
Es cierto que traducir la visita del presidente de la República Libanesa, Joseph Aoun, a la Casa Blanca en resultados políticos concretos requerirá tiempo y un esfuerzo sostenido, por múltiples razones. Pero también es cierto que las formas importan en las relaciones entre los Estados, especialmente cuando se trata de un presidente tan impredecible como Donald Trump, conocido por conceder, en ocasiones, mayor peso a la relación personal que a las consideraciones institucionales en su trato con jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo. La escena ocurrida en la Oficina Oval, donde el presidente ucraniano Volodímir Zelenski fue reprendido públicamente ante las cámaras de todo el mundo, permanece viva en la memoria colectiva.








