
No, la guerra que Rusia desató contra Ucrania no puede tratarse como un episodio periférico ni como un simple conflicto territorial, por más que les pese a los simpatizantes de Putin. La agresión rusa revela algo mucho más profundo: un choque entre dos visiones del mundo. De un lado, la libertad y el derecho. Del otro, la nostalgia de un orden imperial, sostenido en un supuesto “siglo de oro” mitificado, fundado en la dominación y el terror. Lo que ocurre hoy en territorio ucraniano es el intento metódico de resucitar la lógica imperialista rusa y convertirla en el modelo político de este siglo. La batalla por el Donbás no es una disputa local. Es una prueba para toda Europa para su valentía, su memoria y su futuro. Nada menos.








