
Toda guerra deja tras de sí a sus olvidados. Sin embargo, hay un grupo del que rara vez se habla o que se comprende mal: los animales. En un Líbano donde el abandono ya es generalizado, la guerra no ha hecho más que profundizar una crisis agravada durante años por la debacle económica. Al sufrimiento humano se suma así una angustia silenciosa e invisible, que pocas veces encuentra lugar en el relato colectivo. Este fenómeno también revela una fractura más profunda. Abandonar a un animal en tiempos de guerra no siempre es un acto deliberado de crueldad, sino a veces el resultado del colapso. Cuando todo escasea, como alimentos, medicamentos o refugio, la jerarquía de las necesidades se impone con una fuerza brutal. En esas circunstancias, el animal puede llegar a percibirse como una carga adicional.








