
El siríaco se ha mantenido vivo en el Líbano gracias a los himnos maronitas. Estos han preservado la lengua junto con todo el legado, la conciencia y el imaginario que ha transmitido incansablemente a lo largo de los siglos. Estos himnos constituyen la expresión más lograda y mejor conservada entre las distintas manifestaciones del patrimonio siríaco. Sus orígenes se remontan a los siglos IV y V, con san Efrén y san Jacobo de Sarug. Acompañaron el nacimiento del cristianismo oriental, su desarrollo y su arraigo en esta tierra. También son depositarios de una remota herencia cananeo-fenicia, aramea y mesopotámica. Gracias a su difusión, estos himnos han transmitido sobre todo la lengua siríaca en todas las parroquias y en los corazones de la diáspora.








