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Opinión

Papa León XIV: ¡La Tierra del Cedro lo ha adoptado…!

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By Salim F. Dahdah
Published dic 4, 2025 - 12:24

Su Santidad,

Usted tuvo a bien elegir este país del Levante como su primer destino después de su elección al frente de la Iglesia Católica. ¡Se lo agradecemos!
Su presencia aquí fue como la sombra de una nube blanca atravesando un cielo oscuro, cubierto desde hace demasiado tiempo, dejando filtrar sus rayos sobre este espacio geográfico descrito en los libros de historia como la tierra de leche y miel, la tierra de la hospitalidad y la convivencia, la tierra del Cedro eterno, majestuoso, fuerte e inquebrantable. Una tierra de encuentro y de mezcla entre culturas y comunidades diversas; una tierra de vida, de amor y de una paz regularmente agredida y muchas veces violentada.

Pero, por un instante, su visita vino a “abrir un paréntesis” e iluminar de repente la vida de todo un pueblo agotado y colapsado bajo el peso de las tragedias que lo persiguen desde hace décadas, principalmente ocasionadas por las guerras de otros en su territorio.

Con su actitud discreta pero firme, amable y reservada; su mirada serena, benevolente y llena de sabiduría; sus palabras sencillas y sus acentos fuertes y profundos, logró entrar rápidamente en el corazón de todos: jóvenes y ancianos, enfermos y sanos, honestos y corruptos, patriotas y sepultureros de la República; en pocas palabras, de todo este pueblo libanés que sigue viviendo hoy en salas de emergencia, entre la vida y la muerte, en un estado de caos agotador, preocupación permanente, inseguridad latente e inestabilidad sofocante.

Usted habló de paz y concordia, tranquilizó corazones y recordó a todos la necesidad de tomar conciencia de esa solidaridad humana que enriquece y fortalece la fe y las relaciones entre los ciudadanos de un mismo país: una sociedad de luz, de ayuda mutua y de apoyo a los más necesitados, física y materialmente. Dio testimonio alto y claro, sin herir ni agredir jamás a un pueblo debilitado y profundamente probado.

Su Santidad, usted, que le devolvió un respiro de oxígeno a tantos ciudadanos en situación de angustia, permítales apoyarse en sus consejos y oraciones, pidiéndole que continúe, incluso después de salir de nuestro pequeño país, intercediendo ante la Virgen María para que la paz se instale aquí, abriendo el camino hacia su recuperación y, quizás pronto, permitiéndole alcanzar su “neutralidad permanente”, única garantía de su estabilidad, soberanía, independencia y florecimiento político, económico, social y cultural.

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