


El Gobierno francés anunció el lunes sus primeras medidas en respuesta a los disturbios del fin de semana en varias ciudades del país, empezando por toques de queda «parciales» y «localizados», aunque también se ha planteado la posibilidad de declarar el estado de emergencia.
El presidente Emmanuel Macron, de gira por los países del Golfo, habría preferido renunciar al estado de emergencia para no alarmar a los mercados, sobre todo porque París había anunciado muy recientemente un aumento de su deuda y de su déficit público. Una situación de inestabilidad política o de seguridad tendrá sin duda repercusiones en los tipos de interés.
El «caos» está «muy localizado en núcleos urbanos», consideró el primer ministro, Sébastien Lecornu, quien declaró haber «pedido a los prefectos que decreten una serie de toques de queda para esta noche», en referencia al lunes, y precisó que serán «localizados» y «parciales».
Aunque Sébastien Lecornu descartó declarar el estado de emergencia, se mostró dispuesto a hacerlo «si es necesario». De hecho, hay previstas otras manifestaciones: el movimiento de los chalecos amarillos anunció un «acto II» para el próximo sábado, al que seguirán movilizaciones el 31 de octubre y el 5 de noviembre…

Manifestantes de los «chalecos amarillos» en Niza. (AFP)
Este fin de semana, «al menos 3.000 comercios» sufrieron daños o saqueos, precisó Serge Papin, el ministro responsable del sector. Anunció un «fondo de apoyo específico» para ayudar a los comerciantes.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, anunció que se habían practicado 2.513 detenciones, muchas de ellas aún en curso, y que 67 personas habían ingresado en prisión desde los episodios de violencia del fin de semana.
En una entrevista en TF1, el ministro de Justicia también indicó que había enviado «una instrucción a todas las fiscalías de Francia para pedirles que califiquen los hechos como delincuencia organizada», lo que permitirá ampliar la detención policial de 48 a 72 horas y «realizar geolocalizaciones e intervenciones telefónicas que nos permitirán saber (...) dónde estaban cuando se saquearon tiendas y se atacaron ayuntamientos».
El prefecto de Policía de París, Patrice Faure, dictó varias órdenes para prohibir las manifestaciones desde las 20:00 de este lunes hasta las 6:00 del martes en determinados barrios de la capital e imponer un toque de queda a partir de las 23:00 en zonas más delimitadas, entre ellas la plaza de la República, según la Prefectura de París.
También se impondrán toques de queda en otras grandes ciudades, como Lyon, Lille y Niza.
Los políticos, al acecho
A seis meses de las elecciones presidenciales, la crisis ha adquirido un cariz político: para la oposición, el Gobierno y las fuerzas del orden no prepararon adecuadamente el dispositivo para las manifestaciones y reaccionaron mal ante los desórdenes.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, entonó el mea culpa el lunes al reconocer una «pérdida de control» en algunas ciudades. Sin embargo, el presidente Emmanuel Macron rechazó su dimisión.
Aunque el Ejecutivo reconoce fallos, señala a «La Francia Insumisa», a la que atribuye «una responsabilidad moral y política en los episodios de violencia». Sébastien Lecornu también acusó al «movimiento de ultraizquierda» y a su candidato, Jean-Luc Mélenchon, de querer sembrar «un profundo desorden» e «incluso cuestionar el calendario de las elecciones presidenciales».
En este clima de tensión, Emmanuel Macron ha encargado al primer ministro que reúna a partidos, sindicatos, administraciones territoriales y parlamentarios.























