
El papa León XIV eligió al Líbano —bautizado por su predecesor, san Juan Pablo II, como “país-mensaje”— para su primer viaje apostólico fuera de Italia. Bajo el lema “Bienaventurados los que trabajan por la paz” , la visita irrumpe como un rayo de luz en la historia de un país marcado por la guerra. “Bienaventurados los que trabajan por la paz”: cuatro palabras que fijan el tono. Marcan tanto los acontecimientos que se desarrollan como el rumbo de la historia misma, además de un programa cargado de reuniones oficiales y encuentros ecuménicos que culminarán con la misa solemne frente al litoral de Beirut. Pero cabe preguntarse: ¿necesita realmente el Líbano una comunión de paz?





