
La semana pasada estuvo marcada por las dilaciones en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, donde no se registró ningún avance importante pese a dos propuestas iraníes transmitidas a Washington por el mediador pakistaní. Hasta ahora, muchos analistas sostenían que era Irán quien jugaba con el tiempo, debido al cierre de facto del estrecho de Ormuz, frente a un Donald Trump presionado por terminar la guerra antes de tener que rendir cuentas ante el Congreso tras 60 días de conflicto, tal como establece la Constitución estadounidense. Pero desde entonces, la situación dio un giro: ahora es el bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes el que ejerce presión sobre Teherán. Las consecuencias son visibles en la fuerte devaluación de la moneda nacional y en un colapso económico que las autoridades iraníes apenas logran ocultar, pese a su retórica triunfalista.








