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Homenaje
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Por Michel Hajji Georgiou
Publicado sep 6, 2026 - 13:31
El jugador argentino, que puso fin a su carrera internacional el 31 de agosto de 2026, no era nada menos que un prestidigitador de los estadios. Su trayectoria, hecha de prodigios, caídas y redención, quizá diga algo sobre nuestra intacta necesidad de encantamiento en un mundo que, sin embargo, pretende haberse desprendido de él. Anunciado pocas semanas después de la final del Mundial de 2026 perdida ante España, el retiro internacional de Lionel Messi no dejó de provocar una emoción para la cual resulta difícil encontrar muchos equivalentes en la historia reciente del futbol. Probablemente habría que remontarse a Maradona, o también a Cruyff o Pelé, para recuperar esa sensación de que, con el retiro de un jugador, desaparece algo que rebasa con mucho al deporte mismo, como si cierta manera de habitar el futbol, o incluso de creer en él, llegara también a su fin. Lejos de los glacis de la razón Basta de estadísticas interminables y de esas insoportables disputas, tediosas y estériles, sobre “quién es el mejor de todos los tiempos”. El autor de estas líneas nunca ha sido un fanático del balón, ni de las clasificaciones verticales o de una jerarquía del mérito en general, y, por lo tanto, aprecia el talento de cada jugador con la misma mirada maravillada de un niño de once años. Por lo demás, esta obsesión particularmente contemporánea por las cifras arruina todo el placer del espectáculo. Y con razón: el procedimiento que consiste en sumar goles, asistencias, Balones de Oro, Ligas de Campeones, Copas América, Mundiales… no puede sino ser reduccionista. No deja de recordar, en otro registro, la crítica desarrollada por el filósofo germano-estadounidense Eric Voegelin contra la tentación gnóstica moderna: la de un saber convencido de que puede encerrar la realidad en un sistema y abolir aquello que se le resiste. Los récords son probablemente un indicador del genio de Lionel Messi. Pero tantos otros grandes jugadores que hicieron vibrar los estadios y los corazones, y que no lograron ni la mitad de sus hazañas, permanecen sin embargo eternos en la memoria. Lo que los hizo verdaderamente singulares se encuentra en otra parte, lejos de los glacis de la razón. Algo más se jugó alrededor de ellos. Algo que pertenece a cierto sentido profundo de la trascendencia, que el entendimiento nunca podría captar por completo. Ese es el caso de Lionel Messi desde hace más de veinte años, desde el día en que, bajo la mirada del “ícono” Diego Maradona, realizó su primera aparición, en junio de 2006, en la arena mundialista con los colores de la Albiceleste frente a Serbia y Montenegro. Ahora bien, ese elemento indecible que constituye el genio de Messi, como el de otros, toca quizá una de las paradojas más curiosas de la modernidad: la persistencia de la magia en un mundo que precisamente se construyó contra ella. El mundo desencantado Max Weber hablaba del desencantamiento del mundo para designar ese lento proceso mediante el cual la modernidad occidental sometió progresivamente la existencia a la racionalización, al cálculo, a la previsibilidad y a la explicación causal. El mundo ya no debía estar recorrido por poderes oscuros, signos, intervenciones sobrenaturales o voluntades invisibles; debía, al menos en principio, volverse inteligible. Por desgracia, el deporte moderno, y más ampliamente el mundo moderno heredado de la globalización, se inscribe perfectamente en esta dinámica. El futbol de hoy, y no solamente el futbol, es probablemente uno de los objetos más cuantificados que existen. El menor gesto se mide, y todo se calcula y modela cuidadosamente. De las matemáticas a la inteligencia artificial, el talento bruto depende ahora más de la ciencia que del encantamiento. Es aquello que hay de humano en su relación espontánea, incluso salvaje, con lo invisible que nace del corazón, lo que desaparece ante nuestros ojos en beneficio de la cuadratura del VAR. Es, de algún modo, el asesinato del deporte en nombre de una mayor rigurosidad y equidad… aun cuando la eutanasia de esa parte de espontaneidad sublime termine provocando ella misma injusticias flagrantes. Basta volver sobre algunas de las decisiones controvertidas del Mundial de 2026 para comprobarlo. Paradoja de paradojas, el propio Lionel Messi fue, desde el origen, hijo de esta modernidad técnica, a la que ciertamente debe una parte de su excepcional carrera. Su cuerpo, demasiado pequeño para los estándares esperados, fue corregido mediante un tratamiento hormonal. Detectado muy pronto, su talento quedó a cargo de una institución que organizó su formación, su alimentación, su desarrollo físico y su integración en una maquinaria deportiva ya globalizada. Nada, en apariencia, podía estar más alejado del viejo relato heroico. De entrada, la historia se parece más a distopías del tipo de Gattaca que al mundo de los mitos y los relatos mesiánicos. Y, sin embargo, aquel viejo relato regresó. Y lo hizo incluso con una insistencia casi embarazosa. Desde el inicio de su carrera, Lionel Messi fue puesto bajo el microscopio. Pero cuanto más se obstinaban en explicarlo y desmitificarlo, menos lograban disipar por completo la impresión producida por algunos de sus gestos. El hombre, sencillamente, no consigue ser circunscrito ni reducido a una acumulación de datos. A la edad en que la mayoría de los grandes jugadores regresan a las sombras, él sigue sorprendiendo. Incluso dejando estupefacto al mundo, al aportar al deporte esa parte de insensatez que escapa a la hipersistematización casi robótica del mundo. Probablemente sea ahí donde haya que buscar ese otro lugar que caracteriza a Messi. En una supervivencia de la magia en un momento en que incluso los espacios que permitían la expresión positiva de una humanidad hecha de carne y sangre van siendo progresivamente “disciplinados” por esa atracción hipnótica hacia una nueva gnosis puritana en nombre de la modernidad. El Mesías fabricado por la máquina Aunque surgido, en cierto modo, de la máquina matricial, Lionel Messi constituye por sí mismo un cuestionamiento de este modelo de prêt-à-porter . Una especie de alter ego del Neo de Matrix , arrojado a una simulación regida por parámetros que pretenden calcularlo todo. El destino del argentino adquirió progresivamente, casi a pesar suyo, la forma de un relato mesiánico. El juego de palabras con su nombre sería demasiado fácil si su propia historia no lo hubiera relanzado constantemente: la del niño frágil, al que el cuerpo parecía querer negar la realización a la que su talento lo destinaba. Luego la del exilio muy joven hacia Barcelona, la adopción por una ciudad extranjera, el ascenso casi irreal, el reconocimiento mundial y, después, esa extraña dificultad para ser reconocido por los suyos… Porque, durante mucho tiempo, Argentina mantuvo una relación de hainamoration con su hijo pródigo. Poco importaban sus resultados, su talento, su brillantez… tenía que responder a una sola pregunta, despiadada: ¿por qué no era Maradona? La comparación era ciertamente inevitable, pero también profundamente injusta. Todo separaba a ambos hombres en su manera de estar en el mundo. Maradona cargaba con Argentina y con todo lo que ella podía tener de pasional, contradictorio, excesivo y teatral. Hablaba, provocaba, peleaba, caía, volvía, mezclaba con el futbol su vida privada, sus cóleras, sus compromisos políticos… hasta su propia destrucción. Su cuerpo mismo parecía convertirse en uno de los lugares donde se escenificaban las contradicciones de su país. Maradona era la encarnación misma de lo que el mundo esperaba del futbol: un alma rebelde, llevando a veces el juego hasta la inmoralidad, pero dentro de una suerte de gigantomaquia futbolística. Maradona era épico. Y, sobre todo, había colocado a su país en el firmamento del futbol en 1986. Messi, en cambio, no ofrecía nada de eso. Era silencioso, a veces casi ausente del relato que los demás construían a su alrededor, ausencia que durante mucho tiempo fue interpretada como un defecto. Casi borrado, sin personalidad. Eso era, además, lo que le reprochaban los dos gigantes, Maradona y Pelé: carecer de liderazgo, ser demasiado liso. Una especie de bebé de probeta milagroso de los estadios. También se reprochaba al niño de Rosario no cantar suficientemente el himno, no ser lo bastante argentino, haber sido “fabricado” por Barcelona y, naturalmente, no ganar con la selección lo que ganaba casi continuamente con su club. La profecía inconclusa La final del Mundial de 2014 perdida dramáticamente contra Alemania, seguida de las finales de la Copa América de 2015 y 2016, habían transformado progresivamente aquella sospecha en acusación. Cuando falló su penal ante Chile en 2016 y anunció después que abandonaba la selección, ya era, sin embargo, uno de los más grandes jugadores de la historia del futbol. Pero su relato permanecía extrañamente inconcluso. La sensación de incompletud apenas tenía que ver con su palmarés. Se trataba más bien de esa necesidad casi arcaica que se impone continuamente a los héroes modernos: consumar su recorrido iniciático. Con los colores argentinos, Messi brillaba y después caía pesadamente. Pero no se levantaba. No cumplía la profecía. Y, ante los ojos de su pueblo, aquello reforzaba el sentimiento de hainamoration: un dios caído sigue siendo, pese a todo, un dios. Pero con un añadido que, a ojos de sus adoradores, constituye un sustrato de humanidad insoportable y, por lo tanto, perfectamente detestable: sus taras, sus debilidades. Los argentinos amaban a Maradona a pesar de su espectacular decadencia y de su humanidad falible. Pero era porque había “merecido” esa decadencia, porque, de algún modo, se había vuelto aceptable después de México 1986. Messi, en cambio, todavía no tenía derecho a caer, porque todavía no había alcanzado la cima. No, la profecía no se había cumplido. Incluso empezaba a convertirse en caricatura. Messi volvió, entonces. Pero todavía tuvo que esperar su redención. Hubo que esperar a la Copa América de 2021, en el Maracaná, para que esa relación hecha de sospecha, espera y decepción con su público y con su pueblo comenzara verdaderamente a cambiar. Y hubo que esperar, sobre todo, al Mundial de 2022 para que la historia adquiriera esa forma casi demasiado perfecta que nadie se habría atrevido a escribir sin parecer entregarse a una facilidad de guionista. Curiosamente, Maradona había muerto en 2020. Era como si una especie de maldición nacional opresiva se hubiera levantado. Al mismo tiempo, el pueblo argentino necesitaba una figura paterna de sustitución y la presión no hizo sino redoblarse. ¿Pero quizá mezclada, esta vez, con un poco de ternura? Lo ocurrido en Qatar en 2022 resulta aún más interesante porque el propio Messi aparece ligeramente distinto. Protesta más, responde a las provocaciones, se enfurece, habla con una violencia que pocos le creían capaz de desplegar e incluso deja escapar aquel “¿Qué mirás, bobo?” frente a los neerlandeses que divierte a Argentina. Buenos Aires descubre por fin, tardíamente, lo que siempre había esperado de él. Un poco de Maradona dentro de mucho Messi. Pero Messi no se convierte por ello en Maradona. Y quizá sea precisamente ahí donde se produzca la verdadera reconciliación: Argentina deja de pedirle que lo sea. A partir de 2022, Messi ya no necesita encarnar otro modelo del genio nacional. Finalmente puede convertirse también para su país en aquello que ya había sido en todas partes: Messi. Simplemente. El acto final de la profecía Ciertamente, el triunfo de 2022 habría podido constituir un final perfecto. Pero, como en el caso de Maradona, el acto final de la profecía heroica es la caída. Ya nadie esperaba realmente algo excepcional de Messi en 2026. A sus 39 años, se consideraba ampliamente que formaba parte de los “héroes cansados”. La caída del Capitolio había ocurrido con el amargo episodio de su salida del FC Barcelona y su desventura en el PSG. Ya no jugaba sino en la liga estadounidense, con los colores de Miami… en la periferia del mundo del futbol, en las lejanas tierras del soccer . Y la nueva generación ya estaba allí, lista para mandar a los ancestros a Bicêtre. Sin embargo, aquel Mundial de 2026, que parecía destinado a no ser más que un epílogo, se transformó en un último golpe de brillo sensacional. Argentina alcanzó nuevamente la final, con un Messi que, a los 39 años, volvía a ser su “líder histórico” y su recurso en los momentos decisivos, logrando algo que no dejaba de recordar lo que Roberto Baggio había hecho por Italia en 1994, a los… 27 años: el deus ex machina permanente. Baggio fracasó a las puertas del triunfo contra Brasil después de haber llevado prácticamente a Italia hasta Pasadena. Su penal lanzado por encima del travesaño dejó una de las imágenes más crueles de la historia de los Mundiales: la de un hombre inmóvil, con la cabeza baja y las manos en la cintura, mientras Brasil celebraba su victoria. Aquel que había “muerto de pie”. El duende italiano nunca conoció la apoteosis. Pero aquella muerte simbólica, lejos de borrar su Mundial, acabó formando también parte de su leyenda. La historia fue más clemente con Messi, a pesar de una campaña de odio en su contra, mezclada con acusaciones de trampa y favoritismo, sobre un fondo de decisiones arbitrales controvertidas y acciones antideportivas de su equipo, como lo había sido antaño con Maradona. Incluso más. ¿Una final en un sexto Mundial, al borde del retiro y coronada por una actuación individual extraordinaria? Es precisamente ahí donde reside la magia del fenómeno Messi, aquello que desafía a la razón y a su avalancha de estadísticas. El genio no puede encerrarse en una suma de parámetros y variables. Su condición física, incluso óptima, no puede explicar por sí sola aquello de lo que el mundo entero fue testigo. Y qué importa si su relato nos recuerda que el héroe, por mítico que sea, no puede abolir la siniestra influencia de Saturno. El reencantamiento del mundo Porque, más allá de la profecía cumplida, del ascenso a la caída, con su cuota de dichas y desgracias, el argentino ofreció al mundo una última vuelta a la pista que pertenece al arte, si no a una forma de poesía homérica. Con la retirada de Lionel Messi de la escena internacional, desaparece un poco de la magia del mundo… hasta que otro héroe providencial regrese a encantar los estadios. Durante más de veinte años, Messi habrá encarnado la coexistencia de dos mundos que creíamos incompatibles: el de la racionalización extrema del deporte moderno y aquel, mucho más antiguo, del héroe, el signo, la espera y el encantamiento. Cuando Messi se va, algo de esa contradicción aparece bruscamente. Ya han surgido otros prodigios, pero quizá descubramos, en el preciso momento en que uno de sus últimos grandes representantes abandona la escena, hasta qué punto seguimos necesitando trascendencia. El mundo moderno probablemente no ha eliminado el encantamiento. No ha hecho más que desplazarlo. Durante noventa minutos, este hombre llamado Lionel Messi, que lo encarnó sobre las canchas, se marcha después de haberlo conseguido todo. Y aún más.
Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad - Publicado sep 5, 2026 - 20:01
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La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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Por Youssef Mouawad - Publicado sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
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Dos afirmaciones hacen una nación
Por
Ibrahim Shamseddine
Publicado

Entre mis eminentes colegas reunidos en este estrado dedicado a la Constitución libanesa, no soy sino un novicio en medio de expertos; pero soy también un ciudadano libanés en una república democrática y constitucional, sincera y seriamente apegado a su ciudadanía. Conozco mis derechos constitucionales, me aferro a ellos firmemente y me niego a cederlos en favor de ninguna comunidad confesional ni de ninguna zaamat . Pues a lo largo de cien años, la única necesidad constante que ha expresado el ciudadano libanés como individuo ha sido su necesidad del Estado, no de la secta ni del zaïm . El Bienaventurado patriarca Elías Howayek, que junto a sus compañeros encendió la llama del Gran Líbano, nos contempla ahora desde la distancia de un siglo. Su mirada lleva en sí lo que ve: decepción, amargura y dolor. Y con razón: celebramos al fundador… mientras arruinamos lo que él y sus compañeros edificaron. No se construye un Estado democrático sin una constitución ni un orden constitucional, y si esa constitución no se respeta, el Estado se derrumba. Quienes redactaron la Constitución en 1926 y la desarrollaron en 1990 no eran incompetentes ni ignorantes ni semicultos. Su patriotismo no era deficiente ni sospechoso, y tampoco eran esos cortesanos que componen misivas ornamentadas y pedantes. La Constitución libanesa es un texto riguroso, redactado según los principios y las reglas de la ciencia constitucional; es el pacto de los libaneses entre sí, no un favor concedido por unos a otros, y es vinculante para todos sin excepción. En cuanto expresión del Acuerdo de Taif, no constituye una necesidad coyuntural que el paso del tiempo haya vuelto caduca; se ha convertido, por el contrario, en un componente esencial de la integridad y la unidad del Líbano, y la República libanesa edificada sobre ella es una patria construida por el consenso y el consentimiento, no por la coacción, la dominación ni la compulsión. El Acuerdo de Taif no ha fracasado para que se le abandone y olvide. Sencillamente, nunca ha sido aplicado. Repito constantemente que la fórmula habitual relativa a la culminación de la aplicación del Acuerdo de Taif es inexacta, puesto que nunca fue aplicado para que quepa hablar de su culminación. No necesitamos un nuevo Taif, ni una nueva asamblea constituyente, ni un vicepresidente de la República, ni ampliaciones y añadidos administrativos al Estado libanés. Necesitamos únicamente aplicar la Constitución en su integridad, respetarla, reverenciarla y atenernos a ella; y en caso de ambigüedad, apoyarnos en un Tribunal Constitucional sólido cuyos miembros no sean políticos en busca de entretenimiento. Esta Constitución, en cuanto pacto, es el edificio jurídico que ha encarnado la sutil composición libanesa y el equilibrio vital que la atraviesa, pues contempla a las comunidades por lo que son en sí mismas y no por su peso demográfico y su número. De ahí procede el equilibrio entre musulmanes y cristianos, y el equilibrio en el seno de cada uno de ellos también, lo que nos da un régimen político que es, por un lado, civil (es decir, un Estado civil) y que, por otro, preserva el equilibrio entre las comunidades y en el interior de cada una de ellas. Por consiguiente, esta Constitución es el texto de referencia cierto para construir el Estado y sus instituciones sobre fundamentos sólidos. Representa simultáneamente la hoja de ruta permanente y fiel para consolidar el régimen político, estabilizarlo y hacerlo evolucionar. Esta Constitución necesita ser aplicada en su totalidad, respetando la sucesión de plazos legales que su aplicación requiere. Sé que hay, aquí y allá entre los libaneses, quienes desean sinceramente ver la Constitución aplicada y lo reclaman, pero que, al mismo tiempo, formulan reservas, tergiversan o temen la activación de la totalidad de sus artículos, alimentados por una vaga y oscura ilusión de que la aplicación completa no redundaría en su beneficio. Una constitución parcial, un fragmento de constitución, no construye un Estado ni salvaguarda una patria. No quisiera que fuéramos de aquellos a quienes el Corán reprendió: «…¿Creéis, pues, en una parte del Libro y rechazáis el resto?…», los mismos a quienes el justo Santiago, en su epístola del Nuevo Testamento, instó a observar la ley en su totalidad: «Porque quien guarda toda la ley pero tropieza en un solo punto se hace culpable de todo.» Ha llegado el momento, tras cien años, de tomar nuestro destino en nuestras manos, nosotros los libaneses, y de construir un único Estado unificado, asentado en una única constitución, con una única referencia y un único presidente — no tres. Es la aplicación sincera e íntegra de la Constitución, con la resolución inflexible en ese sentido por parte de verdaderos hombres de Estado íntegros, la que es capaz de ponerse las armas bajo control antes de prohibirlas, de proteger al Estado de un saqueo sistemático, y de preservarlo de quedar reducido a un templo convertido en guarida de bandidos. Retomo la célebre fórmula de Georges Naccache: «Dos negaciones no hacen una nación.» Me aparto de ella parcialmente, pues el consensus sobre «ni Oriente ni Occidente» sí hizo una nación, o, con mayor precisión, sí consagró una nación. Pero también la suscribo en términos generales, pues esas dos negaciones no lograron, por sí solas, preservar una patria ni edificar un Estado duradero y permanente: el Estado se derrumbó en guerras internas, y esas guerras estuvieron a punto de arrasar la patria — y aún corren el riesgo de hacerlo. Los primeros libaneses sabían lo que no querían los unos de los otros, sin estar seguros de lo que verdaderamente querían los unos de los otros. Sabemos ahora lo que queremos de todos los libaneses y lo que nosotros mismos estamos obligados a dar como libaneses, en beneficio de todos los libaneses: respetar y aplicar Taif tal como está encarnado en la Constitución; reconocer que todos somos libaneses en una patria definitiva; que la convivencia común y unificada es nuestra manera de estar en el mundo y nuestra forma de ser libaneses; que tengamos un Estado justo como encarnación de esa convivencia; y que seamos libres en él, en una democracia verdadera y completa. El Acuerdo de Taif, tal como se ha encarnado en la Constitución, nos ha introducido en dos grandes virtudes positivas: la virtud del régimen democrático y la virtud de la participación sincera de las comunidades. También nos ha preservado de dos grandes vicios: el vicio del dominio despótico de las comunidades sobre el Estado, y el vicio del monopolio del poder por parte de una fracción de una sola comunidad. El hecho de abstenernos de aplicarlo y respetarlo nos ha sumido en el primero de estos vicios y ha estado a punto de arrastrarnos hacia el segundo. Nuestra Constitución nos pertenece a todos. Pertenece a todos nuestros hijos. No la malvendamos. *Discurso pronunciado en el marco de una mesa redonda sobre el centenario de la Constitución libanesa en la Universidad del Espíritu Santo de Kaslik el miércoles 3 de junio de 2026, al margen de la exposición organizada por la universidad con motivo del evento.

Washington: un comunicado tripartito de gran alcance histórico

La cuarta ronda de negociaciones líbano-israelíes que se llevó a cabo martes y miércoles en Washington concluyó con un «primer hito»: la publicación, en la noche del miércoles al jueves (hora de Levante) de un comunicado conjunto estadounidense-líbano-israelí cuyo contenido también constituye otro «primer hito». Paralelamente al establecimiento de un cese del fuego condicionado por el cese de los disparos de Hezbolá contra Israel y la creación de «zonas piloto» en el sur bajo el único control del ejército libanés, el documento subraya —y aquí radica el precedente— que «el futuro de las relaciones entre Israel y el Líbano debe ser decidido por los dos gobiernos soberanos». Los tres países signatarios subrayan además que rechazan «cualquier intento desplegado por un Estado o actor no estatal de tener al Líbano como rehén». La alusión al régimen iraní y a Hezbolá no pasará desapercibida para nadie. Y en un gesto cuya trascendencia histórica parece innegable, los países signatarios añaden sobre todo que «Israel y el Líbano reafirman que no tienen intención hostil alguna el uno hacia el otro y se comprometen a proseguir las negociaciones directas para construir la confianza». En otras palabras, el comunicado señala que Irán queda excluido del proceso actual iniciado por el Líbano e Israel bajo los auspicios estadounidenses. Además, es la primera vez que el Líbano e Israel afirman en un comunicado conjunto que no tienen «intención hostil alguna el uno hacia el otro». La consecuencia inmediata de la publicación de este documento: la AFP informaba a finales del día que Hezbolá notificó a las autoridades libanesas que rechaza el cese del fuego con Israel. Una posición que claramente hace eco de una reacción hostil del régimen iraní que no escatima esfuerzos para controlar el tablero libanés. Las medidas previstas A nivel de las resoluciones adoptadas ya entrada la noche del miércoles, el comunicado tripartito menciona la implementación de un cese del fuego, bajo la condición del cese de los ataques llevados a cabo por Hezbolá. La novedad de este texto es la creación de zonas piloto que quedarán bajo el único control del ejército libanés en el sur. El comunicado insiste en la soberanía e integridad territorial de ambos países y habla del desmantelamiento de grupos armados no estatales, otra nueva crítica contra Hezbolá. Se evocan explícitamente las palabras «acuerdo global de paz y soberanía». Las dos partes acordaron una nueva ronda de negociaciones el 22 de junio, con el objetivo de llegar a un «acuerdo global». Esta cuarta ronda de negociaciones fue sin precedentes en contenido y forma, debido a las medidas prácticas destinadas a desmilitarizar a Hezbolá por un lado, y la lectura de un comunicado conjunto por el otro. Las tres partes libanesa, israelí y estadounidense condenaron conjuntamente los ataques iraníes contra los países del Golfo. En otras palabras, tanto Hezbolá como Irán resultan marginalizados. Durante estas negociaciones, Israel insistió en la seguridad de su territorio y la necesidad de desarmar a Hezbolá de una vez por todas, mientras que el Líbano exigió el respeto de las fronteras internacionalmente reconocidas, lo que significa la retirada completa de las fuerzas israelíes del territorio libanés ocupado. La proximidad de la próxima ronda testimonia la voluntad de avances rápidos entre las dos partes. El cese del fuego, sin embargo, no es una certeza absoluta dado que varios cesares del fuego habían sido decretados antes sin resultados. Los combates en el terreno al sur efectivamente continúan, pero la capital y sus alrededores permanecen a salvo, por el momento. Al término de la reunión, la embajadora del Líbano Nada Hamadé Mouawad aseguró que «el momento es histórico» y que los logros de estas negociaciones se deben «únicamente a la voluntad del Estado libanés soberano». El embajador de Israel Yechiel Leiter, en una declaración al margen de la reunión, se mostró convencido de que «Hezbolá tendrá que entender que toda esta locura ha terminado» y que los dos Estados llegan gradualmente a un acuerdo. El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio reiteró que «Hezbolá es el enemigo de ambas partes». Según información de MTV desde Baabda, las negociaciones fueron muy arduas, y el jefe de la delegación libanesa, Simon Karam, tuvo que interrumpir las conversaciones para incluir una cláusula sobre el cese del fuego total en el Líbano. Tras una intervención del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, las conversaciones se reanudaron y dieron el resultado que conocemos. En una primera reacción a las negociaciones, dirigiéndose directamente a los periodistas, el presidente de la República Joseph Aoun estimó que el cese del fuego «podría aplicarse en las 24 horas siguientes a su aprobación definitiva». Una primera señal provino de la retirada de fuerzas israelíes del pueblo de Debbin, Marjeyoun, y su sustitución por el ejército libanés. El Sr. Aoun dijo esperar las respuestas de todas las partes y un compromiso de su parte para hacer que esta tregua tenga éxito. También informó a sus interlocutores de que el Líbano ha propuesto una primera zona piloto en dos pueblos estratégicos de la región de Nabatiyeh, Zawtar el-Charqiya y Zawtar el-Gharbiya. Respuesta de Hezbolá Evidentemente, estos progresos no son del agrado de todos en Israel ni en el Líbano. En Tel Aviv, el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, calificó el cese del fuego con el Líbano como un «grave error». El ministro de Defensa Israel Katz, por su parte, aseguró que su país «mantendrá libertad de acción en el Líbano», especialmente en caso de un ataque de Hezbolá. Del lado del eje iraní, el comandante de la Fuerza Al-Quds de los Guardianes de la Revolución, Ismail Qaani, reiteró el apoyo de su país a la «resistencia en el Líbano», estimando que la retirada total de fuerzas israelíes hasta el punto anterior a este último conflicto es lo menos que se puede pedir. Tal vez el Sr. Qaani olvida que el ejército israelí ya ocupaba cinco puntos en territorio libanés antes del 2 de marzo... mientras que el Estado libanés negocia una retirada total del territorio. Como era de esperarse, la reacción del secretario general de Hezbolá Naím Qassem, en un discurso el jueves, ante este comunicado conjunto libano-israelí-estadounidense, fue particularmente virulenta. Calificó el cese del fuego obtenido por el Estado libanés como «ficticio», y las negociaciones directas como «inútiles y humillantes». «Si el objetivo de cualquier acuerdo es desmilitarizar a Hezbolá, eso significa quitarle al Líbano todas sus cartas de fuerza», lanzó, añadiendo que «esta declaración es una capitulación y un llamado a la discordia interna». Señalando el hecho de que este texto le pide a Hezbolá que cese las hostilidades como prioridad, Qassem declaró que su movimiento «solo le interesa un cese del fuego total y una retirada israelí completa de los territorios libaneses ocupados». La violencia de esta reacción es esperada, dado que el comunicado conjunto margina completamente el papel de Hezbolá e Irán, mientras que el curso de las negociaciones parece inevitable. ¿Cómo reaccionará Hezbolá sobre el terreno? En cualquier caso, como dijo el jueves el mismo presidente estadounidense Donald Trump, los esfuerzos continúan para separar los aspectos iraní y libanés. Sobre el terreno, los combates no han cesado. Mientras que había dado la impresión la víspera de evitar atacar el norte de Israel, Hezbolá habría enviado nuevamente drones hacia esa región, aunque no ha reivindicado disparos hacia Israel. Las sirenas sonaron en el norte de Israel poco después del discurso de Qasem, según el ejército israelí. Este continuaba también sus ataques en diversas regiones del sur e lanzó un nuevo llamamiento a la evacuación de todos los habitantes del sur de Zahrani (Sidón), muy al norte del Litani, la antigua línea de demarcación. Otro desarrollo grave en el sur: la muerte de un Cascos Azules en Marjeyoun, un soldado de la FINUL de nacionalidad serbia, tras la caída de un misil sobre la sede de la organización. La FINUL denunció «un ataque deliberado» contra sus soldados y pidió una investigación para determinar responsabilidades. Varios Cascos Azules han sido asesinados y heridos durante este conflicto, algunos por disparos israelíes y otros por Hezbolá, según declaraciones de la propia organización. Cabe destacar también la visita al Líbano del enviado francés Jean-Yves Le Drian, quien se reunió el jueves con varias personalidades libanesas. El presidente francés Emmanuel Macron expresó su esperanza de que las negociaciones en curso (en las que Francia no juega un papel) desemboquen en un alto el fuego efectivo y que su país «permanezca a disposición» según la AFP. El Congreso estadounidense En el frente estadounidense-iraní, el desarrollo más espectacular del 4 de junio es la resolución votada por la Cámara de Representantes estadounidense a favor de un alto inmediato de la guerra en Irán, iniciada por el presidente estadounidense Donald Trump desde el 28 de febrero pasado. Una decisión que fue posible gracias al apoyo de 4 diputados republicanos al bloque demócrata, pero que tiene solo un alcance simbólico. El Congreso le reprocha en general a Trump haberse embarcado en una guerra sin una visión clara y sin considerar el interés de los estadounidenses. Bajo presión (interna y externa, debido a la reanudación de ataques contra los países del Golfo, particularmente Kuwait el miércoles), Trump estimó que las negociaciones podrían concluirse este fin de semana. Reiteró que no podría llegarse a ningún acuerdo sin la entrega total del uranio enriquecido iraní a Estados Unidos. Por su parte, el guía supremo iraní Mojtaba Jamenei publicó un comunicado en el que acusa a Estados Unidos e Israel de intentar sembrar discordia, asegurando que «el enemigo sufrió un revés aplastante» en este conflicto con su país. Esta declaración virulenta se produce cuando el presidente estadounidense recientemente expresó su deseo de reunirse con él, y continúa afirmando que Irán quiere un acuerdo y que las negociaciones han avanzado mucho. Este tipo de desmentidas iraníes se ha convertido en un hábito cada vez que Donald Trump se expresa. Señalemos finalmente un aumento de las tensiones en la Franja de Gaza, donde las fuerzas israelíes llevaron a cabo bombardeos violentos en la noche del miércoles al jueves sobre apartamentos, matando en particular a una familia completa.

Trump, Obama… y la trampa iraní
Por
Khairallah Khairallah
Publicado

¿A cuál Donald Trump debemos creerle? ¿Al que comprende, en lo más profundo, lo que representa Irán bajo el régimen establecido en 1979, o al que parece haberse acercado a las ilusiones de Barack Obama, convencido de que Teherán tenía las llaves de todas las crisis regionales y de que su expediente nuclear las contenía todas? Obama llegó incluso a convencerse de que el islam chiita radical, encarnado por la Guardia Revolucionaria y sus aliados en toda la región, era fundamentalmente diferente del islam sunita radical, representado por Al Qaeda, ISIS y, antes y después de ellos, los Hermanos Musulmanes. Nunca comprendió que el fanatismo religioso, cualquiera que sea su forma, cristiana, islámica, judía o hindú, no es más que distintas caras de una misma moneda. El comportamiento de Trump en los últimos días ha dado la impresión de un hombre atrapado por la indecisión. El presidente estadounidense parecía inclinarse, al menos en apariencia, hacia un acuerdo desequilibrado con un régimen que busca recuperar la iniciativa en la región tras descubrir una nueva arma: el estrecho de Ormuz. Todo indica que, dentro de la administración estadounidense, algunas voces están impulsando un arreglo con el régimen iraní centrado en la reapertura del estrecho, para presentarlo posteriormente como una victoria personal de Donald Trump. El expediente iraní es, ciertamente, de una complejidad extrema, más aún desde que Teherán encontró esta nueva carta para jugar, tras haber dependido durante mucho tiempo de su programa nuclear como primera línea de defensa del régimen. ¿Qué hará entonces el presidente estadounidense en los próximos días y semanas, mientras continúa hablando sin cesar de “avances” en las negociaciones con Irán e incluso de la posibilidad de reunirse con el “líder supremo” Mojtaba Khamenei, cuyo verdadero estado de salud pocos conocen y cuya capacidad real para gobernar la República Islámica sigue siendo, en un plano más profundo, una cuestión abierta? Las declaraciones del presidente estadounidense sobre un posible “memorando de entendimiento” con Irán generan una seria preocupación en un momento en que la República Islámica no ha abandonado en absoluto su agresividad hacia los Estados vecinos. Los dos ataques más recientes contra Kuwait y Baréin han dejado al descubierto tanto la persistente beligerancia de Teherán como su incapacidad para golpear directamente a Estados Unidos e Israel. Nada de esto ha sido suficiente para provocar una reevaluación estadounidense sobre la inutilidad de cualquier acuerdo con un Irán que atacó deliberadamente a civiles en un aeropuerto kuwaití, mientras no haya renunciado a su proyecto expansionista, un proyecto que todavía no acepta que ha llegado a un callejón sin salida. Por supuesto, ningún libanés puede hacer otra cosa que agradecer a Trump por haber intervenido para disuadir a Benjamin Netanyahu de lanzar una nueva ofensiva contra los suburbios del sur de Beirut, con toda la destrucción adicional que habría recaído sobre un distrito libanés contiguo a la capital sin afectar de manera significativa las capacidades militares de Hezbolá. Sin embargo, una iniciativa de este tipo por parte del presidente estadounidense tendrá poco peso real mientras no adopte una posición clara respecto al proyecto expansionista iraní en su conjunto. No se puede tratar con la República Islámica por partes, como hizo Barack Obama, quien hizo todo lo posible por apaciguar al régimen iraní con la esperanza de alcanzar un acuerdo nuclear en julio de 2015, apenas unos meses antes del final de su mandato y de la primera llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. En el período previo a la firma de aquel acuerdo entre la República Islámica y los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania, la administración Obama no escatimó esfuerzos para evitar la menor molestia a Teherán. Fue con ese espíritu que Obama se abstuvo, en el verano de 2013, de atacar Siria para derrocar al régimen minoritario que acababa de utilizar armas químicas contra su propio pueblo. El expresidente olvidó sus promesas y la “línea roja” que él mismo había trazado para Bashar al Assad. De la noche a la mañana dejó de ver el color rojo. Todos los demás colores seguían siendo visibles, pero ese ya no. Sin embargo, Donald Trump, desde su llegada a la Casa Blanca a principios de 2017, había demostrado una comprensión profunda de lo que representa Irán como régimen. En 2018 rompió el acuerdo nuclear, calificándolo como “el peor de su tipo”. A comienzos de 2020, poco antes del final de su primer mandato, dio luz verde a la eliminación de Qassem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, considerado entonces la figura iraní más influyente después del fallecido líder supremo Ali Khamenei. Ese asesinato, ocurrido poco después de que Soleimani abandonara el aeropuerto de Bagdad, adonde había llegado desde Damasco tras una reunión en Beirut con Hassan Nasrallah, fue una muestra de un conocimiento íntimo de Irán, de la arquitectura de su régimen y del papel central que una figura como Soleimani desempeñaba tanto dentro del país como en toda la región. Todo lo que el presidente estadounidense ha hecho desde su regreso a la Casa Blanca hace un año y medio demuestra un dominio exhaustivo del expediente iraní. Esto incluye su participación, junto a Israel, en dos guerras contra Irán. La primera concluyó en junio del año pasado tras una campaña de bombardeos que alcanzó instalaciones nucleares iraníes. Pero ¿ha cambiado algo en el enfoque estadounidense hacia la República Islámica y lo que representa? ¿Ha comenzado Trump a relacionarse con Irán en sus propios términos, bajo la influencia de una mediación pakistaní que otorga a Teherán más tiempo para maniobrar? Bastarán unos días, unas semanas como máximo, para determinar si Trump está dispuesto a caer en la trampa iraní separando el expediente nuclear de los misiles balísticos y sus plataformas de lanzamiento, de los instrumentos de poder iraníes en Irak, Líbano y Yemen, y de la conducta general de la República Islámica hacia sus vecinos, en particular los seis Estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo. Lo que sí es seguro es que, tanto si Trump cambia de rumbo y comienza a tratar con Irán por partes como si no cambiara en absoluto, Líbano pagará un precio elevado debido al arsenal de Hezbolá. Porque la única constante en la relación entre Israel y Estados Unidos sigue siendo esa obstinada insistencia en separar el expediente libanés del iraní.

Negociaciones Líbano-Israel: ¿está Hezbolá recurriendo a la provocación?

La segunda sesión de la cuarta ronda de conversaciones directas entre Líbano e Israel se reanudó este miércoles en el Departamento de Estado, en Washington. Las discusiones, que siguen siendo complejas y continúan afectadas por la violencia sobre el terreno en el sur de Líbano, debían retomarse después de una pausa para el almuerzo. Beirut sigue intentando obtener de Tel Aviv, como prioridad, un compromiso para una tregua duradera, mientras que sobre el terreno la fórmula de alto el fuego que el presidente Donald Trump impuso el lunes, tras las amenazas israelíes de atacar los suburbios del sur de Beirut, continúa siendo vulnerada. Hezbolá demostró este miércoles que presta poca atención a esas amenazas, formuladas por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su ministro de Defensa, Israel Katz. Ambos habían advertido que el ejército israelí atacaría los suburbios del sur de Beirut si el grupo respaldado por Irán continuaba con sus ataques contra las localidades del norte de Israel. Sin embargo, Donald Trump se había opuesto firmemente a esa posibilidad. A primera hora de la tarde, Hezbolá reivindicó el lanzamiento de dos cohetes contra una base militar israelí en el norte del país. Ambos proyectiles fueron interceptados por el ejército israelí, mientras sonaban las sirenas en Kiryat Shmona y Menara. ¿Está Hezbolá intentando provocar a las autoridades israelíes, sabiendo que estas no sobrepasarán los límites fijados por el presidente estadounidense? Tal vez. Pero probablemente se equivoca si cree que puede aprovechar las diferencias de criterio que surgieron el lunes entre Tel Aviv y Washington, a raíz del intercambio de tensiones entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu respecto a la operación militar israelí, que por ahora sigue limitada al sur del país. Las declaraciones realizadas este miércoles por el presidente estadounidense y su secretario de Estado, Marco Rubio, así como por Benjamin Netanyahu, confirman que Estados Unidos e Israel siguen alineados en cuanto a sus objetivos estratégicos en Líbano e Irán, aunque difieren en la táctica. Washington y Tel Aviv coinciden en la necesidad de poner fin a la presencia militar de Hezbolá en Líbano, como brazo armado de Irán en el país. Para Washington, la diplomacia sigue siendo la vía prioritaria, tanto en el caso de Líbano como en el expediente iraní. Donald Trump lo reiteró este miércoles durante una entrevista en un pódcast del New York Post, al tiempo que dijo sentirse “molesto” por la “guerra interminable” que Israel libra contra el Líbano. Al mismo tiempo, el primer ministro israelí afirmaba compartir con el presidente estadounidense el objetivo de desarmar a Hezbolá, en una entrevista concedida a la cadena CNBC. “Si queremos salvar al Líbano, si queremos alcanzar una paz entre el Líbano e Israel, como yo deseo, debemos desarmar a Hezbolá y desmilitarizar el país. Es un objetivo que el presidente y yo compartimos, y es lo que debemos hacer”, declaró. El secretario de Estado estadounidense respaldó esa postura al subrayar “el peligro” que Hezbolá representa para el Estado libanés, especialmente después de las amenazas formuladas por dirigentes del grupo de derrocar al gobierno de Nawaf Salam. Lo más importante sigue siendo la voluntad de Washington de desvincular las negociaciones libano-israelíes en curso de las conversaciones abiertas con Irán, algo que Teherán continúa rechazando. La Casa Blanca pretende así gestionar simultáneamente, pero por separado, las negociaciones bilaterales entre Líbano e Israel y el expediente iraní. Sobre este último asunto, Donald Trump afirmó que las conversaciones avanzan rápidamente. Sin embargo, Irán se apresuró a desmentirlo, negando haber enviado a Washington ninguna respuesta a las propuestas estadounidenses para reanudar las negociaciones. El desmentido, difundido por la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria Islámica, fue publicado poco después de la entrevista de Donald Trump con el New York Post. Tasnim, no obstante, no comentó las declaraciones del presidente estadounidense sobre la posibilidad de reunirse con el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei. Mientras Teherán continúa ganando tiempo, Donald Trump reiteró por enésima vez que no esperará indefinidamente y que tendrá que elegir entre alcanzar un acuerdo con Irán o lanzar una operación militar. Calificó esta segunda opción como “desagradable”. Por su parte, Benjamin Netanyahu consideró que la República Islámica “está jugando con fuego”, refiriéndose no solo a las demoras en las conversaciones indirectas con Washington, sino también a los ataques lanzados durante la noche del martes al miércoles contra Kuwait y Baréin, en respuesta, según los Guardianes de la Revolución, a acciones estadounidenses contra un petrolero iraní y una isla situada en el estrecho de Ormuz. En Kuwait, los ataques reivindicados por los Guardianes de la Revolución alcanzaron una terminal aeroportuaria y dejaron un muerto y 63 heridos, algunos de ellos en estado grave. Como respuesta, el ejército estadounidense llevó a cabo “ataques defensivos” contra la isla iraní de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, según informó el Comando Central de Estados Unidos para la región (Centcom). Los Guardianes de la Revolución respondieron a su vez atacando una base aérea “que alberga helicópteros” en Kuwait, así como la sede de la Quinta Flota Naval estadounidense en Baréin.

Desmantelado pero aún amenazante: Irán después de las operaciones “Epic Fury” y “Roaring Lion” (1/2)

En este artículo analizamos el impacto militar e industrial de las operaciones Epic Fury (Furia Épica) y Roaring Lion (Rugido del León) sobre las capacidades convencionales iraníes. La próxima semana se publicará una segunda y última entrega que examinará las circunstancias que podrían conducir a la implosión de Irán a mediano o largo plazo. El régimen iraní sufrió pérdidas considerables como consecuencia de la guerra estadounidense-israelí de febrero a abril de 2026. A pesar de estas pérdidas, el colapso de la República Islámica no se produjo y el régimen iraní no mostró ninguna flexibilidad frente a las sanciones y al bloqueo marítimo impuesto por Estados Unidos. La historia y los análisis de numerosos especialistas indican hoy que un régimen autoritario tan arraigado como el de Teherán tiene muchas más probabilidades de ceder a causa de una implosión interna. Esta sería provocada por la combinación de un prolongado estrangulamiento económico y el surgimiento de un nivel crítico de movilización popular. Las sanciones internacionales y el bloqueo naval estadounidense debilitan sin duda los recursos estatales iraníes, pero no son más que catalizadores. La ruptura definitiva ocurre cuando fracturas internas, anteriormente contenidas mediante la represión, se expanden y convergen entre sí (más de 30.000 muertos en enero pasado y más de 50.000 detenciones punitivas y preventivas durante febrero). Volviendo a la guerra estadounidense-israelí de 40 días contra Irán, surgen dos preguntas: ¿cuál es el balance real de las pérdidas militares y económicas de la República Islámica y qué perspectivas se presentan frente al bloqueo estadounidense y unas negociaciones que parecen interminables? ¿Qué queda de la marina iraní? Las dos operaciones militares conjuntas, la estadounidense Epic Fury y la israelí Roaring Lion , desarrolladas entre febrero y abril de 2026, sumaron 20,000 ataques aéreos. Esta cifra representa, en apenas 40 días, el 60 % de los ataques aliados contra el Estado Islámico en Siria e Irak durante un período de cinco años. Los bombardeos estadounidenses e israelíes asestaron un golpe decisivo a la marina regular iraní. Los ataques contra las principales bases de Bandar Abbas y Konarak destruyeron la mayor parte de los grandes buques de superficie: destructores, fragatas y buques nodriza fueron hundidos o quedaron irreparables, privando a Irán de su capacidad naval convencional de alta mar. Este trauma estratégico obliga ahora a Teherán a depender de medios residuales, asimétricos y móviles para defender su litoral y, sobre todo, para seguir representando una amenaza para el tráfico marítimo en el Golfo y el estrecho de Ormuz. Aunque resultó parcialmente afectada, la fuerza submarina conserva cierta capacidad de hostigamiento en aguas poco profundas gracias a los submarinos de bolsillo que sobrevivieron. Los tres submarinos de ataque clase Kilo, de fabricación rusa, fueron alcanzados o hundidos en puerto. También fue destruida en puerto la mitad de los 23 submarinos de bolsillo Ghadir, de fabricación iraní. La flota sobreviviente de estos mini submarinos, entre 10 y 12 unidades equipadas con torpedos y misiles, está desplegada en primera línea en el Golfo y en las proximidades del estrecho de Ormuz. Estas embarcaciones ofrecen capacidades de guerra de guerrillas marítima, incluyendo colocación de minas, lanzamiento de torpedos y operaciones encubiertas desde costas rocosas. Paralelamente, la mayor parte de la marina de superficie del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica logró sobrevivir gracias a su estructura dispersa. Está compuesta por cientos de lanchas rápidas armadas ( Fast Attack Craft ), así como patrulleras ligeras equipadas con misiles (Peykaap II y Houdong). Estas pequeñas embarcaciones de guerra están diseñadas para realizar ataques coordinados en gran número y retirarse rápidamente hacia caletas y ensenadas. Tácticas iraníes en el Golfo y el estrecho de Ormuz La estrategia iraní para atacar buques civiles o militares se basa ahora en submarinos de bolsillo equipados con torpedos y misiles. Sus tripulaciones no superan los siete marinos. También depende de las lanchas rápidas armadas con misiles, conocidas como Fast Attack Craft , con tripulaciones de cuatro o cinco personas, además de misiles antibuque tierra-mar, minas navales y drones de ataque. Aproximadamente el 70 % de los proyectiles antibuque, estimados en varios cientos, permanecen intactos y pueden ser lanzados desde 30 emplazamientos costeros. Se trata de misiles Ra’ad, Noor, Qader y Khalij Fars, todos de fabricación iraní y derivados del modelo chino C-802. Su alcance oscila entre 130 y 360 kilómetros y están instalados en bases móviles ocultas en el interior del país. La capacidad de minado marítimo es relativamente fácil de mantener. Sin embargo, las contramedidas submarinas estadounidenses han permitido despejar varios corredores marítimos en el estrecho de Ormuz, utilizados actualmente cada día por entre 10 y 20 buques comerciales, incluidos grandes petroleros. Las embarcaciones que transitan por estas rutas marítimas apagan sus radares y sistemas de localización, coordinan sus movimientos con la marina estadounidense, que las monitorea mediante radares y las escolta a distancia. Una dinámica similar prevalece en el lado iraní del estrecho. Los drones suicidas tipo Shahed son utilizados como una extensión aérea de los medios marítimos para saturar las defensas estadounidenses y árabes. Decenas de barcos comerciales han sido alcanzados por estos proyectiles. Sin embargo, los ataques iraníes complejos que combinan misiles antibuque y drones no han logrado impactar a los buques de guerra estadounidenses. Estos medios que aún conserva Irán no eliminan la superioridad naval estadounidense. No obstante, son suficientes para generar una inseguridad crónica en el tráfico marítimo y ejercer presión sobre la economía mundial. ¿Y las defensas antiaéreas iraníes? Al mismo tiempo, los ataques masivos de la coalición estadounidense-israelí deterioraron profundamente las capacidades antiaéreas iraníes y abrieron el espacio aéreo del país a los aviones estadounidenses e israelíes. Antes del conflicto, Irán contaba con un sistema integrado de defensa antiaérea basado en capas múltiples de negación de acceso destinadas a impedir la penetración de aviones y misiles enemigos en una amplia porción de Medio Oriente. A comienzos de 2026 existían tres capas complementarias. Una capa de largo alcance sustentada en baterías fijas S-300PMU-2 de fabricación rusa y sus equivalentes nacionales Bavar-373. Esta protegía instalaciones nucleares y centros urbanos a varios cientos de kilómetros de distancia. Una segunda capa intermedia, altamente móvil, incluía sistemas locales avanzados (Khordad-15, Raad y Talash) capaces de amenazar aviones de combate y drones. Una tercera capa, de defensa puntual, proporcionaba protección cercana y continúa haciéndolo gracias a sistemas de corto alcance (Tor-M1 y Pantsir-S1) de fabricación rusa, además de miles de cañones antiaéreos y misiles portátiles lanzados desde el hombro. Todo el sistema estaba coordinado por una red de mando integrada en el complejo del CGRI Khatam al-Anbiya, alimentada por amplias redes de radar terrestres y costeras. Los ataques combinados de Estados Unidos e Israel, mediante misiles antirradiación, bombarderos furtivos B-2 y municiones antibúnker, neutralizaron gran parte de los emplazamientos fijos y de los radares de alerta temprana. La capa de largo alcance y la capa intermedia fueron eliminadas, reduciendo drásticamente la capacidad de detectar aeronaves enemigas e impedir su operación a larga distancia. Como respuesta, Teherán adoptó una doctrina de supervivencia basada en el apagado intermitente de radares para evadir la guerra electrónica enemiga, un mayor uso de sensores ópticos y la dispersión de baterías móviles en zonas montañosas y costeras. Sus unidades llevan a cabo ahora verdaderas “emboscadas aéreas”. Lanzan misiles desde posiciones temporales y se desplazan inmediatamente después. Esta táctica les ha permitido derribar varios drones israelíes y estadounidenses tipo MQ-9. El último fue abatido en mayo de 2026. La pérdida de los sistemas pesados impide a Irán negar su espacio aéreo a los aviones furtivos de la coalición. Sin embargo, su nueva postura sigue siendo peligrosa: mantiene una capacidad efectiva de hostigamiento contra drones y aeronaves que vuelan a baja o media altitud, puede saturar las defensas enemigas y realizar emboscadas esporádicas que obligan a la coalición, por ejemplo, a evitar vuelos por debajo de los siete kilómetros de altitud. La defensa aérea costera también sufrió daños severos: la mayoría de los emplazamientos fijos de largo alcance que protegían Bandar Abbas, Jask y la isla de Kharg fueron neutralizados. Sitios nucleares y complejos industriales militares La ofensiva estadounidense-israelí también dañó gravemente una gran parte de los complejos nucleares de Natanz, Fordo, Parchin e Isfahán, que ya habían sido bombardeados en junio de 2025. Del mismo modo, las instalaciones de producción de drones y la mayoría de los complejos vinculados al programa de misiles balísticos fueron destruidos total o parcialmente. Asimismo, infraestructuras energéticas y civiles críticas fueron bombardeadas, provocando crisis de combustible en las principales ciudades del país. En conclusión, las enormes pérdidas militares, nucleares, industriales y económicas, estimadas en 14 billones de dólares, no han eliminado todas las capacidades asimétricas que permiten a Irán bloquear el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el Irán actual se encuentra seriamente debilitado en comparación con el que existía antes de junio de 2025. Sus capacidades nucleares, balísticas, de drones aéreos y de apoyo a sus aliados regionales, especialmente Hezbollah, se han visto profundamente mermadas.

Bkerké otorga identidad a las esposas de los sacerdotes casados

Una revolución virtuosa en la Iglesia maronita: Bkerké ha decidido otorgar una identidad a las esposas de sus sacerdotes casados: las khouriyés. Se llaman Rita, Paulette, Nadia, Nour, Charlotte y Dounia, y todas están casadas con sacerdotes maronitas. Son las khouriyés , forma femenina de la palabra khoury (sacerdote), un nombre afectuoso que han llevado desde siempre. El 16 de mayo tuvieron la alegría de participar en el primer encuentro nacional de esposas de sacerdotes de la Iglesia maronita, que decidió reconocerlas oficialmente y garantizar que sean parte integral del camino sacerdotal de sus esposos. En un mensaje dirigido a la asamblea, el cardenal Mario Grech destacó el doble movimiento que encarna esta iniciativa: la fidelidad a la tradición oriental de la Iglesia maronita y la apertura al lugar y al papel preponderante que la mujer debe desempeñar en la sociedad contemporánea. La reunión, una primera histórica, fue preparada y lanzada conjuntamente por la diócesis de Antélias, presidida por Antoine Bou Najem, y el Comité Patriarcal de Seguimiento del Sínodo sobre la Sinodalidad, presidido por Mounir Khairallah. Su tema fue: “Vocación y misión de la khouriyé en la Iglesia”. Para las 154 esposas de sacerdotes presentes, el encuentro representó un inmenso regalo: la obtención de un reconocimiento comunitario y la garantía de una formación permanente. “Incluso había en la asamblea una esposa de sacerdote cuyo hijo también es sacerdote casado”, cuenta entre risas Rita Abou-Mitri, de 49 años, coordinadora del grupo de esposas de sacerdotes de la diócesis de Antélias. Esta instancia desempeñó un papel clave en la materialización de este primer encuentro nacional. “La más veterana celebraba cincuenta años de matrimonio y la más reciente llevaba apenas una semana casada”, añade. El número de khouriyés en el Líbano es mucho más elevado, reconoce Rita, quien señala que todavía faltan datos precisos sobre el tema. La importancia del papel de los sacerdotes maronitas en la sociedad libanesa no necesita demostración, tanto en los centros urbanos como en los pueblos. Su matrimonio forma parte integral de la tradición maronita y suele considerarse un elemento de estabilidad, fecundidad y unidad. Dentro de la Iglesia maronita gozan de un estatus particular: su estado de vida se elige antes de la ordenación. Como sacerdotes diocesanos, no pueden ser consagrados obispos ni volver a casarse después de la muerte de su esposa. En Occidente, el papa Francisco autorizó su presencia y ordenación debido a su crecimiento y al flujo migratorio que los ha llevado fuera de Medio Oriente. Rita es enfermera titulada y, junto con su esposo, Georges Abou-Mitri, párroco de la iglesia de San Miguel de Beit Chaâr, en el Metn, tiene tres hijos: dos varones de 15 y 18 años y una niña de 11 años. Se conocieron cuando Georges se preparaba para el sacerdocio en el seminario de Ghazir, en Kesrouan. La formación universitaria de él incluye gestión hotelera, acompañamiento espiritual y filosofía. Ningún sentimiento de traición o culpa afecta su relación. El padre Georges había optado por el matrimonio desde aquella época, tras un proceso de discernimiento realizado con su director espiritual. “Dejar a Dios por Dios” Para esta pareja, las vocaciones matrimoniales y sacerdotales no se contradicen. Una de las “reglas de oro” de su vida en común es la flexibilidad, inspirada en un principio establecido por Vicente de Paúl para las Hijas de la Caridad: “Hay ocasiones en las que no se puede seguir el orden previsto para la jornada (…), porque la caridad está por encima de todas las reglas (…). Dios te llama a la oración y, al mismo tiempo, te llama a asistir a un enfermo. Eso significa dejar a Dios por Dios”. “Es una ley de libertad”, comenta Rita. “Como cualquier madre, hay momentos en los que debo abandonar la misa para atender a mis hijos o ausentarme de una reunión si surge una urgencia. Al mismo tiempo, debo actuar con mucha prudencia en mi relación con las distintas comisiones sociales o caritativas de la parroquia, las organizaciones juveniles, la preparación anual para la primera comunión, los comités de mujeres, los vínculos con el ámbito escolar, entre otras actividades.” “Es nuestra colaboración lo que hace crecer a la familia”, continúa. Para Rita, esto significa que ambas vocaciones se piensan y se viven juntas, y que entre las dos forman un equipo pastoral, sin que ello introduzca una jerarquía artificial dentro del matrimonio. Existe un delicado equilibrio en el servicio mutuo que se presta. La prioridad es que el sacerdocio del padre Georges sea fecundo, sin que el matrimonio termine marcado por la soledad o el agotamiento, ni que los hijos queden desatendidos. “Por el contrario”, subraya Rita, “nuestra buena relación se refleja en los vínculos de mi esposo con sus feligreses. Si hay tensiones, y eso sucede, o si el cansancio se vuelve demasiado evidente, se generan problemas y ellos lo notan de inmediato. Además, nuestras dos familias dan prioridad al horario de Georges y reorganizan sus actividades en función de él. Los niños también se adaptan.” Rita precisa que, durante la primera etapa de su matrimonio, tuvo que renunciar a su contrato laboral en un importante hospital de Beirut para cuidar de sus hijos pequeños. Durante esos años, la familia dependió del salario de docente de su esposo, quien impartía clases de catequesis y realizaba acompañamiento espiritual en dos escuelas distintas. También es habitual en las parroquias maronitas que el sacerdote reciba un salario. Sin embargo, la cantidad no está unificada y depende de los recursos de cada parroquia. En el mejor de los casos, alcanza los 600 dólares mensuales. Algunas parroquias reducen ese ingreso a una ayuda de apenas 100 dólares al mes, considerando que el sacerdote puede obtener recursos adicionales por bautizos, matrimonios y funerales que celebra. Aun así, en la Iglesia maronita la vivienda de un sacerdote suele estar garantizada por la parroquia; sus hijos reciben educación gratuita y cuenta con seguro médico, cobertura hospitalaria a cargo de su diócesis y un fondo de jubilación. “Que el sacerdote sea célibe o casado es secundario, siempre que no mire hacia atrás, que asuma el yugo del servicio y siga a Cristo con alegría”, afirma Paul Nahed, sacerdote casado y secretario general del Comité Patriarcal para el Seguimiento del Sínodo sobre la Sinodalidad. El cardenal Grech: “Una verdadera vocación” Recibidas y acompañadas por el patriarca Béchara Boutros Raï, por monseñor Mounir Khairallah, obispo de Batroun encargado del seguimiento del Sínodo sobre la Sinodalidad; por monseñor Antoine Bou Najem, obispo de Antélias; y por monseñor Paul Nahed, las participantes pudieron escuchar un mensaje en video del cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos en Roma, que el padre Nahed calificó como “sorprendentemente abierto”. “Su invitación”, afirmó el cardenal Grech, “aunque inesperada, me permitió apreciar el valor del camino que su Iglesia está emprendiendo para asegurar la fidelidad a su propia tradición (…). Dado que la tradición de las Iglesias orientales siempre ha subrayado la importancia del clero casado, resulta esencial, en el contexto actual y frente a las crecientes transformaciones socioculturales, considerar que las mujeres ocupen un papel más acorde con sus inmensas capacidades; un papel que pueda acompañar plenamente el recorrido sacerdotal e incluso convertirse en una parte integral y no secundaria de él”. Dirigiéndose directamente a las esposas presentes, añadió: “Sean fieles a su llamado. Se trata, efectivamente, de una verdadera vocación. Vivan junto a sus esposos sacerdotes, ofreciéndoles sus capacidades y su inteligencia y, sobre todo, su fe, su esperanza y su amor; ese amor que encuentra su fuerza en el maravilloso don que Dios les ha concedido: convertirse en madres dentro de la comunidad eclesial”. Divididas en pequeños grupos, las mujeres participaron en la llamada “conversación en el Espíritu”, un momento de intercambio y escucha de aquello que el Espíritu Santo, a través de la comunidad creyente, dice a la Iglesia. También pudieron dialogar con el patriarca Raï, quien respondió pacientemente a numerosas preguntas relacionadas con aspectos prácticos de su situación, en particular la viudez. Un comité se encargará del seguimiento de esta reunión y de la implementación de un programa de formación bíblica y pastoral. Para Rita Abou-Mitri, “el espíritu de escucha, discernimiento y participación dominó toda la jornada, reflejando una atmósfera espiritual en la que las participantes vieron una auténtica Pentecostés”.