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Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad
Publicado sep 5, 2026 - 20:01
La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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Por Youssef Mouawad - Publicado sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
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Por LevantTime . - Publicado sep 5, 2026 - 00:55
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El convoy del CICR que transportaba a los civiles liberados, procedente de la zona ocupada por Israel en el sur del Líbano, se dirigió al punto que marca el inicio de la zona controlada por las autoridades libanesas. (AFP)
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció el viernes que trasladó a Líbano a otras cuatro personas liberadas por Israel, un día después de la liberación de un primer civil. Según el CICR, se trata de tres libaneses y dos sirios. Es la primera vez que se lleva a cabo una operación de este tipo desde el inicio, en abril, de las negociaciones entre Líbano e Israel, bajo la mediación de Estados Unidos. Beirut había solicitado, durante la última ronda de conversaciones celebrada en agosto, la liberación de un primer grupo de ciudadanos libaneses capturados por Israel en el sur de Líbano, donde mantiene una guerra con Hezbolá, aliado de Irán. Sus familiares estiman que hay alrededor de una treintena de personas retenidas, entre ellas combatientes del movimiento islamista. El presidente libanés, Joseph Aoun, agradeció en un comunicado a Estados Unidos y al CICR, y afirmó que esta liberación «confirma lo acertado de la postura» de Líbano, que participa en negociaciones con Israel rechazadas por Hezbolá. Estados Unidos elogió el jueves «al Gobierno de Israel y al Gobierno de Líbano por haber demostrado buena fe mediante estos primeros pasos», y expresó su esperanza de que esto sirva «de base para conversaciones más amplias sobre otras cuestiones civiles». Ambos países deberán celebrar una nueva ronda de negociaciones en septiembre, en una fecha que aún no ha sido anunciada. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «se produce tras los esfuerzos realizados por Israel y Líbano para localizar y repatriar los restos de dirigentes de la comunidad judía que habían sido secuestrados y asesinados en Líbano» entre 1984 y 1986. Israel intensifica sus ataques En el terreno, ataques israelíes dejaron el viernes tres muertos y 23 heridos en el sur y el este de Líbano, según un medio estatal. Israel intensificó el viernes sus ataques en la región, después de anunciar la noche del jueves que había tomado el control de la cresta montañosa de Ali Taher, que servía como posición estratégica para Hezbolá, aliado de Irán, y domina, entre otras zonas, la ciudad de Nabatiye. El ejército reforzará ahora sus posiciones en la zona para «impedir que el enemigo vuelva a posicionarse allí», declaró el ministro israelí de Defensa, Israel Katz. Otro ataque alcanzó también la región de Tiro, en particular la localidad de Rmadiye, según la Agencia Nacional de Información (ANI). Para Trump, la guerra en Irán es «poca cosa» En cuanto a la guerra en Irán, el presidente estadounidense, Donald Trump, intentó el viernes minimizar su impacto para Estados Unidos ante la proximidad de las cruciales elecciones legislativas de medio mandato. «Mucha gente no lo llama guerra. Yo digo que es un conflicto militar, porque para nosotros es poca cosa (“small potatoes”). No es gran cosa. Hicimos lo de Venezuela y hemos hecho esto», respondió a periodistas en la Oficina Oval, al ser cuestionado sobre su vicepresidente, JD Vance, quien el día anterior había dicho que no quería describir el conflicto como una guerra. Mientras el fuerte aumento de los precios de los combustibles relacionado con la guerra amenaza con costarle a los republicanos de Donald Trump su mayoría en el Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre, su administración intenta restar importancia al conflicto. Según el presidente, Estados Unidos lleva a cabo «ataques puntuales» y aseguró que «actualmente no está combatiendo». También afirmó que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz y que ha diezmado a las fuerzas armadas iraníes. «Lo que hemos logrado es extraordinario. Tomamos el control de Venezuela y, en esencia, tomamos el control de Irán», declaró.
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Un paso decisivo más contra la influencia iraní en el Líbano

La cumbre entre el presidente del Líbano, Joseph Aoun, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Washington marca una etapa fundamental en el proceso impulsado por las autoridades libanesas para restaurar la autoridad del Estado. En el trasfondo aparece un objetivo estratégico que se inscribe en la continuidad de las transformaciones en curso en la región y que Estados Unidos respalda plenamente, en la medida en que responde a sus propias aspiraciones: poner fin de manera definitiva a la influencia iraní en el Líbano. En términos concretos, esto pasa, como es sabido, por resolver el problema de las armas ilegales de Hezbolá, que sigue negándose a reconocer la autoridad del Estado y cuestiona con firmeza la línea política del presidente. La resolución de este asunto sigue siendo, a los ojos de los libaneses y de la comunidad internacional, con la excepción de Irán, por supuesto, una condición indispensable para restablecer la soberanía del Estado. Este tema, junto con la retirada israelí del sur del Líbano sobre la base del acuerdo marco libanés-israelí del pasado 26 de junio y, sobre todo, el apoyo al Ejército libanés estuvo en el centro de las conversaciones entre Trump y Aoun en la Casa Blanca. El presidente libanés calificó de excelente su reunión con su homólogo estadounidense. Este último, durante una conferencia de prensa previa a la cumbre, recordó las principales líneas de la política de su administración de los asuntos libaneses e iraníes. Sobre el primero, Donald Trump reafirmó su pleno respaldo al Líbano y a su homólogo libanés, “quien ha luchado desde hace mucho tiempo contra Hezbolá”. También aseguró que desea “ayudar mucho” al Líbano, “un país que ha sido maltratado durante mucho tiempo”, antes de elogiar las cualidades de “un país de origen de muchos amigos”. Por su parte, Joseph Aoun agradeció a su anfitrión por esta “visita histórica y el logro histórico alcanzado juntos con la firma del acuerdo marco”. La última visita de un presidente libanés a Washington se remonta a 2009. Asimismo, recordó que “el objetivo final” de este documento es “poner fin para siempre al estado de hostilidades entre el Líbano e Israel”. Antes del encuentro, el presidente libanés había señalado que tenía la intención de pedir a su homólogo estadounidense que presionara a Israel para que se retirara del sur del país. Joseph Aoun, quien desde su llegada al poder se comprometió a desarmar a Hezbolá, solicitó además una ayuda sustancial para el Ejército libanés e instó a Donald Trump, en el Despacho Oval, a “seguir apoyando” a las fuerzas armadas regulares. “Sin ellas, todo se derrumbará. No queremos eso. Creo que el presidente Trump tampoco lo desea”, declaró Joseph Aoun. Donald Trump respondió afirmando que tiene “planes muy concretos” para ayudar al Ejército libanés, que deberá desempeñar un papel central en el proceso de desarme de Hezbolá y en el restablecimiento de la autoridad del Estado. Pero, a cambio, el presidente estadounidense “probablemente querrá obtener nuevas pruebas de la seriedad de los compromisos de Joseph Aoun” para desarmar a Hezbolá y avanzar hacia la paz con Israel, explicó a AFP Robert Satloff, director ejecutivo del Washington Institute. En ese sentido, el canal árabe Al Hadath informó que el presidente Aoun presentó efectivamente al mandatario estadounidense un plan para el desarme de Hezbolá, lo que tendría como consecuencia un debilitamiento drástico de la influencia iraní en el Líbano. Ante la prensa, Donald Trump dijo estar dispuesto a dialogar con Hezbolá “si el presidente [Aoun] así lo deseara”. “Puedo hablar con todo el mundo”, aseguró. También rindió homenaje al aliado de este grupo proiraní, el presidente del Parlamento y líder del movimiento Amal, Nabih Berri, “quien desea el fin de la guerra”. Paralelamente al aspecto político, uno de los resultados inmediatos más destacados de esta reunión en la Casa Blanca fue, sin duda, el anuncio del presidente Trump de que había instruido a su administración a autorizar a todas las aerolíneas estadounidenses a reanudar sus vuelos directos hacia el Líbano. “Irán aún no ha visto nada” Respecto al expediente iraní, Donald Trump reiteró sus amenazas al afirmar que “Estados Unidos está lejos de haber terminado” con la República Islámica, que sigue estrechando el cerco sobre el estrecho de Ormuz a través de sus aliados hutíes en Yemen. Como es sabido, los hutíes mantienen un bloqueo naval contra los puertos sauditas del mayor exportador mundial de petróleo crudo. Los estadounidenses “se ocuparán” de los hutíes si llevan a cabo sus amenazas, aseguró el mandatario estadounidense, cuyo país ya había actuado anteriormente contra este grupo cuando perturbó el tráfico marítimo durante la guerra en Gaza mediante ataques con drones y misiles contra embarcaciones. Trump reiteró que los iraníes, “que aún no han visto nada”, desean “desesperadamente” un encuentro, pero añadió que “mientras no estén dispuestos a hacerlo de manera constructiva, no vemos ningún interés”. El ministro del Interior iraní, que se encuentra en misión oficial en Islamabad, debería regresar con las manos vacías, luego de que Donald Trump informara al mediador paquistaní que no está interesado en la tregua de diez días propuesta por Teherán. Durante su conferencia de prensa, el presidente estadounidense amenazó con lanzar ataques contra el monte Al Faas (Monte del Hacha), donde se encuentra una de las instalaciones nucleares subterráneas más fortificadas y secretas del país. El Ejército llega a Zawtar al Gharbiyeh La cumbre Aoun-Trump tuvo lugar mientras, sobre el terreno en el Líbano, entraba en vigor la primera fase del acuerdo marco libanés-israelí del 26 de junio. El Ejército libanés inició su despliegue en Zawtar al Gharbiyeh, una localidad del distrito de Nabatiyeh ocupada por Israel. El Ejército libanés anunció en la mañana del martes el inicio de su despliegue en esta localidad y precisó que la operación se llevaba a cabo sobre la base de los contactos mantenidos con la célula creada en virtud del acuerdo marco, el Grupo de Coordinación Militar para el Líbano (MCG4L). Sin embargo, pocos instantes después del inicio del despliegue, la tensión volvió a aumentar debido a un incidente que ilustra la fragilidad del proceso en marcha. El Ejército libanés acusó a las fuerzas israelíes de haber abierto fuego “cerca” de sus unidades cuando estas ingresaban en Zawtar. El mando militar advirtió en un comunicado que esos disparos “obstaculizan la implementación del despliegue en las zonas piloto”, coordinadas con el MCG4L y que son tres: Froun, Srifa y Zawtar al Gharbiyeh. Los israelíes mantenían presencia únicamente en esta última localidad. El Ejército israelí, citado por la cadena Kan, confirmó los disparos, aunque precisó que se trató únicamente de tiros de advertencia. Según el Ejército israelí, soldados libaneses acompañados por una excavadora habrían cruzado el límite acordado para esa zona piloto. Los disparos de advertencia tenían como objetivo obligarlos a retroceder. El mecanismo de supervisión dirigido por Estados Unidos fue informado inmediatamente del incidente, según añadió el Ejército israelí. Por su parte, el Ejército libanés prohibió a los habitantes de Zawtar regresar al pueblo mientras la situación siga siendo inestable, especialmente porque continúa retirando misiles y otros artefactos explosivos sin detonar. Bombardeos y demoliciones Pese a la entrada en vigor de la primera fase del acuerdo marco, la intensidad de las operaciones militares israelíes en el sur del país no disminuyó. Las operaciones de demolición mediante explosivos continuaron el martes, especialmente en el distrito de Bint Jbeil, así como en Khiam, donde el Ejército israelí asegura estar destruyendo infraestructuras de Hezbolá. Las alturas de la estratégica colina Ali Taher, en Nabatiyeh, volvieron a ser atacadas, mientras se escuchaban explosiones en distintos puntos de la denominada zona de seguridad establecida por Israel en su frontera norte con el Líbano, donde continúa operando mientras considere que las capacidades de Hezbolá no han sido neutralizadas. Amenazas iraníes Mientras el expediente libanés avanza siguiendo las directrices del gobierno libanés, respaldado por Estados Unidos, el panorama regional y, en particular, las negociaciones entre Washington y Teherán permanecen estancados. Un día después de una nueva serie de ataques nocturnos estadounidenses, que ya se han vuelto cotidianos desde hace diez días, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica prometió ataques “aún más violentos” contra los intereses estadounidenses en la región, es decir, en los países del Golfo y Jordania, ya que Teherán no se atreve a atacar directamente a Israel por temor a desencadenar consecuencias mucho más graves. Baréin, Kuwait y Jordania interceptaron nuevamente misiles iraníes el martes. Las autoridades kuwaitíes acusaron a Irán de atacar, por cuarto día consecutivo, infraestructuras civiles, entre ellas centrales eléctricas y plantas desalinizadoras, donde se registraron incendios. Paralelamente, en Yemen, los hutíes intensificaron el bloqueo marítimo que imponen a Arabia Saudita como respuesta al bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes. El martes advirtieron a las compañías navieras que atacarían cualquier embarcación con destino o procedente de puertos sauditas, lo que explica la advertencia formulada por Donald Trump durante su conferencia de prensa conjunta con Joseph Aoun. Finalmente, en el frente diplomático, Francia convocó al encargado de negocios iraní tras la agresión contra dos diplomáticos franceses en Teherán. Las autoridades francesas exigen que los responsables sean sancionados. Asimismo, recordaron que no se contemplará ningún alivio de las sanciones europeas mientras Irán continúe con su programa nuclear y con las acciones que considera desestabilizadoras para la región.

La amenaza existencial
Por
Hisham Dibsi
Publicado

Con la proclamación de la independencia del Estado hebreo, el 15 de mayo de 1948, estalló la primera guerra árabe-israelí. En Israel se la conoce como la Guerra de Independencia, mientras que el mundo árabe la recuerda como la Nakba (“la Catástrofe”). El recién creado ejército israelí se enfrentó entonces a las fuerzas de Egipto, el Emirato de Transjordania, Irak, Siria y Líbano. Durante la primera fase de los combates, el equilibrio militar seguía siendo frágil e incierto. Los ejércitos árabes desplegaron alrededor de 28 mil soldados, apoyados por un número limitado de aviones y vehículos blindados. Israel, por su parte, contaba con cerca de 40 mil combatientes, cuyo núcleo estaba integrado por la Haganá y el Palmach. Tras dos meses de combates, en julio de 1948 se acordó un primer alto al fuego. Ese periodo permitió al mando israelí unificar las distintas organizaciones militares judías, en particular el Irgún y Lehi (el Grupo Stern), consolidando así tanto el monopolio del uso de la fuerza como el mando político unificado. Al mismo tiempo, Israel reclutó a decenas de miles de nuevos combatientes y adquirió importantes cantidades de armamento en Checoslovaquia, entonces integrada al bloque soviético. En poco tiempo, el ejército israelí alcanzó cerca de 100 mil efectivos, equipados con aviones, tanques y artillería moderna. A partir de ese momento obtuvo una superioridad estratégica sobre el conjunto de los ejércitos árabes, una ventaja que, en muchos aspectos, se ha mantenido hasta nuestros días. Fue en ese contexto cuando se firmaron los acuerdos de armisticio con Egipto, Transjordania, Siria y Líbano. En los hechos, representaron un reconocimiento de la realidad del Estado de Israel, aunque envuelto en un discurso político engañoso destinado a apaciguar a una opinión pública árabe profundamente indignada, especialmente a la palestina. A partir de entonces, Israel tomó la iniciativa estratégica, primero durante la Guerra de Suez de 1956 y después en la Guerra de Junio de 1967. Los dirigentes del Estado hebreo estaban convencidos de que la seguridad nacional de Israel no descansaba únicamente en la superioridad de sus fuerzas armadas, sino también en su posición estratégica en Oriente Medio como resultado del nuevo orden internacional encabezado por Estados Unidos y reconocido por la Unión Soviética y, con ella, por el conjunto del bloque socialista. Pero eso, por sí solo, no bastaba. También era necesario invocar constantemente la memoria del Holocausto cada vez que un judío, en cualquier parte del mundo o en Israel, fuera víctima de una agresión verbal, física o, con mayor razón, de un ataque armado. Así fue como la noción de la “amenaza existencial” pasó a ocupar un lugar central en el discurso político y mediático israelí, invocada frente a cualquier desafío que enfrentara el Estado hebreo, proviniera de otro Estado, de una organización o de un individuo, y tanto si Israel actuaba a la ofensiva como si alegaba el derecho a la legítima defensa. Con el paso del tiempo, la “amenaza existencial” terminó convirtiéndose en una auténtica constante matemática, incorporada a toda ecuación estratégica y asumida como una premisa ineludible. La expresión aparece por igual en los discursos de políticos y generales israelíes, en los análisis de los centros de investigación y en los escritos de destacados intelectuales. En ese sentido, apenas existe diferencia entre las élites políticas y académicas y una opinión pública profundamente marcada por una angustia existencial. Incluso algunos de los Nuevos Historiadores, que en su momento rompieron con esa narrativa dominante, terminaron retrocediendo bajo presiones tan intensas como ampliamente conocidas. Los acontecimientos que siguieron al ataque del 7 de octubre de 2023 demostraron la rapidez con la que Occidente acudió en auxilio de Israel, en un momento en que su capacidad militar se había visto seriamente sacudida y su aparato de seguridad había fracasado en contener el ataque sorpresa de la Inundación de Al-Aqsa, tanto por su magnitud como por sus consecuencias inmediatas. El extremismo islamista sunita palestino logró poner al descubierto muchas de las debilidades estructurales del aparato militar israelí, sumiendo a sus dirigentes en un estado de conmoción, incertidumbre y desorientación estratégica. De no haber sido por la intervención directa de los generales del Pentágono, que asumieron de facto la conducción operativa durante la primera semana para restablecer el equilibrio militar, de seguridad y político, aunque no el psicológico, el desenlace pudo haber sido muy distinto. Hizo falta más de un mes, junto con la destrucción casi total de la Franja de Gaza, para que el estamento militar israelí recuperara el ritmo operativo que hoy le imprimen el primer ministro Benjamin Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz. Han transcurrido ya más de mil días desde aquella catástrofe. Las consecuencias de la “Inundación” desencadenada por el extremismo islamista sunita palestino siguen agravándose para la población de Cisjordania y de la Franja de Gaza, mientras el auge del poder militar israelí continúa extendiéndose por todo el Gran Oriente Medio. La situación ha llegado al punto de que el primer ministro Benjamin Netanyahu habría dicho a dirigentes de países como India y los Emiratos Árabes Unidos que ya no necesitaban pasar por la Casa Blanca. “Lo único que tenían que hacer”, afirmó, “era acudir directamente a él, y todo se resolvería.” Al observar hoy el despliegue del ejército israelí en los territorios palestinos, Siria y Líbano, resulta evidente la magnitud del salto estratégico que Israel ha logrado a raíz de los acontecimientos del 7 de octubre. Sin embargo, la noción de la “amenaza existencial” sigue siendo la piedra angular de la doctrina estratégica israelí. Hoy adopta tres rostros distintos que deben ser eliminados. Tres rostros Se han emitido órdenes para neutralizar a cada uno de estos tres rostros, en nombre de eliminar lo que se presenta como una amenaza existencial para el Estado y la nación. El primer rostro El primero es el doctor Hossam Abu Safiya, pediatra, especialista en neonatología y director del Hospital Kamal Adwan, en Beit Lahia, al norte de la Franja de Gaza. En repetidas ocasiones recibió órdenes, transmitidas por altavoces, para evacuar a los heridos y permitir así la destrucción total del hospital. Poco después, los proyectiles comenzaron a caer desde el aire y desde tierra. Sin embargo, permaneció en su puesto, salvando vidas, sobre todo las de los niños. Su propio hijo, que aún no había cumplido veinte años, murió a la entrada del hospital. El padre lo enterró junto al muro del edificio y regresó de inmediato a atender a sus pequeños pacientes y a los heridos. Cuando el complejo hospitalario quedó finalmente reducido a escombros, el doctor Abu Safiya y todo su equipo fueron detenidos ante los ojos del mundo durante transmisiones televisivas en directo. Arrestado en diciembre de 2024, permanece detenido hasta el día de hoy, donde, según testimonios recopilados por organizaciones internacionales, ha sido sometido a torturas sistemáticas destinadas a destruir su humanidad. Continúa privado de la libertad sin que se haya presentado una acusación formal en su contra, al amparo de la Ley israelí sobre Combatientes Ilegales. La investigación sobre sus presuntos vínculos con grupos armados no ha producido, hasta la fecha, una sola prueba. Y, sin embargo, sigue con vida. Y él también continúa representando una amenaza existencial. El segundo rostro No es médica, ni una persona desconocida cuya identidad, compromiso o convicciones se ignoren. Tampoco vive en Israel ni en Palestina. Se trata de la periodista libanesa Amal Khalil, quien, junto con la fotoperiodista Zeinab Faraj, documentaba la vida cotidiana de la población del sur del Líbano. En la localidad de Tayri, fue atacada en dos ocasiones: primero, cuando el vehículo en el que viajaban fue alcanzado, y después, cuando la casa donde había buscado refugio fue bombardeada, mientras los equipos de rescate eran impedidos de llegar al lugar. ¿No es esa la definición misma de un asesinato premeditado? Todo ello estuvo acompañado de declaraciones oficiales según las cuales había sido advertida en repetidas ocasiones. De acuerdo con el Orden de Periodistas del Líbano, veintisiete profesionales libaneses de los medios de comunicación han muerto desde el inicio de la Operación Inundación de Al-Aqsa. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud ha documentado 137 ataques contra hospitales e instalaciones sanitarias. El tercer rostro En este mismo mes de julio, el 8 de julio de 1972, el suburbio beirutí de Hazmieh fue escenario de un coche bomba que acabó con la vida del escritor, dibujante y director de la revista Al-Hadaf , Ghassan Kanafani, así como de su sobrina Lamees Najm, quien aún no había cumplido diecisiete años. Kanafani tenía apenas treinta y seis años. Había retratado Palestina a través de sus dibujos, escrito novelas y relatos traducidos a diecisiete idiomas, publicado innumerables editoriales políticos y ocupado un puesto de dirección en el Frente Popular para la Liberación de Palestina. Sin embargo, nunca empuñó un arma. Desde entonces, el escritor, el periodista y el intelectual también han pasado a ser considerados amenazas existenciales. Hoy, 265 periodistas han muerto en la guerra en Palestina, mientras cientos más han resultado heridos. Organizaciones internacionales han documentado, además, ataques contra decenas de instituciones periodísticas y la destrucción de muchas de ellas. Así, el médico, el periodista y el escritor se convierten en objetivos de asesinato o encarcelamiento por el simple hecho de ejercer su profesión. Esta situación no puede aceptarse como si fuera el orden natural de las cosas. Es indispensable preparar expedientes jurídicos independientes para cada víctima, al margen de cualquier estructura oficial, y llevar cada caso por separado ante las instancias judiciales competentes. La invocación israelí de la llamada “amenaza existencial” ya no puede seguir funcionando como un escudo contra la rendición de cuentas, un medio para eludir la justicia y un instrumento para continuar chantajeando a la comunidad internacional.

La visita de Aoun a Washington, pilar de la orientación soberanista del poder

La visita oficial del presidente Joseph Aoun a Washington y, más concretamente, la reunión prevista en la Casa Blanca con el presidente Donald Trump este martes 21 de julio, podrían —o más bien deberían— dar un fuerte impulso a la marcada orientación soberanista adoptada por el poder. Dicha orientación —que se suma al lema del 14 de Marzo «El Líbano primero»— se ha manifestado de forma abierta y sin ambages, sobre todo desde el pasado 2 de marzo, cuando Hezbolá arrastró unilateralmente al país (pese a las advertencias del gobierno) a una nueva guerra estéril con el único objetivo de apoyar al régimen iraní y, supuestamente, «vengar» la muerte del Guía Supremo Alí Jamenei, abatido en las primeras horas del ataque estadounidense-israelí contra Irán el 28 de febrero pasado. Para calibrar el impacto estratégico real que podrían tener las reuniones de Washington en el destino del Líbano a corto y medio plazo, conviene dar un paso atrás y ganar perspectiva para evaluar con lucidez los múltiples trastornos que ha vivido la región del Levante desde el fatídico 7 de octubre de 2023, cuando Hamás lanzó desde Gaza su mortífero ataque en territorio israelí. Esa operación marcó un punto de inflexión en la región. Fue el punto de partida de una larga serie de importantes desarrollos político-militares que se han sucedido a un ritmo sostenido hasta el día de hoy, y cuyo efecto ha sido el declive acelerado del llamado campo «obstruccionista» (de la mumana'a). Ese declive comenzó, desde el primer momento, con la destrucción de Gaza y el desmantelamiento de Hamás. Continuó rápidamente con el asesinato de Hasán Nasralá, la decapitación de la cúpula política y militar de Hezbolá, el drástico debilitamiento del partido proiraní que ello generó, la caída del régimen de Assad —que privó a la República Islámica de su espacio vital estratégico— y, más recientemente, la llegada al poder en Irak de un equipo dirigente que libra una batalla sin cuartel contra la influencia iraní en el país. La nueva orientación que se manifiesta desde hace semanas en Bagdad quedó consolidada durante la reciente visita del nuevo primer ministro, Ali al-Zaidi, a Washington, donde fue recibido por el presidente Trump, quien subrayó su firme apoyo al nuevo poder iraquí en su lucha contra la influencia iraní. La República Islámica pierde así otro espacio vital que le resultaba de gran utilidad en múltiples niveles. Es en este contexto regional global, marcado por el fuerte e irresistible declive progresivo del régimen de los mulás, donde se inscriben estas «jornadas libanesas de Washington». Las conversaciones del presidente Aoun con el Secretario de Estado Marco Rubio el domingo y con el presidente Trump el martes 21 deberían consolidar y afianzar en gran medida las orientaciones soberanistas del poder, las cuales se enmarcan precisamente en el contexto general del debilitamiento —e incluso la aniquilación— del expansionismo de los Guardianes de la Revolución Islámica. La orientación adoptada por el poder libanés en este ámbito está, además, abiertamente enmarcada bajo el signo de la emancipación del Líbano de la tutela iraní. Los dirigentes estadounidenses no han dejado de subrayar la importancia estratégica de esta línea directriz que caracteriza los desarrollos en curso en la región, llegando incluso a evocar una «alianza» entre Beirut y Bagdad contra la influencia iraní. Y para dejar bien claro el apoyo inequívoco de Washington al restablecimiento de la autoridad del poder central, el señor Rubio invitó expresamente al Líbano y a Siria a hacer pública una declaración solemne centrada en el respeto mutuo de la soberanía de ambos países. Como anticipando el resultado de la visita del presidente Aoun a Washington, el Secretario de Estado subrayó el lunes que el jefe de Estado podrá destacar ante los libaneses, a su regreso a Beirut, que es él quien, gracias a sus orientaciones nacionales, logra encaminar al país hacia la recuperación. Al respecto, el señor Rubio quiso dejar claro que Washington no tiene otro interlocutor en el Líbano que el presidente Aoun y la legalidad, y que por tanto, en ningún caso se trata del régimen iraní. Inicio del establecimiento de las «zonas piloto» Es sobre la base de ese mismo compromiso con el restablecimiento de un Líbano soberano y libre que la Administración Trump ejerce toda su influencia para poner en práctica las disposiciones del acuerdo marco firmado el pasado 26 de junio por el Líbano e Israel. El establecimiento de las zonas piloto previstas por el acuerdo libanés-israelí comenzó el lunes por la noche y debería continuar el martes con la retirada de las fuerzas del Estado hebreo de la primera zona piloto, formada por las localidades de Froun, Srifa y Zawtar al-Gharbiyeh, donde el ejército libanés deberá desplegarse el martes y verificar, bajo supervisión estadounidense, que la zona en cuestión está libre de toda presencia miliciana de Hezbolá. Si esta operación avanza sin contratiempos, consagrará sin lugar a dudas el éxito de la opción de negociaciones directas con Israel adoptada por las autoridades para iniciar el proceso de retirada del ejército israelí y resolver el problema del Líbano Sur. El Departamento de Estado quiso señalar el lunes a este respecto que el inicio del establecimiento de las «zonas piloto» es el resultado directo de las últimas conversaciones libanesas-israelíes celebradas hace unos días en Roma. Cabe recordar en este contexto que el presidente Aoun y el gobierno de Nawaf Salam se comprometieron con este camino a pesar de las presiones y maniobras del régimen iraní, que buscaba imponer «su» solución en el Sur con el fin de arrogarse el derecho de manejar la carta libanesa para posicionarse mejor en su negociación con la Administración Trump… Sin embargo, las autoridades se opusieron firmemente al enfoque iraní, afirmando sin rodeos que corresponde al Estado libanés, y solo a él, negociar en nombre del Líbano. ¿Vuelta a las «negociaciones» con Teherán? Mientras el Líbano avanza en su camino hacia el restablecimiento de su soberanía, el lunes por la noche parecía asomar un pequeño y tímido rayo de esperanza en el horizonte regional. Informaciones procedentes de Islamabad daban cuenta de un proyecto de alto el fuego (otro más…) de unos diez días de duración. Esta pausa, que iría acompañada de libre circulación en el estrecho de Ormuz, se aprovecharía para debatir la manera de retomar las conversaciones entre Washington y Teherán. Se trata, pues, en esta fase, de negociaciones destinadas a allanar el camino… hacia las negociaciones sobre los asuntos conflictivos. Salvo que las conversaciones con la República Islámica sobre esos mismos asuntos (el programa nuclear, el enriquecimiento de uranio, los misiles balísticos…) se prolongan desde hace más de… ¡veinte años! Se iniciaron a comienzos de los años 2000 y fueron incluso objeto, entre 2006 y 2010, de seis resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que instaban a Irán a detener el enriquecimiento de uranio. En vano… En las últimas veinticuatro horas, el régimen iraní ha expresado su voluntad de relanzar las conversaciones con Estados Unidos y ha enviado con ese fin a su ministro del Interior a Islamabad para examinar la manera de reactivar el alto el fuego en el Golfo, conforme al memorando de entendimiento suscrito con Washington en junio. El Ministerio iraní de Asuntos Exteriores debía subrayar el lunes en un comunicado la necesidad de «atenerse a las negociaciones con los estadounidenses». Esta postura repentinamente «pacifista» resultó aún más sorprendente dado que un comunicado atribuido a finales de la semana pasada al misterioso Guía Supremo, Moujtaba Jamenei, afirmaba que «la firma de Donald Trump en el memorando de entendimiento no tiene ningún valor», lo que implícitamente convierte en caduco —en principio y a ojos de Teherán— ese mismo memorando de entendimiento que algunos dirigentes iraníes quieren resucitar… Tal incoherencia viene después —cabe señalarlo— de nueve noches consecutivas de intensos bombardeos estadounidenses contra posiciones e infraestructuras militares, así como contra almacenes de armas y municiones pertenecientes a los Guardianes de la Revolución. Agresión contra dos diplomáticos franceses En cualquier caso, mientras el régimen de los mulás subrayaba su voluntad de retomar el «diálogo» con Estados Unidos, no dejó de lanzar al mismo tiempo misiles y drones, el lunes por la noche, contra Kuwait, Baréin y Jordania. Al mismo tiempo, el lunes se registraron dos nuevos ataques contra embarcaciones que transitaban por el estrecho de Ormuz, mientras el presidente iraní reafirmaba a primera hora del día que «el papel de Irán» en dicho estrecho «no es negociable». Un alto responsable iraní subrayó por su parte que esta vía marítima no será transitable para ninguno de los países «que cooperen con Estados Unidos». En cuanto al presidente del Parlamento y principal negociador con Washington, Mohammed Bagher Ghalibaf, dirigió palabras muy poco corteses hacia los estadounidenses, denunciando el suministro de material militar por parte del ejército de EE. UU., mientras que este país «pretende querer poner fin a la guerra». Y añadió, dejando traslucir su talante belicoso: «Apuestan a que nuestra inteligencia es tan limitada como su propio coeficiente intelectual». Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, anunciaron por su parte un «bloqueo marítimo de Arabia Saudí», tras un intercambio de disparos entre ambos bandos la semana pasada. Aún más grave: el jefe del Quai d'Orsay, Jean-Noël Barrot, indicó el lunes por la noche que dos diplomáticos franceses «fueron detenidos sin motivo» en Teherán por los servicios de seguridad «durante varias horas, fueron interrogados y uno de ellos fue maltratado». El señor Barrot calificó el hecho de «acción de intimidación extremadamente grave». Esta acumulación, en un breve lapso de tiempo, de acciones belicosas y declaraciones agresivas dice mucho sobre el estado de ánimo real de los centros de poder iraníes y la forma en que llevan más de veinte años percibiendo sus relaciones con Occidente y con la comunidad internacional en general.

Howayek y la exaltación del papel de la mujer libanesa (3/4)

Élias Howayek siempre había sido sensible a las dificultades propias de las zonas rurales donde se había criado. Al convertirse en obispo, fue consciente de que debía actuar para remediar la desigualdad en el acceso a la educación de las niñas de familias humildes de su entorno de origen. Según sus cartas y escritos, para él, la educación de la mujer joven constituía el corazón y el pilar de la familia, y garantizar una sólida instrucción a las mujeres equivalía a asegurar el futuro moral, cívico y social de toda la sociedad libanesa. El 15 de agosto de 1895, Élias Howayek fundó en Jbeil la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia, junto con la madre Rosalie Nasr y la hermana Stéphanie Kardouche, a quienes había desvinculado, por consejo y con la aprobación de sus superiores, de su convento de Nazaret en Tierra Santa. La madre Rosalie Nasr (1840-1899) era una mujer de carácter, una religiosa experimentada que había ocupado cargos de alta responsabilidad en su congregación de origen, las Hermanas de Nuestra Señora de Nazaret, y entre las Hermanas del Rosario. Encontró providencialmente a Élias Howayek, entonces obispo, quien le expuso su proyecto de fundación. Habiendo obtenido el consentimiento del Patriarca de Jerusalén, se consagró enteramente a «la obra» junto con la hermana Stéphanie Kardouche, su discípula que la había acompañado desde Nazaret. La elección del nombre «Sagrada Familia» refleja la intención pedagógica y espiritual: las religiosas debían encarnar las virtudes de la Sagrada Familia de Nazaret para sostener y preservar una célula familiar y una sociedad amenazadas, parte de las cuales se abandonaban a los placeres de la posguerra, a los bailes y a los juegos de azar. La congregación se enfrentó a pruebas tempranas, en particular la trágica muerte de la madre Rosalie en 1899. Este golpe llegó en la noche del 22 al 23 de agosto de 1899, cuando una joven considerada «perturbada», expulsada por inadaptación a la vida religiosa, fue a matarla a cuchilladas. En una cálida noche de luna llena, conociendo los accesos al pequeño convento, se dirigió hacia la habitación de la madre en la planta baja, entró por una ventana abierta, se acercó a su cama y la apuñaló en pleno corazón. La madre Rosalie no tardó en fallecer. Sin embargo, Monseñor Howayek reaccionó con rapidez y el 30 de agosto de 1899, una semana después del fallecimiento de la madre Rosalie, el fundador designó a la hermana Stéphanie Kardouche, compañera e hija espiritual de la madre Rosalie, como nueva superiora. Con apenas treinta años, pero fortalecida por la responsabilidad, la hermana Stéphanie aseguró con una firmeza sorprendente la continuidad y estabilidad de la misión, gracias a su visión y a su convicción de que la obra era fruto de la Providencia. Hoy en día, la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia sigue siendo un símbolo de esa visión pionera, que combina espiritualidad, educación y desarrollo social. La casa madre de la congregación, en Ibrine (Batrún), alberga los restos mortales del patriarca Howayek, cuya incorrupción parece haber avanzado muy lentamente, así como un bello museo concebido para explorar todas las facetas del hombre que forjó el alma del Líbano. Un arquitecto y un constructor Asimismo, el patriarca Howayek es reconocido por su obra arquitectónica, que se extiende a lugares emblemáticos como el santuario de Nuestra Señora del Líbano en Harissa, así como las sedes patriarcales de Bkerké y Dimane, sin olvidar la casa madre de la congregación en Ibrine, cuya iglesia está adornada con delicadas vidrieras que él mismo eligió. Al parecer, su sensibilidad por la belleza se fue forjando a través de su contacto con las iglesias y los monumentos de la Ciudad Eterna. El santuario de Harissa fue erigido en honor de la «Inmaculada Concepción», es decir, de la Virgen María concebida libre del «pecado original». Los padres jesuitas, que dirigían en aquella época el seminario de Ghazir, colaboraron en la instalación de una monumental estatua de bronce de la Virgen María que domina la espectacular bahía de Jounieh. Desde entonces, Harissa es un lugar de peregrinación nacional y mucho más. Los peregrinos del Líbano y del Oriente Medio acuden a solicitar la intercesión de una mujer venerada por los cristianos como madre de Dios, y por los musulmanes como «la más pura de las mujeres». El patriarca Howayek consolidó además la sede patriarcal de Bkerké, que en 1830 había sucedido a la sede de Dimane (Líbano Norte), debido a que el centro de gravedad demográfico de los maronitas se había desplazado hacia el centro del Monte Líbano. El patriarca mandó reemplazar la antigua residencia patriarcal por una nueva. Desde entonces, Bkerké se convirtió en lo que es hoy: el centro administrativo y espiritual de la Iglesia maronita, que sirve también como punto estratégico para sus actividades políticas y diplomáticas, orientadas hacia Francia y la Sociedad de Naciones en tiempos de Howayek, y hacia el mundo entero en la actualidad. Como era de esperar, Dimane, en las cercanías de los Cedros, se convertiría en la residencia de verano de los patriarcas maronitas. Por otro lado, los logros del patriarca no se limitaron al Líbano, sino que traspasaron las fronteras libanesas (Francia, Egipto, Jerusalén, Roma). Estos dan testimonio de la fusión entre su compromiso espiritual y su estrategia política, consolidando a la vez la autoridad de la Iglesia maronita y el proyecto de un Líbano libre y pluralista, moderno y unificado. Leer también: "El amor a la patria", el testamento espiritual del patriarca Howayek (2/4) El patriarca Howayek, profeta de la convivencia (1/4)

Entre el cero y el uno
Por
Mona Fayad
Publicado

En el texto del catálogo de la exposición de Hady Sy, su proyecto se presenta como la búsqueda de “un camino de convivencia” entre la inteligencia orgánica y la inteligencia tecnológica, entre la memoria y el cálculo, entre la mano y el algoritmo. Estos mundos no aparecen enfrentados, sino abiertos a la posibilidad de un encuentro sustentado en un principio ético, donde la tecnología esté al servicio del ser humano y preserve su dignidad. Sin embargo, las propias obras, tal como se despliegan en la sala de exposición, parecen mucho menos confiadas en la solidez de ese equilibrio. No niegan la posibilidad de la convivencia, pero al mismo tiempo revelan su fragilidad. Hady Sy parte del lenguaje de los datos digitales, del código binario, del cero y el uno, para construir sus esculturas. Ya no se trata de una metáfora teórica, sino de una experiencia sensible, casi perturbadora: cuerpos que caminan, cargan, se fatigan, pero que están escritos en un lenguaje digital. Es aquí donde la afirmación del catálogo, “el ser humano no puede reducirse a un dato”, se enfrenta a su propia contradicción en la obra misma. Porque esos cuerpos son, en efecto, digitales. Y, sin embargo, conservan todavía algo que se resiste a esa reducción: la memoria, la dignidad o, quizá simplemente, la obstinación de permanecer de pie. En este sentido, la obra de Hady Sy no propone una tesis cerrada. Más bien abre un espacio de tensión entre lo que debería ser, una tecnología al servicio del ser humano, y lo que ya es, un mundo donde las personas son reducidas cada vez más a datos. Precisamente de esa tensión nace la fuerza de estas obras. No de ofrecer respuestas definitivas, sino de mantener abierta la pregunta. Si el texto del catálogo dibuja el horizonte de una posible convivencia, las propias obras se despliegan como una serie de estaciones que, a primera vista, parecen distantes entre sí, pero que poco a poco revelan ser los capítulos de un mismo relato: el de la condición humana en la era de la reducción. Ese relato comienza en el origen, con la semilla, con la “sopa primordial”, evocada como metáfora del surgimiento de la vida, no como un instante de pureza, sino como el punto de partida de un largo proceso de transformaciones. La naturaleza no aparece aquí como un telón de fondo silencioso, sino como una inteligencia anterior al propio ser humano, una inteligencia encarnada en el crecimiento de los árboles, en el fluir del agua y en ese orden invisible que gobierna a los seres vivos. Sin embargo, ese origen también está marcado por la repetición: las mismas piedras se ensamblan de maneras distintas para dar lugar a formas de vida diferentes. La escultura de la escalera constituye la siguiente estación. Los cuerpos ascienden hacia ninguna parte y permanecen suspendidos, sin un horizonte reconocible. No hay llegada ni regreso, solo la continuidad del tránsito. La migración ya no aparece únicamente como un hecho político, sino como una condición existencial, un destino que acompaña al ser humano contemporáneo, para quien el camino mismo se ha convertido en destino. En el corazón de ese extravío, la tragedia alcanza su máxima intensidad en obras que remiten al hambre y a la guerra, en particular aquella que representa figuras compuestas de ceros y unos que llevan un plato mientras caminan sobre cadáveres. La primera paradoja, la que la mirada capta antes, incluso de que el pensamiento logre formularla, reside en que esos cuerpos, pese a haber sido reducidos al lenguaje digital, continúan con la cabeza en alto. Sin embargo, la escena pronto se invierte cuando esas mismas formas adoptan la apariencia de soldados, quizá de pie sobre los mismos cadáveres que unos instantes antes parecían lamentar. La forma no cambia, pero su significado se invierte: de víctima a verdugo. Es como si la violencia no necesitara inventar nuevas formas, sino únicamente reutilizar las mismas asignándoles un código distinto. Ya no se trata simplemente de una inversión de sentido, sino de la revelación de un mecanismo más profundo de dominación, en el que las mismas formas pueden reaparecer en contextos contradictorios sin perder jamás su apariencia original. En este sentido, la obra evoca el universo de George Orwell, donde el poder no se impone mediante la ruptura, sino a través de la inversión del significado desde el interior mismo del lenguaje, y también el de Haruki Murakami, donde la violencia se desliza bajo formas familiares, casi cotidianas, hasta el punto de resultar difícil reconocerla a primera vista. Sin embargo, Hady Sy no recurre ni al lenguaje ni al relato. Convierte la propia forma en el lugar donde se tensan significados opuestos, revelando que lo que vemos no siempre coincide con lo que realmente es. Esta lógica de la repetición encuentra eco en otras obras, como Cactus , donde la memoria de los pueblos indígenas de América no aparece como un episodio histórico cerrado, sino como un modelo que se reproduce. El mundo, sugieren estas obras, no deja de producir nuevos “otros”, empujados hacia los márgenes o condenados a desaparecer. Así convergen distintos tiempos: el pasado colonial, el presente convulso y un futuro abierto a la repetición de destinos semejantes. En esa misma trayectoria aparece Sísifo, no como una figura mitológica aislada, sino como la imagen condensada de una condición humana universal. La roca nunca deja de cargarse y el esfuerzo vuelve a comenzar, no como un castigo individual, sino como una condición inherente a la existencia misma. Y, sin embargo, este mundo aún deja pasar pequeñas grietas por las que se filtra otro sentido: una rosa, un beso o la huella del amor. Gestos que, por frágiles que sean, siguen resistiendo la lógica de la brutalidad. Los temas terminan revelándose no como asuntos independientes, sino como los hilos de una misma trama: el origen, el extravío, la violencia, la repetición y la resistencia. Una trama que sitúa al ser humano suspendido entre lo que pudo haber sido y lo que finalmente se ha convertido. Si bien conceptualmente estas obras evocan un mundo donde los seres humanos se reducen a meros números, su verdadera fuerza reside en la manera en que se materializan. El hierro, y en particular el acero Corten, no es aquí un simple material, sino un lenguaje en sí mismo. Duro, pesado y habitualmente destinado a la construcción y a la infraestructura, es decir, a todo aquello que responde a la lógica de la funcionalidad y la solidez, es desviado de su vocación original. Hady Sy lo dobla, lo curva y le imprime formas que evocan el cuerpo humano, como si la propia rigidez se viera obligada a reconocer la fragilidad que lleva en su interior. Esta tensión entre la dureza y la curvatura no opera únicamente en el plano de la forma. También reproduce lo que le ocurre al ser humano en tiempos de guerra: un cuerpo que aprende a doblarse, a adaptarse, a calcular, sin perder del todo la huella de su humanidad. El hierro deja entonces de ser el opuesto del cuerpo para convertirse en su prolongación deformada, en su traducción dentro de un mundo gobernado por los imperativos de la medición y del poder. Estas esculturas no se limitan a representar nuestro mundo. Lo reconfiguran desde la experiencia sensible, permitiéndonos ver aquello que suele escapar a las palabras y tocar aquello que, por lo general, termina reducido a cifras. Quizá por eso estas obras dejan una huella tan duradera. No ofrecen un significado destinado a consumirse, sino una experiencia que continúa desplegándose en quien la ha vivido. Una experiencia que nos obliga a replantearnos aquello que dábamos por sentado: qué significa ser humanos, pertenecer a un lugar y habitar un tiempo cuyas fronteras se han vuelto cada vez más inciertas. Y es precisamente en esa vacilación, entre lo que puede medirse y lo que puede vivirse, entre lo que puede calcularse y lo que puede sentirse, donde emerge la pregunta que ya no admite postergación: ¿cómo puede el ser humano seguir siendo humano en un mundo que se está redefiniendo en un lenguaje que ya no es del todo el suyo?

Jornadas libanesas en Washington, Aoun en el Departamento de Estado

El presidente libanés Joseph Aoun llegó el sábado a Washington, donde será recibido el martes por el presidente estadounidense Donald Trump. En el plano regional, Estados Unidos intensificó durante toda la semana pasada sus ataques contra posiciones e infraestructuras de los Guardianes de la Revolución iraní, provocando una respuesta de estos contra… los países del Golfo, mientras la milicia yemení proiraní de los hutíes volvía a entrar en escena. Al cierre de la semana, la atención en el ámbito libanés estaba centrada en las perspectivas de la tan esperada visita del presidente Joseph Aoun a Washington. El jefe de Estado, que llegó el sábado a la capital estadounidense acompañado de su esposa y de sus asesores, sostuvo el domingo por la tarde (hora de Beirut) una reunión en el Departamento de Estado con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. Antes de su encuentro del martes con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, también mantendrá conversaciones con varios otros altos funcionarios estadounidenses. La reunión entre el presidente Joseph Aoun y el secretario de Estado duró una hora y media. En esa ocasión, el mandatario insistió en la importancia de establecer cuanto antes las zonas piloto que deberían ser evacuadas por el ejército israelí para permitir el despliegue del ejército libanés en esas áreas. Rubio reafirmó el compromiso de Estados Unidos de trabajar para concretar el contenido del acuerdo marco alcanzado entre Líbano e Israel. El jefe de la diplomacia estadounidense también elogió los esfuerzos del presidente Aoun y del gobierno de Salam para restablecer la soberanía del Estado libanés y desmantelar la milicia de Hezbolá. En ese contexto, fuentes citadas por el canal Al Hadath informaron el domingo sobre la intención de la administración Trump de crear “una alianza entre Líbano e Irak para reducir la influencia iraní en la región”. Sea como fuere, esta visita oficial de un presidente libanés a Estados Unidos, la primera en muchísimos años reviste una importancia particular en el contexto actual debido a los acontecimientos que se desarrollan no solo en el país, sino sobre todo a escala regional. La sexta ronda de negociaciones directas entre Líbano e Israel, celebrada esta semana en Roma, registró avances en cuanto al inicio de la aplicación del acuerdo marco firmado el 26 de junio en Washington. El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, anunció el martes desde Jerusalén que los israelíes “están listos para avanzar” en la implementación de las zonas piloto en el sur del Líbano. Los intercambios, que se extendieron durante dos días en Roma entre los negociadores libaneses e israelíes, fueron calificados el miércoles por la embajada de Estados Unidos en el Líbano como “productivos y positivos”. Pero el diablo está en los detalles, que debían discutirse el viernes durante conversaciones técnicas entre libaneses e israelíes. Sin embargo, esa reunión fue pospuesta porque Líbano insiste en que las zonas piloto correspondan claramente a pueblos ocupados por Israel, mientras que Tel Aviv exige mayores garantías sobre la destrucción sistemática de toda la infraestructura de Hezbolá en las regiones que serán entregadas al ejército libanés. Los israelíes formularon estas exigencias a los estadounidenses. En cualquier caso, los libaneses no son los únicos que sufren una situación “ambigua”. Las relaciones entre el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el presidente Trump atraviesan un momento difícil. Medios israelíes informaron esta semana que Netanyahu viajaría próximamente a Washington para reunirse con el mandatario estadounidense, pero Estados Unidos desmintió que se le hubiera concedido una cita. Más aún, según el medio Axios, la presión estadounidense sobre Netanyahu sigue aumentando. El portal reveló que el presidente Trump pidió al primer ministro israelí, durante una conversación telefónica el jueves, que redistribuyera sus fuerzas militares en Siria y Líbano. Escalada en Irán Sobre el terreno, en el sur del Líbano, Hezbolá aún no ha reanudado los combates, aunque todo indica que se trata de una pausa temporal. Según las declaraciones de sus dirigentes, la milicia proiraní “no tiene intención de volver a la situación anterior al 2 de marzo”. Es decir, Hezbolá no seguirá soportando indefinidamente los ataques israelíes sin responder. Sin embargo, los bombardeos y las demoliciones de túneles e infraestructuras de la milicia no han cesado. Otra prueba significativa es que las fuerzas armadas sirias incautaron esta semana un importante cargamento de drones procedentes de Irán y destinados a Hezbolá. En este contexto, el partido chiita parece estar cada vez más debilitado, con una base popular desplazada o confinada en pueblos que ya no son habitables. Además, desde la relativa calma del último alto el fuego se celebran decenas de funerales de combatientes en las localidades del sur. No obstante, no puede descartarse que Hezbolá vuelva a arrastrar a su base social y al Líbano hacia un nuevo conflicto si Irán vuelve a situarse en el centro de una gran escalada regional. Los ataques estadounidenses contra Irán continuaron sin interrupción durante toda la semana y nada parece detenerlos, más aún cuando el ejército estadounidense ha desplegado 50,000 soldados en la región y ha enviado aviones de refuerzo desde Europa. Según informaciones difundidas por diversos medios, el presidente Trump notificó al Congreso el 10 de julio la reanudación de las operaciones militares estadounidenses contra Irán, calificándolas de “ataques defensivos” y “limitados”, planificados para reducir al máximo las víctimas civiles. Dado que este mensaje se produce después de una interrupción motivada por un alto el fuego y por la firma de un memorando de entendimiento con la parte iraní en junio, los análisis consideran que la escalada actual puede interpretarse como un nuevo conflicto, lo que otorga al presidente estadounidense 60 días de margen de acción antes de necesitar la aprobación del Congreso. Del lado iraní, los Guardianes de la Revolución parecen dirigir ahora claramente las operaciones. Incluso las declaraciones de los principales negociadores, el presidente del Parlamento Mohammad Ghalibaf y el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi, se han endurecido, aunque parecen quedar eclipsadas por la voz de los sectores más radicales. Así, Irán tomó la iniciativa de anunciar el viernes la suspensión del memorando de entendimiento con Estados Unidos. Disensiones dentro del régimen iraní En este contexto aumentan los rumores sobre profundas divisiones internas dentro del régimen iraní, especialmente porque el líder supremo Mojtaba Khamenei permanece más inaccesible que nunca, lo que da lugar a la difusión de mensajes atribuidos a él cuya autenticidad resulta imposible de verificar. El más reciente de esos mensajes lanzó amenazas contra Estados Unidos, prometiendo el sábado “una lección que nunca olvidarían”. La anécdota de la semana fue una declaración de una “fuente iraní” a la agencia rusa TASS. Según esa fuente, Khamenei no tiene previsto hacer ninguna aparición pública antes del final de la guerra con Estados Unidos, y cuando finalmente se pronuncie sería mediante una conversación telefónica o un encuentro… con el presidente ruso Vladimir Putin. Por ahora, son los Guardianes de la Revolución quienes difunden los comunicados sobre ataques contra los países del Golfo, dirigidos contra Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Baréin y, ahora también, Jordania. Estos países se han convertido en objetivos diarios de misiles y drones iraníes, al igual que los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz. Cada vez más, tanto los ataques estadounidenses en Irán como los ataques iraníes contra los países vecinos alcanzan objetivos civiles, especialmente infraestructuras energéticas. Los países del Golfo denunciaron el sábado estos ataques iraníes y los calificaron como “crímenes de guerra”. Mientras mantiene por ahora a Hezbolá al margen, Irán intenta involucrar a los hutíes yemeníes en el conflicto utilizando como principal carta la eventual clausura de otro paso marítimo estratégico, el estrecho de Bab el Mandeb, si las infraestructuras iraníes son atacadas a gran escala. En este contexto, el lunes se produjo un incidente: el gobierno legítimo de Yemen bombardeó el aeropuerto de Saná, controlado por los rebeldes hutíes, con el objetivo de atacar un avión procedente de Irán que transportaba pasajeros que habían participado en los funerales de Ali Khamenei. Los hutíes respondieron atacando un aeropuerto en Arabia Saudita. Sin embargo, el frente hutí aún no ha estallado plenamente. La visita del primer ministro iraquí a Washington En medio de este panorama sombrío, todavía pueden percibirse algunos matices. Por un lado, Estados Unidos no ha cerrado completamente la puerta a las negociaciones, como lo reiteró en varias ocasiones el presidente Trump esta semana, dando la impresión de preferir conversaciones “en caliente” antes que una guerra interminable. Sin embargo, cualquier incidente en estas circunstancias resulta mucho más peligroso. El sábado por la noche, dos soldados estadounidenses murieron en un ataque iraní contra Jordania, lo que acerca peligrosamente la situación a un punto de no retorno. Por otro lado, pese a su actitud aparentemente suicida, Irán parece querer evitar el peor escenario posible. Eso explicaría por qué aún no ha dirigido ningún ataque contra Israel desde la reanudación de las hostilidades. Y no por falta de voluntad israelí de intervenir: filtraciones publicadas el sábado por la noche indicaban que Israel había solicitado sumarse a los ataques contra Irán. Esa petición habría sido rechazada por Estados Unidos. En este contexto, cabe destacar que el presidente Trump volvió esta semana a insistir en la petición que había formulado al presidente sirio Ahmad al Chareh para que actuara en el Líbano contra Hezbolá. Por ahora, esas declaraciones no se traducen en acciones concretas, pero la pregunta sigue siendo cuánto tiempo podrá el presidente Chareh resistir la presión estadounidense. Sin embargo, quien realmente acaparó la atención en los últimos días fue Irak. El nuevo primer ministro iraquí, Ali al Zaidi, fue recibido con todos los honores esta semana por el presidente Trump en la Casa Blanca. Tras el encuentro, ambas partes firmaron numerosos acuerdos de gran valor económico. Al mismo tiempo, la prensa informó sobre la intención del gobierno iraquí de adoptar restricciones bancarias contra las milicias sancionadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, entre ellas Hezbolá. Por ahora, Irak parece decidido a jugar en ambos frentes, respondiendo al mínimo indispensable a las presiones estadounidenses mientras evita enfrentarse directamente con Irán y con las milicias afines, incluidas aquellas que operan en territorio iraquí.