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Religión

El Líbano del patriarca Howayek, la apertura a la universalidad (4/4)

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La proclamación del Estado del Gran Líbano desde la Residencia de los Pinos en Beirut, sede del Alto Comisionado francés, el 1 de septiembre de 1920. El general Henri Gouraud aparece en el centro, con el gran muftí de Beirut, el jeque Mustafá Nayá, a su izquierda, y el patriarca maronita, Elías Pedro Howayek, a su derecha. (Foto coloreada a partir de la imagen original. Autor anónimo, a través de Wikimedia Commons)
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Por Fady Noun
Publicado jul 22, 2026 - 14:37

Cabe preguntarse hasta qué punto la apuesta del patriarca Elías Howayek por un Líbano pluralista constituía una opción históricamente viable, cuando las dinámicas predominantes del mundo árabe durante el siglo XX, como la descolonización, el auge del nacionalismo, el ascenso del islam político y el cuestionamiento de la modernidad occidental, avanzaban con frecuencia en una dirección opuesta. ¿Es el Líbano un "error de la historia", como algunos han sostenido y han hecho todo lo posible para hacernos dudar de nosotros mismos? ¿El proyecto pluralista defendido por el patriarca fue una anticipación visionaria de la diversidad de Oriente Medio o una apuesta histórica que se fue debilitando progresivamente ante las grandes transformaciones del siglo XX?

Para responder a esta pregunta, es necesario situar la decisión del patriarca a favor de un Líbano pluralista en la perspectiva del largo plazo de la historia de Oriente Medio, y no evaluarla únicamente a la luz de las crisis internas libanesas.

En realidad, este proyecto aparece como un intento singular de institucionalizar la diversidad confesional precisamente cuando las principales dinámicas regionales tendían a privilegiar modelos rígidos y homogeneizadores. La tensión permanente entre estas dos lógicas explica en parte las dificultades estructurales que ha enfrentado el Líbano durante el último siglo, al tiempo que pone de relieve la originalidad histórica de su experiencia política.

Incluso puede llevarse el análisis un paso más allá y trasladarlo del terreno estrictamente geopolítico al de la historia religiosa y de las ideas. Este enfoque invita a reflexionar sobre el vínculo entre una teología cristiana de la universalidad y una concepción política del pluralismo confesional, tal como es reconocido y practicado en el Líbano.

Es necesario reconocer que la elección del patriarca Elías Howayek en favor de un Líbano pluralista obedecía no solo a un cálculo político, sino también a una concepción cristiana de la persona. Así, el "proyecto libanés" constituye, quizá de una manera menos evidente de lo que hoy parece, la traducción política de una antropología cristiana universal con características propias: la distinción entre lo espiritual y lo temporal; la centralidad de una ciudadanía civil; la división de poderes; el respeto por la libertad religiosa; el reconocimiento de la diversidad y del pluralismo como elementos normales de la sociedad, entre otros.

En un sentido aún más amplio, el proyecto del patriarca Howayek nació al comienzo de un siglo en el que el cristianismo, en su conjunto, experimentó un amplio movimiento de apertura. En este ámbito pueden distinguirse varios fenómenos convergentes: el desarrollo misionero, que subrayó la universalidad del cristianismo más que su arraigo nacional; la afirmación de los derechos de la persona en la doctrina social de la Iglesia impulsada por León XIII; y el desarrollo del movimiento ecuménico, que buscó superar las divisiones confesionales entre católicos, ortodoxos y protestantes. El Concilio Vaticano II, en la década de 1960, consolidó esta evolución. En él se encuentran precisamente las intuiciones presentes en el pensamiento del patriarca Howayek cuarenta años antes: la libertad religiosa; el diálogo interreligioso y el reconocimiento de los valores presentes en otras tradiciones religiosas, especialmente el islam; la apertura al mundo moderno (aggiornamento); una mayor participación de los laicos y de los movimientos eclesiales de apostolado; la apertura al ecumenismo y a la reconciliación con el mundo ortodoxo; las declaraciones cristológicas comunes, entre otros aspectos.

No es difícil mostrar cómo estas orientaciones contrastan con las que marcarían al mundo árabe y Oriente Medio: el genocidio y la limpieza étnica en Turquía; los regímenes totalitarios, crueles y sangrientos, en Irak, Siria y Egipto; la creación de un "Estado judío" de apartheid; el ascenso del islam político, representado por los Hermanos Musulmanes y la Revolución Islámica iraní, entre otros.

Esta tesis, desde luego, abre un debate que debe abordarse con matices. No se debería presentar al cristianismo como intrínsecamente pluralista en todo tiempo y lugar. La historia cristiana, incluido el propio Líbano, también registra episodios de confesionalismo, intolerancia o estrecha alianza entre el poder político y la religión.

La originalidad de Howayek resalta aún más a la luz de esta realidad. Su apuesta por el pluralismo permitió que el Líbano escapara de los determinismos de los Estados totalitarios. Conviene repetirlo: la historia del Líbano no debe juzgarse únicamente a partir de sus crisis internas ni de la demonización del confesionalismo político como supuesto origen de todos nuestros males. Por el contrario, de una diversidad asumida, moderada y protegida nació una de las experiencias humanas más profundas y originales del siglo XX, una experiencia que debemos dotar de instituciones capaces de garantizar su desarrollo y su estabilidad.

Feliz "error" el que nos dio una patria como esta.

Leer también:

Howayek y la exaltación del papel de la mujer libanesa (3/4)

"El amor a la patria", el testamento espiritual del patriarca Howayek (2/4)

El patriarca Howayek, profeta de la convivencia (1/4)

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