
Al rey francés Luis XIV, el “Rey Sol”, se le atribuye una de las frases más célebres de la historia política: “El Estado soy yo”, L’État, c’est moi . Aunque los historiadores dudan que la haya pronunciado literalmente, la frase perduró porque condensaba toda una filosofía de gobierno: el gobernante y el Estado se convierten en dos imágenes de una misma realidad, la oposición a sus decisiones se transforma en oposición a la nación y la fortaleza de las instituciones se mide por el grado de sumisión a su voluntad. El problema de Francia durante el reinado de Luis XIV no era que su monarca fuera débil. Por el contrario, Francia era una de las mayores potencias europeas y su rey uno de los gobernantes más poderosos de su época. Sin embargo, la fortaleza del Estado quedó cada vez más vinculada a la centralización de las decisiones y a la persona del monarca, mientras las guerras, los gastos, las desigualdades sociales y los desequilibrios de las finanzas públicas acumulaban costos que tendrían que pagar las generaciones posteriores.







