
La reunión celebrada recientemente en la sede de la Embajada de los Estados Unidos en Madrid, centrada en la aplicación de la Resolución 2797 adoptada el pasado 31 de octubre en relación con el Sáhara marroquí, no constituye en modo alguno un acontecimiento ordinario. La presencia de Argelia, representada por su ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, reviste especial importancia por cuanto sitúa el debate en su verdadera dimensión: el conflicto en torno al Sáhara es, en su esencia, un diferendo marroquí-argelino, mientras que el Frente Polisario no es sino un instrumento utilizado por el régimen argelino para justificar una guerra de desgaste emprendida contra Marruecos desde hace casi medio siglo, es decir, desde que el Reino recuperó sus provincias saharianas tras la retirada del colonizador español en noviembre de 1975.








