
A medida que el debate se acerca al futuro de las armas de Hezbolá, empiezan a surgir ideas que, en apariencia, parecen “realistas”: ¿qué hacemos con miles de combatientes? ¿Los integramos al ejército? ¿Creamos para ellos una estructura de seguridad especial? ¿Absorbemos gradualmente la estructura militar del partido dentro de las instituciones del Estado? Mi respuesta es clara: no. Estoy en contra de integrar a los combatientes de Hezbolá, como cuerpo o bloque organizado, en el Ejército libanés o en las fuerzas de seguridad. También estoy en contra de crear cualquier nueva formación, bajo cualquier denominación, que permita que la estructura militar del partido siga existiendo dentro del Estado.








