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Opinión

El caso Riad Salamé: ver la paja en el ojo ajeno…

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Una sentada frente al Banco del Líbano en Beirut, en enero de 2023, en el apogeo de la crisis financiera. (Fadel Itani/NurPhoto vía AFP)
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Por Antoine Menassa
Publicado jun 9, 2026 - 20:38

Resulta asombroso, curioso, desconcertante e incluso extraño y paradójico seguir leyendo hoy informaciones partidistas y reduccionistas, publicadas por una prensa interesada y amplificadas por las redes sociales, en un momento en que el país enfrenta acontecimientos cruciales tanto en el plano interno como internacional, y cuando su destino ha sido puesto a dura prueba durante décadas.

Lamentablemente, no se trata de una “primera vez”. Estamos ante manipulaciones mediáticas destinadas a desviar la atención de los temas más urgentes del momento, en particular de una guerra despiadada que arrastra al país hacia una destrucción total y lo hunde en un abismo socioeconómico y financiero sin precedentes.

Toda esta saga, que en el fondo no tiene nada de extraña, parece un déjà vu. Un estribillo recurrente y perfectamente ensayado que refleja una clara voluntad de socavar, destruir, repitiendo una y otra vez el mismo tema, la reputación del exgobernador del Banco del Líbano, Riad Salamé, y de su hermano Raja. Y esta vez, una vez más, se añade un nuevo ingrediente al mencionar el papel del banco HSBC.

Según esta narrativa, Riad Salamé sería el responsable de la quiebra y del colapso de nuestro sistema financiero y económico. En efecto, resulta fácil inundar a la opinión pública con ese discurso después de todas las manipulaciones mediáticas observadas en la escena política libanesa sobre los miles de millones de dólares dilapidados y, quizás, desviados durante años a través de distintos ministerios, mediante resoluciones aprobadas por gobiernos sucesivos, votadas posteriormente por el Parlamento y, por desgracia, muchas veces olvidadas.

En este contexto triste y confuso, que a menudo roza la obsesión, nada parece conmover ni siquiera invitar a una reflexión serena, tan cautivas están las mentes de sus propias fantasías. El diario francés Le Monde informó, citando a los abogados de Riad Salamé, que este pudo adquirir sus bienes inmuebles gracias a los elevados ingresos que percibía cuando ejercía como asesor financiero de la firma Merrill Lynch, antes de ser nombrado gobernador del Banco del Líbano. Sin embargo, esa precisión del periódico francés se desvanece como las hojas de otoño que caen al suelo.

Lo mismo ocurre cuando el abogado del exgobernador presenta ante la Justicia pruebas documentadas que acreditan el origen y la procedencia de los fondos relacionados con sus diversas inversiones. ¿No sería posible, por fin, dejar que la Justicia actúe antes de lanzar acusaciones sin fundamento?

Hablando de justicia, ¿no resulta sorprendente que esta institución emblemática del Estado se abstenga de perseguir a ciertos líderes políticos y jefes de partido que tienen una gran responsabilidad, y esto no es un secreto para nadie, por las fallas registradas en la gestión de la seguridad, la justicia y el gasto público en áreas como los servicios sociales, la electricidad y la educación? Y eso sin mencionar ciertas asociaciones ficticias, civiles o religiosas, o los miles de millones de dólares que se esfumaron en subsidios a la gasolina, al trigo y a otros productos alimentarios.

No caigamos, por tanto, en estas manipulaciones mediáticas ni en la elección deliberada de este momento político desleal que, conviene recordarlo, no tiene nada de casual. Si culpar a un alto funcionario busca atraer sobre él toda clase de condenas y sanciones, tengamos al menos el valor y la honestidad de reconocer que, hasta la fecha, Riad Salamé es el ÚNICO que ha pagado las consecuencias. Y, aun así, sus problemas están lejos de haber terminado. Dejemos entonces que la Justicia haga su trabajo y se pronuncie en un clima de serenidad, sin privar al exgobernador de su derecho a defenderse.

Para concluir humildemente este capítulo, conviene recordar una célebre frase: “Si buscas ver la paja en el ojo de tu vecino, primero debes tener la honestidad de ver la viga que está en el tuyo”. Hay que reconocer que hoy esta reflexión merece ser tomada en serio.

*Antoine Menassa es presidente y fundador de la Asociación de Empresarios Libaneses de Francia (HALFA).

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