Logotipo de Levant Time

Artículos

Imagen destacada de la noticia
Enorme explosión provocada por un ataque israelí cerca de la localidad de Al-Mansuri, en el sur del Líbano. (AFP)
Lo esencial de la semana
Retrato del autor
Por LevantTime .
Publicado sep 6, 2026 - 23:27
Mientras Estados Unidos parecía haber optado únicamente por la guerra económica contra Irán, el ejército estadounidense lanzó abruptamente el martes ataques contra territorio iraní en represalia por ataques a petroleros, lo que desencadenó una espiral de violencia a lo largo de la semana. En el Líbano, Israel liberó a varios civiles detenidos en sus prisiones, mientras su ejército tomaba la estratégica colina de Ali el-Taher y proseguía sus masivos bombardeos en la zona que controla al sur del país. La semana del 31 de agosto al 6 de septiembre estuvo marcada por una clara aceleración de los acontecimientos en Oriente Medio, tras una semana anterior que parecía regida por la inmovilidad. En el frente iraní, desde la noche del martes, el ejército estadounidense llevó a cabo ataques selectivos en territorio iraní, los primeros en casi un mes. Esta captura de pantalla, realizada el 6 de septiembre de 2026 a partir de imágenes de video sin fecha difundidas ese mismo día por el Mando Central de Estados Unidos, muestra lo que el Centcom presenta como uno de los petroleros iraníes que destruyó en respuesta a intentos de ataques con misiles contra buques militares. (Centcom vía AFP) Sin embargo, su ritmo relativamente limitado da la impresión de que la administración estadounidense ha optado por una escalada controlada, al tiempo que mantiene su bloqueo y sus presiones económicas contra Teherán. Pese a todo, la tensión no ha dejado de crecer a lo largo de la semana. El sábado se escucharon explosiones en la altamente estratégica isla de Kharg, por donde transita la mayor parte del petróleo iraní. El presidente estadounidense Donald Trump, por su parte, amenazó con atacar el sitio nuclear de Kuh-e Kolang —«montaña del pico» en persa, o Pickaxe Mountain —, una instalación fuertemente fortificada situada a gran profundidad, no lejos de Natanz, el principal centro de enriquecimiento de uranio de Irán. A principios de semana, había planteado la fórmula del «petrolero por petrolero», prometiendo atacar un buque iraní cada vez que los Guardianes de la Revolución golpearan un petrolero en el estrecho de Ormuz. Eso fue precisamente lo que hizo el ejército estadounidense el sábado, al incendiar dos buques iraníes. En el plano político, Donald Trump volvió a endurecer el tono hacia Teherán. Tras afirmar en una entrevista que las conversaciones estaban definitivamente congeladas «porque un acuerdo con ellos no vale el papel en el que está escrito», el sábado consideró que el «conflicto» con Irán no era una «guerra», sino «algo rutinario» para Estados Unidos. Una forma de jugar con los nervios de los iraníes mientras tranquiliza a su opinión pública de cara a las elecciones de mitad de mandato. Un puerto, además de instalaciones de almacenamiento y bodegas, resultó dañado tras un ataque militar estadounidense llevado a cabo en la provincia iraní meridional de Hormozgán, que limita con el estrecho del mismo nombre, el 6 de septiembre de 2026. (AFP) Al mismo tiempo, el medio estadounidense Axios publicó el sábado un informe que sugiere que Estados Unidos ya proyecta su mirada más allá de este conflicto, iniciado el 28 de febrero. El sitio afirma, citando a funcionarios estadounidenses y otras fuentes informadas, que la administración Trump está elaborando una estrategia más amplia para el Oriente Medio de la posguerra. Esta se basaría en la creación de una alineación regional destinada a contener a Irán, poner fin a las repercusiones regionales de los ataques del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás en Gaza y ampliar el círculo de la normalización entre Israel y los países de la región. La amenaza contra Kuh-e Kolang, que marca el resurgimiento del expediente nuclear iraní, se hace eco de un anuncio del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que lamentó, el 1 de septiembre, que Irán no haya vuelto a abrir sus instalaciones a sus inspectores tras los ataques de mayo de 2025. Recordemos que, a pesar de la magnitud de la ofensiva israelí-estadounidense contra los emplazamientos iraníes, es casi seguro que las reservas de uranio enriquecido permanecen intactas y fueron puestas a resguardo por las autoridades iraníes, que siguen aferradas a lo que consideran su derecho a desarrollar un programa nuclear. Tras el anuncio del OIEA, Estados Unidos, así como Francia, Gran Bretaña y Alemania, manifestaron su intención de presentar una resolución ante el Consejo de Seguridad de la ONU condenando el incumplimiento por parte de Irán de sus compromisos en materia de no proliferación nuclear. Una unidad de fachada que contrasta con la frialdad reinante entre Washington y sus aliados europeos desde el inicio del conflicto. Por su parte, los iraníes parecen seguir respondiendo a la conmoción de la misma manera: atacando a varios países vecinos, entre ellos Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania, sin llegar a atacar directamente a Israel. Ataques masivos en el sur del Líbano En el frente libanés, Israel intensifica sus operaciones de destrucción en los pueblos del sur, llegando incluso a utilizar, en algunos casos, barriles explosivos. El presidente libanés Joseph Aoun instó a Washington y a la comunidad internacional a «poner fin» a los ataques israelíes en territorio libanés, que dejaron siete muertos el domingo en medio de una tregua frágil. Los bombardeos alcanzaron distintas localidades de la región de Nabatiye. Según el Ministerio de Salud, otras veinte personas resultaron heridas, entre ellas niños. Además, un ataque destruyó el antiguo hospital Ghandour, fuera de servicio desde hace años. Liberación de detenidos y toma de Ali el-Taher Pero el hecho más destacado de la semana en el sur fue la toma, por parte de Israel, de la estratégica colina de Ali el-Taher, en la región de Nabatiye. El lugar era un importante centro de mando de Hezbolá, formado por un vasto entramado de túneles desde donde operaban combatientes del partido chiita, así como, según ciertas informaciones, combatientes iraníes. El jueves por la noche, Israel anunció haber tomado el control del complejo. El domingo, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, declaró que aún quedaban túneles por volar. Este «éxito» militar quizás no fue una sorpresa tras semanas de bombardeos, pero la reacción de Hezbolá sí lo fue. Después de haber asegurado durante mucho tiempo que se negaría a ceder esta colina estratégica —al igual que los iraníes, que también habían amenazado con intervenir—, el partido chiita terminó minimizando el impacto de este suceso a través de sus medios y voceros, sin confirmar oficialmente, no obstante, la pérdida del sitio, que se había negado a preservar entregándolo al ejército libanés. La otra gran sorpresa de la semana fue la liberación, por parte de Israel, de cinco civiles libaneses y sirios detenidos en sus cárceles. Esta medida se produjo tras una visita a Tel Aviv del embajador de Estados Unidos en el Líbano, Michel Issa. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «responde a los esfuerzos realizados por Israel y el Líbano para localizar y repatriar los restos de los líderes de la comunidad judía que fueron secuestrados y asesinados en el Líbano» entre 1984 y 1986. También aquí la reacción de Hezbolá llama la atención. Aunque considera la medida positiva pero insuficiente, el partido volvió a arremeter contra las autoridades libanesas, acusándolas de «someterse al enemigo» y responsabilizándolas del desastre en el sur. Incluso les advirtió sobre «los conflictos internos». ¿Podrían los reveses militares del partido llevarlo a volcarse aún más contra el escenario interno? Por último, el ejército israelí hizo el domingo una declaración importante al anunciar que estudia reducir su zona de ocupación en el sur del Líbano, pasando de la actual «zona amarilla» a una «zona gris». Según esta interpretación, tal evolución reflejaría una disminución de la amenaza que representa Hezbolá. Sin embargo, la medida aún no ha sido aprobada por el liderazgo político israelí. Yemen y Palestina La semana también fue especialmente tensa en Yemen, donde los enfrentamientos entre los rebeldes hutíes y las fuerzas gubernamentales no dejaron de intensificarse, hasta un sábado particularmente sangriento que dejó más de 60 muertos en un solo día, elevando a unas 200 las víctimas desde el jueves. La ofensiva de los hutíes busca sobre todo hacerse con el control de ciertas zonas cercanas al paso de Bab el-Mandeb, lo que daría a este aliado de Irán una ventaja adicional sobre otro punto estratégico clave, tras el estrecho de Ormuz. En Palestina, la semana estuvo marcada por unas declaraciones especialmente preocupantes de Israel Katz sobre Gaza. Este afirmó, sin aportar pruebas, que la mayoría de los habitantes de la franja deseaban abandonarla, subrayando que Israel estaba «preparado para una evacuación» de tal magnitud. Todo apunta a que el calvario de los gazatíes está lejos de terminar. Por último, cabe destacar que el OIEA anunció, el 1 de septiembre, que unas infraestructuras descubiertas en Deir ez-Zor, Siria, indican que el antiguo régimen de Bachar al-Ásad preparaba en secreto un programa nuclear avanzado que podría haber llevado a la fabricación de un arma atómica con la ayuda de expertos norcoreanos.
Homenaje
Retrato del autor
Por Michel Hajji Georgiou - Publicado sep 6, 2026 - 13:31
Imagen destacada de la noticia
El jugador argentino, que puso fin a su carrera internacional el 31 de agosto de 2026, no era nada menos que un prestidigitador de los estadios. Su trayectoria, hecha de prodigios, caídas y redención, quizá diga algo sobre nuestra intacta necesidad de encantamiento en un mundo que, sin embargo, pretende haberse desprendido de él. Anunciado pocas semanas después de la final del Mundial de 2026, perdida ante España, el retiro internacional de Lionel Messi no dejó de provocar una emoción para la cual resulta difícil encontrar muchos equivalentes en la historia reciente del fútbol. Probablemente habría que remontarse a Maradona, o también a Cruyff o Pelé, para recuperar esa sensación de que, con el retiro de un jugador, desaparece algo que rebasa con mucho al deporte mismo, como si cierta manera de habitar el fútbol, o incluso de creer en él, llegara también a su fin. Lejos de los glacis de la razón Basta de estadísticas interminables y de esas insoportables disputas, tediosas y estériles, sobre “quién es el mejor de todos los tiempos”. El autor de estas líneas nunca ha sido un fanático del balón, ni de las clasificaciones verticales ni de una jerarquía del mérito en general, y, por lo tanto, aprecia el talento de cada jugador con la misma mirada maravillada de un niño de once años. Por lo demás, esta obsesión particularmente contemporánea por las cifras arruina todo el placer del espectáculo. Y con razón: el procedimiento que consiste en sumar goles, asistencias, Balones de Oro, Ligas de Campeones, Copas América, Mundiales… no puede sino ser reduccionista. No deja de recordar, en otro registro, la crítica desarrollada por el filósofo germano-estadounidense Eric Voegelin contra la tentación gnóstica moderna: la de un saber convencido de que puede encerrar la realidad en un sistema y abolir aquello que se le resiste. Los récords son probablemente un indicador del genio de Lionel Messi. Pero tantos otros grandes jugadores que hicieron vibrar los estadios y los corazones, y que no lograron ni la mitad de sus hazañas, permanecen, sin embargo, eternos en la memoria. Lo que los hizo verdaderamente singulares se encuentra en otra parte, lejos de los glacis de la razón. Algo más se jugó alrededor de ellos. Algo que pertenece a cierto sentido profundo de la trascendencia, que el entendimiento nunca podría captar por completo. Ese es el caso de Lionel Messi desde hace más de veinte años, desde el día en que, bajo la mirada del “ícono” Diego Maradona, realizó su primera aparición, en junio de 2006, en la arena mundialista con los colores de la Albiceleste frente a Serbia y Montenegro. Ahora bien, ese elemento indecible que constituye el genio de Messi, como el de otros, toca quizá una de las paradojas más curiosas de la modernidad: la persistencia de la magia en un mundo que precisamente se construyó contra ella. El mundo desencantado Max Weber hablaba del desencantamiento del mundo para designar ese lento proceso mediante el cual la modernidad occidental sometió progresivamente la existencia a la racionalización, al cálculo, a la previsibilidad y a la explicación causal. El mundo ya no debía estar recorrido por poderes oscuros, signos, intervenciones sobrenaturales o voluntades invisibles; debía, al menos en principio, volverse inteligible. Por desgracia, el deporte moderno, y más ampliamente el mundo moderno heredado de la globalización, se inscribe perfectamente en esta dinámica. El fútbol de hoy, y no solamente el fútbol, es probablemente uno de los objetos más cuantificados que existen. El menor gesto se mide, y todo se calcula y modela cuidadosamente. De las matemáticas a la inteligencia artificial, el talento bruto depende ahora más de la ciencia que del encantamiento. Es aquello que hay de humano en su relación espontánea, incluso salvaje, con lo invisible que nace del corazón, lo que desaparece ante nuestros ojos en beneficio de la cuadratura del VAR. Es, de algún modo, el asesinato del deporte en nombre de una mayor rigurosidad y equidad… aun cuando la eutanasia de esa parte de espontaneidad sublime termine provocando ella misma injusticias flagrantes. Basta volver sobre algunas de las decisiones controvertidas del Mundial de 2026 para comprobarlo. Paradoja de paradojas, el propio Lionel Messi fue, desde el origen, hijo de esta modernidad técnica, a la que ciertamente debe una parte de su excepcional carrera. Su cuerpo, demasiado pequeño para los estándares esperados, fue corregido mediante un tratamiento hormonal. Detectado muy pronto, su talento quedó a cargo de una institución que organizó su formación, su alimentación, su desarrollo físico y su integración en una maquinaria deportiva ya globalizada. Nada, en apariencia, podía estar más alejado del viejo relato heroico. De entrada, la historia se parece más a distopías del tipo de Gattaca que al mundo de los mitos y los relatos mesiánicos. Y, sin embargo, aquel viejo relato regresó. Y lo hizo incluso con una insistencia casi embarazosa. Desde el inicio de su carrera, Lionel Messi fue puesto bajo el microscopio. Pero cuanto más se obstinaban en explicarlo y desmitificarlo, menos lograban disipar por completo la impresión producida por algunos de sus gestos. El hombre, sencillamente, no consigue ser circunscrito ni reducido a una acumulación de datos. A la edad en que la mayoría de los grandes jugadores regresan a las sombras, él sigue sorprendiendo. Incluso dejando estupefacto al mundo, al aportar al deporte esa parte de insensatez que escapa a la hipersistematización casi robótica del mundo. Probablemente sea ahí donde haya que buscar ese otro lugar que caracteriza a Messi. En una supervivencia de la magia en un momento en que incluso los espacios que permitían la expresión positiva de una humanidad hecha de carne y sangre van siendo progresivamente “disciplinados” por esa atracción hipnótica hacia una nueva gnosis puritana en nombre de la modernidad. El Mesías fabricado por la máquina Aunque surgido, en cierto modo, de la máquina matricial, Lionel Messi constituye por sí mismo un cuestionamiento de este modelo de prêt-à-porter. Una especie de alter ego del Neo de Matrix, arrojado a una simulación regida por parámetros que pretenden calcularlo todo. El destino del argentino adquirió progresivamente, casi a pesar suyo, la forma de un relato mesiánico. El juego de palabras con su nombre sería demasiado fácil si su propia historia no lo hubiera relanzado constantemente: la del niño frágil, al que el cuerpo parecía querer negar la realización a la que su talento lo destinaba. Luego la del exilio muy joven hacia Barcelona, la adopción por una ciudad extranjera, el ascenso casi irreal, el reconocimiento mundial y, después, esa extraña dificultad para ser reconocido por los suyos… Durante mucho tiempo, Argentina mantuvo una relación de amor-odio con su hijo pródigo. Sin importar sus resultados, su talento o su genialidad, debía responder a una única e implacable pregunta: ¿por qué no era Maradona? La comparación era ciertamente inevitable, pero también profundamente injusta. Todo separaba a ambos hombres en su manera de estar en el mundo. Maradona cargaba con Argentina y con todo lo que ella podía tener de pasional, contradictorio, excesivo y teatral. Hablaba, provocaba, peleaba, caía, volvía, mezclaba con el fútbol su vida privada, sus cóleras, sus compromisos políticos… hasta su propia destrucción. Su cuerpo mismo parecía convertirse en uno de los lugares donde se escenificaban las contradicciones de su país. Maradona era la encarnación misma de lo que el mundo esperaba del fútbol: un alma rebelde, llevando a veces el juego hasta la inmoralidad, pero dentro de una suerte de gigantomaquia futbolística. Maradona era épico. Y, sobre todo, había colocado a su país en el firmamento del fútbol en 1986. Messi, en cambio, no ofrecía nada de eso. Era silencioso, a veces casi ausente del relato que los demás construían a su alrededor, ausencia que durante mucho tiempo fue interpretada como un defecto. Casi borrado, sin personalidad. Eso era, además, lo que le reprochaban los dos gigantes, Maradona y Pelé: carecer de liderazgo, ser demasiado liso. Una especie de bebé de probeta milagroso de los estadios. También se reprochaba al niño de Rosario no cantar suficientemente el himno, no ser lo bastante argentino, haber sido “fabricado” por Barcelona y, naturalmente, no ganar con la selección lo que ganaba casi continuamente con su club. La profecía inconclusa La final del Mundial de 2014 perdida dramáticamente contra Alemania, seguida de las finales de la Copa América de 2015 y 2016, había transformado progresivamente aquella sospecha en acusación. Cuando falló su penal ante Chile en 2016 y anunció después que abandonaba la selección, ya era, sin embargo, uno de los más grandes jugadores de la historia del fútbol. Pero su relato permanecía extrañamente inconcluso. La sensación de incompletitud apenas tenía que ver con su palmarés. Se trataba más bien de esa necesidad casi arcaica que se impone continuamente a los héroes modernos: consumar su recorrido iniciático. Con los colores argentinos, Messi brillaba y después caía pesadamente. Pero no se levantaba. No cumplía la profecía. Y, a los ojos de su pueblo, esto reforzaba esa sensación de amor-odio: al fin y al cabo, un dios caído sigue siendo un dios. Pero con el valor añadido de lo que, a ojos de sus admiradores, es un sustrato insoportable y, por lo tanto, perfectamente odioso de la humanidad: sus defectos, sus debilidades. Los argentinos amaban a Maradona a pesar de su espectacular decadencia y de su humanidad falible. Pero era porque había “merecido” esa decadencia, porque, de algún modo, se había vuelto aceptable después de México 1986. Messi, en cambio, todavía no tenía derecho a caer, porque todavía no había alcanzado la cima. No, la profecía no se había cumplido. Incluso empezaba a convertirse en caricatura. Messi volvió, entonces. Pero todavía tuvo que esperar su redención. Hubo que esperar a la Copa América de 2021, en el Maracaná, para que esa relación hecha de sospecha espera y decepción con su público y con su pueblo comenzara verdaderamente a cambiar. Y hubo que esperar, sobre todo, al Mundial de 2022 para que la historia adquiriera esa forma casi demasiado perfecta que nadie se habría atrevido a escribir sin parecer entregarse a una facilidad de guionista. Curiosamente, Maradona había muerto en 2020. Era como si una especie de maldición nacional opresiva se hubiera levantado. Al mismo tiempo, el pueblo argentino necesitaba una figura paterna de sustitución y la presión no hizo sino redoblarse. ¿Pero quizá mezclada, esta vez, con un poco de ternura? Lo ocurrido en Qatar en 2022 resulta aún más interesante porque el propio Messi aparece ligeramente distinto. Protesta más, responde a las provocaciones, se enfurece, habla con una violencia que pocos le creían capaz de desplegar e incluso deja escapar aquel “¿Qué miras, bobo?” frente a los neerlandeses que divierte a Argentina. Buenos Aires descubre por fin, tardíamente, lo que siempre había esperado de él. Un poco de Maradona dentro de mucho Messi. Pero Messi no se convierte por ello en Maradona. Y quizá sea precisamente ahí donde se produzca la verdadera reconciliación: Argentina deja de pedirle que lo sea. A partir de 2022, Messi ya no necesita encarnar otro modelo del genio nacional. Finalmente puede convertirse también en su país en aquello que ya había sido en todas partes: Messi. Simplemente. El acto final de la profecía Ciertamente, el triunfo de 2022 habría podido constituir un final perfecto. Pero, como en el caso de Maradona, el acto final de la profecía heroica es la caída. Ya nadie esperaba realmente algo excepcional de Messi en 2026. A sus 39 años, se consideraba ampliamente que formaba parte de los “héroes cansados”. La caída del Capitolio había ocurrido con el amargo episodio de su salida del FC Barcelona y su desventura en el PSG. Ya no jugaba sino en la liga estadounidense, con los colores de Miami… en la periferia del mundo del fútbol, en las lejanas tierras del soccer. Y la nueva generación ya estaba allí, lista para mandar a los ancestros a Bicêtre. Sin embargo, aquel Mundial de 2026, que parecía destinado a no ser más que un epílogo, se transformó en un último golpe de brillo sensacional. Argentina alcanzó nuevamente la final, con un Messi que, a los 39 años, volvía a ser su “líder histórico” y su recurso en los momentos decisivos, logrando algo que no dejaba de recordar lo que Roberto Baggio había hecho por Italia en 1994, a los… 27 años: el deus ex machina permanente. Baggio fracasó a las puertas del triunfo contra Brasil después de haber llevado prácticamente a Italia hasta Pasadena. Su penal lanzado por encima del travesaño dejó una de las imágenes más crueles de la historia de los Mundiales: la de un hombre inmóvil, con la cabeza baja y las manos en la cintura, mientras Brasil celebraba su victoria. Aquel que había “muerto de pie”. El duende italiano nunca conoció la apoteosis. Pero aquella muerte simbólica, lejos de borrar su Mundial, acabó formando también parte de su leyenda. La historia fue más clemente con Messi, a pesar de una campaña de odio en su contra, mezclada con acusaciones de trampa y favoritismo, sobre un fondo de decisiones arbitrales controvertidas y acciones antideportivas de su equipo, como lo había sido antaño con Maradona. Incluso más. ¿Una final en un sexto Mundial, al borde del retiro y coronada por una actuación individual extraordinaria? Es precisamente ahí donde reside la magia del fenómeno Messi, aquello que desafía a la razón y a su avalancha de estadísticas. El genio no puede encerrarse en una suma de parámetros y variables. Su condición física, incluso óptima, no puede explicar por sí sola aquello de lo que el mundo entero fue testigo. Y qué importa si su relato nos recuerda que el héroe, por mítico que sea, no puede abolir la siniestra influencia de Saturno. El reencantamiento del mundo Porque, más allá de la profecía cumplida, del ascenso a la caída, con su cuota de dichas y desgracias, el argentino ofreció al mundo una última vuelta a la pista que pertenece al arte, si no a una forma de poesía homérica. Con la retirada de Lionel Messi de la escena internacional, desaparece un poco de la magia del mundo… hasta que otro héroe providencial regrese a encantar los estadios. Durante más de veinte años, Messi habrá encarnado la coexistencia de dos mundos que creíamos incompatibles: el de la racionalización extrema del deporte moderno y aquel, mucho más antiguo, del héroe, el signo, la espera y el encantamiento. Cuando Messi se va, algo de esa contradicción aparece bruscamente. Ya han surgido otros prodigios, pero quizá descubramos, en el preciso momento en que uno de sus últimos grandes representantes abandona la escena, hasta qué punto seguimos necesitando trascendencia. El mundo moderno probablemente no ha eliminado el encantamiento. No ha hecho más que desplazarlo. Durante noventa minutos, este hombre llamado Lionel Messi, que lo encarnó sobre las canchas, se marcha después de haberlo conseguido todo. Y aún más.
Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
Retrato del autor
Por Mona Fayad - Publicado sep 5, 2026 - 20:01
Imagen destacada de la noticia
La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona que escuchara una historia y luego se la contara a otra, que a su vez se la contara a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Más artículos
Ordenar por: Más recienteMás antiguo
Los exiliados hacia Israel: entre herida identitaria y ausencia de justicia transicional

El caso de los libaneses exiliados en Israel figura entre los más complejos y sensibles de toda la problemática libanesa, precisamente porque se sitúa en la intersección de tres dimensiones estrechamente entrelazadas: las secuelas de las ocupaciones siria e israelí, los legados de la guerra civil y la profunda fractura que atraviesa las propias concepciones del Estado, la soberanía y la justicia. El Estado estuvo ausente del sur del Líbano durante décadas, dejando a la población atrapada entre la ocupación y las armas de las milicias. Cuando regresó tras la liberación, lo hizo bajo una lógica estrictamente securitaria y judicial, ajena a cualquier verdadero espíritu de reconciliación nacional. Por eso este expediente sigue siendo una herida abierta: Líbano nunca vivió una auténtica experiencia de justicia transicional a la altura del periodo de posguerra y de las múltiples ocupaciones que lo marcaron. En el plano humano, sería impensable negar la tragedia que atravesaron miles de personas y sus familias, una tragedia que se manifiesta en: · El desarraigo forzado de su entorno natural. · La dolorosa separación de sus seres queridos y de sus pueblos. · Una crisis de identidad y pertenencia que los condenó a vivir suspendidos entre dos países. En cuanto a los niños nacidos o criados allí, atraviesan una crisis aún más profunda: nunca llegaron a integrarse plenamente en la sociedad de acogida, mientras que algunos, en su propio país, Líbano, los miran con desconfianza y hostilidad. Aquí surge la cuestión moral fundamental: ¿es legítimo extender la responsabilidad jurídica y política a las esposas, los hijos y los nietos? Familias enteras pagan hoy el precio de decisiones impuestas por circunstancias aplastantes a algunos de sus miembros, aunque la gran mayoría jamás tomó las armas ni participó en ninguna actividad de seguridad. Para comprender mejor el panorama, es importante establecer algunas verdades incuestionables. La autenticidad de la identidad: estas personas son libanesas de origen, no extranjeras ni recién llegadas a esta tierra. La elección de sobrevivir: no partieron hacia Israel por voluntad propia, sino bajo la presión de un exilio forzado. Frente a dos opciones igualmente amargas, enfrentar amenazas de eliminación física lanzadas por sus adversarios de entonces (el sayyed Hassan Nasrallah declaró: “Los degollaremos en sus camas”) o vivir un duro exilio lejos de la patria y de sus seres queridos, eligieron seguir con vida. La ausencia del Estado: no conspiraron contra el Estado; fue el Estado el que los abandonó, dejándolos a merced de las ocupaciones y las tutelas extranjeras. El historial pacífico: no estuvieron implicados en el asesinato de ningún primer ministro, en la eliminación de diputados soberanistas, ni hicieron explotar mezquitas o infraestructuras públicas. Entre justicia y venganza La diferencia esencial radica en distinguir entre una justicia basada en la responsabilidad individual y una venganza colectiva acompañada de un ostracismo permanente. La justicia implica establecer responsabilidades precisas caso por caso, garantizar juicios en condiciones equitativas y rechazar el principio según el cual la culpabilidad se transmite de generación en generación. Conclusión política y humanitaria Este expediente no se resolverá a través de consignas acusatorias; exige el enfoque de un “Estado verdadero”, basado en el reconocimiento de la especificidad del periodo de ocupación y de las circunstancias opresivas que lo acompañaron, en la clara distinción entre quienes cometieron crímenes comprobados y quienes fueron víctimas de los acontecimientos, en el respeto a un poder judicial libanés independiente y a la primacía del derecho, y finalmente en atender la dimensión humana de las familias y los niños, lejos de toda lógica de represalia y odio. El caso de los expulsados hacia Israel no puede, ni debe, mezclarse con ningún otro expediente, porque el verdadero adversario en este caso es el propio Estado libanés y no otra parte. Por ello, la responsabilidad nacional y moral recae ante todo en el Presidente de la República, en su calidad de jefe de Estado y principal garante de la seguridad y la integridad del país, así como del destino de todos sus ciudadanos sin excepción. Quien en otro tiempo eligió enfrentar a Israel en nombre de la dignidad y la soberanía no puede mostrarse hoy incapaz de encontrar el camino para traer de regreso a sus hijos de los exilios forzados y devolverlos a su patria bajo el amparo de la ley, la justicia y la reconciliación nacional. En definitiva, el desafío fundamental que enfrenta Líbano sigue siendo el mismo: realizar la transición desde la memoria de la guerra y la división hacia un Estado capaz de articular justicia y reconciliación, sin sacrificar jamás ni la soberanía ni la dignidad humana de sus ciudadanos.

Negociaciones de Washington: la política de los pequeños pasos

Obviamente no había que esperar resultados o decisiones espectaculares al término de la tercera ronda de negociaciones directas libano-israelíes que se celebró jueves y viernes en el Departamento de Estado, en Washington. Sin embargo, hay que reconocer que la simple celebración de estas discusiones bilaterales cara a cara en Washington, bajo los auspicios de la Administración estadounidense, representa en sí misma un avance importante. A este parámetro simbólico políticamente se sumaron ciertos indicios que surgieron el viernes por la noche, después de las reuniones maratónicas celebradas por las delegaciones libanesa e israelí. El Departamento de Estado subrayó que los intercambios se desarrollaron en una «atmósfera positiva que incluso superó nuestras expectativas». En el mismo sentido, la embajada del Líbano en la capital federal indicó que acogía favorablemente el resultado de las conversaciones con Israel, precisando que estas negociaciones se enmarcan en un «proceso político» que debería conducir a una solución favorable al conflicto actual en el sentido de restaurar la soberanía del Estado libanés «por sus propias fuerzas». En cuanto al embajador de Israel en Washington, declaró que las posibilidades de éxito de las negociaciones con el Líbano son «grandes». Concretamente, la reunión maratónica del viernes resultó en medidas prácticas: la prolongación del cese de las hostilidades por un período de 45 días; la convocatoria de oficiales y expertos militares de ambos países a una reunión el 29 de mayo en el Pentágono para lanzar «un proceso de seguridad entre el Líbano e Israel»; la convocatoria de ambas delegaciones a una nueva ronda de negociaciones, fijada para el 2 y 3 de junio próximo, en el Departamento de Estado. Sin decisiones espectaculares ni rápidas, entonces, el mediador estadounidense opta por un enfoque realista: la política de pequeños pasos (tan cara a Kissinger) que apunta a establecer progresivamente un clima de confianza y cooperación fructífera entre los dos países. Cambio en la denominación del feriado del 25 de Mayo Conviene señalar, al margen del espíritu del proceso en curso en Washington, que el Primer Ministro Nawaf Salam adoptó el viernes una medida simbólica que, sin embargo, tiene una significación e implicaciones políticas nada triviales. Publicó una nota administrativa confirmando el feriado del 25 de mayo que en años anteriores, desde la retirada israelí de 2000, se había celebrado bajo el signo del «Día de la Resistencia y la Liberación». Este año, la nota del Primer Ministro sobre el feriado del 25 de mayo no menciona en absoluto la «resistencia» ni la «liberación», sino que subraya, más bien, que el feriado se observará «en señal de solidaridad con las familias de los mártires, los heridos, los prisioneros, los desplazados y los habitantes del Sur y de los pueblos fronterizos». Esta mención particular y muy explícita confirma así que el gobierno ya no reconoce la existencia de una «resistencia» que Hezbolá busca encarnar contra viento y marea, ignorando la posición de la legalidad y la abrumadora mayoría de los libaneses que rechazan las aventuras bélicas suicidas de la milicia proiraní. No más tarde que el viernes por la noche, el Primer Ministro declaró que es hora de poner fin definitivamente a las «aventuras insensatas» (alusión a Hezbolá) llevadas a cabo al servicio de proyectos extranjeros, censurando así las acusaciones de «traición» lanzadas por la milicia proiraní. Recordemos en este contexto que al día siguiente del lanzamiento por Hezbolá, nuevamente, de las hostilidades el 2 de marzo pasado, para «vengar la muerte del Guía Supremo iraní Ali Jamenei» en Teherán, el Consejo de Ministros adoptó una resolución estipulando que el aparato de seguridad y militar de Hezbolá es considerado desde entonces como «ilegal». Tras esta decisión, el Ministro de Información solicitó a los medios de comunicación oficiales que dejaran de mencionar una «resistencia» en sus boletines informativos y programas políticos. Eliminación del jefe militar de Hamás Señalemos, en un ámbito completamente distinto pero siempre en este contexto militar-securitario, a nivel regional esta vez, que el ejército israelí eliminó el viernes, durante un ataque dirigido en Gaza, al jefe del aparato militar de Hamás, Ezzeddine Haddad, acusado de ser uno de los cerebros del ataque mortífero del 7 de octubre de 2023 contra civiles israelíes en las afueras de Gaza. La Cumbre de Pekín El segundo asunto de carácter altamente estratégico que marcó la actualidad de este viernes 15 de mayo es el cierre de la cumbre estadounidense-china celebrada en Pekín, que había comenzado el viernes. Sin duda hay que esperar algunos días para que se divulgue información creíble y precisa sobre el balance real de las discusiones que el presidente Donald Trump y la delegación que lo acompañaba tuvieron durante estos dos días con los dirigentes chinos. De momento, algunas indicaciones significativas hechas públicas permiten esbozar los posibles efectos de esta cumbre histórica sobre el conflicto iraní. El presidente Trump ha señalado en particular una convergencia total de los puntos de vista estadounidense y chino respecto a Irán. Concretamente, el presidente Xi Jinping se suma a la posición de la Administración Trump sobre el asunto nuclear, en el sentido de que, al igual que el jefe de la Casa Blanca, afirma que en ningún caso el régimen iraní debería poder dotarse de armas nucleares. Esta posición china no es nueva, como lo ilustra la actitud que Pekín adoptó durante la votación de las cinco resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el asunto del enriquecimiento de uranio por el régimen iraní. La primera de estas resoluciones, fechada en julio de 2006, «exigía» que Teherán pusiera fin a su enriquecimiento de uranio. El régimen de los ayatolás, obviamente, hizo caso omiso de esta resolución. En diciembre del mismo año, el Consejo de Seguridad impuso sanciones a Irán para obligarlo a cumplir las disposiciones de la ONU. En vano… Tres resoluciones más fueron votadas por el Consejo de Seguridad en 2007, 2008 y 2010 para imponer a Teherán sanciones cada vez más severas. China, al igual que Moscú, no ejerció su veto, lo que reflejaba una convergencia de criterios con los países occidentales sobre la necesidad de obligar al régimen de los ayatolás a detener el proceso de enriquecimiento de uranio. Durante sus conversaciones con el presidente Trump, Xi reitero así la posición de principio de su país al respecto. Otro punto de convergencia de Xi con el jefe de la Casa Blanca (así como con los países europeos, de manera general): el rechazo a la soberanía de Irán sobre el Estrecho de Ormuz y, por lo tanto, el rechazo a la imposición de un peaje por los Guardianes de la Revolución. Paralelamente, el líder chino habría se comprometido ante su anfitrión a no suministrar material militar al régimen iraní. De estas indicaciones se deduce que la cumbre de Pekín podría tener como consecuencia un debilitamiento de la posición de Irán frente a las condiciones estadounidenses destinadas a lograr una solución política al conflicto actual. Los próximos días deberían, en cualquier caso, aclarar más la situación al respecto. La gran pregunta al respecto que volverá a plantearse a corto plazo, a la luz del balance de la cumbre de Pekín, es si el presidente Trump decidirá o no lanzar nuevas operaciones militares bien dirigidas en territorio iraní con el fin, en particular, de recuperar el uranio enriquecido y asestrar nuevos golpes severos a las infraestructuras económicas de Irán para llevar al régimen de los ayatolás a renunciar a sus aventuras irracionales y su comportamiento beligerante y arrogante, desafiando toda razón de manera totalmente descarada.

Pekín: las consecuencias de la cumbre de los dos «emperadores»

El mundo tenía la mirada puesta en Pekín el jueves 14 de mayo, donde el encuentro entre el presidente de Estados Unidos, que aún aspira a ser grande, y el presidente Xi Jinping, que desea serlo más que su interlocutor, podría tener consecuencias importantes para muchos países, tanto a corto como a largo plazo. Para algunos, sin duda numerosos, estas consecuencias podrían ser dramáticas. ¿Qué ocurrirá con el estado del mundo después? Nadie podría afirmarlo aún. El presidente Trump sin duda habló primero de comercio. El presidente Xi también. El primero muy pronto hablará de sus victorias, palabra que le encanta, en su sitio web, como de costumbre. El presidente chino lucirá su sonrisa enigmática y congelada que dejará adivinar su satisfacción por haber obtenido lo que quería. Se puede presagiar que los acuerdos comerciales fueron los primeros en discutirse y obtenerse. ¿Serán equilibrados? No está claro... El presidente de Estados Unidos tiene una necesidad urgente de satisfacer a la opinión pública estadounidense, que ya está cansada de ver dispararse los precios del petróleo, aumentar la inflación y el desempleo, y agotada de ver crecer también la escasez de ciertos materiales necesarios, como los fertilizantes bloqueados en el Golfo Pérsico. Sin contar otros materiales indispensables para mantener funcionando la maquinaria económica estadounidense, que no alcanza realmente el objetivo reclamado durante la campaña presidencial y repetido constantemente bajo el lema MAGA ( Make America Great Again ). Sabremos más al respecto cuando se anuncien las victorias del uno sin que su interlocutor —no su socio— mencione sus ganancias. Todas estas discusiones y negociaciones tienen un trasfondo geopolítico vinculado a la situación política interna estadounidense, a la necesidad de China de recuperar el nivel de suministro de petróleo y de materiales necesarios para su propio desarrollo y un crecimiento cada vez más acuciante. Los dos temas prioritarios que constituyen este trasfondo geopolítico son sin duda Irán y el Estrecho de Ormuz, estrechamente vinculados, así como Taiwán. El segundo punto será importante a largo plazo. En un primer momento, las discusiones probablemente versaron sobre el fin del apoyo estadounidense a la defensa de Taiwán a cambio de una reducción de las demostraciones y amenazas contra la isla por parte de China. Por lo tanto, el mantenimiento del status quo de momento. Ni uno ni otro quieren ir hacia un enfrentamiento. Xi tiene tiempo... hasta 2049. Mientras tanto, habrá otras presiones, otras negociaciones y la situación de Occidente será quizá, según Xi, muy diferente. Occidente podría estar preocupado, mientras tanto, por otros temas que la defensa de Taiwán, muy lejana de Estados Unidos, aunque la libertad de navegación en el estrecho llamado de Formosa (150 km de ancho) seguirá siendo un punto de fricción. La dificultad de Trump Pero todo no es tan simple para el presidente de Estados Unidos. No debe dar la impresión de abandonar Taiwán a su triste suerte sin comprometer su posición, ya dañada, como protector de los países de la península Arábiga ni empañar su imagen de fuerza y poder frente a los Guardianes de la Revolución Islámica. Como señalaba un artículo anterior de Levant Time, estos países podrían estimar rápidamente que la defensa estadounidense representa un peligro, lo que podría llevar a uno o varios de ellos a desear la salida de los estadounidenses de las bases que ocupan en esta zona. Quizá por eso Israel decidió dotar a los Emiratos Árabes Unidos de una cúpula de hierro. ¿Habría impuesto Trump esta medida? ¿En beneficio de quién resultaría este vacío? ¿Y si China, fuerte de sus relaciones con Irán, les asegurara, por su sola presencia, esa seguridad buscada para dedicarse a sus actividades en el turismo, eventos mundiales, alta tecnología, lujo y finanzas, como antaño? China sería la gran ganadora para elaborar y desarrollar sus rutas de la seda. El presidente Trump, que al llegar a la Casa Blanca para un segundo mandato creía que solo tendría que interesarse por la situación de seguridad interna —lucha contra la inmigración y el narcotráfico— y en China en el exterior, su único competidor a sus ojos, se da cuenta de que dejarse llevar por Benjamin Netanyahu es una trampa en la que cayó demasiado ingenuamente. Irán y el Estrecho de Ormuz La clave es entonces aplicarse a tratar el primer tema, y tratarlo bien para no tener que volver a él y no quedar atrapado en él. Hay en este tema común, Irán y Estrecho de Ormuz, dos aspectos sobre los que los dos presidentes tienen un interés común: lo nuclear y la libertad de navegación marítima. China se opone a la proliferación nuclear. Siempre lo ha dejado claro. En cuanto a la libre circulación en el Estrecho de Ormuz, tiene el mayor interés en verla restaurada lo más rápidamente posible. Esto no le impedirá querer limitar, o incluso prohibir, la libre circulación en el Estrecho de Taiwán. ¡La geopolítica a veces es astuta! Es demasiado pronto para especular más. Esperemos las declaraciones de victoria del Sr. Trump que sin duda surgirán y lo que diga o no diga Xi. En cuanto a la navegación marítima y todas las consecuencias de las decisiones que adopten o ratifiquen los occidentales respecto al Estrecho de Ormuz, parece útil recordar que la organización de esta circulación no se limita únicamente a acuerdos con connotación comercial o geopolítica. Esta cuestión es materia de aplicación de tratados y reglamentos internacionales. Irán firmó el 10 de diciembre de 1982, en Montego Bay, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, llamada Convención de Montego Bay (UNCLOS). Pero nunca la ratificó. Irán es por tanto signatario pero no es un Estado Parte de la Convención, lo que implica que no está vinculado por todas las obligaciones convencionales de la UNCLOS, como lo están los Estados que han ratificado el tratado. Esta situación es comparable a la de Estados Unidos: también han firmado ciertos textos relacionados con la UNCLOS pero nunca han ratificado la Convención en sí. El tema es particularmente importante para el Estrecho de Ormuz. Irán ha sostenido durante mucho tiempo que no está completamente obligado por ciertas reglas de 'tránsito de paso' previstas por la UNCLOS en los estrechos internacionales, precisamente porque no ha ratificado la Convención. Por esta razón, los Guardianes de la Revolución Islámica se arropan el derecho a gravar el paso (derechos de peaje). Sin embargo, muchos Estados consideran que varias disposiciones esenciales de la UNCLOS —en particular la libertad de navegación— son hoy parte del 'derecho internacional consuetudinario', por lo que son aplicables incluso a los Estados no Partes. Será vital para el mundo entero observar cómo se tratará y resolverá este tema. Muchos pasos o estrechos podrían estar afectados por esta cuestión y la navegación gravada por Estados ribereños. Antes de cerrar —provisionalmente— este tema, es importante no dar crédito a ciertos comentaristas que intervienen en canales de televisión o radio para tratar el tema de los estrechos y que abordan sin distinción los casos de canales como Suez o Panamá. Los canales no son estrechos. Los Dardanelos constituyen otro caso particular, al igual que el Bósforo, cuyo paso está regulado por la Convención de Montreux de 1936, escrupulosamente aplicada y respetada, en particular en lo que respecta a la presencia de fuerzas navales que no pertenecen a los Estados ribereños del Mar Negro.

Negociaciones de Washington: un avance a pesar de las dificultades

El 14 de mayo de 2026 marcó el inicio de la tercera ronda de negociaciones directas entre las delegaciones israelí y libanesa en Washington, en la sede del Departamento de Estado. Contrariamente a lo previsto, no fue el ex ministro israelí Ron Dermer, cercano al primer ministro Benjamín Netanyahu, quien presidió la delegación israelí en esta sesión, sino el embajador de Israel en Washington, Yechiel Leiter, como en las reuniones anteriores. Por el lado libanés, esta vez la delegación fue presidida por el ex embajador en Washington Simón Karam, un negociador experimentado que ya había sido designado por el presidente de la República José Aoun para formar parte del comité de supervisión del alto el fuego en el sur del Líbano (antes del presente conflicto). Según la información proporcionada por el corresponsal de MTV presente en el lugar, la atmósfera al inicio de estas negociaciones, que deberían prolongarse hasta el viernes, no es precisamente optimista. En efecto, la parte israelí mantiene su insistencia en el desarmamiento de Hezbolá antes de cualquier otro avance, amenazando con expandir la guerra en caso de no llegar a un acuerdo. La parte libanesa se ve obligada, siempre según el corresponsal, a mantener un intercambio constante de mensajes con el Líbano, lo que refleja las diferencias de opinión en el panorama político interno libanés. Sin embargo, no se puede negar el avance que supone la celebración de estas reuniones en sí mismas. En Beirut, estas negociaciones eran seguidas muy de cerca. Alrededor de las 17:00 (hora libanesa), cuando las conversaciones apenas habían comenzado, el presidente Aoun recibía en el palacio de Baabda al primer ministro Nawaf Salam para discutir sobre las negociaciones en curso. Decidieron «mantenerse en contacto continuo» para lo que sigue, según el comunicado oficial. Joe Raggi pone los puntos sobre las íes Una perspectiva oficial diferente es la del ministro libanés de Relaciones Exteriores, Joe Raggi, quien aclara las cosas en medio de la confusión reinante, precisando que para Beirut no se trata de concluir un acuerdo de paz en esta etapa, sino de poner fin a la guerra. Del lado de Hezbolá, no hay cambio en sus posiciones. Las declaraciones hostiles hacia las negociaciones directas han continuado, como en los días anteriores. Cabe destacar en este contexto esta broma del diputado Hussein Hajj Hassan: «La Resistencia sigue en plena forma, y nadie podrá convertir los deseos estadounidenses e israelíes en realidad». Pero lo más importante a destacar de este día son las declaraciones del presidente del Parlamento Nabih Berry, quien además es líder del movimiento Amal (aliado chií de Hezbolá). En una entrevista concedida a un periódico local, estimó que «todo se derrumbará» si no hay un verdadero alto el fuego. Incluso planteó las siguientes condiciones: retirada total de los territorios ocupados; reconstrucción; despliegue del ejército libanés y retorno de los habitantes del Sur a sus hogares. Una manera de posicionarse nuevamente en el centro de atención cuando, apenas hace unos días, un funcionario de Hezbolá, Mahmoud Comati, acusaba al presidente Aoun de no tener en cuenta al presidente del Parlamento en su decisión de emprender negociaciones… A lo que el líder de las Fuerzas Libanesas Samir Geagea respondió en una entrevista en MTV: Berry puede opinar sobre los resultados de las negociaciones, pero no puede dirigirlas; el expediente está en manos del presidente de la República. Mientras tanto, el Sur continúa ardiendo. El jueves, los avisos de evacuación israelíes incluso llegaron a pueblos de la Bekaa, como Sohmor, mostrando una vez más que la expansión de los combates está en curso. Los ataques, bombardeos de drones y asesinatos selectivos continúan a un ritmo acelerado, al igual que los ataques de Hezbolá que también prosiguen. La visita de Trump a China El otro evento del día es mundial y podría tener consecuencias en múltiples frentes. El presidente estadounidense Donald Trump es recibido con gran pompa en China por su homólogo chino Xi Jinping. Con su exuberancia habitual, Trump llamó a Xi su «amigo» y promete un «futuro fabuloso» en las relaciones entre los dos gigantes. Xi consideró esta visita como «histórica». Pero más allá de estas sonoras declaraciones y la impresionante acogida con abundancia de banderas chinas y estadounidenses, discusiones tensas marcan estos dos días de visita oficial. Los estadounidenses llegaron muy bien preparados, con una impresionante delegación que acompaña al presidente e incluye, además de los altos funcionarios de la Administración Trump, una quincena de directores de las mayores empresas estadounidenses. Los temas controvertidos y los asuntos sobre cuestiones internacionales no faltan: Taiwán (sobre este punto, la declaración de Xi Jinping fue particularmente firme); la guerra comercial; la guerra en Ucrania… Pero el tema que más interesa al Oriente Medio es sin duda la guerra contra Irán, que fue ampliamente discutida entre las dos delegaciones, como sugieren las declaraciones que siguieron. Por la noche (hora del Levante), el presidente Trump declaró a Fox News que «el presidente chino ofreció su ayuda respecto al Estrecho de Ormuz» y se «ha comprometido a no enviar equipos militares a Irán». Hasta ahora, todo indica que Teherán ha estado recibiendo armas de este aliado al que vende petróleo a precio preferencial. Más allá de estas declaraciones, ¿cuál podría ser el «acuerdo» que se habría alcanzado entre bastidores? No hay duda de que esta cumbre debe tener importantes repercusiones en el conflicto de Oriente Medio, lo que los próximos días deberían aclarar. El sitio estadounidense Axios publicó información según la cual las opciones del presidente Trump, a su regreso de China, serían reanudar el «proyecto de libertad» que consistía en escoltar con la armada estadounidense a los buques que deseen cruzar el Estrecho. Otra opción que se estaría considerando: nuevos ataques contra las infraestructuras iraníes. En este contexto, una información que podría dar una pista de los cambios por venir: la perspectiva de que Estados Unidos abastezca de petróleo a China para reducir la dependencia del Estrecho de Ormuz y, por lo tanto, la dependencia respecto a Irán. El otro desarrollo notable de este 14 de mayo es la reunión de los ministros de Relaciones Exteriores de los países de los BRICS en Nueva Delhi, India, en la que participaron, entre otros, los ministros iranio, Abbas Araghchi, y emiratí, el jeque Abdulá ben Zayed Al Nahyan. Durante esta reunión, Araghchi arremetió violentamente contra su homólogo emiratí (como él mismo anunció en su cuenta de Telegram), acusando a los Emiratos Árabes Unidos de haber participado en los ataques israeloestadounidenses contra Irán, y pidiéndole que revisara su política hacia Teherán después de constatar que la alianza con Israel no les había traído ningún beneficio. Irónicamente, ha sido Irán quien ha lanzado ataques diarios contra los Emiratos Árabes Unidos y contra otros países del Golfo desde el comienzo de esta guerra. ¿Están pagando los EAU el precio de su retirada de la OPEP desde principios de mayo y de su acercamiento al eje estadounidense-israelí?

Entre Trump, Putin, Xi Jinping e Irán: una nueva geopolítica se vislumbra (1/2)

Cambios radicales comienzan a tomar forma en un mundo que lleva veinte años viendo agonizar el orden global que prevaleció desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, para dar paso a un nuevo orden que asoma en el horizonte. Desde el inicio de su segundo mandato, y conforme a su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS 2025), el presidente Donald Trump redefinió las prioridades de Estados Unidos. Estos son, en primer lugar, los asuntos internos (America First) y el continente americano. Respecto al resto del mundo, considera que Europa debería asumir su propia defensa y dejar de depender de Estados Unidos, como lo ha hecho desde 1945. Además, estima que Rusia, pese a su comportamiento beligerante, ya no representa un peligro, pues ha demostrado ser incapaz de derrotar a Ucrania y no cuenta con la capacidad para invadir Europa. El jefe de la Casa Blanca cree que la rivalidad militar con China, en torno a Taiwán y el mar de China Meridional, no impide una distensión en el plano económico con Pekín. De hecho, el consumidor estadounidense necesita mercancías chinas a precios competitivos y, a cambio, las industrias chinas tienen una necesidad urgente del mercado estadounidense, que representa el 25% del mercado mundial, además de buscar un acceso más amplio a la tecnología estadounidense. En cuanto a la estrategia nacional china, esta se centra en el Partido Comunista Chino y en su dirigente de poderes absolutos, Xi Jinping. Su objetivo es convertirse en una potencia global y alcanzar la autosuficiencia en materias primas industriales. Esto ya se ha logrado en varios sectores, pero China sigue enfrentando un rezago crítico en la producción autónoma de chips electrónicos de alta gama, especialmente aquellos vinculados a la inteligencia artificial, que solo Estados Unidos puede suministrarle. Por otro lado, Xi Jinping enfrenta el colapso del sector inmobiliario y una sobreproducción industrial acompañada por el debilitamiento del consumo interno, que absorbe cada vez menos esa sobreproducción, especialmente en los sectores de vehículos eléctricos y energías renovables. Por ello, tiene una doble necesidad urgente: reabrir el mercado estadounidense para la industria china y garantizar la continuidad de su cadena de suministro desde Estados Unidos, especialmente en alimentos, chips electrónicos, petróleo y gas, aviones Boeing y productos de alta tecnología. Los casos ruso e iraní En cuanto a Vladimir Putin, enfrenta una desaceleración del crecimiento económico y escasez de mano de obra. Su gobierno vende activos y sitios históricos para asegurar ingresos, evitar la emisión de dinero y prevenir una devaluación monetaria. El aumento del precio del petróleo beneficia a Rusia en el contexto del cierre del estrecho de Ormuz, pero aunque su producción se encuentra al máximo, esto no resuelve sus problemas económicos, sin contar el enorme peso financiero de la guerra en Ucrania. Los medios rusos reportan ahora abiertamente estas dificultades. Además, la moral de sus tropas está en descenso y la guerra, prolongada ya durante cuatro años, se ha vuelto impopular. Putin enfrenta presiones internas y externas, particularmente del presidente Trump, para poner fin al conflicto. Por ello, necesita una estrategia de salida. Finalmente, Irán está asfixiado por un bloqueo naval que ya dura más de un mes, tras los ataques estadounidenses e israelíes de junio de 2025 y la guerra de febrero-abril de 2026. Para Trump, la República Islámica constituye un gran peligro nuclear, un obstáculo para la estabilización de Medio Oriente y una amenaza para la libre navegación en el estrecho de Ormuz. Teherán, por su parte, sigue mostrándose inflexible ante una solución en los términos exigidos por Washington. Una maraña de intereses en torno al dossier iraní Rusia y China bloquean una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que exige la reapertura del estrecho de Ormuz por parte de Irán, y continúan apoyando militarmente a Teherán en inteligencia y tecnología. Rusia le suministra municiones, pero China no. Sin embargo, estas ayudas se mantienen por debajo de cierto límite para evitar un conflicto abierto con Washington. No existe un eje claro Teherán-Moscú-Pekín. Por el contrario, desde abril de 2026 se observan contactos bilaterales separados entre Estados Unidos y cada uno de estos tres países. Las conversaciones entre Trump y Putin se intensifican; la cumbre Trump-Xi Jinping se celebró esta semana en Pekín; y las negociaciones indirectas entre Washington y Teherán, a través de Pakistán, continúan pese al cierre de Ormuz por parte de Irán y al bloqueo naval estadounidense impuesto a los puertos iraníes. Estas negociaciones se desarrollan al margen de Moscú, mientras Pekín juega un papel discreto. Prioridad a las negociaciones Está claro que Trump, Xi Jinping, Putin y Ali Khamenei necesitan negociar debido a las presiones internas y externas que enfrentan cada uno. Todos sufren tensiones económicas y afrontan críticas y oposiciones internas. En el caso de Estados Unidos, el problema radica en el aumento del costo de vida que afecta al consumidor estadounidense debido al alza en los combustibles y a los aranceles que encarecieron los productos chinos. En cuanto a Rusia e Irán, las guerras y sanciones a las que están sometidos pesan fuertemente sobre sus economías y sus cadenas de suministro. China, por su parte, bordea la recesión debido al aumento de los precios del petróleo, las necesidades de productos agrícolas y tecnológicos, y la necesidad de un mayor acceso al mercado estadounidense. Esbozo de un reposicionamiento geopolítico entre Trump y Putin Trump había invitado a Putin a Alaska en agosto de 2025, proponiéndole el levantamiento de sanciones y el establecimiento de buenas relaciones económicas y energéticas a cambio de la paz en Ucrania. Tres meses después, llegó incluso a reconocer parcialmente la soberanía rusa sobre los territorios ucranianos ocupados, en su plan de paz de veinte puntos. Está claro que ya no considera a Rusia como una amenaza y busca mantener un equilibrio estratégico entre Moscú y Europa, siendo el fin de la guerra en Ucrania una condición necesaria para ello. Estos incentivos económicos y territoriales de Trump no parecían hacer ceder a Putin. Sin embargo, el pasado 29 de abril, el presidente ruso llamó por sorpresa a Trump y mantuvo con él una conversación de 90 minutos. La llamada ocurrió quince días antes de la cumbre Trump-Xi Jinping y deja entrever las dificultades internas de Putin y su temor a un acercamiento sino-estadounidense que pudiera marginar a Rusia. Durante la conversación, el mandatario ruso habló principalmente de reactivar los intercambios económicos y la cooperación energética entre ambos países, prácticamente anulados desde la invasión de Ucrania en 2022, además de que Trump ya había reanudado los intercambios comerciales con Rusia. Estos alcanzaron un volumen de 4.400 millones de dólares en 2025, después de haber caído prácticamente a cero desde 2022, cuando en 2021 eran de 37.000 millones de dólares. Revelaciones publicadas por The Wall Street Journal a finales de 2025 señalaban la existencia de un proyecto discreto entre Moscú y Washington para impulsar una inversión estadounidense masiva en Rusia. Durante la conversación telefónica mencionada, Trump convenció a Putin de establecer el breve alto el fuego en Ucrania del 9 al 11 de mayo, acompañado de un intercambio de 1000 prisioneros por cada bando. Esperaba prolongar la tregua, pero las hostilidades se reanudaron inmediatamente después de su expiración. A pesar de la intensidad de los combates, Putin muestra hoy una gran flexibilidad: el 9 de mayo, durante la celebración de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, declaró que la guerra en Ucrania se acerca a su fin y que desea terminarla mediante negociaciones que incluyan a los europeos, anunciando así su intención de construir una nueva relación con Europa. La posible resolución del conflicto en Ucrania dependerá del posicionamiento de China y Europa tras los resultados de la cumbre Trump-Xi Jinping y de las reacciones europeas al discurso pronunciado por Putin el 9 de mayo. El presidente ruso teme que un acercamiento entre Pekín y Washington aísle aún más a Moscú, de ahí su apertura hacia Europa.

Gibran Khalil Gibran: un puente de luz entre Oriente y Occidente (1/3)

“No soy más que una pequeña nube que viaja por el cielo, sin saber adónde va ni de dónde viene.” Hay almas que ninguna frontera puede contener y que ninguna etiqueta puede definir. Gibran Khalil Gibran es una de ellas. A la vez célebre y desconocido, sigue siendo una de las figuras más fascinantes del siglo XX. Nacido en el Líbano, creció en la efervescencia de Boston y de Nueva York. A través de su obra, Gibran desmintió la teoría de Kipling según la cual “Oriente y Occidente nunca podrán encontrarse”, pues logró encarnar al mismo tiempo lo mejor del Oriente místico y del Occidente moderno y cartesiano. Con frecuencia reducido al inmenso éxito mundial de su obra maestra, El profeta (el libro más leído en Estados Unidos después de la Biblia), Gibran fue un artista total, un “buscador de absoluto” que manejaba el pincel con la misma pasión que la pluma. Su obra todavía resuena hoy con una modernidad desarmante. ¿Era pintor, pensador, poeta, escritor o todo eso a la vez? Auguste Rodin, tras conocerlo en París, habría dicho sobre él: “El mundo espera a un nuevo William Blake, y ha nacido en Oriente”. En efecto, al igual que William Blake, Gibran no se consideraba un escritor que pintaba, sino un artista cuya reflexión se expresaba indistintamente a través de la pluma o el pincel. Para comprender a este personaje, abordaremos las influencias que moldearon tanto al pensador y escritor, quien sería el más leído del mundo después de Shakespeare y Lao Tse, como al pintor cuyas obras etéreas buscan representar el alma humana despojada de sus artificios sociales. 1883-1931: una vida entre dos mundos Gibran nació en 1883 en Bsharri, un pueblo cristiano del norte del Líbano, entonces bajo el Imperio otomano, en el seno de una familia cristiana maronita. Su abuelo era sacerdote. Tenía apenas 12 años cuando su madre emigró con él y sus dos hermanas a Boston, en Estados Unidos, para escapar de la pobreza y de un esposo alcohólico. Los inicios en Estados Unidos fueron difíciles, marcados por la muerte de su medio hermano, su hermana y su madre, víctimas de tuberculosis. Entre 1908 y 1910 regresó a Beirut para estudiar en el Colegio de la Sabiduría, antes de viajar a París, donde asistió durante dos años a la Academia Julian para perfeccionar su técnica pictórica. Allí conoció, entre otros, a Auguste Rodin. Las mujeres y Gibran “La mujer es el templo de la vida.” “En los ojos de una mujer se puede leer la historia de la humanidad, porque ella lleva en sí el misterio de la creación y la fuerza del amor incondicional.” Las mujeres desempeñaron un papel esencial en la vida de Gibran. Les profesaba una admiración y un respeto absolutos, sin considerarlas jamás un objeto de deseo. Como él mismo confesaba, estuvo acompañado toda su vida por mujeres excepcionales. Aunque nunca se casó, amó a varias mujeres. Durante toda su vida llamó a la emancipación de la mujer árabe, alentándola a romper las cadenas de las tradiciones y de la sociedad patriarcal. Entre las mujeres de su vida está, en primer lugar, su madre, a quien profesaba una devoción total, admirando el coraje que había demostrado al dejarlo todo para emigrar a Estados Unidos y ofrecer una vida mejor a sus hijos. Una anécdota ilustra perfectamente su relación con las mujeres: durante su estancia en París, una modelo que posaba desnuda para artistas quedó tan conmovida por el respeto de Gibran que terminó encariñándose con él. Como muestra de gratitud, le lavaba la ropa todos los días, gratuitamente. Mary Haskell Fue su mentora y mecenas. Desempeñó un papel fundamental en su vida. Lo introdujo en los círculos artísticos y editoriales de Nueva York y contribuyó al lanzamiento de su carrera. Aunque era diez años mayor que él, fue la única mujer a quien Gibran le propuso matrimonio. Su relación está detallada en el diario íntimo de Mary Haskell, publicado después de su muerte. May Ziadé Es una de las historias de amor más bellas y extrañas de la literatura mundial. Gibran vivía en Nueva York y May Ziadé, escritora feminista, en El Cairo. Mantuvieron correspondencia durante veinte años sin llegar a conocerse jamás. Sus intercambios combinaban debates intelectuales, apoyo moral y una pasión mística. Esta relación ilustra perfectamente el concepto gibraniano del amor: una unión de almas que trasciende la relación física y las fronteras geográficas. Él la consideraba su alter ego. También puede mencionarse su relación de amistad con Barbara Young, su secretaria, quien lo ayudó en sus escritos en inglés al final de su vida.