Logotipo de Levant Time
Volver al artículo
Análisis

Entre Trump, Putin, Xi Jinping e Irán: una nueva geopolítica se vislumbra (1/2)

Imagen destacada de la noticia
La plaza de Tiananmén está adornada con banderas estadounidenses y chinas bajo la mirada vigilante del Gran Timonel, cuyo retrato domina la entrada de la Ciudad Prohibida… (Yomiuri Shimbun/AFP)
Retrato del autor
Por Khalil Helou
Publicado may 14, 2026 - 21:13

Cambios radicales comienzan a tomar forma en un mundo que lleva veinte años viendo agonizar el orden global que prevaleció desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, para dar paso a un nuevo orden que asoma en el horizonte.

Desde el inicio de su segundo mandato, y conforme a su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS 2025), el presidente Donald Trump redefinió las prioridades de Estados Unidos. Estos son, en primer lugar, los asuntos internos (America First) y el continente americano. Respecto al resto del mundo, considera que Europa debería asumir su propia defensa y dejar de depender de Estados Unidos, como lo ha hecho desde 1945. Además, estima que Rusia, pese a su comportamiento beligerante, ya no representa un peligro, pues ha demostrado ser incapaz de derrotar a Ucrania y no cuenta con la capacidad para invadir Europa.

El jefe de la Casa Blanca cree que la rivalidad militar con China, en torno a Taiwán y el mar de China Meridional, no impide una distensión en el plano económico con Pekín. De hecho, el consumidor estadounidense necesita mercancías chinas a precios competitivos y, a cambio, las industrias chinas tienen una necesidad urgente del mercado estadounidense, que representa el 25% del mercado mundial, además de buscar un acceso más amplio a la tecnología estadounidense.

En cuanto a la estrategia nacional china, esta se centra en el Partido Comunista Chino y en su dirigente de poderes absolutos, Xi Jinping. Su objetivo es convertirse en una potencia global y alcanzar la autosuficiencia en materias primas industriales. Esto ya se ha logrado en varios sectores, pero China sigue enfrentando un rezago crítico en la producción autónoma de chips electrónicos de alta gama, especialmente aquellos vinculados a la inteligencia artificial, que solo Estados Unidos puede suministrarle.

Por otro lado, Xi Jinping enfrenta el colapso del sector inmobiliario y una sobreproducción industrial acompañada por el debilitamiento del consumo interno, que absorbe cada vez menos esa sobreproducción, especialmente en los sectores de vehículos eléctricos y energías renovables. Por ello, tiene una doble necesidad urgente: reabrir el mercado estadounidense para la industria china y garantizar la continuidad de su cadena de suministro desde Estados Unidos, especialmente en alimentos, chips electrónicos, petróleo y gas, aviones Boeing y productos de alta tecnología.

Los casos ruso e iraní

En cuanto a Vladimir Putin, enfrenta una desaceleración del crecimiento económico y escasez de mano de obra. Su gobierno vende activos y sitios históricos para asegurar ingresos, evitar la emisión de dinero y prevenir una devaluación monetaria. El aumento del precio del petróleo beneficia a Rusia en el contexto del cierre del estrecho de Ormuz, pero aunque su producción se encuentra al máximo, esto no resuelve sus problemas económicos, sin contar el enorme peso financiero de la guerra en Ucrania.

Los medios rusos reportan ahora abiertamente estas dificultades. Además, la moral de sus tropas está en descenso y la guerra, prolongada ya durante cuatro años, se ha vuelto impopular. Putin enfrenta presiones internas y externas, particularmente del presidente Trump, para poner fin al conflicto. Por ello, necesita una estrategia de salida.

Finalmente, Irán está asfixiado por un bloqueo naval que ya dura más de un mes, tras los ataques estadounidenses e israelíes de junio de 2025 y la guerra de febrero-abril de 2026. Para Trump, la República Islámica constituye un gran peligro nuclear, un obstáculo para la estabilización de Medio Oriente y una amenaza para la libre navegación en el estrecho de Ormuz. Teherán, por su parte, sigue mostrándose inflexible ante una solución en los términos exigidos por Washington.

Una maraña de intereses en torno al dossier iraní

Rusia y China bloquean una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que exige la reapertura del estrecho de Ormuz por parte de Irán, y continúan apoyando militarmente a Teherán en inteligencia y tecnología. Rusia le suministra municiones, pero China no. Sin embargo, estas ayudas se mantienen por debajo de cierto límite para evitar un conflicto abierto con Washington.

No existe un eje claro Teherán-Moscú-Pekín. Por el contrario, desde abril de 2026 se observan contactos bilaterales separados entre Estados Unidos y cada uno de estos tres países. Las conversaciones entre Trump y Putin se intensifican; la cumbre Trump-Xi Jinping se celebró esta semana en Pekín; y las negociaciones indirectas entre Washington y Teherán, a través de Pakistán, continúan pese al cierre de Ormuz por parte de Irán y al bloqueo naval estadounidense impuesto a los puertos iraníes. Estas negociaciones se desarrollan al margen de Moscú, mientras Pekín juega un papel discreto.

Prioridad a las negociaciones

Está claro que Trump, Xi Jinping, Putin y Ali Khamenei necesitan negociar debido a las presiones internas y externas que enfrentan cada uno. Todos sufren tensiones económicas y afrontan críticas y oposiciones internas.

En el caso de Estados Unidos, el problema radica en el aumento del costo de vida que afecta al consumidor estadounidense debido al alza en los combustibles y a los aranceles que encarecieron los productos chinos. En cuanto a Rusia e Irán, las guerras y sanciones a las que están sometidos pesan fuertemente sobre sus economías y sus cadenas de suministro.

China, por su parte, bordea la recesión debido al aumento de los precios del petróleo, las necesidades de productos agrícolas y tecnológicos, y la necesidad de un mayor acceso al mercado estadounidense.

Esbozo de un reposicionamiento geopolítico entre Trump y Putin

Trump había invitado a Putin a Alaska en agosto de 2025, proponiéndole el levantamiento de sanciones y el establecimiento de buenas relaciones económicas y energéticas a cambio de la paz en Ucrania. Tres meses después, llegó incluso a reconocer parcialmente la soberanía rusa sobre los territorios ucranianos ocupados, en su plan de paz de veinte puntos. Está claro que ya no considera a Rusia como una amenaza y busca mantener un equilibrio estratégico entre Moscú y Europa, siendo el fin de la guerra en Ucrania una condición necesaria para ello.

Estos incentivos económicos y territoriales de Trump no parecían hacer ceder a Putin. Sin embargo, el pasado 29 de abril, el presidente ruso llamó por sorpresa a Trump y mantuvo con él una conversación de 90 minutos. La llamada ocurrió quince días antes de la cumbre Trump-Xi Jinping y deja entrever las dificultades internas de Putin y su temor a un acercamiento sino-estadounidense que pudiera marginar a Rusia.

Durante la conversación, el mandatario ruso habló principalmente de reactivar los intercambios económicos y la cooperación energética entre ambos países, prácticamente anulados desde la invasión de Ucrania en 2022, además de que Trump ya había reanudado los intercambios comerciales con Rusia. Estos alcanzaron un volumen de 4.400 millones de dólares en 2025, después de haber caído prácticamente a cero desde 2022, cuando en 2021 eran de 37.000 millones de dólares.

Revelaciones publicadas por The Wall Street Journal a finales de 2025 señalaban la existencia de un proyecto discreto entre Moscú y Washington para impulsar una inversión estadounidense masiva en Rusia. Durante la conversación telefónica mencionada, Trump convenció a Putin de establecer el breve alto el fuego en Ucrania del 9 al 11 de mayo, acompañado de un intercambio de 1000 prisioneros por cada bando. Esperaba prolongar la tregua, pero las hostilidades se reanudaron inmediatamente después de su expiración. A pesar de la intensidad de los combates, Putin muestra hoy una gran flexibilidad: el 9 de mayo, durante la celebración de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, declaró que la guerra en Ucrania se acerca a su fin y que desea terminarla mediante negociaciones que incluyan a los europeos, anunciando así su intención de construir una nueva relación con Europa.

La posible resolución del conflicto en Ucrania dependerá del posicionamiento de China y Europa tras los resultados de la cumbre Trump-Xi Jinping y de las reacciones europeas al discurso pronunciado por Putin el 9 de mayo. El presidente ruso teme que un acercamiento entre Pekín y Washington aísle aún más a Moscú, de ahí su apertura hacia Europa.

Artículos relacionados
Ver todo
Vídeos relacionados
Ver todo
Podcasts relacionados
Ver todo