como las conversaciones con Irán, actualmente paralizadas. El mediador pakistaní, que multiplicaba los viajes de ida y vuelta para acercar posturas, parece hoy estar en paro. El jueves, Islamabad se limitó a pedir a Washington y Teherán que volvieran a la mesa de negociaciones. Este llamamiento, lanzado por el portavoz del Ministerio pakistaní de Asuntos Exteriores, refleja sobre todo la actual incapacidad de la mediación de Islamabad para frenar la escalada. Sobre el terreno, el enfrentamiento continúa siguiendo el mismo patrón: el Centcom lanza ataques en serie, sobre todo de noche, contra instalaciones iraníes. La República Islámica responde atacando objetivos estadounidenses en países de la región, entre ellos Jordania, Baréin y Kuwait. El jueves por la tarde temprano, Estados Unidos llevó a cabo ataques contra instalaciones situadas en los alrededores de Bandar Abbas, en el estrecho de Ormuz. Armas para Hezbolá en el Líbano Al mismo tiempo, la tensión también aumenta en el Líbano, donde el ejército libanés e Israel se preparan para poner en marcha el mecanismo que prevé una retirada parcial israelí de zonas piloto en el sur del país. Una medida a la que Hezbolá se opone rotundamente, ya que sigue rechazando el acuerdo marco alcanzado entre Beirut y Tel Aviv y cuestionando violentamente el principio de negociaciones directas entre ambas capitales, que comparten un mismo objetivo: reducir la capacidad de daño del grupo proiraní e imponer el monopolio de las armas en el Líbano. Sin embargo, esta perspectiva se produce en un clima particularmente tenso. El Hezb sigue negándose a entregar sus armas, como reafirmó el jueves uno de sus diputados, Hassan Fadlallah, mientras el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, recordaba a su homólogo estadounidense, Pete Hegseth, que Tel Aviv pretende mantener sus tropas de forma duradera en las «zonas de seguridad» establecidas en el Líbano, Siria y la franja de Gaza para proteger sus fronteras. El anuncio del Ministerio del Interior sirio, que informó de la interceptación en la frontera sirioiraquí de un camión que transportaba armas sofisticadas y cohetes destinados a Hezbolá, vino no obstante a reforzar el argumento esgrimido por Israel para justificar el mantenimiento de sus fuerzas en el Líbano. Esta nueva incautación, que según Damasco está lejos de ser un caso aislado, refuerza las acusaciones de que Irán continúa rearmando a su principal brazo militar en la región, a pesar de la presión internacional. Se produce cuando Donald Trump volvió a plantear la posibilidad de encomendar a Siria un papel más activo en la lucha contra Hezbolá, el cual desmintió «realizar cualquier tipo de actividad en Siria» en un comunicado escueto y formulado en términos muy vagos. El texto fue publicado tras el anuncio de la incautación de las armas, pero no hace ninguna mención a la misma. Se limita a señalar «informaciones fabricadas de la nada para perjudicar (al grupo) y servir los intereses estadounidenses e israelíes». Los diputados de Hezbolá, entretanto, arremetieron con dureza contra el presidente Joseph Aoun y el acuerdo marco libanés-israelí, «que Tel Aviv no logrará imponer a quienes se oponen a él». Hassan Fadlallah criticó con vehemencia la decisión de las autoridades libanesas de desarmar al grupo al que pertenece, «cuando las armas de las que dispone inquietan a Israel». Mientras tanto, el ejército libanés comenzó a reforzar su presencia en el sur del país, patrullando por una decena de localidades, entre ellas Bint Jbeil, donde había entrado el ejército israelí. Sobre el terreno, Tel Aviv prosigue sus operaciones militares limitadas: un ataque israelí causó dos muertos en Nabatieh el-Fawka durante la jornada, mientras que se reportaban de forma intermitente bombardeos y voladuras de viviendas.

Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (12)

Esta serie de artículos tiene como objetivo comprender mejor la situación actual en la escena libanesa a la luz del pasado, lejos de los discursos apasionados, ideológicos o románticos que se alejan de las realidades, dejando al lector la tarea de sacar las conclusiones pertinentes. Las once partes anteriores fueron una relectura de los acontecimientos relacionados con el ascenso al poder de Hezbolá desde el Acuerdo de Taif hasta la aplicación gravemente incompleta de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU en 2006. Desde la primera retirada israelí de mayo de 2000, el presidente de la República Libanesa Émile Lahoud (1998-2007) y el secretario general de Hezbolá Hassan Nasrallah sellaron un acuerdo conceptual de gran calado: el Estado legitimaba a Hezbolá y, a cambio, el movimiento se comprometía a respetar formalmente las instituciones nacionales y a abstenerse de utilizar sus armas en las luchas políticas internas. Más tarde quedó demostrado que esa promesa no solo era frágil, ya que se derrumbó el 7 de mayo de 2008, cuando Hezbolá ocupó Beirut por la fuerza de las armas, sino que esas mismas armas ejercían un peso determinante sobre las decisiones nacionales. En el plano militar, el entendimiento Lahoud-Nasrallah se tradujo en una coordinación significativa entre el partido proiraní y los altos mandos del aparato de seguridad libanés, donde hombres de confianza de Lahoud y otros con el visto bueno de Hezbolá y/o de su aliado el movimiento Amal ocupaban los puestos clave. Control del ejército Tras la invasión siria del 13 de octubre de 1990 y la ocupación del palacio presidencial y del Ministerio de Defensa libanés por las fuerzas del régimen de Assad, el ejército libanés fue sometido a una purga metódica y a una represión llevada a cabo por el aparato de seguridad libano-sirio, con el objetivo de quebrar cualquier veleidad de resistencia a la ocupación siria dentro de la institución militar. Ya el mismo día de la invasión, más de un centenar de soldados libaneses fueron ejecutados sumariamente, decenas de otros humillados y capturados, y una veintena de oficiales superiores trasladados a las prisiones sirias. Los años siguientes (1991-1992) estuvieron marcados por una reestructuración forzada del ejército: los oficiales y suboficiales sospechosos de hostilidad hacia Damasco o de lealtad a la oposición soberanista fueron perseguidos, citados ante los servicios de inteligencia libaneses y sirios, atemorizados, jubilados de oficio o llevados ante el Tribunal Militar bajo el cargo de “atentar contra las relaciones con un Estado hermano”. Recluidos en régimen de incomunicación en el Ministerio de Defensa, en Yarzé, o en los centros de detención sirios en el Líbano, como el de Anjar, muchos de estos militares fueron víctimas de torturas sistemáticas y terminaron engrosando la lista de cientos de desaparecidos libaneses en las cárceles sirias. Desde su nombramiento como comandante en jefe del ejército libanés en 1990, y posteriormente con su acceso a la presidencia de la República en 1998, Émile Lahoud mantuvo una influencia determinante dentro del ejército, donde gozaba del apoyo y la lealtad de los oficiales superiores en los puestos clave. Como presidente, tenía la potestad de firmar los decretos de ascenso y conservaba influencia sobre sus traslados a dichos cargos. Además de quienes eran leales a Lahoud, otros estaban bajo la influencia de Nabih Berry, líder del movimiento Amal, presidente del Parlamento y aliado de Hezbolá, o de otros políticos de obediencia siria. Fue entonces cuando la cultura soberanista del ejército, que lo había distinguido desde la independencia, comenzó a deteriorarse y a ser reemplazada por otra que aceptaba compartir la soberanía con el ejército de ocupación sirio, denominado entonces ejército “hermano”, y con Hezbolá. Esta cultura encontró, no obstante, resistencia dentro de las tropas, pero se impuso durante más de dos décadas. Decapitación y marginalización de los soberanistas (1990-2005) Desde 1990, los políticos soberanistas quedaron completamente marginados del proceso político y de los nombramientos en las instituciones del Estado. El sistema electoral vigente desde 1992, impuesto por los sirios, junto con las prácticas de intimidación, los obligaba a someterse o a apartarse. Al mismo tiempo, Hezbolá, tras las legislativas de 1992, accedió al Parlamento con doce escaños, en el que el bloque soberanista estaba totalmente ausente. Una campaña de intimidación había comenzado con el asesinato de Dany Chamoun, líder del Partido Nacional Liberal (PNL), pocos días después de la invasión siria de octubre de 1990, seguido del exilio forzado del general Michel Aoun (1991), quien en aquel momento se oponía a la ocupación siria y a las milicias ilegales, incluida la de Hezbolá, antes de que quince años más tarde se alineara con la milicia proiraní. El expresidente Amine Gemayel (1982-1988) ya se había exiliado voluntariamente en Francia al final de su mandato. Entre 1990 y 2005, la tutela securitaria libano-siria asfixió sistemáticamente a la oposición anti-Siria mediante oleadas de persecuciones, bajo los presidentes Elias Hraoui (1989-1998) y Émile Lahoud (1998-2007). Esta década de plomo se manifestó en varios hechos destacados, entre ellos el secuestro del miembro de la oficina política del partido Kataëb, Boutros Khawand, el 15 de septiembre de 1992, y el atentado nunca esclarecido contra la iglesia Nuestra Señora de la Liberación en Zouk Mikael, el 27 de febrero de 1994 (11 muertos), que sirvió de pretexto inmediato al gobierno prisirio para disolver el partido de las Fuerzas Libanesas y arrestar a su líder, Samir Geagea, el 21 de abril de 1994, quien fue condenado a cadena perpetua y pasó más de once años en prisión. Pocos días después, el 27 de abril de 1994, el terrorismo golpeó la oficina política del partido Kataëb en Saïfi, costando la vida a uno de sus dirigentes, Tony Baaklini. Además, los movimientos estudiantiles de la Corriente Patriótica Libre (CPL, fundada por Michel Aoun), las Fuerzas Libanesas, el Partido Nacional Liberal y los Kataëb sufrieron redadas recurrentes, que alcanzaron su punto culminante el jueves 7 de agosto de 2001, cuando más de 250 militantes soberanistas fueron brutalmente detenidos tras la histórica reconciliación del Chouf entre el patriarca maronita Nasrallah Sfeir, símbolo de la resistencia antiSiria de la época, y Walid Joumblatt, jefe del Partido Socialista Progresista (PSP). Esta estrategia de terror policial también se tradujo en el cierre forzado del canal MTV en 2002 y el acoso a periodistas como Gebran Tueni. Asesinato de Rafic Hariri y retirada siria Tras el asesinato de Rafic Hariri el 14 de febrero de 2005 y la Revolución del Cedro que le siguió, las tropas de Damasco se retiraron el 28 de abril de 2005, lo que permitió el regreso del exilio de Michel Aoun quince días después, el 7 de mayo de 2005, y luego la liberación por amnistía de Samir Geagea en julio de 2005. Por su parte, el expresidente Amine Gemayel había regresado ya en el año 2000. Reparto de soberanía entre el Estado y Hezbolá A pesar de la Revolución del Cedro y la retirada siria de 2005, y luego de la segunda retirada israelí de 2006 en aplicación de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, el presidente Lahoud seguía supervisando el intercambio de inteligencia entre los servicios de seguridad libaneses y la milicia proiraní. El objetivo principal era delimitar las zonas de operaciones del ejército libanés para dejar el campo libre a Hezbolá en el sur del Líbano, en el suburbio sur de Beirut y en el norte del Valle de la Bekaa, así como asegurar las líneas logísticas del partido proiraní desde Siria. Esta coordinación tenía también como fin rastrear las redes de espionaje israelíes. Leer también sobre el mismo tema: Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (11) Hezbolá-Israel, una guerra sin fin ¿al servicio de quién? (10) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (9) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (8) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (7) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (6) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (5) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (4) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (3) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (2) Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (1)

La era posterior a Nabih Berri
Por
Jad Akhawi
Publicado

Durante más de tres décadas, la política libanesa ha estado estrechamente ligada al nombre de Nabih Berri. Desde que asumió la presidencia del Parlamento en 1992, Berri ha sobrevivido a presidentes de la República, a primeros ministros, a guerras regionales, a intervenciones internacionales y a profundas transformaciones geopolíticas. Ha llegado a ser mucho más que el presidente del Poder Legislativo. Terminó por consolidarse como uno de los principales arquitectos del Líbano posterior al Acuerdo de Taef y como el líder político indiscutible del Movimiento Amal. Sin embargo, toda permanencia prolongada en el poder termina planteando la misma pregunta: ¿qué viene después? La cuestión no es si Berri dejará el cargo mañana o dentro de algunos años. Nada indica hoy que su retiro sea inminente. La verdadera pregunta estratégica es si el Líbano se está preparando realmente para pasar de un sistema político centrado en las personas a otro sustentado en las instituciones. Este debate va mucho más allá del Movimiento Amal y de la comunidad chiita. En muchos sentidos, constituye una prueba de la capacidad del propio Líbano para evolucionar hacia una política más institucional. El fin de una era Pocos dirigentes políticos en Oriente Medio han conservado una influencia tan prolongada como la de Berri. Su permanencia no fue producto del azar. Dominó el arte de equilibrar las distintas fuerzas políticas internas mientras mantenía relaciones de trabajo con Damasco, Teherán, Riad, París, Washington y, cuando las circunstancias lo exigían, con los mediadores internacionales. Dentro del panorama político chiita del Líbano fue consolidándose gradualmente una división tácita de funciones: Hezbollah se convirtió en la principal fuerza militar e ideológica, mientras Berri se consolidó como el rostro institucional de la participación política chiita dentro del Estado libanés. Esta distribución de funciones permitió preservar durante décadas un equilibrio interno relativamente estable, aunque también contribuyó al debilitamiento gradual de la lógica del Estado. Pero la historia rara vez permite que los equilibrios políticos permanezcan intactos para siempre. El entorno regional que sostuvo ese equilibrio está cambiando profundamente. La influencia iraní enfrenta desafíos cada vez mayores. Los países árabes están retomando su relación con el Líbano bajo nuevas condiciones. Estados Unidos sigue insistiendo en el fortalecimiento de las instituciones del Estado y en la reforma del sector de la seguridad. El debate sobre el futuro del papel de Hezbollah se ha vuelto cada vez más frecuente, mientras aumentan las presiones sobre el Estado libanés para que recupere el monopolio de la autoridad legítima. En este contexto, la cuestión de la sucesión pasa inevitablemente a formar parte de un debate mucho más amplio. Más allá de los nombres que circulan Con frecuencia, el debate mediático reduce la cuestión de la sucesión a la búsqueda de un único heredero. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Entre los nombres que más se mencionan dentro del Movimiento Amal figura Ali Hassan Khalil, uno de los colaboradores políticos más cercanos de Nabih Berri y exministro de Finanzas. Su experiencia y su estrecha relación con Berri lo convierten en el heredero natural dentro de la jerarquía tradicional del movimiento. Sin embargo, las sanciones internacionales en su contra, las acusaciones de corrupción y la intensa polarización política dificultan considerablemente su capacidad para consolidarse como figura unificadora a nivel nacional. Otro nombre que aparece con frecuencia es el de Jamil Hayek, presidente de la Oficina Política del Movimiento Amal. Hayek posee una amplia experiencia organizativa y goza de una sólida credibilidad en la estructura institucional del movimiento. No obstante, el liderazgo interno de un partido no se traduce automáticamente en autoridad política a escala nacional. Otros dirigentes de Amal, como Qabalan Qabalan y Hani Qobeissi, también cuentan con una amplia trayectoria parlamentaria y organizativa. Sin embargo, ninguno parece estar hoy en condiciones de reproducir la combinación única que distinguió a Nabih Berri: legitimidad política, capacidad de negociación, relaciones regionales y autoridad institucional. Eso, por sí solo, sugiere que el Líbano difícilmente verá surgir “otro Nabih Berri”. ¿Puede surgir el próximo liderazgo fuera de Amal? La posibilidad más interesante es que el liderazgo chiita de la era posterior a Berri deje de estar limitado a la jerarquía tradicional del Movimiento Amal. Uno de los nombres que suele mencionarse es el del general retirado Abbas Ibrahim, exdirector general de la Seguridad General, cuya trayectoria es muy distinta de la de los políticos tradicionales. Durante su carrera construyó una extensa red de relaciones a lo largo de todo el espectro político libanés, al tiempo que mantuvo canales de comunicación con gobiernos árabes, capitales occidentales y actores regionales de gran influencia. A diferencia de los políticos tradicionales, su reputación se basa en la gestión de crisis, las negociaciones para la liberación de rehenes, la diplomacia de inteligencia y una cultura de diálogo profundamente pragmático Sin embargo, sigue siendo incierto que esas cualidades puedan transformarse en liderazgo político. La experiencia en los organismos de seguridad no otorga automáticamente legitimidad electoral. Pero, en los períodos de transición, los Estados suelen recurrir a figuras de consenso capaces de tender puentes entre fuerzas políticas rivales. Otro nombre que aparece ocasionalmente es el del diputado Jamil El Sayyed. A pesar de su larga trayectoria en los aparatos de seguridad, El Sayyed ha procurado proyectar una imagen de independencia frente a las estructuras partidistas tradicionales. Sus críticas a la clase política establecida le han valido el respaldo de quienes buscan un discurso alternativo en la comunidad chiita. Al mismo tiempo, sigue siendo una de las figuras públicas más controvertidas del Líbano. Su estilo político marcadamente confrontativo puede entusiasmar a sus seguidores, pero también dificulta considerablemente la construcción de un consenso nacional más amplio. Ni Abbas Ibrahim ni Jamil El Sayyed representan hoy un proyecto claro de sucesión. Su importancia radica más bien en que ponen de manifiesto que el próximo capítulo de la política chiita quizá no se escriba exclusivamente dentro del marco organizativo del Movimiento Amal. La verdadera cuestión es institucional Centrar el debate únicamente en las personas significa pasar por alto la transformación más profunda que ya está en marcha. Los sistemas políticos modernos no se limitan a preguntar quién sucederá al líder. Cuestionan principalmente la capacidad de las instituciones para generar una nueva generación de líderes. Ahí reside el mayor desafío para el Líbano. Durante décadas, los partidos políticos de todas las comunidades han girado, en gran medida, en torno al liderazgo personal más que a mecanismos internos de carácter democrático. Las transiciones de liderazgo han estado determinadas, por lo general, por la influencia individual, las redes familiares o circunstancias políticas excepcionales, antes que por procedimientos institucionales transparentes. El Movimiento Amal no constituye una excepción. La verdadera oportunidad que ofrece la era posterior a Berri consiste en transformar Amal, de un movimiento estrechamente vinculado a una sola figura histórica, en un auténtico partido político institucional, regido por elecciones internas, una renovación periódica de sus dirigentes, el debate sobre las orientaciones políticas y mecanismos efectivos de rendición de cuentas. Una transformación de este tipo fortalecería al movimiento, en lugar de debilitarlo. Las instituciones fuertes sobreviven a sus líderes. Los sistemas políticos construidos exclusivamente en torno de las personas rara vez lo hacen. Una prueba para la comunidad chiita del Líbano La propia comunidad chiita se encuentra hoy ante una oportunidad histórica. Durante décadas, su representación política ha estado dominada por dos grandes organizaciones cuya legitimidad se forjó en el contexto de la guerra, la “resistencia” y los conflictos regionales. Sin embargo, los próximos años podrían exigir un vocabulario político completamente distinto. La reactivación económica. La reconstrucción del Estado. La reforma institucional. La inversión extranjera. La independencia del Poder Judicial. La modernización de la administración pública. Estas prioridades requieren dirigentes políticos capaces no solo de movilizar, sino también de gobernar. En última instancia, la próxima generación de líderes chiitas será juzgada menos por su legado en tiempos de guerra que por su capacidad para reconstruir el Estado libanés. La era posterior a Berri Al final, el futuro no debería medirse por la capacidad de alguien para suceder a Nabih Berri reproduciendo su control sobre las instituciones del Estado, junto con las redes de clientelismo y las contrataciones indiscriminadas en el sector público que dieron lugar a un amplio fenómeno de desempleo encubierto. Es poco probable que alguien pueda reproducir ese modelo. La cuestión verdaderamente fundamental es si el Líbano logrará, por fin, liberarse de su dependencia crónica de líderes considerados irremplazables. Si el debate sobre la era posterior a Berri se limita a elegir a otro “hombre fuerte”, el país no hará más que reproducir la misma cultura política bajo un nombre diferente. Pero si la transición favorece el surgimiento de partidos más sólidos, mecanismos transparentes para la selección de sus dirigentes, una gobernanza institucional y un pluralismo político más amplio dentro de la comunidad chiita, entonces la salida de Nabih Berri, cuandoquiera que ocurra, podría marcar no el inicio de un período de inestabilidad, sino el comienzo de una auténtica madurez política. El Líbano no necesita otro hombre indispensable. Necesita instituciones indispensables. Y eso, mucho más que cualquier batalla por la sucesión, será lo que determine el próximo capítulo político del país.

Líbano-Israel: las reuniones de Roma ponen en marcha el proceso de las zonas piloto

Mientras las fuerzas israelíes continúan con sus incursiones selectivas intermitentes en el sur del Líbano y con la destrucción sistemática de la infraestructura de Hezbolá en la región meridional del país, la sexta ronda de negociaciones directas entre el Líbano e Israel, concluida el miércoles en Roma bajo los auspicios de Estados Unidos, parece haber dado oficial y concretamente el pistoletazo de salida al largo y arriesgado proceso de retirada progresiva del Tsahal del sur del Líbano. Tras dos días de reuniones, el martes 14 y el miércoles 15 de julio, en la capital italiana, tanto las fuentes autorizadas estadounidenses como las libanesas calificaron de «fructífera» y «positiva» la conclusión de esta sexta ronda de conversaciones líbano-israelíes. La embajada estadounidense en Beirut indicó que se acordaron medidas concretas para el establecimiento de las dos primeras zonas piloto, que deberían permitir al ejército libanés desplegarse en los sectores que los israelíes evacúen. Los detalles técnicos precisos se ultimarán en los próximos días, precisa la embajada estadounidense, que añade que esto permitirá pasar a debates más amplios que desemboquen en la aplicación de «todos los capítulos» del acuerdo marco firmado por el Líbano e Israel «con el objetivo de alcanzar un acuerdo global» entre ambos países. Esta valoración positiva de las conversaciones de Roma fue compartida por una fuente libanesa y por un alto responsable israelí citado por Maariv, quien indicó el miércoles que el Líbano e Israel han llegado a «un acuerdo sobre las dos primeras zonas piloto en el sur del Líbano». Dicho responsable subrayó además que ambos países consideran «el desarme de Hezbolá como un objetivo fundamental» del proceso en curso definido por el acuerdo marco. Trump vuelve a la carga sobre Chareh En lo que respecta al destino de Hezbolá, el presidente Donald Trump volvió a insistir el miércoles sobre el papel que podría asumir el presidente sirio Ahmed el-Chareh en el desmantelamiento de la milicia del partido. «El presidente Chareh desearía intervenir para ocuparse de Hezbolá y estoy pensando en darle luz verde», afirmó el jefe de la Casa Blanca, quien precisó su pensamiento al respecto subrayando que el líder sirio será «más preciso que los israelíes en su manera de tratar con Hezbolá». «Lo hará de forma diferente, sin destruir edificios», estimó. Esta propuesta, ya defendida por el presidente Trump en más de una ocasión durante los últimos días pero rechazada por los libaneses, será presumiblemente abordada durante la visita que el presidente Joseph Aoun realizará el 21 de julio a Washington, donde será recibido en la Casa Blanca. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu también la discutirá sin duda durante su visita prevista a Washington a comienzos de la próxima semana. Sleiman Frangié y Mahmoud Comati sancionados por Irak Cabe señalar, en el capítulo de la lucha contra los excesos milicianos del partido pro-iraní, que el gobierno iraquí ha incluido a Hezbolá libanés en su lista de sanciones bancarias con el evidente propósito de cortar las fuentes de financiación del partido pro-iraní. Al mismo tiempo, las autoridades iraquíes también han impuesto sanciones bancarias al jefe de las Marada, el exministro y diputado Sleiman Frangié, y al vicepresidente del Consejo Político del partido, Mahmoud Comati, ambos ya sancionados previamente por el Tesoro estadounidense. Estas sanciones llegan tras las conversaciones que el nuevo primer ministro iraquí Ali al-Zaidi mantuvo hace unos días en Washington con el presidente Trump. Dichas conversaciones fueron enmarcadas por el señor Zaidi bajo el signo de la «asociación estratégica» con Estados Unidos. El presidente Trump marcó el tono de esa asociación al señalar que serán empresas estadounidenses las que se encargarán de las operaciones de extracción del petróleo iraquí. «Los iraquíes», afirmó el jefe de la Casa Blanca, «ya no quieren tratar con los demás, quieren tratar con Estados Unidos, y esa es, por cierto, una de las razones por las que estaba convencido de que haría (el señor Zaidi) un excelente primer ministro». Los ataques estadounidenses contra las posiciones de los Pasdaran En el frente iraní, el ejército estadounidense continuó el miércoles por la mañana, y más tarde a lo largo del día y la noche, sus ataques contra los centros de lanzamiento de misiles y drones, así como contra radares e infraestructuras militares pertenecientes a los Guardianes de la Revolución Islámica en el sur de Irán, a lo largo de la costa que da al estrecho de Ormuz. La isla de Hengam, también en el sur de Irán, fue igualmente blanco de los ataques estadounidenses. El presidente Trump subrayó al respecto que «la semana que viene podría ser la peor que Irán haya vivido jamás»… Cabe señalar en este contexto que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, ha impuesto sanciones contra siete personas y entidades acusadas de estar implicadas en una red internacional que participa en el esfuerzo de armamento de los Pasdaran.