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Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad
Publicado sep 5, 2026 - 20:01
La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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Por Youssef Mouawad - Publicado sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
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Por LevantTime . - Publicado sep 5, 2026 - 00:55
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El convoy del CICR que transportaba a los civiles liberados, procedente de la zona ocupada por Israel en el sur del Líbano, se dirigió al punto que marca el inicio de la zona controlada por las autoridades libanesas. (AFP)
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció el viernes que trasladó a Líbano a otras cuatro personas liberadas por Israel, un día después de la liberación de un primer civil. Según el CICR, se trata de tres libaneses y dos sirios. Es la primera vez que se lleva a cabo una operación de este tipo desde el inicio, en abril, de las negociaciones entre Líbano e Israel, bajo la mediación de Estados Unidos. Beirut había solicitado, durante la última ronda de conversaciones celebrada en agosto, la liberación de un primer grupo de ciudadanos libaneses capturados por Israel en el sur de Líbano, donde mantiene una guerra con Hezbolá, aliado de Irán. Sus familiares estiman que hay alrededor de una treintena de personas retenidas, entre ellas combatientes del movimiento islamista. El presidente libanés, Joseph Aoun, agradeció en un comunicado a Estados Unidos y al CICR, y afirmó que esta liberación «confirma lo acertado de la postura» de Líbano, que participa en negociaciones con Israel rechazadas por Hezbolá. Estados Unidos elogió el jueves «al Gobierno de Israel y al Gobierno de Líbano por haber demostrado buena fe mediante estos primeros pasos», y expresó su esperanza de que esto sirva «de base para conversaciones más amplias sobre otras cuestiones civiles». Ambos países deberán celebrar una nueva ronda de negociaciones en septiembre, en una fecha que aún no ha sido anunciada. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «se produce tras los esfuerzos realizados por Israel y Líbano para localizar y repatriar los restos de dirigentes de la comunidad judía que habían sido secuestrados y asesinados en Líbano» entre 1984 y 1986. Israel intensifica sus ataques En el terreno, ataques israelíes dejaron el viernes tres muertos y 23 heridos en el sur y el este de Líbano, según un medio estatal. Israel intensificó el viernes sus ataques en la región, después de anunciar la noche del jueves que había tomado el control de la cresta montañosa de Ali Taher, que servía como posición estratégica para Hezbolá, aliado de Irán, y domina, entre otras zonas, la ciudad de Nabatiye. El ejército reforzará ahora sus posiciones en la zona para «impedir que el enemigo vuelva a posicionarse allí», declaró el ministro israelí de Defensa, Israel Katz. Otro ataque alcanzó también la región de Tiro, en particular la localidad de Rmadiye, según la Agencia Nacional de Información (ANI). Para Trump, la guerra en Irán es «poca cosa» En cuanto a la guerra en Irán, el presidente estadounidense, Donald Trump, intentó el viernes minimizar su impacto para Estados Unidos ante la proximidad de las cruciales elecciones legislativas de medio mandato. «Mucha gente no lo llama guerra. Yo digo que es un conflicto militar, porque para nosotros es poca cosa (“small potatoes”). No es gran cosa. Hicimos lo de Venezuela y hemos hecho esto», respondió a periodistas en la Oficina Oval, al ser cuestionado sobre su vicepresidente, JD Vance, quien el día anterior había dicho que no quería describir el conflicto como una guerra. Mientras el fuerte aumento de los precios de los combustibles relacionado con la guerra amenaza con costarle a los republicanos de Donald Trump su mayoría en el Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre, su administración intenta restar importancia al conflicto. Según el presidente, Estados Unidos lleva a cabo «ataques puntuales» y aseguró que «actualmente no está combatiendo». También afirmó que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz y que ha diezmado a las fuerzas armadas iraníes. «Lo que hemos logrado es extraordinario. Tomamos el control de Venezuela y, en esencia, tomamos el control de Irán», declaró.
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El patriarca Howayek, profeta de la convivencia (1/4)

Juvenis ad majora natus «Nacido para la grandeza». Esta es la divisa de san Estanislao anotada proféticamente al margen del expediente de Elias Boutros Howayek, al término de sus estudios teológicos. Tenía entonces 27 años y se encontraba en Roma desde 1866, enviado por el patriarca Boulos Massaad para culminar sus estudios teológicos, iniciados en el seminario de Ghazir en 1859, y prepararse para el sacerdocio. Reconocido por su viva inteligencia y su escrupuloso respeto al reglamento, este hombre destinado a la grandeza llegaría a ser nada menos que el 72.º representante de una larga estirpe de santos patriarcas maronitas, siendo sin duda una de sus figuras más destacadas. Su gran obra fue la batalla que libró por el nacimiento del Gran Líbano (1920). Hoy debe su beatificación a un milagro atribuido a su intercesión: la curación de un oficial del ejército libanés de confesión drusa, Nayef Abou Assi, padre de familia que padecía una discapacidad a causa de una afección en la columna vertebral (espondilólisis bilateral). El hombre se despertó una mañana del mes de abril de 2005 liberado de todos sus síntomas. Atribuyó este prodigio a un hombre vestido de blanco que llevaba un bastón en la mano, al que vio en sueños y que se le presentó anunciándole su curación. Nacido en 1843 en Helta (Batrún), diminuto pueblo de un rincón ignoto del Imperio Otomano, Elias Howayek fue en efecto el hombre de la Providencia que defendería ante Georges Clemenceau, y luego ante la Sociedad de Naciones, la idea de la creación de un Gran Líbano, dos meses después de la firma del Tratado de Versalles (28 de junio de 1919), que colocaba una parte del Próximo Oriente bajo mandato francés. Está de moda, en estos tiempos, reprocharle al defensor del Estado libanés su elección —que no le era exclusiva— a favor de un Líbano pluralista, con el riesgo de que los cristianos quedaran en minoría desde el punto de vista numérico. Sin embargo, detrás de esta decisión —es lo menos que puede decirse— hay una rara clarividencia política, económica y eclesiológica. En primer lugar, el Gran Líbano ponía a los libaneses cristianos a salvo de la dhimmitud; además, al integrar Beirut, Trípoli, el Bekaa y el Jabal Amel en el núcleo «libanomontano» de la Mutasarrifía, devolvía al país su «granero» y lo ponía a resguardo de una hambruna similar a la de 1915; le garantizaba asimismo abundantes recursos hídricos y, por último, lo coronaba con una de las fachadas marítimas más bellas del Mediterráneo y, de paso, con un promontorio estratégico único. Pero si el Líbano geográfico era una auténtica joya, su vocación humana y espiritual no era menos preciosa: en la mente de su defensor, debía servir de marco a la convivencia, hacer cohabitar «al lobo y al cordero» (Isaías), un ideal bíblico mesiánico que el Líbano intentará encarnar, y del que Juan Pablo II diría que es «un modelo de libertad y pluralismo para Oriente y Occidente»; un modelo que sigue impulsando al Líbano hacia lo alto, a pesar de todas las carencias históricas que el país habrá de conocer. Un recorrido ejemplar y formador Antes de ser elegido por unanimidad, el 27 de enero de 1898, para asumir la pesada responsabilidad de patriarca de los maronitas —cargo que ejerció con tanta integridad como competencia hasta su muerte en 1931—, el hombre había seguido, también de manera providencial, un itinerario formativo exhaustivo. Mayor de una familia de ocho hijos, hijo de sacerdote convertido en sacerdote (tenía 7 años cuando su padre fue ordenado), y luego obispo, Elias Howayek se convirtió en secretario particular y hombre de confianza del patriarca Boulos Massaad, quien le encomendó ciertas misiones delicadas ante la Sublime Puerta, la Santa Sede y la capital francesa. Ejerció luego el cargo de vicario patriarcal durante 17 años, adentrándose en los entresijos y mecanismos sutiles de la curia patriarcal, antes de ser elegido. Su porte era tal que, al escucharle defenderse en plena guerra mundial de toda acusación de «traición» por sus vínculos con Francia, el Sultán prescindió de un intérprete, tal era la sinceridad que irradiaba su rostro. Enviado en 1897 por León XIII para dirigir la Escuela Maronita de Roma, el patriarca Howayek renunció a ese cargo dos años más tarde, tras la muerte del patriarca Massaad. A su llegada al país, se dirigió directamente a la sede patriarcal de Bkerké, donde se celebraba el sínodo. Fue elegido por unanimidad al día siguiente de su llegada. Explicaciones Poco más de cinco años después de la proclamación del Estado del Gran Líbano el 1 de septiembre de 1920 en la Residencia de los Pinos, el patriarca tuvo ocasión de precisar su posición política. El gobierno de Aristide Briand había nombrado, el 23 de diciembre de 1925, al diplomático Henry de Jouvenel como Alto Comisario. Desde su llegada al Líbano, este se empleó activamente en tranquilizar a los distintos sectores de la sociedad libanesa y en recabar sus opiniones. Al mismo tiempo, impulsó la redacción de una Constitución para el naciente Estado. Esta fue adoptada el 23 de mayo de 1926. Así, en respuesta a la sexta pregunta de un cuestionario fundamental dirigido al Patriarcado maronita —«¿Debe la representación parlamentaria ser confesional o no, y por qué?»—, el Patriarca Elias Howayek y los obispos maronitas explicaron, el 8 de enero de 1926, los motivos de su exigencia en los siguientes términos: «El país está compuesto por diversas comunidades religiosas. Estas no difieren únicamente en sus dogmas, sino también en sus tradiciones, costumbres, usos y en su manera de abordar las cuestiones sociales. Por consiguiente, la elección sobre una base confesional permite representar a estas comunidades en el seno de la asamblea según una proporción definida. En ella aprenden a conocerse y a llegar a acuerdos, aceptando cada una sacrificar parte de sus exigencias mediante concesiones mutuas. Esta dinámica conducirá progresivamente a una ósmosis y a una unificación de la vida política. En cambio, la abolición en el momento actual del sistema político basado en el reparto comunitario rompería el equilibrio, favorecería a una comunidad en detrimento de otra y engendraría rivalidades y resentimientos. Por ello, consideramos que la representación debe mantenerse según la pertenencia confesional» (Archivos del Patriarca Elias Hoyek, Documento A 46, Expediente 45). «Lo que llama la atención del lector en esta magistral exposición, que combina concisión y profundidad, comenta el Prof. Georges Hobeika, vicario general de la Orden Libanesa Maronita (OLM) y Rector emérito de la Universidad Saint-Esprit de Kaslik, es que el Patriarca Hoayek concibe la diversidad, el pluralismo y las divergencias en el seno de las sociedades humanas como algo natural. No ve nada anormal en la heterogeneidad de las tradiciones, costumbres, usos y opiniones generadas por las creencias religiosas. Respeta el derecho a la diferencia y se aferra firmemente a él como a un derecho sagrado e innegociable. Lo contrario habría sido sorprendente.»

Cómo Occidente eligió a Ucrania (1/5)
Por
Jean-Patrick Dayras
Publicado

La guerra de Ucrania sigue siendo el centro de un amplio debate alimentado, entre otros factores, por bombardeos casi diarios que apuntan a puntos neurálgicos de ambos bandos y, más concretamente, a las capitales rusa y ucraniana. Para comprender mejor las distintas dimensiones de este viejo conflicto, es necesario remontarse a los prolegómenos y la génesis de lo que desembocó en esta guerra (¿fratricida?), exponiendo las motivaciones y aspiraciones de las diferentes partes implicadas, entre ellas Occidente (Estados Unidos y Europa, extendida a todos los países de la OTAN, con excepción de Turquía), y recordando también los inicios de la ofensiva rusa y el fracaso de los intentos de alcanzar la paz, o al menos de entablar negociaciones, sabiendo que las responsabilidades en este contexto son múltiples. Jean-Patrick Dayras, contraalmirante (2s) En una serie de cinco artículos, nuestro colaborador Jean-Patrick Dayras, contraalmirante de la marina francesa, expone su visión y análisis de la cuestión. Para comprender bien los entresijos de los diversos aspectos de la guerra en Ucrania, deberían plantearse desde el principio algunas preguntas fundamentales. ¿Qué representan Rusia y Ucrania para Occidente? ¿Cuáles podrían ser las consecuencias concretas de una eventual victoria clara de uno de los dos protagonistas? Y, por tanto, ¿cuáles serían las repercusiones para Occidente y el Próximo Oriente? Antes de abordar estos diferentes ángulos, una exposición de los prolegómenos y de la génesis de este conflicto constituye, sin duda alguna, un paso obligado. El detonante del conflicto fue, en cierta medida, el movimiento del Maidán, protagonizado por la juventud ucraniana, que interpretó la negativa del entonces presidente ucraniano Víktor Yanukóvych a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea en noviembre de 2013 como una renuncia a la orientación que ella misma deseaba. Las principales motivaciones de esa juventud en aquel momento eran: la aspiración a un nivel de vida más elevado; la construcción de un Estado de derecho; la lucha contra la corrupción; la libertad de circulación y la posibilidad de viajar, estudiar y trabajar con mayor facilidad en Europa; y la afirmación de la identidad cultural y política. Una parte de la juventud, especialmente en el oeste y el centro de Ucrania, se sentía culturalmente más cercana a Europa que a Rusia, a diferencia de las regiones del este. El país estaba, pues, lejos de ser sociológicamente homogéneo. En ese contexto, el Maidán fue un movimiento ampliamente popular. Estados Unidos apoyaba a la oposición ucraniana, tanto políticamente como mediante financiación durante años de programas de apoyo a la sociedad civil, los medios de comunicación independientes y las instituciones democráticas. Existían en el trasfondo intereses geopolíticos evidentes. Tras Georgia y las independencias bálticas, Rusia había dejado claro su leitmotiv: “hasta aquí”… ¿Apoyó o provocó la CIA, siempre muy activa y a menudo implicada, el Maidán? Es posible, aunque no seguro. La historia de Estados Unidos desde 1970 lleva a pensar que no fue ajena a ello. Rusia presenta el Maidán como un golpe de Estado respaldado por la CIA. Eso no es una prueba. Pero es posible, incluso lógico pensarlo. Los responsables políticos europeos y estadounidenses expresaron su apoyo a los manifestantes y a un acercamiento con Europa. Por otro lado, los medios de comunicación ucranianos, las redes sociales, las universidades y asociaciones estudiantiles, así como las organizaciones de la sociedad civil (algunas de las cuales contaban con financiación occidental o de fundaciones internacionales) desempeñaron un papel nada desdeñable en este contexto. Rusia, por su parte, desarrollaba su influencia en los sectores económico, mediático y político para integrar a Ucrania en la Unión Económica Euroasiática. De Caribdis en Escila Tras Maidán, las relaciones entre ambos países se transformaron radicalmente. El gobierno de Yanukóvych cayó en febrero de 2014. En marzo de ese mismo año se celebró un referéndum en Crimea, cuyo resultado llevó a Rusia a anexionarse la península. Esta anexión es denunciada como ilegal por un gran número de países miembros de la ONU, que ignoran deliberadamente la historia de la vinculación de Crimea con Ucrania. En la primavera de 2014, separatistas prorrusos —respaldados por Rusia con financiación, armas y asesores— tomaron el control de varias ciudades en las regiones de Donetsk y Lugansk, en el Donbás. Ucrania lanzó una operación para recuperar los territorios ocupados, dando así inicio a la guerra en suelo ucraniano. En un principio, se trataba de una guerra civil. Los acuerdos de Minsk (I y II) El acuerdo de Minsk I, destinado a poner fin a la guerra en el Donbás, fue firmado el 5 de septiembre de 2014 por representantes de Ucrania, Rusia, la OSCE y los separatistas. Sin embargo, el alto el fuego fue violado rápidamente y los combates se reanudaron. El acuerdo de Minsk II fue firmado el 12 de febrero de 2015 por Petró Poroshenko, Vladímir Putin, Angela Merkel y François Hollande. Contemplaba medidas tanto militares como políticas, pero su aplicación fue objeto de profundas discrepancias. Los combates de baja intensidad se prolongaron entre 2015 y 2022. El proceso de Minsk siguió siendo oficialmente la base diplomática de las negociaciones, pero nunca llegó a aplicarse plenamente. Tanto la señora Merkel como el presidente Hollande se pronunciaron posteriormente sobre dicho acuerdo, y sus declaraciones no les resultaron precisamente favorables. Tras Maidán, Ucrania firmó un acuerdo de asociación con la Unión Europea e impulsó reformas en los ámbitos de la justicia, la policía y la lucha contra la corrupción, con resultados considerados desiguales. Asimismo, fue reforzando progresivamente su cooperación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte sin llegar a convertirse en miembro. El primero y, sobre todo, el último de los puntos mencionados son fundamentales y no pueden soslayarse al analizar las responsabilidades de cada parte en este lamentable conflicto, que enfrenta a dos países con numerosos vínculos históricos entre sí y con Europa. Por ello, no puede equipararse a otros conflictos entre países rivales enquistados desde hace décadas. La invasión y las reacciones occidentales El 24 de febrero de 2022, Rusia invadió Ucrania con el objetivo proclamado de garantizar la seguridad rusa y proteger a las poblaciones rusoparlantes de las regiones orientales. Esta agresión es contraria al derecho internacional, tanto más cuanto que Rusia es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, al esgrimir este argumento, Estados Unidos y los países europeos omitieron reconocer sus propias responsabilidades, manifiestas en sus distintos comportamientos y en sus numerosas actuaciones cuestionables, especialmente en lo que respecta a la legitimidad del cambio de poder en 2014. Esta cuestión sigue siendo objeto de acalorados debates políticos e históricos. La falta de reconocimiento de estas responsabilidades se perfila como una culpa, si no como una complicidad. Todo parece haber sido premeditado y buscado deliberadamente. Aún hoy, quienes abogan por la erradicación de Rusia —y la expresión no es en absoluto exagerada— guardan silencio al respecto, y denunciarlo en Occidente conlleva el riesgo de ser tachado de prorruso. ¿Es realmente así como pueden proclamarse los valores occidentales? ¿Es de este modo como se lleva a los pueblos ilustrados a comprender los asuntos del mundo, y en particular los europeos, así como sus implicaciones? Sin demora, y bajo la influencia de los “Servicios” oficiales y de los grupos de presión opuestos a Rusia, en particular los de la Unión Europea, las poblaciones occidentales tomaron partido por Ucrania. Vale la pena recordar, a este respecto, que antes de 2022 varios medios de comunicación y sitios de noticias habían realizado encuestas callejeras que revelaban que muchas personas tenían dificultades para ubicar Ucrania en el mapa. Existen estudios más antiguos sobre cultura geográfica que demostraron que, en varios países occidentales, una parte considerable de la población tenía problemas para situar en un mapa ciertos países de Europa del Este, incluida Ucrania. Tras la invasión rusa, las encuestas científicas se centraron en el apoyo a Ucrania, las sanciones contra Rusia, el suministro de armas, la acogida de refugiados y los temores relacionados con el conflicto. Sin embargo, ninguna de estas encuestas abordó la geografía ni las causas de la invasión. Un elemento más que genera sospechas sobre la voluntad de los líderes políticos occidentales de querer “derribar” a Rusia y ocultar cuáles eran sus verdaderas intenciones iniciales: vincular a Ucrania, a toda costa, con Europa, y ante todo con la OTAN. Estados Unidos sabía, o debería haber sabido, que para los rusos eso constituía un casus belli. Ya tras la independencia de los Estados bálticos (1989-1991), y luego con motivo de los acontecimientos en Georgia que llevaron al reconocimiento, en 2008, de Osetia del Sur y Abjasia como Estados independientes por parte de Rusia, estos últimos habían manifestado claramente su voluntad de contar con Estados tampón que los protegieran de Occidente. Los valores occidentales, invocados repetidamente pero nunca bien explicados, ¿acaso no se fundan más que en deseos de revancha? ¿Para castigar a Rusia, la ex-URSS? Eso no constituye un proyecto de futuro. Muchos países europeos han estado en guerra, han combatido y han lamentado innumerables muertos en múltiples campos de batalla. ¿Cómo lograron, a pesar de todo, alcanzar la paz? ¿Habría sido el credo de Boris Johnson “hay que erradicar a los rusos”? Todo indica que sí. Boris Johnson mostró en esa ocasión un odio hacia los rusos en general, y no únicamente hacia Putin. Sin embargo, un acercamiento entre Rusia y Europa había sido contemplado en dos momentos distintos: tras el colapso de la Unión Soviética, el presidente Yeltsin buscó desarrollar relaciones estrechas con los países occidentales, y algunos líderes europeos y rusos llegaron a plantear la posibilidad de una integración más profunda a muy largo plazo; y luego, a principios de la década de 2000, bajo Vladimir Putin, las relaciones con la UE eran relativamente constructivas y estaban marcadas por un espíritu de cooperación. Los debates durante este segundo período giraban en torno a una asociación estratégica, pero no a la adhesión a la UE. De 1996 a 2022, Rusia fue miembro del Consejo de Europa, organización distinta de la Unión Europea, de la que fue expulsada tras la invasión de Ucrania. ¿Por qué entre 1996 y 2020 no se intentó convertirla en un Estado asociado, como podrían haberlo sido Turquía o Marruecos? ¿Dónde estaríamos hoy, especialmente cuando ya se vislumbra la rivalidad, cada vez más real, entre China y Occidente?

Líbano-Israel: clima «positivo» en la reunión de Roma

Este martes marca la sexta ronda de conversaciones directas entre las delegaciones libanesa e israelí, celebrada esta vez en una capital europea, Roma, y no en Washington. Desde el primer día, un primer éxito: el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, afirma desde Jerusalén que Israel está dispuesto a «avanzar» en la aplicación de dos «zonas piloto» en el sur del Líbano, según la AFP. Sin embargo, según los términos del acuerdo marco del 26 de junio, la implementación de dichas zonas debe comenzar con una retirada israelí. Califica el proceso, conducido bajo los auspicios de Estados Unidos, como «el único camino a seguir». También según la AFP, la delegación libanesa «recibió instrucciones de exigir el inicio inmediato de la retirada de las fuerzas israelíes de dos zonas piloto antes de cualquier otra discusión», según informó la presidencia libanesa el lunes por la noche. Según una fuente diplomática libanesa al tanto del contenido de las negociaciones, «el ejército libanés está listo para asumir progresivamente el control de las localidades de las que se retiraría el ejército israelí». La reunión del 14 de julio concluyó cerca de las 18h y fue calificada de «positiva» por fuentes de la LBC. Esta primera confirmación de resultados es importante para los libaneses, aunque aún quedan muchos más detalles por discutir y los obstáculos no escasean. Pues estas negociaciones serán una prueba en más de un sentido para la parte libanesa, que tiene la obligación de obtener resultados en esta ronda, dados los avances logrados en la anterior, en junio, que dio lugar a un acuerdo marco. El principal tema de estas conversaciones es, por tanto, el establecimiento de las «zonas piloto» en el sur del Líbano, de las que el ejército israelí debe retirarse para que se despliegue el ejército libanés, sin ninguna presencia de Hezbolá. Sin embargo, este proceso sigue teniendo detractores de peso en la escena libanesa. El diputado de Hezbolá Hussein Hajj Hassan afirmó el lunes que «este acuerdo marco solo es tripartito en apariencia, cuando en realidad es unilateral, pues es israelí». La oposición al acuerdo marco proviene también de su aliado, el líder del movimiento Amal y presidente del Parlamento, Nabih Berry, quien realizó una declaración significativa el martes. Aparentemente contrario a la continuación de las negociaciones directas, abre sin embargo la puerta a cierta flexibilidad. «Las zonas piloto están rechazadas», declaró Berry en una entrevista con el diario al-Joumhouria , asegurando que dichas zonas deberían haber sido mucho más amplias, «de lo contrario la retirada tardará dos años». No obstante, añadió esta enigmática frase: «Si percibo el menor éxito, estoy dispuesto a guardar silencio, pero por ahora no veo ninguno». Aunque declara estar dispuesta a retirarse de zonas tampón, la parte israelí continúa, sobre el terreno, con sus voladuras en los pueblos del sur: se observa, este martes, que el ejército israelí ha atacado especialmente la región prevista como una de las zonas piloto, concretamente los dos pueblos llamados Zawtar (este y oeste). En todo caso, las autoridades libanesas muestran constancia en la continuación de estas negociaciones, pese a todos los desafíos. Desde el palacio de Baabda se siguen de cerca los resultados, que en principio no deberían conocerse hasta mañana. El presidente Joseph Aoun, que se encontraba junto a su esposa en Qatar para presentar sus condolencias por la muerte del ex emir del país, el jeque Hamad Al Thani, siguió de cerca las conversaciones de Roma. Además, prepara su visita a Washington el 21 de julio. El frente iraní, siempre en llamas En el sur del Líbano, sobre el terreno, la apariencia de tregua, al menos por parte de Hezbolá, que parece necesitarla para recuperar fuerzas, persiste a pesar del deterioro de la situación del lado iraní. Los ataques estadounidenses contra Irán continuaron durante toda la noche del lunes al martes y a lo largo del día de este martes, y el bloqueo prometido por el presidente estadounidense Donald Trump entra en vigor a las 20h (según el horario del Levante). Los iraníes han denunciado nuevos ataques contra la ciudad de Bushehr, donde se encuentra la central nuclear. La agitación en el estrecho de Ormuz y la reanudación de las hostilidades han provocado una nueva subida en los precios del petróleo, cuyo barril ha vuelto a superar los 80 dólares estadounidenses. Las negociaciones parecen estar en punto muerto por el momento, salvo por una declaración del presidente Trump el martes, en la que afirmó que un acuerdo sigue siendo «posible». En una entrevista televisiva, subrayó no obstante que el memorando de entendimiento fue una «prueba» para los iraníes, y que estos han demostrado no ser capaces de cumplirlo. Aseguró que la victoria será estadounidense, ya sea por la vía de las negociaciones o de la guerra. Por otra parte, según medios árabes, el ejército estadounidense está desplegando actualmente más de 50.000 hombres en la región. Los iraníes, por su parte, intentan responder mediante más ataques contra países de la región, dejando por el momento a Israel fuera de su alcance. Bahréin, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos e incluso Jordania han tenido que interceptar misiles iraníes. Estos ataques han sido reivindicados directamente por los Guardianes de la Revolución iraní, al igual que los que continúan teniendo como blanco petroleros en el estrecho de Ormuz. Otro ataque frontal procedente de Irán es el de un proyecto de ley aprobado por el Parlamento iraní a favor de un peaje impuesto a los buques en el estrecho. Una respuesta a la declaración del presidente Trump del día anterior, en la que expresó su intención de cobrar por la protección del paso de los navíos. Cabe recordar que los estrechos naturales son pasos libres para los buques, y que únicamente los servicios prestados por países ribereños tienen un coste. Mientras tanto, el ataque con misiles balísticos contra un aeropuerto saudí el lunes por la noche, lanzado desde la región yemení dominada por los rebeldes hutíes, aliados de Irán, sigue generando declaraciones en apoyo al reino. Destacan especialmente las procedentes del Líbano, en particular las del presidente de la República Joseph Aoun y del primer ministro Nawaf Salam, que constituyen claras señales de solidaridad con Arabia Saudí frente al eje iraní.

Los orígenes, capítulo 3: el tiempo de los espectros

En el segundo capítulo de esta serie de textos sobre la gran Historia y la historia de mi hijo, Raphaël, “El tiempo de la repetición, el tiempo de la aceleración”, se abordaba el regreso del discurso sobre la superioridad civilizatoria, heredado del siglo XVI, y su adopción por los promotores de una nueva civilización en la que tecnologías como la inteligencia artificial tendrán más importancia que los seres humanos. Pero, en su conclusión, vagamente optimista, el texto volvía sobre la película Magellan , de Lav Diaz, y sobre la decisión del director de representar la figura de la resistencia victoriosa de los filipinos frente a los conquistadores, es decir, Lapu-Lapu, como si se tratara de un espectro más que de un personaje que realmente hubiera existido. Y esa fuerza de los espectros frente a los dominadores me hace pensar en el célebre texto de Jacques Derrida, Espectros de Marx , publicado tras la caída del Muro de Berlín y la derrota del bloque soviético. Lejos de hacer una apología de los regímenes comunistas, Derrida defendía la idea de que, pese a la derrota, la exigencia de justicia encarnada por el espíritu de Marx seguiría acechándonos. Si hoy ese texto de Derrida vuelve a mi memoria, también es porque, como libaneses, vivimos un momento en el que debemos enfrentar dos derrotas potenciales y encontrar la manera de resistirlas. La primera tiene que ver con la muy probable llegada de esta civilización del borramiento del ser humano en beneficio de las máquinas. La segunda es más local, ya que se trata de nuestra derrota frente a una nueva invasión israelí de nuestro territorio. Sé que hablar aquí de “derrota” puede parecer contradictorio en un momento en que el acuerdo marco firmado entre Líbano e Israel es presentado por algunos como el que traerá paz y prosperidad. Pero, personalmente, mientras Israel sigue bombardeando el sur del Líbano, me cuesta compartir ese optimismo, sobre todo porque ya empiezan a aparecer las huellas de un futuro conflicto entre nosotros, los libaneses. ¿Cómo resistir frente a estas dos derrotas que proceden de un mismo movimiento de borramiento: el del ser humano a escala mundial y el de una parte del Líbano a escala local? Como no soy ni camisa roja ni camisa parda y mucho menos camisa amarilla, el color de Hezbolá, me siento huérfano de discursos y de espectros listos para ser utilizados para resistir frente a estos dos riesgos de desaparición. Y es precisamente para sentirme menos huérfano que, en las líneas que siguen, quisiera evocar seis espectros que me sirven como manuales de resistencia frente al riesgo del borramiento. 1. El espectro de Walter Benjamin: el Ángel de la Historia Si pienso primero en el espectro de Walter Benjamin es porque, de algún modo, fue él quien me dio la confianza necesaria para emprender la redacción de esta serie de textos. Una empresa de regreso a la historia que no me parecía evidente en un momento en que, bajo las bombas, parecía más urgente denunciar los horrores del presente. Pero, en medio de mis dudas, volvió a mi memoria el último ensayo de Benjamin: Tesis sobre el concepto de Historia . Un ensayo escrito en 1940, en pleno torbellino de la Segunda Guerra Mundial, de la que Benjamin terminaría siendo víctima debido a su condición de judío. Y, personalmente, no puedo evitar ver como una señal el hecho de que su último acto de resistencia frente a la barbarie nazi haya consistido en reflexionar sobre la noción de Historia. Sin entrar en los detalles de ese ensayo, me limitaré a mencionar su célebre descripción del cuadro Angelus Novus , de Paul Klee, en la que Benjamin proyecta su visión de la Historia. Una visión opuesta a la idea optimista de una marcha continua de la Historia hacia el progreso, ya que, en ese cuadro, Benjamin ve a un ángel vuelto hacia el pasado, empujado inexorablemente hacia el futuro por el progreso, mientras quisiera detenerse ante la catástrofe que contempla y reparar aquello que ha sido destruido. Aunque se trate de una interpretación libre del cuadro, Benjamin proyecta en él su visión de la tarea del historiador resistente, que consiste en rescatar del olvido la lucha inconclusa de los vencidos, cuyo significado suele ser borrado por la Historia oficial, la de los vencedores y los adoradores del progreso. Y sobra decir hasta qué punto esta atención al sentido de la lucha de los derrotados adquiere una resonancia particular en un momento en que nuestra historia colectiva está cada vez más sometida a la selección de los algoritmos y en el que, en Líbano, ya empiezan a aparecer reescrituras de la historia por parte de nuestros ocupantes. Pienso, entre otras cosas, en la reciente declaración de Netanyahu, en la que afirmaba que pueblos cristianos libaneses deseaban anexarse a Israel. Pero para que esa atención a la memoria de los vencidos sea posible, antes hay que no haber sido indiferente. 2. El espectro de Antonio Gramsci: la indiferencia Sé que es un lugar común decirlo, pero si la cuestión de la indiferencia me parece esencial es porque, en una época como la nuestra, dominada por la proliferación de imágenes, nadie está a salvo de volverse indiferente. Me refiero, por supuesto, a esta nueva forma de estandarización de nuestros comportamientos en la que se ha convertido el desplazamiento compulsivo por las pantallas, donde todas las imágenes terminan situadas en el mismo plano, ya que en una fracción de segundo podemos pasar de imágenes de la destrucción del sur del Líbano a las vacaciones de un amigo o a imágenes falsas generadas por inteligencia artificial. Y si el segundo espectro que convoco es el de Antonio Gramsci, cuya vida osciló entre la derrota y la resistencia, ya que gran parte de su obra fue escrita en prisión, es precisamente por sus reflexiones sobre la noción de “indiferencia”. Una reflexión desarrollada en un breve texto, Odio a los indiferentes , publicado en 1917, poco antes de fundar el Partido Comunista Italiano. También aquí, sin entrar en un comentario detallado del texto, me limitaré a mencionar una de sus ideas esenciales: para Gramsci, la indiferencia no es un acto pasivo, sino una colaboración silenciosa con las tragedias que se han desarrollado a lo largo de la historia, como el ascenso del fascismo en su época. Y es esa constatación la que lo lleva a escribir, al comienzo de su texto: “La indiferencia es parasitismo, es cobardía, no es vida”, para concluir luego con la idea de que, si está “vivo”, es porque toma partido. Aunque no llegaré a decir que “odio” a los indiferentes, ya que desconfío de los juicios definitivos sobre las personas, su reflexión me conmueve especialmente porque me hace comprender que, en mi negativa obstinada a permanecer indiferente ante las locuras de Netanyahu y de los gurús de la tecnología, hay una voluntad de seguir vivo. Una voluntad de no dejar que mi espíritu sea colonizado por esa estandarización que tiende a colocar todas las imágenes en el mismo nivel. 3. El espectro de Pasolini: las luciérnagas Y si el tercer espectro que me persigue es el de Pier Paolo Pasolini, no es solo porque rindió homenaje a Gramsci en su poemario Las cenizas de Gramsci , sino, sobre todo, porque dedicó gran parte de su obra a denunciar la colonización de las conciencias por la estandarización impuesta por la sociedad de consumo, que en su época apenas comenzaba a desarrollarse. Una denuncia que sostuvo a lo largo de toda su obra, hasta llegar a su célebre “Artículo de las luciérnagas”, publicado en 1975, poco antes de su asesinato. En ese texto, Pasolini observa la desaparición progresiva de las luciérnagas en el campo italiano, diezmadas por la contaminación industrial, para convertir luego ese fenómeno en la metáfora de una humanidad auténtica que se desvanece, reemplazada por las luces artificiales de la televisión, el consumo y el espectáculo. Las mismas luces artificiales que, bajo otra forma, hoy brillan a través de la pantalla de nuestros teléfonos inteligentes. Y si Pasolini mostró tanto afecto por los marginados y los perdedores de esta sociedad, fue precisamente porque los veía iluminados por esa misma luz frágil, la de las luciérnagas que Dante situaba en lo más profundo de las tinieblas, en contraste con la gran luz del Paraíso. Y esa manera de poetizar a los derrotados hasta convertirlos en figuras de resistencia me conmueve especialmente porque, con los reveses que sufrimos una y otra vez como libaneses, no puedo evitar vernos como luciérnagas errando en la oscuridad. Solo que Pasolini, en su artículo, anunciaba con un tono derrotista la probable desaparición de esas luciérnagas. Por eso no puedo dejar de preguntarme cómo nosotros, que tanto nos parecemos a ellas, podemos encontrar todavía la fuerza para sobrevivir frente al riesgo de desaparición que representan la invasión israelí y esta nueva fase de la sociedad del espectáculo, que intenta vendernos de forma lúdica un mundo en el que las armas pronto serán controladas por inteligencias artificiales. 4. El espectro de Nietzsche: el Convaleciente Sin negar que el pensamiento de Nietzsche pueda ser apropiado, con razón, por sectores de la extrema derecha, si convoco su espectro es precisamente porque la pregunta central de su obra podría formularse, retomando los términos de este texto, de la siguiente manera: ¿cómo seguir afirmando la vida cuando todo parece conducir a la derrota? Si esta pregunta ocupa un lugar tan central en su pensamiento, es ante todo por una razón biográfica, ya que Nietzsche fue un hombre gravemente enfermo, con frecuencia abatido por migrañas incapacitantes y trastornos de la vista que a veces lo dejaban casi ciego. Pero, lejos de ser una simple anécdota biográfica, su enfermedad marcó profundamente su obra, tanto en la forma, pues la escritura en aforismos le fue impuesta por esa condición, como en el fondo. Basta observar la cantidad de referencias a su enfermedad en obras como Humano, demasiado humano o Ecce Homo , donde afirma: “Fue necesario enfermar para volver a la razón”. Y esa manera de convertir la enfermedad en el punto de partida de una transformación personal también aparece en Así habló Zaratustra , en el célebre capítulo “El Convaleciente”. Allí, Zaratustra, abatido por el pensamiento del eterno retorno y la idea de que todo lo que ha sucedido volverá a ocurrir, cae enfermo durante siete días. Pero luego termina levantándose transformado, capaz de decir sí a la existencia. Y si la figura del convaleciente me habla tanto, es porque, paralelamente a la de las luciérnagas, siempre he percibido al Líbano como un país de muertos vivientes. O, para ser más preciso, un país donde se pasa de la vida a la muerte y de la muerte a la vida en una fracción de segundo. De ahí esa imagen que se nos ha pegado a la piel de un país donde la fiesta puede estar en pleno apogeo inmediatamente después de un período de violencia. Algunos llaman a eso la resiliencia libanesa. En lo que a mí respecta, cuando yo mismo paso de las tinieblas de nuestra gran Historia a una apariencia de vida normal, es más en el convaleciente en quien me reconozco. Y probablemente sea por esa razón que siento un afecto especial por la célebre frase de Nietzsche: “Sin música, la vida sería un error”. Porque, en más de una ocasión, gracias a ella, y eso también vale para mi generación, he logrado transformar la rabia en una afirmación de la vida. 5. El espectro de Kurt Cobain: la música de la rabia Aunque la vida de Kurt Cobain podría parecer una contradicción de la figura del convaleciente nietzscheano, ya que se suicidó en 1994, si convoco su espectro es, ante todo, porque su carta de despedida puede leerse, curiosamente, como un manifiesto contra el borramiento, ya que retoma aquella célebre frase de una canción de Neil Young: “It’s better to burn out than to fade away”. Pero también, y sobre todo, porque al término de la guerra civil libanesa, “finalizada” en 1990, la rabia expresada en su música se convirtió en el himno de mi propia rabia y de toda una generación de jóvenes libaneses. Por supuesto, la rabia de Kurt Cobain no estaba relacionada con el fin de una guerra. Surgía, más bien, de la última forma de nihilismo, retomando un tema muy querido por Nietzsche, nacida de la victoria estadounidense sobre el bloque soviético. Una victoria que consagró el fin de toda forma de utopía para imponer al mundo un único valor, representado de manera elocuente en la célebre portada del álbum Nevermind : la persecución del dólar. Pero, pese a esa diferencia de contexto, si canciones como Smells Like Teen Spirit fueron adoptadas por mi generación fue porque actuaban como una forma de catarsis, transformando nuestra infancia transcurrida bajo las bombas en una energía capaz de volver a ponernos en movimiento. Una energía que hoy volvemos a necesitar y que, en aquella época, me llevó a mí, junto con varios jóvenes de Beirut, a formar bandas de música inspiradas en el estilo de Nirvana. Y, por extraño que pueda parecer, nuestros conciertos, organizados por un colectivo llamado “Generación X”, tenían lugar en el sótano de una iglesia del centro de la ciudad, que todavía conservaba las cicatrices de la guerra que acababa de terminar. ¿Cómo lograron los rockeros de ese colectivo convencer al sacerdote de la iglesia para que les cediera ese sótano y permitiera que esa juventud gritara allí su rabia? Algún día me gustaría desarrollar un proyecto sobre ese período para encontrar la respuesta y poder reencontrarme con ese territorio que era en aquel tiempo. Porque sí, el tiempo puede ser un territorio. 6. El espectro de Federico II Hohenstaufen: la corte de Palermo Y más que la noción de derrota o de resistencia, lo que quisiera evocar a través de este último espectro es una utopía. Una utopía para el Líbano en forma de territorio: la corte de Palermo en el siglo XIII, durante el reinado del emperador Federico II Hohenstaufen. Apodado “el Asombro del Mundo”, también fue calificado de “Anticristo” por haber sido excomulgado en dos ocasiones por el papa de su época. Y, en el contexto de este texto, no puedo dejar de ver cierta ironía en que un soberano tan curioso por el conocimiento y las culturas haya sido calificado de ese modo, mientras Peter Thiel, uno de los principales promotores de un futuro dominado por la tecnología, llama Anticristo a todas las personas e instituciones que retrasan la llegada de una civilización de ese tipo. En cuanto a la corte de Palermo, si la califico como una utopía que el Líbano debería perseguir es porque, al igual que la erudición de Federico II, encarnaba una civilización basada en el intercambio y no en el borramiento, ya que allí convivían el pensamiento occidental, la filosofía árabe y la cultura griega. Y si el Líbano ha de superar la prueba que atravesamos actualmente, solo puedo desear que, en el futuro, sus múltiples comunidades puedan convivir e intercambiar en armonía, como ocurría en la corte de Palermo. Mientras tanto, por mi parte, también hay otros territorios que me persiguen. Territorios más personales. Pero ese será el tema del próximo capítulo.

Irán-EE.UU.: ¿hacia un regreso del frente yemení?

Este lunes 13 de julio, la atención regional está centrada en Yemen, donde la frágil tregua de abril de 2022 atraviesa una grave crisis debido a una maniobra iraní que reactivó el frente yemení. Esta demostración de fuerza militar debe entenderse en el contexto de la continua escalada del conflicto entre Teherán y Washington, después de que Estados Unidos restableció el bloqueo que había impuesto a los puertos iraníes. En los hechos, el gobierno yemení lanzó ataques contra las pistas del aeropuerto internacional de Saná, controlado por los hutíes, para impedir el aterrizaje de un avión iraní que transportaba a una delegación de este grupo chiita respaldado por Irán. La delegación regresaba de Teherán, donde había participado en los funerales del líder supremo Alí Jamenei. A pesar de las reiteradas advertencias de las autoridades yemeníes, que les habían pedido regresar a bordo de un avión de la aerolínea nacional Yemenia, la delegación insistió en volver a Yemen en el aparato iraní, pese a que el espacio aéreo del país permanece cerrado para la aviación iraní. El avión continuó su vuelo ignorando las protestas del gobierno, aunque finalmente habría aterrizado en Hodeida, ciudad costera del mar Rojo controlada por los hutíes en el oeste de Yemen. La tensión aumentó rápidamente. El Ministerio de Defensa de Yemen justificó los ataques por la insistencia de los hutíes en regresar en un avión iraní. Según Saná, ese vuelo no solo constituye una violación del espacio aéreo yemení, sino que además representa “una nueva injerencia de la República Islámica”. Los hutíes amenazaron de inmediato con responder, tras denunciar explícitamente “ataques sauditas”, lo que reavivó el temor a una reanudación de las hostilidades con Riad por primera vez desde la tregua de 2022, alcanzada bajo los auspicios de la ONU. Los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb En el contexto de una tensión regional que no ha dejado de aumentar en las últimas semanas, el incidente de Saná solo puede interpretarse como un nuevo episodio del pulso que mantienen Teherán y Washington, principalmente en torno al estrecho de Ormuz. El hecho ocurrió después de una nueva noche marcada por intensos bombardeos estadounidenses contra objetivos militares y logísticos iraníes y por contraataques iraníes dirigidos contra instalaciones estadounidenses en Kuwait, Jordania, Baréin, Catar e incluso Omán, hasta ahora evitado por Teherán, que buscaba alcanzar un acuerdo de cooperación con el sultanato para la gestión del estrecho de Ormuz. Como director de una red de grupos aliados, cada uno más desestabilizador que el anterior, Teherán parece haber decidido esta vez poner en escena a los hutíes. De ese modo, permite a su principal aliado regional, Hezbolá, decapitado y debilitado por Israel durante las dos desastrosas guerras de apoyo primero a Hamás y luego al régimen de los mulás, tomar un respiro. Al mismo tiempo, evita la entrada en escena de otro actor regional, Israel, cuyo territorio sigue al margen de los ataques iraníes a pesar de albergar bases estadounidenses. Una reactivación del frente libanés podría haber dado a Tel Aviv el pretexto que busca para reanudar sus ataques contra Irán. Sea como fuere, la gran incógnita es saber si el episodio de Saná constituye simplemente una advertencia dirigida a Washington, con quien Teherán mantiene una confrontación abierta, o si anuncia una nueva fase de ese enfrentamiento. Su verdadera gravedad dependerá de lo que ocurra a continuación. Las implicaciones geoestratégicas de una participación de los hutíes en el conflicto son numerosas. La principal está relacionada con el estrecho de Bab el Mandeb. Al controlar el puerto de Hodeida, ubicado en ese corredor estratégico, los hutíes tienen la capacidad de bloquear el acceso al mar Rojo y al canal de Suez, perturbando significativamente el comercio internacional. Al anunciar nuevamente el lunes el cierre del estrecho de Ormuz, Teherán desplazó el conflicto hacia otra zona geográfica igualmente estratégica, con el riesgo de comprometer seriamente el comercio mundial. Mediante esta maniobra, busca demostrar a Estados Unidos que todavía conserva varias cartas que no dudará en utilizar para obtener concesiones en el marco de las negociaciones con Washington. Esas negociaciones siguen sin romperse. Permanecen únicamente suspendidas. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmail Baghaei, confirmó el lunes que continúan las gestiones diplomáticas con Catar, Pakistán y Omán para “evitar una escalada de las tensiones”. Según explicó, Teherán mantuvo contactos “durante los últimos días” con Catar y Omán, pese a que ambos fueron blancos de ataques iraníes, así como con Pakistán. Sin embargo, los acontecimientos registrados entre la noche del domingo y el lunes, y durante toda la jornada del lunes, demuestran que esos esfuerzos estuvieron lejos de dar resultados. ¿Hasta el punto de provocar una ruptura? Solo la evolución de los acontecimientos permitirá saberlo. Baghaei también advirtió que Teherán dejará de considerarse vinculado al memorando de entendimiento firmado en junio con Estados Unidos si Washington no cumple sus compromisos. Era una manera de responder a Donald Trump, quien la semana pasada dio por terminado el alto el fuego. Ataques hutíes contra el sur de Arabia Saudita Aunque el intercambio de amenazas es habitual en negociaciones tan delicadas, que comprometen el destino de toda la región, los acontecimientos sobre el terreno adquieren una dimensión mucho más importante, e incluso peligrosa. Los hutíes no tardaron en cumplir sus amenazas directas contra Arabia Saudita, a la que acusan de haber atacado el aeropuerto de Saná. Al comienzo de la noche lanzaron misiles balísticos contra el aeropuerto de Abha, en el suroeste del reino, cerca de la frontera con Yemen. Según los medios del grupo proiraní, al menos seis misiles fueron dirigidos contra las instalaciones. El Ministerio de Defensa saudita confirmó el ataque y aseguró que los proyectiles fueron interceptados. Estos bombardeos responden a la misma lógica que los ataques iraníes contra los países del Golfo, ejecutados como represalia por las operaciones estadounidenses. A través de su aliado yemení, Teherán intentaría involucrar a Riad en un conflicto del que se había mantenido al margen desde el principio. El objetivo es el mismo que perseguían los ataques contra los países del Golfo: empujar a las monarquías árabes a replantearse su alianza con Estados Unidos. Un propósito que la República Islámica nunca ocultó, pero que tampoco ha conseguido materializar. “Una remuneración del 20 %” Washington, por su parte, sigue una estrategia ampliamente inspirada en el juego iraní. A las provocaciones de Teherán responde con contraprovocaciones. El presidente estadounidense Donald Trump anunció sin rodeos en Truth Social el restablecimiento del bloqueo naval que había contribuido a asfixiar la economía del régimen de los mulás, así como un control estadounidense del estrecho de Ormuz. Del mismo modo que Teherán pretende imponer tarifas por el uso del paso marítimo, Trump afirmó que desea cobrar “una remuneración equivalente al 20 % del valor de las cargas” que transiten por esa vía marítima, pese a que esta está regulada por el derecho internacional, que garantiza la libertad de navegación. Irán respondió asegurando que “bajo ninguna circunstancia” permitirá que Washington interfiera en la administración del estrecho, al que pretende someter bajo su control exclusivo. El presidente Trump también anunció que el jueves por la noche dirigirá un mensaje a la nación. Según The New York Times , ya habría notificado al Congreso la reanudación de las hostilidades con Irán. En la comunicación enviada al Legislativo explicó que las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo operaciones militares defensivas el 7 de julio, siempre según el diario neoyorquino. Con bloqueo o sin él, Teherán sigue aferrándose a su influencia regional a través de sus aliados. Según diversos analistas, los hutíes disponen de numerosos recursos para alterar el equilibrio regional, lo que explicaría la contundente respuesta de Saná. Al atacar ellas mismas el aeropuerto de la ciudad para impedir el aterrizaje del avión iraní, las autoridades yemeníes enviaron un mensaje político directo a Teherán: no se le permitirá utilizar instalaciones yemeníes en el contexto actual. El episodio del avión iraní transmite además otro mensaje, rápidamente percibido por Washington y que podría estar detrás de la decisión de Donald Trump de restablecer el bloqueo marítimo. Teherán quiso demostrar que conserva capacidad de movimiento e iniciativa pese a los continuos bombardeos y que sus aliados siguen teniendo la posibilidad de frustrar los planes de sus adversarios. El vuelo iraní demuestra que la República Islámica mantiene la posibilidad de disponer, en caso de bloqueo, de un corredor aéreo hacia sus aliados hutíes en Yemen. Ese corredor le permitiría transportar material y personal, incluidos miembros de la Guardia Revolucionaria, si decidiera bloquear Bab el Mandeb y reactivar el frente yemení. Sin embargo, todavía es prematuro hablar de una verdadera reactivación de ese frente. Presiones occidentales En el frente diplomático, la presión occidental sobre Irán continúa intensificándose. Londres anunció la prohibición de los Guardianes de la Revolución en su territorio, mientras que el ministro francés de Relaciones Exteriores, Jean-Noël Barrot, descartó cualquier levantamiento de las sanciones europeas mientras Teherán continúe con su programa nuclear, el desarrollo de su capacidad balística y sus acciones de desestabilización en la región.

Una letra tras otra
Por
Zeina Ziadeh
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“¿Por qué dejaste de escribir?” Esa es una pregunta que varias personas me han hecho recientemente. Tomé mi teléfono y le pregunté a Michel: “¿Cómo se escribe cuando el alma está sumida en el letargo?” “Una letra después de otra”, me respondió. Entonces las letras comenzaron a dispersarse en mi imaginación. Las veía nacer y luego negarse a convertirse en palabras. Se acumulaban, sin encontrar nunca su lugar. ¿Saben cuántas palabras nacen de una letra tras otra? Pues aquí están, escribiéndose y leyéndose en este preciso instante. Usted y yo damos vida a las mismas palabras. Solo el tiempo nos separa. Nacen y mueren en un mismo aliento. Entre quien escribe y quien lee, quizá solo exista ese instante en el que ambos se encuentran en una misma palabra. Pero ¿cómo escribir aquello que no muere? Aquello que permanece grabado en la memoria, en una época en la que las palabras se precipitan unas sobre otras hasta quedarse sin aire. Cada día vemos pasar cientos de ellas. Desfilan ante nuestros ojos como desfilan los rostros sonrientes en nuestras pantallas, y luego se desvanecen. Muy pocas permanecen: aquellas que nos han conmovido con sinceridad, que han despertado nuestros sentidos, sacudido nuestra conciencia o nos han hecho detenernos, aunque solo sea por un instante. Después llega la sequía. Esa que nadie ve. A veces se cree que el escritor deja de escribir porque ya no tiene ganas de hacerlo. En realidad, lo que ocurre es que deja de encontrar el camino hacia su imaginación. Se sienta frente a la página como quien se sienta ante una puerta cuya llave ha perdido. La escritura es un don. El trabajo la perfecciona. Y ese trabajo exige una disciplina cotidiana: volver a la página, incluso en los días en que ninguna idea viene a visitarnos, incluso cuando dudamos de cada frase que escribimos. Porque la inspiración, pese a toda la devoción que se le profesa, no basta por sí sola. Solo la disciplina devuelve, día tras día, al escritor a su escritorio. Pero ¿cómo mantenerse fiel a esa disciplina en un país donde ningún día se parece al anterior? En un país que despierta cada mañana con una nueva crisis, una nueva preocupación o un nuevo miedo; donde la atención se ha convertido en un bien escaso; donde lograr recomponerse a uno mismo ya es una victoria, incluso antes de reunir las propias ideas. Nos dejamos absorber, o quizá somos absorbidos a pesar de nosotros mismos, por todo aquello que nos agota. Los días nos engullen. Corremos detrás de los detalles, las obligaciones, las urgencias. Simplemente tratamos de atravesar la jornada con la menor cantidad de heridas posible. Entonces, reencontrarse con la propia imaginación se convierte en un viaje más largo que la escritura misma. No porque la imaginación nos haya abandonado, sino porque el camino que conduce hasta ella se ha llenado de todo aquello que nos aleja de nosotros mismos. Quizá no temamos tanto al silencio como a terminar acostumbrándonos a él. A que la agitación se convierta en nuestro estado natural y la escritura no sea más que una promesa postergada una y otra vez, suspendida a la espera de una calma que nunca llegará. Ojalá las palabras supieran encontrar el camino de regreso hacia nosotros cada vez que somos nosotros quienes perdemos el que conduce hasta ellas. Y, sin embargo, cada vez que creo que me han abandonado, descubro que nunca estuvieron demasiado lejos. Solo esperaban a que el estruendo se apagara. A que yo también recuperara el silencio necesario para escuchar la voz de la primera letra. Tal vez nunca dejé de escribir. Tal vez simplemente estaba buscando esa primera letra que merecía que otra viniera a unirse a ella.