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Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad
Publicado sep 5, 2026 - 20:01
La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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Por Youssef Mouawad - Publicado sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
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Por LevantTime . - Publicado sep 5, 2026 - 00:55
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El convoy del CICR que transportaba a los civiles liberados, procedente de la zona ocupada por Israel en el sur del Líbano, se dirigió al punto que marca el inicio de la zona controlada por las autoridades libanesas. (AFP)
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció el viernes que trasladó a Líbano a otras cuatro personas liberadas por Israel, un día después de la liberación de un primer civil. Según el CICR, se trata de tres libaneses y dos sirios. Es la primera vez que se lleva a cabo una operación de este tipo desde el inicio, en abril, de las negociaciones entre Líbano e Israel, bajo la mediación de Estados Unidos. Beirut había solicitado, durante la última ronda de conversaciones celebrada en agosto, la liberación de un primer grupo de ciudadanos libaneses capturados por Israel en el sur de Líbano, donde mantiene una guerra con Hezbolá, aliado de Irán. Sus familiares estiman que hay alrededor de una treintena de personas retenidas, entre ellas combatientes del movimiento islamista. El presidente libanés, Joseph Aoun, agradeció en un comunicado a Estados Unidos y al CICR, y afirmó que esta liberación «confirma lo acertado de la postura» de Líbano, que participa en negociaciones con Israel rechazadas por Hezbolá. Estados Unidos elogió el jueves «al Gobierno de Israel y al Gobierno de Líbano por haber demostrado buena fe mediante estos primeros pasos», y expresó su esperanza de que esto sirva «de base para conversaciones más amplias sobre otras cuestiones civiles». Ambos países deberán celebrar una nueva ronda de negociaciones en septiembre, en una fecha que aún no ha sido anunciada. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «se produce tras los esfuerzos realizados por Israel y Líbano para localizar y repatriar los restos de dirigentes de la comunidad judía que habían sido secuestrados y asesinados en Líbano» entre 1984 y 1986. Israel intensifica sus ataques En el terreno, ataques israelíes dejaron el viernes tres muertos y 23 heridos en el sur y el este de Líbano, según un medio estatal. Israel intensificó el viernes sus ataques en la región, después de anunciar la noche del jueves que había tomado el control de la cresta montañosa de Ali Taher, que servía como posición estratégica para Hezbolá, aliado de Irán, y domina, entre otras zonas, la ciudad de Nabatiye. El ejército reforzará ahora sus posiciones en la zona para «impedir que el enemigo vuelva a posicionarse allí», declaró el ministro israelí de Defensa, Israel Katz. Otro ataque alcanzó también la región de Tiro, en particular la localidad de Rmadiye, según la Agencia Nacional de Información (ANI). Para Trump, la guerra en Irán es «poca cosa» En cuanto a la guerra en Irán, el presidente estadounidense, Donald Trump, intentó el viernes minimizar su impacto para Estados Unidos ante la proximidad de las cruciales elecciones legislativas de medio mandato. «Mucha gente no lo llama guerra. Yo digo que es un conflicto militar, porque para nosotros es poca cosa (“small potatoes”). No es gran cosa. Hicimos lo de Venezuela y hemos hecho esto», respondió a periodistas en la Oficina Oval, al ser cuestionado sobre su vicepresidente, JD Vance, quien el día anterior había dicho que no quería describir el conflicto como una guerra. Mientras el fuerte aumento de los precios de los combustibles relacionado con la guerra amenaza con costarle a los republicanos de Donald Trump su mayoría en el Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre, su administración intenta restar importancia al conflicto. Según el presidente, Estados Unidos lleva a cabo «ataques puntuales» y aseguró que «actualmente no está combatiendo». También afirmó que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz y que ha diezmado a las fuerzas armadas iraníes. «Lo que hemos logrado es extraordinario. Tomamos el control de Venezuela y, en esencia, tomamos el control de Irán», declaró.
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Guerra en Ucrania: el fracaso de los primeros esfuerzos de paz 2/5

La guerra en Ucrania sigue siendo el centro de un amplio debate alimentado, entre otros factores, por los bombardeos casi diarios que apuntan, en uno y otro bando, a centros neurálgicos y, más concretamente, a las capitales rusa y ucraniana. Para comprender mejor las distintas dimensiones de este antiguo conflicto, es necesario remontarse a los prolegómenos y a la génesis de lo que desembocó en esta guerra (¿fratricida?), exponiendo las motivaciones y aspiraciones de las diferentes partes implicadas —en particular Occidente (Estados Unidos y Europa, ampliada a todos los países de la OTAN, a excepción de Turquía)— y recordando también los inicios de la ofensiva rusa y el fracaso de los intentos de alcanzar la paz, o al menos abrir negociaciones, teniendo en cuenta que las responsabilidades en este contexto son múltiples. Para comprender bien todos los aspectos de la guerra en Ucrania, conviene plantear desde el principio algunas preguntas fundamentales. ¿Qué representan Rusia y Ucrania para Occidente? ¿Cuáles podrían ser las consecuencias concretas de una eventual victoria clara de uno de los dos protagonistas? Y, por consiguiente, ¿qué implicaciones tendría eso para Occidente y para Oriente Próximo? En una serie de cinco artículos, nuestro colaborador Jean-Patrick Dayras, contralmirante de la marina francesa, expone su visión y su análisis de la cuestión. Jean-Patrick Dayras, Contralmirante (2s) El mismo día de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, el 22 de febrero de 2022, numerosos franceses y europeos ondearon banderas ucranianas (¡incluso en las Azores!) y se ofrecieron como voluntarios para acoger refugiados e incluso para dar clases de lengua en los países de acogida. Habría sido interesante pedirles a quienes exhibían esa postura política que localizaran Ucrania en un mapa y explicaran qué había ocurrido en los últimos diez años (2013–2022) entre Europa, Ucrania y Rusia. Ese tipo de comentarios no se puede hacer en ciertos ambientes de Francia. Adhesión a la UE Pocos días después de la invasión rusa, Ucrania presentó oficialmente una solicitud de adhesión a la Unión Europea. El 17 de junio de 2022, la Comisión Europea recomendó conceder a Ucrania el estatuto de país candidato. ¿Por qué? ¿Con qué objetivo? Nadie lo sabrá jamás. El 23 de junio de 2022, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 Estados miembros, reunidos en el Consejo Europeo, decidieron por unanimidad conceder a Ucrania el estatuto oficial de país candidato a la Unión Europea. El 14 de diciembre de 2023, el Consejo Europeo decidió abrir las negociaciones de adhesión, y el 25 de junio de 2024 dichas negociaciones fueron lanzadas oficialmente. ¿Qué funcionario o empleado de una gran empresa no habría deseado obtener un ascenso que conllevara un cambio de estatus tan ventajoso y tan rápido? Ya no sería una escalera social ni siquiera un ascensor social, ¡sino un cohete interplanetario social! Comparemos con los demás países candidatos que aún no son miembros de la Unión Europea. Apertura de los procesos de negociación: Turquía, 1999; Macedonia, 2005; Montenegro, 2010; Serbia, 2012; Albania, 2014; Moldavia, 2022; Bosnia-Herzegovina, 2022; Georgia, 2023. Kosovo presentó su solicitud de adhesión en 2022, pero aún no ha obtenido el estatuto oficial de candidato. ¿A qué se debe tanta prisa? ¿No era posible apoyar a Ucrania sin extenderle una alfombra roja tan prometedora, demasiado prometedora incluso? Lo menos que se puede decir es que los países candidatos no reciben el mismo trato. Ucrania es un país que fue muy corrupto y que sigue siéndolo. El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de «Transparency International» sitúa a Ucrania en el puesto 142 del mundo en 2014 y en el 116 en 2022 (los índices de Rusia son similares). En la prensa occidental, Rusia es presentada como un Estado corrupto. La corrupción de Ucrania, en cambio, pasa en silencio. El proyecto de paz bajo los auspicios de Turquía En la primavera de 2022, la paz no estaba lejos. La puerta estaba entreabierta desde el comienzo de la guerra. Turquía desempeñó un papel diplomático importante, aunque no logró alcanzar un acuerdo de paz duradero. Turquía ocupaba una posición singular: miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, mantenía buenas relaciones con Ucrania (venta de drones y cooperación militar) y conservaba vínculos estrechos con Rusia en los planos geopolítico (Siria) y económico. Turquía fue uno de los pocos países capaces de hablar simultáneamente con Moscú y Kiev. Organizó las principales negociaciones de paz de marzo de 2022 y facilitó el acuerdo sobre las exportaciones de cereales. Las negociaciones de marzo de 2022 Turquía acogió un encuentro entre los ministros de Asuntos Exteriores ruso y ucraniano en Antalya el 10 de marzo de 2022, así como negociaciones de mayor calado entre las delegaciones rusa y ucraniana en Estambul el 29 de marzo de 2022, que contemplaban: Un estatuto de neutralidad para Ucrania (renuncia a unirse a la OTAN). Garantías de seguridad otorgadas por varios Estados a cambio de esa neutralidad. La retirada de las fuerzas rusas de determinadas zonas. El aplazamiento de las conversaciones sobre el estatuto de Crimea. Trabajos de historiadores e investigadores demuestran que existía un proyecto de acuerdo, pero que numerosas cuestiones esenciales seguían sin resolverse, en particular el estatuto de los territorios ocupados, las garantías de seguridad, el calendario de las retiradas militares y el tamaño futuro del ejército ucraniano. Los éxitos militares ucranianos en torno a Kiev llevaron a los dirigentes ucranianos a pensar que podían obtener una posición más ventajosa sobre el terreno. Por su parte, Rusia mantenía exigencias que Ucrania consideraba inaceptables. El papel de Boris Johnson Se afirma que Boris Johnson habría disuadido a Ucrania de cerrar un acuerdo. Esta afirmación es objeto de debate. Sin embargo, fue divulgada con claridad por numerosos medios de comunicación y por comentaristas perspicaces y creíbles. Boris Johnson nunca lo desmintió. Su papel en el fracaso de las negociaciones de paz entre Ucrania y Rusia, llevadas a cabo bajo mediación turca en la primavera de 2022, es uno de los temas más debatidos de la guerra. El 9 de abril de 2022, Boris Johnson viajó a Kiev. Según fuentes anónimas citadas por el medio ucraniano Ukrainska Pravda, habría transmitido dos mensajes principales: que Vladimir Putin no debía ser considerado un interlocutor de negociación fiable; y que las potencias occidentales no estaban dispuestas a garantizar un acuerdo alcanzado con Rusia en los términos que entonces se barajaban. Esta versión está en el origen de la afirmación según la cual Johnson habría saboteado el acuerdo que se vislumbraba. Expresaba públicamente su escepticismo ante la posibilidad de negociar con Putin y abogaba por continuar el apoyo militar occidental a Ucrania. No existe ninguna prueba que demuestre que un acuerdo de paz definitivo estuviera listo para firmarse y que hubiera sido cancelado únicamente por su intervención. No obstante, la postura del señor Zelenski cambió radicalmente. Las bazas de ambos países ¿Qué pueden aportar estos dos países a Europa? Ucrania cuenta con algunas de las tierras agrícolas más productivas del mundo: trigo, maíz, cebada, girasol y colza. Posee importantes recursos mineros, algunos de ellos indispensables para el desarrollo de las tecnologías modernas: hierro, manganeso, titanio, uranio, grafito y litio. Cuenta además con una industria sólida en los sectores de la siderurgia, la metalurgia, la construcción ferroviaria, aeronáutica, espacial y naval. Por último, tiene una notable capacidad de producción eléctrica de origen nuclear, gas natural y una extensa red de gasoductos que conecta Rusia con Europa. A todo ello se suma que Ucrania es un territorio estratégico que enlaza Europa con Rusia, bordeado por el mar Negro, esencial tanto para las exportaciones de cereales como para los intereses militares. En cuanto a Rusia, dispone de enormes riquezas en recursos naturales (petróleo y gas natural) y minerales (carbón, níquel, paladio, platino, oro, diamantes, cobre y aluminio). Además de poseer la mayor superficie forestal del mundo, cuenta con una agricultura que le ofrece una ventaja competitiva clave en las exportaciones: trigo, cebada y aceites vegetales. Próximo artículo Guerra en Ucrania: errores estratégicos rusos y torpeza occidental (3/5) Leer también sobre el mismo tema Cómo Occidente eligió a Ucrania (1/5)

Conflicto iraní: la escalada verbal se suma a las operaciones militares

La situación en Irán sigue escalando en todos los frentes. La tensión aumenta tanto en el plano político y mediático como en el ámbito militar. El ejército estadounidense continúa atacando los centros neurálgicos y las vías de comunicación de la Guardia Revolucionaria, que responde bombardeando, como de costumbre, no a Israel, sino a los países árabes, especialmente a los Estados del Golfo. En los últimos días, los ataques de la Guardia Revolucionaria alcanzaron también a Jordania, donde murieron dos soldados estadounidenses, cuatro resultaron heridos y un séptimo permanece desaparecido mientras participaba en operaciones de defensa antiaérea destinadas a interceptar misiles y drones. La Guardia Revolucionaria Islámica sostiene que sus ataques contra países árabes buscan golpear las bases militares estadounidenses instaladas en ellos. Sin embargo, los hechos contradicen esa versión, ya que durante los últimos dos días los bombardeos iraníes alcanzaron, entre otros objetivos en Kuwait, una central eléctrica y una planta desalinizadora. Al mismo tiempo, durante las últimas 48 horas se detectó un puente aéreo estadounidense para trasladar desde Europa hacia Israel decenas de aviones cisterna para reabastecimiento en vuelo, además de cazas F-16 y F-35. Estas aeronaves habían sido reubicadas en Europa tras la firma del memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, pero ahora han sido enviadas nuevamente al Medio Oriente. Mientras tanto, el ejército estadounidense continúa reforzando el bloqueo naval impuesto a los puertos iraníes. El sábado, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que cinco buques mercantes que intentaban evadir el bloqueo fueron obligados a regresar. El impacto de este bloqueo se ha intensificado aún más tras la destrucción de importantes vías de comunicación terrestre, incluidos siete puentes y líneas ferroviarias, especialmente en la región de Bandar Abbas. Nuevo mensaje atribuido a Khamenei Esta intensificación de las operaciones militares ha venido acompañada, desde finales de la semana, de una fuerte escalada verbal. En un mensaje escrito atribuido —sin que haya sido posible verificar su autenticidad— al enigmático líder supremo Mojtaba Khamenei, se amenaza a Estados Unidos con darle "una lección que nunca olvidará" si continúa sus ataques contra Irán. El mensaje añade además que "la firma de Donald Trump en el memorando de entendimiento no tiene ningún valor". Esta afirmación coincide con las declaraciones realizadas el sábado por un alto funcionario iraní, quien aseguró que "si los ataques estadounidenses continúan durante los próximos dos o tres días, Irán pasará de la fase defensiva a la ofensiva". Agregó además que Irán decidió "suspender todos los compromisos asumidos en el memorando de entendimiento". En el plano político, resulta significativo que el mensaje atribuido a Khamenei llame a los dirigentes iraníes a reducir sus diferencias internas y exhorte a la población a moderar sus críticas contra el poder. Este doble llamado se produce cuando las señales de división entre el ala radical y el sector denominado pragmático del régimen son cada vez más evidentes, según funcionarios estadounidenses y paquistaníes. Aoun en Washington En medio de este creciente clima de tensión regional, el presidente libanés Joseph Aoun inició el sábado una visita oficial de varios días a Washington. El domingo tiene previsto reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio. El martes 21 de julio será recibido en la Casa Blanca por el presidente Donald Trump para discutir los mecanismos destinados a aplicar el acuerdo marco firmado con Israel el pasado 26 de junio. Ambos mandatarios se concentrarán especialmente en la situación del sur del Líbano, donde el ejército israelí continúa llevando a cabo ataques selectivos y operaciones de demolición contra la infraestructura de Hezbollah.

Las "zonas piloto": sabotaje geopolítico en el sur del Líbano

El acuerdo marco trilateral, negociado bajo los auspicios de Estados Unidos y firmado en Washington, introdujo un mecanismo ambicioso para desmilitarizar el sur del Líbano: la creación de “zonas piloto”. La fase inicial de este proyecto abarca seis localidades clave distribuidas a ambos lados del río Litani: Zawtar al Gharbiyah, al norte del río, y Froun, Ghandouriyeh, Qalaouiyeh y Burj Qalaouiyeh, al sur. Según este esquema, el Ejército Libanés tiene la misión de desplegarse, establecer un control total y garantizar que estas zonas queden completamente libres de armas de las milicias. A cambio, las fuerzas de ocupación israelíes deberán llevar a cabo una retirada progresiva. Sin embargo, este experimento de seguridad local se perfila como una ambición geopolítica desmesurada, aunque represente un rayo de esperanza. El proyecto enfrenta un sabotaje estructural, atrapado entre la resistencia interna de Hezbolá, la intransigencia de Israel y la estrategia regional de Irán. El veto estructural y la resistencia interna de Hezbolá El obstáculo interno más inmediato para la implementación de las zonas piloto sigue siendo la negativa absoluta de Hezbolá a entregar sus armas. El grupo calificó públicamente el acuerdo marco como un fracaso y advirtió de manera explícita que un desarme forzado por parte del Estado en estas localidades podría desencadenar una devastadora guerra civil. Diputados libaneses acusaron a los negociadores de Beirut de ceder ante las exigencias de Estados Unidos e Israel en detrimento de la unidad nacional. Aunque el Ejército Libanés ya comenzó a reforzar su presencia sobre el terreno mediante la instalación de puestos de control y patrullajes alrededor de localidades no ocupadas, como Srifa y Froun, opera bajo enormes limitaciones operativas. Joseph Aoun ha tenido que lidiar con las fuertes reservas expresadas por el movimiento Amal y por Hezbolá. El Ejército no puede desmantelar las redes subterráneas de lanzamiento de cohetes ni la infraestructura militar enterrada en los valles del Litani sin provocar un enfrentamiento directo y sangriento con el grupo. Hezbolá sostiene que aceptar una entrega local de su arsenal en Ghandouriyeh o en Zawtar al Gharbiyah sentaría un precedente que comprometería su propia identidad como movimiento de resistencia. La intransigencia israelí y la expansión estratégica Al mismo tiempo, Israel bloquea activamente el plan piloto mediante retrasos tácticos y exigencias agresivas sobre el terreno. Las conversaciones de coordinación militar, destinadas a formalizar los mapas y los calendarios de retirada, fueron aplazadas abruptamente debido a profundas diferencias sobre los límites exactos de las zonas involucradas. La delegación libanesa acusa al Estado israelí de intentar ampliar los límites de las zonas piloto hacia localidades que el Ejército israelí no ocupa físicamente, así como hacia territorios ubicados al norte del río Litani. Además, Israel reiteró que sus fuerzas no se retirarán de su nueva “zona de seguridad”, de 10 kilómetros de profundidad, mientras Hezbolá no haya sido completamente desmantelado. La consolidación de esta “línea roja” impuesta por Tel Aviv genera un punto muerto: Israel se niega a retirarse mientras la zona siga albergando armas, pero el Ejército Libanés no puede ingresar de forma segura para desmilitarizarla mientras las tropas israelíes permanezcan desplegadas allí. Además, el Ejército israelí lleva a cabo una campaña de tierra arrasada, destruyendo sistemáticamente barrios enteros y realizando ataques aéreos selectivos. Esta presión constante indica que Tel Aviv pretende mantener un control de seguridad a largo plazo en lugar de ceder una autoridad real al gobierno libanés. El bloqueo regional de Irán Las zonas piloto también dependen del deterioro de la dinámica regional entre Washington y Teherán. Oriente Medio atraviesa actualmente una etapa marcada por intensos enfrentamientos militares entre Estados Unidos e Irán, caracterizados por ataques estadounidenses contra infraestructura iraní y fuertes tensiones marítimas en el estrecho de Ormuz. Irán no considera al sur del Líbano como un problema fronterizo aislado, sino como una línea de frente geoestratégica fundamental. Hezbolá ha subrayado explícitamente que solo una intervención directa de Teherán podría determinar un verdadero cese de las hostilidades o una retirada. Desde la perspectiva estratégica iraní, un desarme voluntario de Hezbolá en las zonas piloto debilitaría su principal herramienta de disuasión frente a Israel, justo cuando la presión estadounidense sobre la República Islámica alcanza uno de sus puntos más altos. Por ello, Teherán instruye activamente a sus aliados en Beirut para frenar la aplicación del acuerdo de Washington, garantizando así que el Líbano permanezca integrado en el eje iraní. La misión de última oportunidad de Joseph Aoun en la Casa Blanca Es en este contexto de bloqueo interno y regional que el presidente Joseph Aoun viaja a Washington para mantener una reunión crucial con Donald Trump. La visita, la primera de un mandatario libanés a la Casa Blanca en varios años, busca salvar el tambaleante acuerdo marco y garantizar la supervivencia de las zonas piloto. Ambos líderes llegan a la mesa de negociación con agendas radicalmente opuestas. Desde la perspectiva libanesa, Joseph Aoun exige que Estados Unidos presione a Israel para detener los ataques aéreos y ejecutar retiradas verificables. Con el objetivo de dotar al Ejército Libanés de los medios necesarios para cumplir su misión, solicitará una ayuda estadounidense de gran escala, incluido el apoyo financiero. También pedirá, muy probablemente, tecnologías avanzadas de drones y sensores fronterizos para frenar el contrabando de armas en la frontera entre el Líbano y Siria. Desde la perspectiva estadounidense, Donald Trump exige pruebas concretas y verificables de la voluntad de Beirut de desarmar a Hezbolá. Su administración impulsa una reestructuración de la economía libanesa mediante el desmantelamiento de las instituciones financieras informales vinculadas a Hezbolá, con el objetivo final de desvincular definitivamente al Líbano de la órbita geoestratégica de Irán. La apuesta diplomática de Joseph Aoun enfrenta obstáculos de gran magnitud. Los analistas señalan que el presidente libanés dispone de muy pocos instrumentos de presión reales sobre el terreno. Mientras Washington impulsa un encuentro directo entre Joseph Aoun y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Beirut continúa rechazando categóricamente cualquier negociación trilateral mientras las tropas israelíes ocupen un solo centímetro del territorio libanés. En definitiva, las zonas piloto de Zawtar al Gharbiyah y Srifa no pueden sobrevivir como un simple mecanismo técnico de carácter militar. Sin una desescalada regional entre Estados Unidos e Irán, acompañada de un acuerdo político interno con capacidad real de ejecución en Beirut, el despliegue del Ejército Libanés seguirá siendo extremadamente difícil. Atrapadas entre el arsenal de Hezbolá, la expansión defensiva de Israel y la guerra por poderes impulsada por Irán, las zonas piloto afrontarán una prueba extremadamente compleja.

¿Habríamos traicionado a nuestro país el pasado 26 de junio? *

Cuando se ha retrocedido ante el fuego enemigo, cuando el adversario ha asaltado nuestras ciudades, arrasado tantas poblaciones y expulsado a nuestros compatriotas de sus hogares, cuando ha demostrado ser capaz de avanzar una y otra vez hasta rodear nuestra capital y, sobre todo, cuando los propios belicistas —agotados por la guerra— han suplicado un alto el fuego, es obvio que en la mesa de negociaciones no se puede hacer remilgos y que hay que ceder en ciertos principios como la soberanía nacional y la integridad territorial. La Francia derrotada tuvo que ceder en 1871 Alsacia-Lorena al imperio del Káiser; del mismo modo, Alemania se vio obligada, al firmar el Tratado de Versalles en 1919, a aceptar, entre otras medidas humillantes, la desmilitarización de Renania y la reducción de su ejército a cien mil hombres. ¿Acaso el Hezb logró una victoria contundente sobre Israel? Que yo sepa... De nada sirve pavonearse para ganar tiempo ni sacrificarse en una batalla de retaguardia para mejorar la posición de Irán en sus negociaciones con Washington. Con que más de cuatro mil libaneses hayan dado su vida para brindarle a Teherán un margen de maniobra diplomática, ya es suficiente. En efecto, hay que reconocer que hemos sufrido una grave derrota sobre el terreno, y los libaneses, sea cual sea el bando al que pertenezcan, deben admitirlo y extraer las conclusiones pertinentes. Si nuestras tropas hubieran tomado Metula, Nahariyya o Haifa, si hubieran avanzado hasta amenazar Dimona, estaría dispuesto a creer que podríamos haber impuesto nuestras condiciones a Israel. Lo cual habría sido de lo más lógico: al fin y al cabo, si el enemigo hubiera querido recuperar su integridad territorial, habría tenido que ceder en ciertos atributos de su soberanía. Pero no es así, sino todo lo contrario. Por eso, reprocharle a la delegación libanesa que quiera liberar el territorio libanés a cambio del desarme del Hezbolá pro-iraní* es puro oportunismo. Un oportunismo rentable… pero muy pernicioso. La pasión puede extraviar incluso a las mentes más perspicaces. De ahí las reacciones de ciertos «investigadores asociados» y observadores políticos —esos histriones de la integridad territorial— ante el anuncio del acuerdo marco del pasado 26 de junio en Washington. Estos soberanistas de última hora acusan al Estado libanés de capitulación: se indignan como Caifás en Semana Santa, se rasgan las vestiduras y gritan traición. Pero esta andanada de críticas esconde un juego sucio que no honra a ningún patriota. Si el tándem chií y quienes orbitan a su alrededor quieren torpedear el acuerdo trilateral, es para poner el expediente libanés en manos de Teherán e incorporarlo a una negociación más amplia, la que conducirían los beligerantes del golfo Pérsico en Islamabad o en algún lugar de Suiza. Y, para colmo de cinismo, los detractores del acuerdo del 26 de junio afirman no tener otra preocupación que la soberanía nacional y sus principios intangibles. Tomemos ejemplo de Abu Ammar. Para Hafez el-Assad, ya desde los años setenta, el objetivo a abatir no era el cristiano libanés, rebelde a su ley, sino el palestino. La OLP era el primer enemigo a eliminar, muy por delante del Frente Libanés o las Fuerzas Libanesas. En la gran reconfiguración del espacio levantino, y ante la eventualidad de que se celebrara una conferencia internacional para resolver el conflicto árabe-israelí, el tirano de Damasco se negaba a que la «carta» palestina se le escapara de las manos. A sus ojos, los palestinos no eran más que sirios del sur, y era él quien debía decidir su destino. Yasser Arafat quería seguir siendo el único amo a bordo y se dedicó a jugar al gato y al ratón con el autócrata asentado a orillas del Barada. Zarandeado de un país a otro, de Jordania al Líbano y luego a Túnez, Abu Ammar se negó a abdicar sus prerrogativas. ¡Al final firmó en nombre de los suyos en Oslo! No iba a dejar que un oficial golpista de Qardaha, de legitimidad dudosa, representara a su pueblo de desplazados. ¿Vamos a ceder la «carta libanesa»? Nosotros, los libaneses, nos encontramos en la misma situación. ¿Vamos a entregar la carta libanesa a Irán para reforzar su poder en la mesa de negociaciones con Donald Trump? ¿Qué es más soberano: enfrentarse al adversario israelí en Washington o en Roma, o bien confiar generosamente dicha carta al imperio de los mulás, quienes, según algunos, sabrían defender mejor nuestros intereses nacionales? Recordemos que con la caída del régimen de los Assad, padre e hijo, el destino nos sonrió y el Líbano pudo recuperar subrepticiamente su carta, que había sido confiscada por Damasco. Y ahora resulta que una milicia a las órdenes de Irán quiere, con la mayor desfachatez, asignarnos a Teherán e incluirnos como un punto más en el orden del día de unas negociaciones que se llevarían a cabo exclusivamente entre iraníes y estadounidenses. La carta libanesa no está para ser cedida ni endosada por orden de ningún patrocinador del golfo aqueménida. Y, para decirlo todo, ¡la carta libanesa nunca ha traído buena suerte a los filibusteros! *Recordemos que el acuerdo marco firmado el pasado 26 de junio por el Líbano, Israel y los Estados Unidos tiene como objetivo último liberar el territorio nacional de toda ocupación, ya sea israelí o iraní. ¿Se le reprochará acaso proceder por etapas? Veamos qué resultados arrojan las conversaciones en Roma, donde se reúnen las delegaciones.

Salman Rushdie y el fin del fenómeno Trump
Por
Yakzan Takki
Publicado

La recopilación de Salman Rushdie, La undécima hora ( The Eleventh Hour ), no es una novela en el sentido tradicional del término, sino un conjunto de cinco relatos publicado después del intento de asesinato que sufrió el escritor en 2022. Se cuenta entre sus obras más meditativas y explora la vejez, la muerte, la identidad y la libertad. La "undécima hora" no es solo una referencia temporal. Es un signo. Simboliza una civilización que se percibe llegada al momento de su última prueba: el ascenso de los populismos, el retroceso de los valores democráticos, la violencia contra la libertad de expresión y la crisis de identidad que atraviesa el mundo globalizado. Así, la undécima hora se convierte en la metáfora de un momento civilizatorio, mucho más que de una simple etapa individual. Dos años después de El cuchillo ( Knife ), donde Rushdie reflexionaba sobre el atentado del que fue víctima, este nuevo libro marca su regreso a la ficción mediante relatos atravesados por el inevitable paso del tiempo en esta nueva era. La undécima hora es la que precede a la puesta del sol. En el lenguaje cotidiano también designa el último instante en el que aún es posible actuar antes de que sea demasiado tarde. En el primero de los cinco cuentos que integran la recopilación, esta expresión se convierte en la metáfora de la tercera edad alcanzada por "Junior" y "Senior", dos vecinos casi hermanos, inseparables pero incapaces de soportarse. Ambos tienen 81 años. Si una larga vida se parece a un crepúsculo destinado a apagarse a la medianoche, ellos ya han entrado en su undécima hora. Junior le dice a su vecino: "Tienes un aspecto espantoso, como todas las mañanas. Pareces un hombre que ya no espera más que la muerte." Senior le responde, moviendo la cabeza con gravedad y fiel a sus rituales inmutables: "Al menos tengo mejor aspecto que un hombre que todavía espera la vida." Antiguo director de una compañía ferroviaria, profesor de matemáticas y cantante de himnos védicos dedicados al paso del tiempo, Senior ha tenido una existencia plena y rica. Junior, en cambio, solo ha cosechado desilusiones. Sin embargo, ambos comparten una misma amargura, nacida del arrepentimiento por haber vivido con demasiada intensidad o, por el contrario, no haber vivido lo suficiente. La vida y la muerte ya no son más que dos balcones contiguos. El último relato de la recopilación, "El viejo de la plaza", puede leerse como una defensa del desacuerdo en las sociedades, de esa controversia que convierte la libertad de pensar de otra manera en un valor por sí mismo. Parece que ya no queda nada en común entre las personas, salvo la propia disputa, elevada a la categoría de expresión artística en una época del "sí", donde toda discusión se vuelve sospechosa en cuanto no obtiene un consenso unánime, por absurdo que este sea. A través de esta fábula alegórica, Salman Rushdie denuncia la tentación global de la simplificación. "No somos criaturas melodramáticas", escribe, antes de cerrar el libro con una observación cargada de amargura: "Las palabras nos traicionan." Sin embargo, este libro demuestra precisamente lo contrario. Las palabras no traicionaron a Rushdie, como tampoco el humor que habita a sus narradores, testigos de las vacilaciones de personajes incapaces de reconciliarse con su destino. Así, en el cuento "Kahani Musical", una pareja se separa después del nacimiento de su hija. El padre decide irse a vivir a la Luna, no al satélite terrestre, sino a una comunidad experimental donde espera encontrar por fin un sentido a su existencia sirviendo sopa a los seguidores de lo que parece una nueva secta, una fraternidad de iluminados inofensivos, mientras el resto de la humanidad continúa su existencia como náufraga en el planeta Tierra. Ya sean escritas con un lenguaje barroco o con una gran sobriedad, las historias de La undécima hora mezclan constantemente la imaginación y la melancolía, con un tono que recuerda a La ciudad de la victoria ( Victory City , 2023), Quijote ( Quichotte , 2020) o La casa Golden ( The Golden House , 2018). Según varios críticos anglosajones, aparecen como el movimiento final de una vasta composición novelesca y quizá anuncian una última gran novela inspirada tanto en La montaña mágica , de Thomas Mann, como en El castillo , de Franz Kafka, esos dos "grandes libros dedicados a extraños mundos en miniatura", semejantes al universo al que aspira Rushdie, intelectual comprometido y escritor angloestadounidense. Eso es precisamente lo que convierte a la literatura en la forma de arte más interactiva. Nada comparable con los mecanismos de la inteligencia artificial que, según Rushdie, ya han "creado nuevas religiones" alimentándose únicamente de lo que ya existe, sin ser capaces de engendrar aquello que nadie ha imaginado todavía. En cuanto a su falta de sentido del humor, añade con ironía, constituye otro de sus grandes defectos, suficiente por sí solo para provocar bastantes desórdenes. En una entrevista concedida a Le Point , Salman Rushdie reconoce su sensación de impotencia frente al rumbo del mundo. Sin embargo, encuentra consuelo en esta aventura de la imaginación. Fiel a sus convicciones, sabe que la humanidad atraviesa un período de gran peligro, que las líneas de fractura que recorren el planeta se profundizan cada día más y que solo el texto literario sigue siendo un posible espacio de reconciliación, en esos "lugares donde no se muere". "La gente hoy está demasiado segura de sí misma y de lo que cree saber", observa. "La literatura, en cambio, es el reino de la duda y del cuestionamiento." Esta reflexión encuentra eco en la actual polarización, justo cuando una parte cada vez mayor de la opinión pública rechaza las acciones de la administración Trump en el plano militar. Pero, según Rushdie, eso no es todo lo que Donald Trump pretende lograr. En declaraciones al semanario francés afirma: "Ni siquiera estoy seguro de que él mismo sepa lo que intenta hacer. Si realmente quisiera favorecer un cambio de régimen en Irán y el regreso de la democracia, sería algo positivo. Pero, ¿de verdad cree que eso le interesa? Tenemos a un presidente estadounidense un poco loco librando una guerra contra un régimen teocrático fascista. Yo no estoy del lado de nadie, salvo del pueblo iraní, al que nunca nadie le pregunta qué piensa." A su juicio, hoy todo el mundo está obligado a elegir un bando entre relatos enfrentados que buscan más aplastar que convencer. "Me niego a aceptar la catástrofe. El mundo puede cambiar de otra manera. Miren lo que acaba de ocurrir en Hungría con Viktor Orbán. En Estados Unidos también el viento empieza a cambiar. Solo sabremos realmente qué está pasando después de las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre, pero ya se percibe un profundo rechazo a la administración Trump. El fin del fenómeno Trump podría provocar la caída de otros dominós. Pero seamos prudentes: soy un muy mal profeta." Estas palabras adquieren un profundo valor simbólico cuando describen el mundo en el que vivimos, un mundo donde las fracturas se han vuelto tan profundas que parecen estructurar toda nuestra época. Es aquí donde puede apreciarse una verdadera cercanía intelectual entre Salman Rushdie y el fallecido pensador Edgar Morin, pese a la diferencia de sus ámbitos de expresión: la literatura en un caso, la filosofía y la sociología en el otro. Esa cercanía radica en una misma filosofía de la identidad compleja y en un mismo rechazo a las categorías reduccionistas. Morin planteaba esta pregunta fundamental: "¿Podemos ser todo eso al mismo tiempo?" Y sostenía que la identidad es, por naturaleza, múltiple y compuesta. Rushdie encarna esa idea en obras como Hijos de la medianoche , Los versos satánicos y también en su autobiografía, donde se niega a quedar encerrado en una única identidad religiosa o nacional. Su imaginación da vida a esa complejidad a través de personajes que viven plenamente la pluralidad de sus pertenencias, una visión compartida también por Régis Debray. La undécima hora no es la hora del final. Es la de la última prueba. Lo que se pone a prueba no es tanto el poder de los Estados como su capacidad para producir un nuevo sentido del orden internacional. Las grandes guerras no solo redibujan los mapas. También transforman el lenguaje con el que, desde entonces, se piensa el poder, la legitimidad y la identidad. Cada gran conflicto produce más símbolos que victorias. Lo que en el campo de batalla aparece como un acontecimiento militar se convierte, en el discurso, en un símbolo que reconfigura el imaginario colectivo: el nombre de un momento en el que un antiguo significado se derrumba antes de que otro se imponga. Entre el resentimiento hacia la geografía, el peso de la historia y las líneas de fractura que atraviesan el mundo, persiste, sin embargo, un deseo constante de evasión, casi utópico: el de irse a vivir a la Luna.

Séptima noche de ataques estadounidenses contra las posiciones iraníes

Baréin, Kuwait y Catar, así como Jordania, sufrieron el viernes nuevos ataques iraníes en represalia por los bombardeos estadounidenses llevados a cabo en territorio iraní. Por sexto día consecutivo, los países del Golfo aliados de Washington pagan directamente el precio de esta escalada militar. Los daños causados a infraestructuras civiles en ambos bandos son muestra de una nueva intensificación del conflicto. Al filo de la medianoche del viernes, el Mando Central (Centcom) informó de que el ejército estadounidense lanzó, por séptima noche consecutiva, una nueva serie de ataques contra posiciones e infraestructuras militares iraníes. De hecho, los medios oficiales de la República Islámica reportaron poco antes de la medianoche fuertes explosiones en varios sectores del sur de Irán, especialmente en Bandar Abbas. Las vías de comunicación son el objetivo prioritario del ejército estadounidense desde hace 48 horas. Mientras tanto, Teherán continúa con su escalada verbal. Mohsen Rezaí, asesor militar del líder supremo iraní, amenazó el viernes con que Irán entrará en "una fase de ofensiva total" si los ataques estadounidenses continúan más allá de "dos o tres días". "Irán ya no se limitará a responder, y ninguna frontera estará a salvo", declaró también. Restricciones en la red eléctrica Las autoridades iraníes informaron de daños en la red eléctrica del sur del país. También notificaron bombardeos que habrían afectado puentes, un puerto, un aeropuerto, infraestructuras de telecomunicaciones y una estación de tren. En un comunicado, el ministerio correspondiente instó a los habitantes a apagar los aires acondicionados durante las horas pico "con el fin de contribuir a garantizar un suministro eléctrico estable en las provincias del sur, que actualmente se enfrentan a un calor extremo y a ataques contra las instalaciones de suministro eléctrico". En Kuwait, una central eléctrica y una planta desalinizadora resultaron afectadas por un ataque iraní, según las autoridades del emirato, que también llamaron a los habitantes "a racionalizar su consumo eléctrico durante esta fase excepcional", mientras las temperaturas alcanzan los 48 °C. Ataques iraníes en todos los frentes Las fuerzas armadas de Kuwait, Jordania, Baréin y Catar, todos ellos aliados cercanos de Estados Unidos, anunciaron haber hecho frente a ataques aéreos en la madrugada del viernes. En Kuwait, el ejército reportó varios heridos. En Catar, mediador en el conflicto, un niño resultó herido por escombros. Los Guardianes de la Revolución afirmaron haber atacado la base estadounidense de Al-Udeid, asegurando haber destruido sistemas de radar y aviones militares con el fin de "castigar al agresor". El presidente estadounidense Donald Trump había amenazado esta semana con atacar los puentes y las centrales eléctricas de Irán si sus dirigentes se negaban a volver a la mesa de negociaciones. Los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de la República Islámica, advirtieron de que los ataques "continuarán hasta que se restablezca la calma en la costa sur y en el estrecho de Ormuz". Trump «abierto a conversaciones» Donald Trump "sigue abierto a la diplomacia al mismo tiempo", declaró la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Según ella, los iraníes "han hecho saber al presidente que aún quieren llegar a un acuerdo. Estamos hablando con ellos, pero, una vez más, el presidente no va a permitirles disparar contra barcos en el estrecho sin consecuencias". En el estrecho de Ormuz, por el que transitaba antes de la guerra cerca de una quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo y gas natural licuado, el tráfico marítimo sigue disminuyendo. Oleoducto iraco-sirio En Washington, la visita del primer ministro iraquí Ali al-Zaidi comenzó a dar sus primeros frutos. Estados Unidos celebró el viernes un acuerdo entre Irak y Siria para rehabilitar el oleoducto que une a ambos países, cerrado desde hace décadas, lo que facilitaría a largo plazo el transporte de petróleo en plena reanudación de las hostilidades entre Irán y Washington. El oleoducto permitiría conectar la producción petrolera iraquí con los mercados de exportación mediterráneos y más allá. Una verdadera oportunidad en un momento en que los precios del crudo se dispararon con el cierre total del estrecho de Ormuz. El precio del barril de petróleo sigue subiendo, aunque se mantiene en torno a los 87 dólares, lejos del pico de 126 dólares alcanzado en el punto álgido del conflicto. Estados Unidos indicó que lidera un consorcio internacional para llevar a cabo los aspectos técnicos y financieros de este proyecto, que una vez rehabilitado tendrá "una capacidad de transporte inicial de 2 millones de barriles de petróleo crudo por día". Hablando la semana pasada en Damasco, al margen de una visita del presidente francés Emmanuel Macron, el director de TotalEnergies, Patrick Pouyanné, consideró que Siria puede convertirse en un "país de tránsito importante para el petróleo procedente de Irak hacia el Mediterráneo" y ofrecer "rutas alternativas" al estrecho de Ormuz. En el sur del Líbano En lo que respecta al frente libanés, una fuente diplomática libanesa, citada por el canal en lengua árabe Al-Hadath, indicó el viernes que el ejército israelí debería iniciar este fin de semana su retirada de las zonas piloto que serán asumidas por el ejército libanés, de conformidad con el acuerdo marco firmado por Líbano e Israel el pasado 26 de junio. En el plano de las operaciones militares, las fuerzas israelíes presentes en el sur continuaron con la destrucción de las infraestructuras militares subterráneas construidas por Hezbolá durante décadas. Al mismo tiempo, el ejército israelí llevó a cabo bombardeos aéreos selectivos en varios sectores de la región meridional del país.