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Medio ambiente

¿Qué es la “ecología integral” detallada por el papa Francisco en Laudato Si’?

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Por LevantTime .
Publicado dic 3, 2025 - 13:23

En el marco de la visita del papa León XIV al Líbano, y tras el cierre del trigésimo cónclave climático en Belém, Brasil, sin avances significativos, vale la pena recordar un concepto: la ecología integral. También conviene volver a un documento clave, Laudato Si’, publicado por el papa Francisco en 2015, que replantea los contornos de una ecología humana e inclusiva desde la perspectiva de la Iglesia.

El término ecología integral propone una visión transdisciplinaria y holística del medio ambiente, que articula una mirada amplia sobre el ser humano y su relación con el mundo. Al difundir este concepto, la Iglesia católica subraya que “la indispensable conversión ecológica no se limita únicamente a cuestiones ambientales en sentido estricto”, y que “la dinámica espiritual de la ecología integral se alimenta de la esperanza cristiana e integra la vida espiritual, el respeto a la dignidad de toda vida y de toda persona, así como la exigencia de fraternidad y justicia social”, según señala la Iglesia católica en Francia. Esta misma institución recuerda que la Iglesia considera que tiene la responsabilidad de cuidar la Creación.

“Olvidamos que nosotros mismos somos tierra”

Aunque el concepto circula desde la década de 1980, adquirió un nuevo impulso tras la publicación de Laudato Si’ en 2015, encíclica que toma su nombre de un cántico de San Francisco de Asís: “Alabado seas, mi Señor”. En este extenso y denso documento, el papa Francisco aborda la protección de la naturaleza como un componente esencial de la experiencia religiosa y de la fe en el Creador.

“Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios [del planeta] y dominadores, autorizados a expoliarla (…) Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2, 7). Nuestro propio cuerpo está hecho de elementos del planeta; su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”, se lee en la introducción.

Francisco inicia su reflexión con un diagnóstico del estado ambiental global bajo el título “Lo que está pasando en nuestra casa”. El panorama es contundente: los cambios acelerados de la civilización humana tienen un altísimo costo para la naturaleza. El texto repasa los principales desafíos ecológicos actuales: la contaminación y el cambio climático, el acceso al agua, la pérdida de biodiversidad, y el deterioro de la calidad de vida y del tejido social.

“Si tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz (…)  no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas”, escribió el papa Francisco, subrayando la desigualdad global que agrava esta situación y la tibieza de las respuestas ante un desastre de tal magnitud.

Diálogo entre la ciencia y la religión

En Laudato Si’, el papa Francisco dedica un capítulo entero a mostrar cómo la fe aporta un sentido distinto a lo que la ciencia revela sobre la crisis climática. Consciente de que muchos consideran que ambas esferas son antagónicas, propone un “diálogo intenso y productivo” entre ellas. Para reconstruir una ecología reparadora, afirma, “ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje”.

En esta línea, el pontífice subraya “la raíz humana de la crisis ecológica”, en sintonía con las conclusiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la instancia científica de la ONU que ha demostrado la responsabilidad de las actividades humanas en el calentamiento global. También advierte sobre la tecnología y el sentimiento de poder que otorga, así como las consecuencias de la globalización y del modelo único que impone.

Una crisis única: ambiental y social

Para definir la ecología integral, Francisco plantea un diagnóstico claro: la crisis del siglo XXI no es doble, ambiental por un lado y social por otro, sino única, global y estrechamente entrelazada. Esta es la tesis central de la ecología integral, que invita a observar el mundo como un sistema tejido de relaciones, donde las decisiones económicas, políticas y culturales moldean tanto los paisajes como los destinos humanos. El papa insiste en la interdependencia de las especies y en que los seres humanos forman parte del ecosistema.

Desde esta perspectiva, la lucha contra la degradación del planeta no puede dividirse en carpetas separadas. Contaminación, pobreza, exclusión y explotación de recursos son capítulos de una misma crisis. Las respuestas deben ser globales y articular la dinámica natural con las estructuras sociales.

Francisco añade que la ecología también debe ser “cultural”, e insiste en el valor del patrimonio y la memoria colectiva. Según explica, la ecología cultural implica que las respuestas a los desafíos ambientales deben dialogar con las culturas locales, lejos de un modelo único de desarrollo. También advierte que la desaparición de una cultura podría ser incluso más grave que la extinción de una especie.

En su recorrido por la ecología integral, el papa también aterriza el concepto en lo cotidiano. Vincula la ecología con los gestos y vínculos de cada día. El desafío no es solo global o institucional: alcanza los barrios, las viviendas, los espacios públicos… todo lo que define la calidad de vida concreta.

¿Qué mundo vamos a dejarles?

El papa Francisco sitúa la ecología integral en el corazón del “bien común”, entendido como un conjunto de condiciones que permiten a cada persona y comunidad alcanzar su pleno desarrollo. De este principio se desprenden tres pilares: la dignidad de la persona, la fortaleza de los cuerpos intermedios (especialmente la familia) y la paz social, basada en una justicia distributiva capaz de prevenir la violencia y la exclusión. En este marco, recuerda al Estado su papel: proteger y promover el bien común, condición indispensable para una sociedad equilibrada. Pero también reconoce que este principio se despliega en un mundo marcado por desigualdades crecientes.

La ecología integral también incorpora los derechos de las generaciones futuras y plantea una pregunta clave: ¿Qué mundo queremos dejarles? Un desafío mayor frente a la crisis ética y cultural que el papa identifica: el avance del individualismo, la fragilización de los vínculos familiares y sociales, y la incapacidad de mirar más allá del interés inmediato.

Entre las líneas de acción que señala el papa Francisco destacan: impulsar el diálogo ambiental en la política internacional; renovar las políticas nacionales y locales para reducir desigualdades; promover la transparencia en la toma de decisiones; y fortalecer el diálogo entre religiones y ciencias.


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