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Homenaje
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Por Michel Hajji Georgiou
Publicado sep 6, 2026 - 13:31
El jugador argentino, que puso fin a su carrera internacional el 31 de agosto de 2026, no era nada menos que un prestidigitador de los estadios. Su trayectoria, hecha de prodigios, caídas y redención, quizá diga algo sobre nuestra intacta necesidad de encantamiento en un mundo que, sin embargo, pretende haberse desprendido de él. Anunciado pocas semanas después de la final del Mundial de 2026 perdida ante España, el retiro internacional de Lionel Messi no dejó de provocar una emoción para la cual resulta difícil encontrar muchos equivalentes en la historia reciente del futbol. Probablemente habría que remontarse a Maradona, o también a Cruyff o Pelé, para recuperar esa sensación de que, con el retiro de un jugador, desaparece algo que rebasa con mucho al deporte mismo, como si cierta manera de habitar el futbol, o incluso de creer en él, llegara también a su fin. Lejos de los glacis de la razón Basta de estadísticas interminables y de esas insoportables disputas, tediosas y estériles, sobre “quién es el mejor de todos los tiempos”. El autor de estas líneas nunca ha sido un fanático del balón, ni de las clasificaciones verticales o de una jerarquía del mérito en general, y, por lo tanto, aprecia el talento de cada jugador con la misma mirada maravillada de un niño de once años. Por lo demás, esta obsesión particularmente contemporánea por las cifras arruina todo el placer del espectáculo. Y con razón: el procedimiento que consiste en sumar goles, asistencias, Balones de Oro, Ligas de Campeones, Copas América, Mundiales… no puede sino ser reduccionista. No deja de recordar, en otro registro, la crítica desarrollada por el filósofo germano-estadounidense Eric Voegelin contra la tentación gnóstica moderna: la de un saber convencido de que puede encerrar la realidad en un sistema y abolir aquello que se le resiste. Los récords son probablemente un indicador del genio de Lionel Messi. Pero tantos otros grandes jugadores que hicieron vibrar los estadios y los corazones, y que no lograron ni la mitad de sus hazañas, permanecen sin embargo eternos en la memoria. Lo que los hizo verdaderamente singulares se encuentra en otra parte, lejos de los glacis de la razón. Algo más se jugó alrededor de ellos. Algo que pertenece a cierto sentido profundo de la trascendencia, que el entendimiento nunca podría captar por completo. Ese es el caso de Lionel Messi desde hace más de veinte años, desde el día en que, bajo la mirada del “ícono” Diego Maradona, realizó su primera aparición, en junio de 2006, en la arena mundialista con los colores de la Albiceleste frente a Serbia y Montenegro. Ahora bien, ese elemento indecible que constituye el genio de Messi, como el de otros, toca quizá una de las paradojas más curiosas de la modernidad: la persistencia de la magia en un mundo que precisamente se construyó contra ella. El mundo desencantado Max Weber hablaba del desencantamiento del mundo para designar ese lento proceso mediante el cual la modernidad occidental sometió progresivamente la existencia a la racionalización, al cálculo, a la previsibilidad y a la explicación causal. El mundo ya no debía estar recorrido por poderes oscuros, signos, intervenciones sobrenaturales o voluntades invisibles; debía, al menos en principio, volverse inteligible. Por desgracia, el deporte moderno, y más ampliamente el mundo moderno heredado de la globalización, se inscribe perfectamente en esta dinámica. El futbol de hoy, y no solamente el futbol, es probablemente uno de los objetos más cuantificados que existen. El menor gesto se mide, y todo se calcula y modela cuidadosamente. De las matemáticas a la inteligencia artificial, el talento bruto depende ahora más de la ciencia que del encantamiento. Es aquello que hay de humano en su relación espontánea, incluso salvaje, con lo invisible que nace del corazón, lo que desaparece ante nuestros ojos en beneficio de la cuadratura del VAR. Es, de algún modo, el asesinato del deporte en nombre de una mayor rigurosidad y equidad… aun cuando la eutanasia de esa parte de espontaneidad sublime termine provocando ella misma injusticias flagrantes. Basta volver sobre algunas de las decisiones controvertidas del Mundial de 2026 para comprobarlo. Paradoja de paradojas, el propio Lionel Messi fue, desde el origen, hijo de esta modernidad técnica, a la que ciertamente debe una parte de su excepcional carrera. Su cuerpo, demasiado pequeño para los estándares esperados, fue corregido mediante un tratamiento hormonal. Detectado muy pronto, su talento quedó a cargo de una institución que organizó su formación, su alimentación, su desarrollo físico y su integración en una maquinaria deportiva ya globalizada. Nada, en apariencia, podía estar más alejado del viejo relato heroico. De entrada, la historia se parece más a distopías del tipo de Gattaca que al mundo de los mitos y los relatos mesiánicos. Y, sin embargo, aquel viejo relato regresó. Y lo hizo incluso con una insistencia casi embarazosa. Desde el inicio de su carrera, Lionel Messi fue puesto bajo el microscopio. Pero cuanto más se obstinaban en explicarlo y desmitificarlo, menos lograban disipar por completo la impresión producida por algunos de sus gestos. El hombre, sencillamente, no consigue ser circunscrito ni reducido a una acumulación de datos. A la edad en que la mayoría de los grandes jugadores regresan a las sombras, él sigue sorprendiendo. Incluso dejando estupefacto al mundo, al aportar al deporte esa parte de insensatez que escapa a la hipersistematización casi robótica del mundo. Probablemente sea ahí donde haya que buscar ese otro lugar que caracteriza a Messi. En una supervivencia de la magia en un momento en que incluso los espacios que permitían la expresión positiva de una humanidad hecha de carne y sangre van siendo progresivamente “disciplinados” por esa atracción hipnótica hacia una nueva gnosis puritana en nombre de la modernidad. El Mesías fabricado por la máquina Aunque surgido, en cierto modo, de la máquina matricial, Lionel Messi constituye por sí mismo un cuestionamiento de este modelo de prêt-à-porter . Una especie de alter ego del Neo de Matrix , arrojado a una simulación regida por parámetros que pretenden calcularlo todo. El destino del argentino adquirió progresivamente, casi a pesar suyo, la forma de un relato mesiánico. El juego de palabras con su nombre sería demasiado fácil si su propia historia no lo hubiera relanzado constantemente: la del niño frágil, al que el cuerpo parecía querer negar la realización a la que su talento lo destinaba. Luego la del exilio muy joven hacia Barcelona, la adopción por una ciudad extranjera, el ascenso casi irreal, el reconocimiento mundial y, después, esa extraña dificultad para ser reconocido por los suyos… Porque, durante mucho tiempo, Argentina mantuvo una relación de hainamoration con su hijo pródigo. Poco importaban sus resultados, su talento, su brillantez… tenía que responder a una sola pregunta, despiadada: ¿por qué no era Maradona? La comparación era ciertamente inevitable, pero también profundamente injusta. Todo separaba a ambos hombres en su manera de estar en el mundo. Maradona cargaba con Argentina y con todo lo que ella podía tener de pasional, contradictorio, excesivo y teatral. Hablaba, provocaba, peleaba, caía, volvía, mezclaba con el futbol su vida privada, sus cóleras, sus compromisos políticos… hasta su propia destrucción. Su cuerpo mismo parecía convertirse en uno de los lugares donde se escenificaban las contradicciones de su país. Maradona era la encarnación misma de lo que el mundo esperaba del futbol: un alma rebelde, llevando a veces el juego hasta la inmoralidad, pero dentro de una suerte de gigantomaquia futbolística. Maradona era épico. Y, sobre todo, había colocado a su país en el firmamento del futbol en 1986. Messi, en cambio, no ofrecía nada de eso. Era silencioso, a veces casi ausente del relato que los demás construían a su alrededor, ausencia que durante mucho tiempo fue interpretada como un defecto. Casi borrado, sin personalidad. Eso era, además, lo que le reprochaban los dos gigantes, Maradona y Pelé: carecer de liderazgo, ser demasiado liso. Una especie de bebé de probeta milagroso de los estadios. También se reprochaba al niño de Rosario no cantar suficientemente el himno, no ser lo bastante argentino, haber sido “fabricado” por Barcelona y, naturalmente, no ganar con la selección lo que ganaba casi continuamente con su club. La profecía inconclusa La final del Mundial de 2014 perdida dramáticamente contra Alemania, seguida de las finales de la Copa América de 2015 y 2016, habían transformado progresivamente aquella sospecha en acusación. Cuando falló su penal ante Chile en 2016 y anunció después que abandonaba la selección, ya era, sin embargo, uno de los más grandes jugadores de la historia del futbol. Pero su relato permanecía extrañamente inconcluso. La sensación de incompletud apenas tenía que ver con su palmarés. Se trataba más bien de esa necesidad casi arcaica que se impone continuamente a los héroes modernos: consumar su recorrido iniciático. Con los colores argentinos, Messi brillaba y después caía pesadamente. Pero no se levantaba. No cumplía la profecía. Y, ante los ojos de su pueblo, aquello reforzaba el sentimiento de hainamoration: un dios caído sigue siendo, pese a todo, un dios. Pero con un añadido que, a ojos de sus adoradores, constituye un sustrato de humanidad insoportable y, por lo tanto, perfectamente detestable: sus taras, sus debilidades. Los argentinos amaban a Maradona a pesar de su espectacular decadencia y de su humanidad falible. Pero era porque había “merecido” esa decadencia, porque, de algún modo, se había vuelto aceptable después de México 1986. Messi, en cambio, todavía no tenía derecho a caer, porque todavía no había alcanzado la cima. No, la profecía no se había cumplido. Incluso empezaba a convertirse en caricatura. Messi volvió, entonces. Pero todavía tuvo que esperar su redención. Hubo que esperar a la Copa América de 2021, en el Maracaná, para que esa relación hecha de sospecha, espera y decepción con su público y con su pueblo comenzara verdaderamente a cambiar. Y hubo que esperar, sobre todo, al Mundial de 2022 para que la historia adquiriera esa forma casi demasiado perfecta que nadie se habría atrevido a escribir sin parecer entregarse a una facilidad de guionista. Curiosamente, Maradona había muerto en 2020. Era como si una especie de maldición nacional opresiva se hubiera levantado. Al mismo tiempo, el pueblo argentino necesitaba una figura paterna de sustitución y la presión no hizo sino redoblarse. ¿Pero quizá mezclada, esta vez, con un poco de ternura? Lo ocurrido en Qatar en 2022 resulta aún más interesante porque el propio Messi aparece ligeramente distinto. Protesta más, responde a las provocaciones, se enfurece, habla con una violencia que pocos le creían capaz de desplegar e incluso deja escapar aquel “¿Qué mirás, bobo?” frente a los neerlandeses que divierte a Argentina. Buenos Aires descubre por fin, tardíamente, lo que siempre había esperado de él. Un poco de Maradona dentro de mucho Messi. Pero Messi no se convierte por ello en Maradona. Y quizá sea precisamente ahí donde se produzca la verdadera reconciliación: Argentina deja de pedirle que lo sea. A partir de 2022, Messi ya no necesita encarnar otro modelo del genio nacional. Finalmente puede convertirse también para su país en aquello que ya había sido en todas partes: Messi. Simplemente. El acto final de la profecía Ciertamente, el triunfo de 2022 habría podido constituir un final perfecto. Pero, como en el caso de Maradona, el acto final de la profecía heroica es la caída. Ya nadie esperaba realmente algo excepcional de Messi en 2026. A sus 39 años, se consideraba ampliamente que formaba parte de los “héroes cansados”. La caída del Capitolio había ocurrido con el amargo episodio de su salida del FC Barcelona y su desventura en el PSG. Ya no jugaba sino en la liga estadounidense, con los colores de Miami… en la periferia del mundo del futbol, en las lejanas tierras del soccer . Y la nueva generación ya estaba allí, lista para mandar a los ancestros a Bicêtre. Sin embargo, aquel Mundial de 2026, que parecía destinado a no ser más que un epílogo, se transformó en un último golpe de brillo sensacional. Argentina alcanzó nuevamente la final, con un Messi que, a los 39 años, volvía a ser su “líder histórico” y su recurso en los momentos decisivos, logrando algo que no dejaba de recordar lo que Roberto Baggio había hecho por Italia en 1994, a los… 27 años: el deus ex machina permanente. Baggio fracasó a las puertas del triunfo contra Brasil después de haber llevado prácticamente a Italia hasta Pasadena. Su penal lanzado por encima del travesaño dejó una de las imágenes más crueles de la historia de los Mundiales: la de un hombre inmóvil, con la cabeza baja y las manos en la cintura, mientras Brasil celebraba su victoria. Aquel que había “muerto de pie”. El duende italiano nunca conoció la apoteosis. Pero aquella muerte simbólica, lejos de borrar su Mundial, acabó formando también parte de su leyenda. La historia fue más clemente con Messi, a pesar de una campaña de odio en su contra, mezclada con acusaciones de trampa y favoritismo, sobre un fondo de decisiones arbitrales controvertidas y acciones antideportivas de su equipo, como lo había sido antaño con Maradona. Incluso más. ¿Una final en un sexto Mundial, al borde del retiro y coronada por una actuación individual extraordinaria? Es precisamente ahí donde reside la magia del fenómeno Messi, aquello que desafía a la razón y a su avalancha de estadísticas. El genio no puede encerrarse en una suma de parámetros y variables. Su condición física, incluso óptima, no puede explicar por sí sola aquello de lo que el mundo entero fue testigo. Y qué importa si su relato nos recuerda que el héroe, por mítico que sea, no puede abolir la siniestra influencia de Saturno. El reencantamiento del mundo Porque, más allá de la profecía cumplida, del ascenso a la caída, con su cuota de dichas y desgracias, el argentino ofreció al mundo una última vuelta a la pista que pertenece al arte, si no a una forma de poesía homérica. Con la retirada de Lionel Messi de la escena internacional, desaparece un poco de la magia del mundo… hasta que otro héroe providencial regrese a encantar los estadios. Durante más de veinte años, Messi habrá encarnado la coexistencia de dos mundos que creíamos incompatibles: el de la racionalización extrema del deporte moderno y aquel, mucho más antiguo, del héroe, el signo, la espera y el encantamiento. Cuando Messi se va, algo de esa contradicción aparece bruscamente. Ya han surgido otros prodigios, pero quizá descubramos, en el preciso momento en que uno de sus últimos grandes representantes abandona la escena, hasta qué punto seguimos necesitando trascendencia. El mundo moderno probablemente no ha eliminado el encantamiento. No ha hecho más que desplazarlo. Durante noventa minutos, este hombre llamado Lionel Messi, que lo encarnó sobre las canchas, se marcha después de haberlo conseguido todo. Y aún más.
Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad - Publicado sep 5, 2026 - 20:01
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La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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Por Youssef Mouawad - Publicado sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
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El G7 exige el desarme de Hezbolá
Por
Taline Becharraoui
Publicado

Desde que se comenzó a hablar de un alto el fuego en el Líbano mencionado en el memorando de entendimiento entre Irán y Estados Unidos, cuyo texto fue publicado por la noche por el Departamento de Estado (ver nota relacionada), las especulaciones sobre los acontecimientos que podrían producirse a corto plazo en el país no han dejado de crecer. No solo el alto el fuego sigue siendo extremadamente frágil, sino que persisten las dudas sobre una eventual retirada de las tropas israelíes y sobre la cuestión central del desarme de Hezbolá. Aunque este movimiento y su aliado iraní ya proclaman la “victoria” desde la firma de este acuerdo marco, varios indicios matizaron esa percepción, promovida por el bloque iraní, el miércoles. El primero de esos indicios fue la posición adoptada por el G7, cuyos líderes se reunieron en Evian, Francia. En una declaración conjunta, los jefes de las principales potencias pidieron un alto el fuego “sólido e inmediato” en el Líbano, pero también respaldaron los esfuerzos de las autoridades libanesas para desarmar a Hezbolá y garantizar el monopolio estatal de las armas. Además, el comunicado del G7 recordó además “las amenazas que Irán representa para la región”, insistiendo en que ese país “nunca debe poseer armas nucleares”. El texto también expresó la satisfacción de los líderes de las siete grandes potencias por el acuerdo marco alcanzado entre Estados Unidos e Irán, que contempla, en particular, la reapertura del estrecho de Ormuz. El documento destaca asimismo el papel que pueden desempeñar el Reino Unido y Francia en las tareas de desminado y reapertura de esa vía marítima. Otro indicio fue el compromiso renovado del presidente de la República, Joseph Aoun, respecto a la voluntad del Líbano de alejar al país de la influencia iraní. El mandatario libanés despejó toda ambigüedad el miércoles al insistir en que el Líbano sigue una vía “independiente” del acuerdo alcanzado entre Washington y Teherán. Habló de “garantías” ofrecidas al Estado libanés en relación con las negociaciones directas que mantiene con Israel en la capital estadounidense desde principios de abril y cuya próxima ronda está prevista para los días 23, 24 y 25 de junio. El Estado libanés “conduce las negociaciones”; es “dueño de sus decisiones y nadie puede sustituirlo”, subrayó el jefe de Estado en un comunicado. Con ello respondió a dirigentes de Hezbolá que se apresuraron a instarlo a abandonar las conversaciones directas con Israel, argumentando que el Líbano debería recurrir a Irán para defender sus intereses. No obstante, Aoun también agradeció a todos aquellos que ayudan al Líbano a alcanzar un alto el fuego, incluido Irán, en una muestra de flexibilidad y de búsqueda de consenso interno, sin renunciar a su firme postura sobre la soberanía libanesa. ¿Aoun en Washington? En este contexto, el presidente Donald Trump indicó durante la jornada, al margen de su visita a Francia, que el presidente Aoun viajará a Washington “dentro de dos semanas”. Una fuente estadounidense autorizada señaló que la visita del mandatario libanés podría concretarse hacia mediados de julio. Por otra parte, reafirmando la voluntad de su administración de establecer “la paz en el Líbano”, el jefe de la Casa Blanca puso énfasis en la necesidad de “resolver el tema de Hezbolá de una manera u otra”. Además, Trump insistió en este punto al declarar que “Siria desempeñará un papel positivo contra Hezbolá en el Líbano”. Ya entrada la noche, una fuente estadounidense declaró al canal Al-Hadath que “la decisión de guerra y paz en el Líbano debe estar en manos del gobierno legítimo”, precisando que “hemos comunicado al Líbano que la garantía de su soberanía y de su estabilidad regional pasa por el monopolio estatal de las armas”. Asimismo, un alto funcionario de la administración estadounidense declaró a MTV que “el acuerdo no impone un alto el fuego general en el Líbano a cualquier precio”. “Irán debe controlar a Hezbolá e impedir que ataque a Israel”, añadió el funcionario. “Si Hezbolá ataca a Israel, este último se reserva el derecho de responder militarmente”. En este contexto, cabe señalar que, según informaciones difundidas por AFP, el primer ministro Nawaf Salam podría ser recibido este jueves en París por el presidente francés Emmanuel Macron. Según una fuente diplomática del G7 citada por la agencia, Macron y Salam discutirán en París “la implementación del comunicado del G7” relativo al Líbano. Amnistía Internacional y la ocupación israelí Mientras tanto, los combates continúan en el sur del país y su intensidad parece incluso aumentar, especialmente en los alrededores de la colina Ali Taher, un punto estratégico en las alturas de Nabatiyeh que las fuerzas israelíes intentan tomar desde hace varios días. En el plano político, continúan alzándose voces en Israel para exigir que los territorios ocupados no sean evacuados por las tropas israelíes. El ultraderechista ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, aseguró que el ejército israelí no se retirará del Líbano, “ni este viernes ni después”, en referencia a la firma del acuerdo marco entre Irán y Estados Unidos prevista para el viernes en Ginebra. Un informe publicado por la organización internacional de derechos humanos Amnistía Internacional acusó a Israel de cometer “crímenes de guerra” debido al uso sistemático de desplazamientos forzados de población, asegurando que actualmente las tropas israelíes ocupan cerca del 6% del territorio libanés. Por su parte, el ejército iraní volvió a intervenir verbalmente sobre la situación en el Líbano este miércoles, amenazando a Israel con una “respuesta severa” si no cesan los ataques israelíes. Entretanto, Hezbolá tampoco ha detenido sus operaciones. Al final de la tarde, el ejército israelí informó que cinco de sus soldados resultaron heridos tras un ataque con drones contra uno de sus vehículos en Nabatiyeh. “Si no se comportan bien…” La cuestión iraní acompañó claramente a Donald Trump durante la reunión del G7 en Francia. Si el presidente estadounidense logró que la conclusión del acuerdo con Irán se produjera antes de la cumbre para presentarlo como una victoria diplomática ante sus aliados europeos, con quienes su relación ha sido particularmente turbulenta desde el inicio de su segundo mandato, también tuvo que responder preguntas de la prensa que provocaron declaraciones polémicas. Así, precisó desde el principio que se trata de “un protocolo de entendimiento” y no de un acuerdo definitivo, durante su conferencia de prensa conjunta con el presidente egipcio Abdel Fattah al Sisi. “Y si el acuerdo no me satisface, si los iraníes no se comportan bien, volveremos a lanzar bombas sobre sus cabezas”, añadió. No obstante, calificó el documento como “muy sólido”. Palabras significativas a solo dos días de la firma del acuerdo en Ginebra. Trump también adoptó una postura defensiva cuando fue interrogado sobre los 300,000 millones de dólares en inversiones prometidas a Irán. Afirmó que Estados Unidos “no invertirá ni diez centavos” en Irán mientras ese país no cumpla todas las cláusulas del acuerdo, subrayando que no está previsto gastar dinero alguno en territorio iraní hasta nuevo aviso. Según las filtraciones difundidas por distintos medios, el memorando de entendimiento señala que Estados Unidos “y sus socios en la región” se comprometen a elaborar un plan de reconstrucción y desarrollo de Irán financiado con “al menos 300,000 millones de dólares”. Respecto a la financiación de la reconstrucción de una región profundamente afectada por esta guerra, destaca la declaración realizada el miércoles por China, que prometió no solo ayudar a Irán, como ya lo ha hecho, sino también al Líbano. ¿Busca el gigante asiático ampliar su influencia en la región? Hasta el momento, las autoridades libanesas no han reaccionado. Sobre el terreno, en el Golfo, petroleros iraníes ya habían superado la zona de bloqueo durante la mañana del miércoles. Texto del protocolo de entendimiento entre Irán y Estados Unidos El texto del protocolo de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, que aún debe ser firmado formalmente, fue revelado el miércoles por un funcionario estadounidense durante una conversación con periodistas. A continuación, la transcripción traducida por AFP: “Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán han acordado de buena fe, el [insertar fecha], lo siguiente:” 1. Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán, así como sus aliados en la guerra en curso, al firmar este protocolo de entendimiento, declaran el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, y se comprometen, a partir de este momento, a no iniciar guerras ni operaciones militares entre sí y a abstenerse de amenazar o utilizar la fuerza mutuamente, garantizando al mismo tiempo la integridad territorial y la soberanía del Líbano. El acuerdo final confirmará el cese permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, así como las demás disposiciones del presente párrafo. 2. Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán se comprometen a respetar la soberanía y la integridad territorial de la otra parte y a abstenerse de cualquier injerencia en sus asuntos internos. 3. Los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán se comprometen a negociar y concluir el acuerdo final en un plazo máximo de 60 días, prorrogable de común acuerdo. 4. Desde la firma de este protocolo de entendimiento, los Estados Unidos de América comenzarán a levantar su bloqueo naval y toda perturbación u obstáculo dirigidos contra la República Islámica de Irán, y pondrán fin completamente al bloqueo naval en un plazo de 30 días. Durante este período, el tráfico marítimo será proporcional al volumen de tráfico previo a la guerra restablecido por la República Islámica de Irán. Estados Unidos también se compromete a retirar sus fuerzas de las inmediaciones de Irán dentro de los 30 días posteriores a la firma del acuerdo final. 5. Desde la firma de este protocolo de entendimiento, la República Islámica de Irán adoptará todas las medidas posibles para garantizar la seguridad del tránsito de buques comerciales, sin costo durante un período exclusivo de 60 días, entre el golfo Pérsico y el mar de Omán, y viceversa. El tráfico comercial comenzará de inmediato y, teniendo en cuenta la necesidad de eliminar obstáculos técnicos y militares, así como las labores de desminado a cargo de Irán, quedará plenamente restablecido en un plazo de 30 días. Irán iniciará un diálogo con el Sultanato de Omán para definir la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, en coordinación con los demás Estados ribereños del golfo Pérsico y de conformidad con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados costeros. 6. Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan definitivo, acordado mutuamente, por un monto de al menos 300,000 millones de dólares, destinado a la reconstrucción y al desarrollo económico de la República Islámica de Irán. El mecanismo de implementación de este plan será definido en el acuerdo final dentro de un plazo de 60 días. Estados Unidos concederá todas las licencias, exenciones y autorizaciones necesarias para las transacciones financieras correspondientes. 7. Estados Unidos se compromete a poner fin a todos los tipos de sanciones contra la República Islámica de Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, las resoluciones de la Junta de Gobernadores del OIEA, así como todas las sanciones unilaterales estadounidenses, primarias y secundarias, conforme a un calendario acordado en el marco del acuerdo final. La República Islámica de Irán y Estados Unidos reconocen la importancia crucial del levantamiento de las sanciones mencionadas y expresan su intención de abordar inmediatamente esta cuestión durante las negociaciones para alcanzar un acuerdo mutuo. 8. La República Islámica de Irán reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares. Estados Unidos e Irán acordaron resolver el destino del material enriquecido acumulado mediante un mecanismo que será definido de mutuo acuerdo y conforme al calendario mencionado en el párrafo 7, contemplando como mínimo un método de dilución in situ bajo supervisión del OIEA. Ambas partes también acordaron discutir la cuestión del enriquecimiento y otros temas relacionados con las necesidades nucleares de Irán, sobre la base de un marco satisfactorio que deberá quedar establecido en el acuerdo final. Este último confirmará las disposiciones del presente párrafo. Estados Unidos e Irán reconocen la importancia fundamental de estas cuestiones nucleares y expresan su intención de tratarlas de inmediato durante las negociaciones para alcanzar un acuerdo mutuo. 9. En espera del acuerdo final, Estados Unidos e Irán acuerdan mantener el statu quo. Irán mantendrá el estado actual de su programa nuclear y Estados Unidos no impondrá nuevas sanciones ni desplegará fuerzas adicionales en la región. 10. Estados Unidos se compromete a que, desde la firma de este protocolo de entendimiento y hasta el levantamiento de las sanciones, el Departamento del Tesoro estadounidense emitirá exenciones para la exportación de petróleo crudo iraní, productos petroleros y derivados, así como para todos los servicios asociados, incluidos transacciones bancarias, seguros, transporte y otros. 11. Estados Unidos se compromete a poner plenamente a disposición y permitir el uso de los fondos y activos de la República Islámica de Irán congelados o sujetos a restricciones desde la entrada en vigor de este protocolo de entendimiento. Ambas partes acordarán los procedimientos para la liberación de dichos fondos durante las negociaciones. Estos recursos, ya sea que permanezcan en sus cuentas originales o sean transferidos, deberán poder utilizarse plenamente para cualquier pago a beneficiarios designados por el Banco Central de Irán. Estados Unidos se compromete a otorgar todas las licencias y autorizaciones necesarias para ello. 12. Estados Unidos e Irán acuerdan establecer un mecanismo de supervisión para garantizar la correcta implementación de este protocolo de entendimiento y el cumplimiento futuro del acuerdo final. 13. Tras la firma de este protocolo de entendimiento y sujeto al inicio de la aplicación de los párrafos 1, 4, 5, 10 y 11, así como a la continuidad de dichas medidas, Estados Unidos e Irán iniciarán negociaciones sobre el acuerdo final exclusivamente respecto de los demás párrafos. 14. El acuerdo final será ratificado mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Cuando el Hezb recluta niños y se justifica...

Cuando se interroga a Hezbolá, o a quienes giran en su órbita, sobre su práctica de reclutar niños — categoría que la UNICEF define con precisión, en la Convención sobre los Derechos del Niño, como todo ser humano menor de dieciocho años —, la respuesta oscila invariablemente entre varios registros: afirman que los niños lo desean ellos mismos, que son suficientemente maduros, o que se trata de algo perfectamente normal y coherente con la práctica de todas las revoluciones de la historia. Se desgrana entonces un rosario de referencias que nos lleva varios siglos atrás. Caemos así en una serie interminable de falacias. Para empezar, la definición de los grupos de edad no es un dato fijo: varía según las épocas. Vale la pena consultar el trabajo enciclopédico de Ariès sobre la infancia en particular, y la Escuela de los Annales en general. La infancia como concepto no existía en la Edad Media; el niño era tratado como un adulto pequeño. No había una frontera clara entre el mundo de los niños y el de los adultos, ni en la crianza, ni en la vestimenta, ni en los juegos. La integración temprana en el mundo adulto era la norma, y fue en ese marco que su alistamiento en las guerras se consideraba “aceptable”. Pero las normas y los conceptos se transforman con el tiempo, lo que significa que lo que alguna vez se tuvo por “natural” puede volverse moral y jurídicamente inadmisible en otra época. Sabemos bien que el trabajo infantil era algo habitual en la era de la Revolución Industrial, y que persiste hoy en los países más empobrecidos. Sin embargo, ello no ha impedido el reconocimiento internacional de los derechos de la infancia y de su necesidad de protección y cuidado en todos los planos — educativo, sanitario y psicológico —, a fin de acompañar a los niños en su crecimiento y desarrollo saludable. La historia misma demuestra, pues, que las sociedades abandonan prácticas que en su momento consideraban “normales”. Es dentro de esta lógica que la UNICEF emitió su determinación jurídica, a través de la Convención sobre los Derechos del Niño: todo ser humano menor de dieciocho años es un niño. No se trata de una opinión cultural sujeta a interpretación, sino de una norma internacional y una regla jurídica que impone obligaciones legales vinculantes y sustenta las políticas de los estados y las organizaciones. En cuanto al argumento de las revoluciones, no es menos falaz. Las revoluciones ciertamente utilizaron niños, pero el trabajo infantil también era aceptable entonces, la ausencia de educación era algo ordinario, la esclavitud estaba legalizada, la privación de los derechos de las mujeres era no solo generalizada sino corriente, y la violencia sistemática era igualmente la norma. ¿Acaso todo ello lo hace aceptable hoy? Por supuesto que no. Hay otra falacia en la que se hunden: medir el presente con los criterios del pasado — práctica que extienden, por lo demás, a todos los ámbitos —, mientras se sirven simultáneamente de los productos más avanzados de la tecnología moderna, desde drones hasta medios digitales y teléfonos inteligentes, de los que sabemos que facilitaron la operación de los bípers cuyas consecuencias son hoy bien conocidas. No se puede vivir con la tecnología del siglo XXI y justificar las propias prácticas sociales con los criterios de la Edad Media. Lo que están haciendo en realidad es una redefinición de la infancia: vacían la palabra de su sentido contemporáneo y la reemplazan con una definición elástica — “consciente”, “listo”, “maduro” —, al servicio de políticas dictadas por su empleador, Irán. Desmantelan la definición de infancia para reconstruirla según sus necesidades. Convierten al niño de “sujeto de protección” en “instrumento de conflicto”, en contradicción y violación directas de la psicología del desarrollo, el derecho internacional y el conjunto de la ética contemporánea. Invocar prácticas históricas para justificar el reclutamiento de niños hoy equivale a ignorar deliberadamente la evolución de los valores y estándares humanos — del mismo modo que no se puede justificar la esclavitud, el trabajo infantil o la opresión de las mujeres alegando que fueron prácticas generalizadas en el pasado. La existencia de algo en el pasado no le confiere legitimidad en el presente; de lo contrario, tendríamos que aceptar la esclavitud y la desposesión de las mujeres de sus derechos. El problema no reside en la historia misma, sino en el intento de instrumentalizarla para justificar lo que ya no es tolerable hoy. Todo lo que hacen no responde a ninguna “fidelidad a los orígenes”, sino a una selectividad utilitaria y a la proyección de reglas sobre una realidad regida por reglas completamente distintas — dicho de otro modo, mezclan marcos normativos diferentes de una manera que parece arbitraria pero que en realidad es sistemáticamente calculada. No se puede vivir con la tecnología del siglo XXI y justificar la propia conducta con los criterios de la Edad Media. Y si un concepto ha evolucionado, no se puede regresar a etapas anteriores para legitimar las prácticas de hoy. Lo que ocurre en realidad es la desposesión del niño de su condición jurídica de menor, su transformación en “pequeño combatiente”, con el pretexto de que es suficientemente “consciente” de lo que hace — y es precisamente este mecanismo el que lo priva de la protección legal a la que tiene derecho. Estos mismos actores invocan el derecho internacional cuando les conviene, y lo ignoran cuando no les sirve. Apelan a él cuando hablan de los derechos de los pueblos, de la agresión, de la soberanía… No se trata de una postura de principio, sino de un uso instrumental de las normas, que podríamos nombrar con claridad: selectividad normativa, o doble estándar referencial utilitario, ejercido mediante la manipulación de los conceptos. La pregunta no es qué ocurría en el pasado, sino qué criterios adoptamos hoy, y si los aplicamos de manera coherente o los usamos selectivamente según el interés del momento — invocados cuando sirven a la posición, descartados cuando no la sirven, con los conceptos fundamentales redefinidos según lo que se necesite.

¿Es posible una política cultural en el Líbano? (2/2)

En un artículo anterior, señalamos que, a pesar de las crisis sucesivas que han golpeado al Líbano, la escena artística libanesa sigue demostrando una notable resiliencia, tanto dentro como fuera del país. Exposiciones, festivales, aperturas de galerías, nuevas instituciones e iniciativas vinculadas al patrimonio: el arte y la cultura relacionados con el Líbano nunca han dejado de existir por completo, pese a todas las dificultades. Por el contrario, hoy parecen recuperar un nuevo impulso que contribuye a la construcción de una diplomacia cultural internacional y deja entrever los primeros indicios de una política cultural propia del País de los Cedros. Sin embargo, ¿realmente puede hablarse de una auténtica política cultural? La pregunta merece plantearse en un momento donde el Ministerio de Cultura del Líbano multiplica las iniciativas y manifiesta su voluntad de reposicionar la cultura como un sector vital para el desarrollo del país. En términos generales, una política cultural se refiere al conjunto de acciones impulsadas por los poderes públicos para apoyar la creación artística, proteger el patrimonio, facilitar el acceso a la cultura, promover la inclusión y garantizar cierta equidad territorial. Supone una visión nacional coherente, así como mecanismos capaces de sostener la acción cultural a largo plazo. No obstante, al observar el panorama cultural libanés actual, una constatación se impone: suceden muchas cosas, pero la mayoría de las iniciativas siguen concentradas en Beirut. Sin embargo, esta centralización no debe hacer olvidar las dinámicas que resurgen en otras regiones. La reapertura del cine Empire en Trípoli constituye un ejemplo significativo en este sentido, al revitalizar la actividad cultural y reactivar la memoria urbana, así como el lugar que Trípoli ocupó en otro tiempo en la historia del cine libanés. Otras iniciativas también reflejan el renacimiento de la actividad cultural fuera de la capital. En Zahlé, el proyecto de un museo dedicado a Saïd Akl ilustra la voluntad de fortalecer las infraestructuras culturales regionales. En Tiro, la rehabilitación de antiguas salas de cine, como el Rivoli, contribuye hoy a recrear espacios de encuentro y diálogo, especialmente importantes en un contexto marcado por los traumas de los conflictos recientes. En la región del Chouf, los proyectos relacionados con el patrimonio en torno a Deir el Qamar y Beiteddine, así como el desarrollo de residencias artísticas, también contribuyen a una mayor presencia de la actividad cultural en todo el territorio. A esto se suman los festivales que se celebran en distintas regiones del Líbano: Biblos, Los Cedros, Jounieh, Baalbek, Beiteddine, entre otros. Estas iniciativas son a veces dispersas y menos visibles que las de Beirut, pero recuerdan que la vitalidad cultural libanesa no se limita a la capital. Construir un ecosistema cultural A pesar de este esfuerzo de descentralización, los principales espacios de exhibición, las grandes instituciones culturales y la mayor parte de los recursos financieros siguen concentrados en Beirut. Nuevas galerías abren sus puertas regularmente; algunas instituciones se reestructuran y otras reanudan progresivamente sus actividades, como la Cinemateca de Beirut, el Cinema Metropolis o, próximamente, el Gran Teatro de Beirut. Al mismo tiempo, el Ministerio de Cultura reactiva diversos eventos y proyectos vinculados al patrimonio. Aun así, las cuestiones planteadas desde hace varios años, y que además figuran en los informes del Ministerio de Cultura, siguen plenamente vigentes. ¿Cómo hablar de una verdadera política cultural nacional cuando los problemas de transporte, mediación cultural, idioma o acceso a las regiones continúan en gran medida sin resolverse? Tal vez sea necesario considerar la situación desde otra perspectiva. Los informes recientes del Ministerio de Cultura, especialmente aquellos dedicados a las industrias culturales y creativas y al Foro de las Artes Visuales, muestran que el objetivo actual quizá no sea todavía la implementación de una política cultural en el sentido clásico del término, sino más bien el diseño de una estrategia. La prioridad parece estar en otro lugar: construir los cimientos de un auténtico ecosistema cultural capaz de convertirse en un actor económico estratégico por derecho propio. El desafío consiste en transformar la resiliencia de los artistas y de las instituciones culturales en desarrollo sostenible, empleo y crecimiento económico. Pero esta ambición revela una realidad que a menudo se pasa por alto: el problema del sector cultural libanés no es la ausencia de actores, ya que las estructuras existen. En el ámbito de las artes visuales, por ejemplo, la Asociación de Pintores y Escultores Libaneses y el Sindicato de Artistas Visuales cuentan con reconocimiento oficial. Sin embargo, muchos artistas desconocen su funcionamiento o incluso su existencia. El problema no radica tanto en la falta de organizaciones como en su escasa visibilidad, su limitada actividad o su dificultad para aglutinar a la profesión. Un déficit de acompañamiento Esta cuestión también se plantea en el sector de la música y de las artes escénicas. Hoy en día, numerosos músicos y cantantes libaneses optan por registrar o declarar sus obras ante la Sacem en Francia, por ejemplo, en lugar de recurrir a los mecanismos existentes en el Líbano. Esta situación suele reflejar una falta de información, pero también la escasa visibilidad de los sistemas locales de protección y gestión de derechos. Más ampliamente, el sector cultural libanés sufre un déficit de acompañamiento en materia de propiedad intelectual. Mientras que Francia cuenta con instituciones claramente identificadas, como la Sacem para autores y compositores, la SACD para autores dramáticos y audiovisuales, la Spedidam para artistas intérpretes o el INPI para cuestiones de propiedad industrial, las estructuras equivalentes en el Líbano siguen siendo poco conocidas por el público general e incluso por algunos profesionales del sector. Sin embargo, el país dispone, por ejemplo, de una Oficina de Propiedad Intelectual adscrita al Ministerio de Economía, encargada, entre otras funciones, de las cuestiones relacionadas con derechos de autor, marcas y patentes. El desafío parece residir menos en la ausencia de mecanismos que en su visibilidad, accesibilidad y apropiación por parte de los propios actores culturales. La situación es similar en lo que respecta al estatus profesional de los artistas. Muchos trabajan sin contrato, sin protección social y sin un conocimiento real de sus derechos. Las cuestiones relacionadas con la propiedad intelectual, los derechos de autor o los mecanismos de protección jurídica siguen siendo, con frecuencia, poco conocidas. Numerosos artistas libaneses enfrentan dificultades en el extranjero simplemente por falta de conocimientos legales o por desconocer los desafíos asociados a la propiedad intelectual. Son situaciones que, en muchos casos, podrían haberse evitado mediante una mejor formación. Estos problemas aparecen claramente identificados en los informes publicados recientemente: ausencia de un estatus profesional para los artistas; falta de coordinación entre instituciones; insuficiencia de mecanismos de financiamiento; dificultades vinculadas a la protección del patrimonio y una excesiva centralización de las actividades culturales. Pero los documentos también proponen vías concretas de acción: fortalecer las organizaciones existentes; formar a los profesionales; proteger los archivos; apoyar la creación; desarrollar las industrias culturales y creativas, y mejorar el reconocimiento jurídico de los actores del sector. Por ello, la profesionalización del sector aparece hoy como un desafío fundamental. Formar a los artistas en sus derechos, pero también capacitar a los profesionales de la cultura en las realidades del sector se vuelve indispensable. En este sentido, ya existen varias iniciativas. Entre ellas, la Maestría en Gestión de Eventos de la Universidad Saint-Joseph, única en el Líbano, contribuye a la formación de futuros profesionales de la cultura mediante contenidos relacionados con gestión de proyectos, administración cultural, mediación, comunicación y políticas culturales. Del mismo modo, la ESA Business School ofrece programas de formación en gestión cultural y administración de las artes que incorporan dimensiones jurídicas, contractuales y vinculadas a la economía de la cultura. La cultura vuelve a ponerse en marcha Esta dimensión es esencial. Porque, más allá de la creación artística, también es necesario formar a quienes mañana construirán las instituciones, los proyectos y los mecanismos capaces de acompañar de manera sostenible el desarrollo del sector. Esta visión coincide con las orientaciones defendidas actualmente por el ministro de Cultura, Ghassan Salamé, quien busca devolver a la cultura un lugar central en el proyecto de reconstrucción del país, tanto dentro del Líbano como ante la diáspora y los socios internacionales. Los cimientos ya están ahí. Lo que parece estar construyéndose hoy es menos una política cultural plenamente consolidada que una estrategia destinada a estructurar un sector que durante mucho tiempo dependió casi exclusivamente del compromiso y la resiliencia de sus actores. Una verdadera política cultural podría llegar después. Probablemente no siguiendo un modelo europeo o francés, sino bajo una forma adaptada a las realidades libanesas, a su funcionamiento institucional, a su diversidad y al papel esencial desempeñado por las iniciativas privadas, asociativas y universitarias. Hay, sin embargo, una certeza: la cultura vuelve a estar en movimiento en el Líbano. Y si los artistas deben seguir creando, resulta igualmente importante formar a quienes participarán mañana en la organización, mediación, gestión y transmisión de esa cultura. Porque la reconstrucción de un sector cultural sostenible depende tanto de las obras como de las estructuras que permitirán darles vida. Leer también: Diplomacia cultural libanesa: entre la influencia, la solidaridad y la resistencia (1/2)

Estados Unidos-Irán: para Teherán, someterse o atenerse a las consecuencias…

La palabra clave de este proceso de conversaciones y negociaciones puesto en marcha a inicios de semana por Estados Unidos y la República Islámica de Irán es, sin duda, “suspenso”. El lanzamiento oficial de este proceso tendrá lugar el viernes en Suiza, con la presencia, entre otros, del vicepresidente estadounidense JD Vance y del presidente del Parlamento iraní, quien además encabeza la delegación de negociadores iraníes, Mohammad Ghalibaf. En la etapa actual, el suspenso se centra en el contenido del memorándum de entendimiento acordado entre Washington y Teherán. Solo la “versión” iraní de este documento ha sido divulgada públicamente. Evidentemente, presenta una visión algo sesgada, ya que parece reflejar esencialmente las demandas del régimen iraní. Del lado estadounidense, se precisa que el texto de este acuerdo marco será transmitido a los medios de comunicación el viernes, después de la ceremonia oficial de firma. Desde el inicio, el jefe de la diplomacia iraní, Abbas Araghchi, indicó el martes que las negociaciones bilaterales, que deberían extenderse durante 60 días renovables, abordarán el expediente nuclear y la cuestión de las sanciones. Es en este punto donde surge un segundo nivel de suspenso, dado que las posiciones enfrentadas sobre el pesado historial de disputas que enfrenta a ambos países son profundamente divergentes. En una entrevista con The New York Times , el presidente Donald Trump aclaró la posición estadounidense, tal como debería manifestarse progresivamente a medida que avancen las conversaciones. En primer lugar, afirmó que si el régimen iraní continúa ejecutando opositores, decidirá suspender el desbloqueo de los activos iraníes, que ascienden a 24 mil millones de dólares. De manera general, el jefe de la Casa Blanca precisó que no podría plantearse un levantamiento de las sanciones ni la devolución de los activos congelados mientras el poder iraní no haya respetado y puesto en práctica sus compromisos. El “guardián de Medio Oriente” Yendo más lejos en su advertencia a la República Islámica, el presidente Trump esgrimió la amenaza de regresar a la opción militar y lanzar ataques contra infraestructuras iraníes si no se alcanza un acuerdo definitivo sobre el expediente nuclear. Para precisar mejor su posición al respecto, señaló sin rodeos que, si el acuerdo final sobre el programa nuclear no es aprobado, Estados Unidos se arrogaría el derecho de convertirse en “el guardián de Medio Oriente, a cambio de percibir el 20 por ciento de los ingresos de la región”… En cuanto a la situación en Líbano, el jefe de la Casa Blanca lanzó lo que podría considerarse un desliz diplomático al señalar, en otra entrevista, que contemplaba proponer a Israel dejar al presidente sirio Ahmed Chareh la tarea de resolver el problema de Hezbolá en Líbano. “Quizás podría cumplir esta tarea mejor que Israel”, añadió Trump. El presidente sirio no tardó en reaccionar ante este comentario, declarando que no se contemplaba una intervención de las fuerzas sirias en Líbano. Cuatro ataques con drones en el sur de Líbano En cualquier caso, los dirigentes israelíes reiteraron durante las últimas 48 horas que el ejército no se retirará del territorio libanés hasta que se haya resuelto el problema del armamento de Hezbolá. Mientras tanto, las operaciones militares continúan en el sur de Líbano, aunque con una intensidad menor que antes del anuncio del memorándum de entendimiento. Las fuerzas del Estado de Israel concentran principalmente sus ataques en el sector de Nabatiyeh, especialmente hacia la colina estratégica de Ali Taher. Paralelamente, el ejército israelí lanzó el martes cuatro ataques con drones contra vehículos en la zona de las localidades de Mayfadoun y Choukine, en el distrito de Nabatiyeh. Estos ataques selectivos dejaron cuatro muertos y varios heridos.

Frente a la ilusión poshumanista, la capacidad del vínculo

En el ámbito geopolítico y ante el retorno de la lógica de la fuerza en las relaciones internacionales, León XIV se presenta como un verdadero denunciante de alerta ante la ilusión tecnológica alimentada por una élite de Silicon Valley. Esta pretende superar, mediante la inteligencia artificial (IA), los límites del ser humano y conducirlo hacia el transhumanismo y el poshumanismo. Son aspiraciones prometeicas de superar las fronteras humanas que revelan un rechazo no solo hacia el mundo, sino también hacia la propia idea de un Creador. Frente a estas aspiraciones, la encíclica responde: “(…) La humanidad, magnífica y herida, no debe ser ni reemplazada ni superada. Puede acoger los avances de la técnica para aliviar los sufrimientos y abrir nuevas posibilidades”, siempre que no reniegue de aquello que la define, es decir, la capacidad de relación y de amor (N. del E., las cursivas son nuestras). En este punto surge una pregunta decisiva: si existe un auténtico “más que humano”, ¿dónde se encuentra? La fe cristiana responde señalando “un cumplimiento que no proviene de una divinización tecnológica, sino de la acción de la gracia de Dios recibida en Cristo”. La encíclica recuerda que la inteligencia artificial no es moralmente neutral, sino que permanece influenciada por los “sesgos” de sus programadores. Su propia concepción depende de decisiones éticas, valores y modelos económicos subyacentes, lo que exige una gran lucidez por parte de sus usuarios. El peligro de la cosificación mencionado anteriormente es uno de los principales desafíos que la IA plantea a quienes la utilizan: León XIV advierte sobre el riesgo de reducir a la persona humana a una simple secuencia de datos cuantificables y de indicadores de rendimiento. La encíclica también denuncia el colonialismo digital: alerta sobre la concentración masiva del poder y de los recursos digitales en manos de unas pocas empresas transnacionales privadas, creando nuevas formas de esclavitud y un espacio de depredación de los datos de los pueblos. Una simple exploración de la red permite constatar que existen robots recolectores de datos, scrapers y crawlers que recopilan hasta nuestros intercambios más pequeños. En perfecta continuidad con la evolución contemporánea de la doctrina social iniciada por el papa Francisco, Magnifica Humanitas da un paso más al reafirmar la superación de la teoría clásica de la “guerra justa”. Ante el desarrollo de armas autónomas y algoritmos de selección de objetivos militares, insiste en que confiar decisiones letales e irreversibles a máquinas rompe definitivamente con la responsabilidad moral del uso de la fuerza armada. Por ello, exige un “desarme algorítmico” mundial. Contra las armas autónomas El papa explica, en efecto, que ha escuchado a científicos e ingenieros; a responsables políticos, funcionarios, padres y docentes, así como a otras voces “muy preocupantes” sobre “sistemas de armas cada vez más autónomos, prácticamente fuera del alcance de cualquier control humano”. También precisa que posee “testimonios muy preocupantes de algoritmos capaces de bloquear el acceso a la atención médica, al empleo y a la seguridad sobre la base de datos marcados por prejuicios e injusticias”. Expresa su angustia ante “el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman decisiones, decisiones susceptibles de generar nuevas formas de exclusión y sufrimiento”. Desarmar la IA De esta escucha nació una “convicción inquietante”, expresada en Magnifica Humanitas : es necesario “despertar las conciencias e indicar el camino que debe seguir la humanidad”. “La inteligencia artificial debe ser desarmada”. Sobre este tema, es importante saber que California, donde tienen su sede los gigantes tecnológicos estadounidenses como Google, Meta, OpenAI (ChatGPT) y Anthropic, implementó el lunes 29 de septiembre de 2025 una importante ley de regulación de la IA. La norma impone obligaciones de transparencia a las empresas que desarrollan los modelos más complejos, obligándolas a hacer públicos sus protocolos de seguridad e informar sobre incidentes graves. El texto obliga a las empresas a reportar comportamientos engañosos y peligrosos de la IA durante las pruebas. Por ejemplo, si un modelo miente sobre la eficacia de los controles diseñados para impedirle ayudar en la fabricación de armas biológicas o nucleares, los desarrolladores deben revelar el incidente si este incrementa considerablemente el riesgo de daños. “Los propios informes de las empresas líderes en IA revelan avances preocupantes en todas las categorías de amenazas”, señalaba en junio de 2025 el grupo de expertos creado por el gobernador de California para perfeccionar el texto bajo la dirección de especialistas reconocidos de la Universidad de Stanford, apodada la “madrina de la IA”. Magnífica Humanitas se publica en un momento en que decenas de miles de millones de dólares en inversiones en IA llegan a Silicon Valley, mientras crecen las preocupaciones sobre posibles desvíos de los modelos más avanzados. Así fue como la encíclica fue presentada durante una sesión en la que participó Christopher Olah, cofundador de Anthropic, una empresa que en abril pasado se negó a hacer público su modelo más potente, Claude Mythos. La encíclica considera que este modelo es demasiado peligroso, en materia de ciberseguridad, desarrollo de armas e impacto sobre la sociedad y el trabajo, como para ser desplegado sin estrictas medidas de protección. Magnifica Humanitas , una encíclica que debe leerse sin demora. Leer también: La encíclica de León XIV sobre la IA: ¿Torre de Babel o Ciudad santa? (2/3) La Encíclica "Magnifica humanitas" de León XIV, texto fundacional sobre la IA (1/3)

En el punto de quiebre
Por
Hisham Dibsi
Publicado

El título es un eslogan colocado por la dirección iraní en un enorme espectacular en el corazón de la plaza Enqelab en Teherán, que muestra el estrecho de Ormuz sobre la boca de Donald Trump, presidente del Estado del "Gran Satán" que debe ser derrotado, así como debe destruirse el Estado del "Pequeño Satán" que es Israel. Sin embargo, los hechos nos revelan esta semana que un acuerdo se perfila, precisamente "en el punto de quiebre," con los dos Satanes, el Grande y el Pequeño, un acuerdo que podría firmarse el próximo viernes. No se le ha ocurrido a la maquinaria mediática iraní que los puntos de quiebre también pueden alcanzar a sus propios dirigentes, y no solo a sus enemigos, aunque la dirección iraní crea haber logrado una victoria divina sin precedente en este punto de quiebre, ya sea en el estrecho o en el sur del Líbano. Si las intenciones estadounidenses e iraníes resultan sinceras y el "memorándum de entendimiento" o el "acuerdo marco" estadounidense-iraní destinado a cesar las hostilidades y levantar el bloqueo sobre el estrecho cerrado llega a firmarse, nos encontraremos ante una situación en la que Teherán habrá logrado aferrar por la garganta para arrancar la victoria deseada mediante la asfixia total de las economías mundiales, mientras que Washington habrá logrado sujetar la nariz y la boca para obligar a la cabeza iraní a hundirse bajo el agua a través del bloqueo naval y la parálisis integral del tráfico portuario. Así el factor tiempo se volvió en contra de quien solo sostiene la garganta, como lo dice y lo muestra el espectacular. Mientras se aguarda la firma en el transcurso de esta semana, hay observaciones que vale la pena formular, estrechamente vinculadas a este acuerdo. Primera observación: el memorándum de entendimiento anunciado no puede aceptarse únicamente por su valor aparente, en la medida en que los mediadores han logrado construir un forro sólido propicio al éxito del acuerdo, proporcionando soluciones no declaradas de considerable peso político, de seguridad y económico, soluciones que se alinean con la visión de los mediadores fundada en una lectura estratégica distinta a la de las dos partes en conflicto. Esto merece reconocerse como un mérito de los actores de la mediación, aunque contrarie a los partidarios de la línea dura y de la perpetuación de la guerra, pues el peso de los países mediadores y de los Estados que los respaldan en esta batalla ya no puede medirse únicamente por su papel actual ni por los resultados inmediatos que de ello se obtengan: ese peso se ha convertido en uno de los pilares de la ecuación geopolítica, que ya no puede soslayarse ni en el plano estratégico internacional ni en el juego de las potencias regionales del nuevo Medio Oriente. Lo que abre un espacio de competencia civilizatoria y prospectiva, en lugar de la guerra de milicias con toda la mugre, destrucción y masacre de pueblos que ha arrastrado consigo. Segunda observación: este "memorándum de entendimiento" o "acuerdo marco" ha dejado al descubierto el agotamiento del poder iraní, que se niega a reconocer su derrota y convoca el arsenal de la ideología, su última arma para preservar la cohesión de la cabeza del régimen y del núcleo duro que lo integra, compuesto de Guardianes de la Revolución y milicias doctrinales capaces de arrestar y eliminar a quienes emitan una opinión disidente. Pues negarse a reconocer la derrota es fundamental en el plan de permanencia en el poder, plan construido a su vez sobre cierta comprensión de las políticas estadounidenses y sus contradicciones internas dentro del Estado profundo, una comprensión en la que la dirección iraní ha sabido explotar al máximo las políticas estadounidenses de contención, allí donde la administración Trump ha fallado en su lectura y asimilación de la mentalidad persa, verdadera joya de la corona del sistema del Velayat-e Faqih . El ejemplo más crudo de este fracaso reside en la manera en que Netanyahu convenció a Trump de lanzar el ataque inicial a la hora cero, el que debía derribar al régimen, lo que le permitió a Netanyahu vanagloriarse durante mucho tiempo con el título de padrino de esta guerra cuyas peticiones Trump jamás rechazaba. Pero a medida que la guerra se desplegó en el tiempo y creció el alcance de sus repercusiones sobre las naciones del mundo, se formó una nueva ecuación que devolvió a Netanyahu a su verdadera estatura: la de un tahúr político irresponsable, indiferente incluso a la eventual caída de la propia Casa Blanca. El espectáculo del amo y el sirviente se representa cotidianamente ante nuestros ojos: cuando Trump se molesta por los daños que le ocasiona Netanyahu, lo reprende como a un hijo ingrato, y cuando lo necesita, colma de elogios sus logros, al punto que la relación del dúo Trump-Netanyahu evoca irresistiblemente la obra satírica del gran dramaturgo Bertolt Brecht, El señor Puntila y su criado Matti , donde el amo, en sus horas de embriaguez, despliega una magnanimidad desbordante, y donde, al despertar lúcido dictado por sus intereses, recupera brutalidad y dominio. Hubiera sido más prudente para Netanyahu, antes de proclamarse amo, releer el comentario del ministro de Defensa israelí Moshe Dayan al leer los términos del primer acuerdo con Estados Unidos tras la guerra de junio, titulado "Asociación de seguridad creciente" : "Israel es un Estado pequeño que firma un acuerdo con una gran potencia; esto significa que nos hemos convertido en un Estado cliente." Y en ocasión de la firma de la primera asociación estratégica en 1981 con el primer ministro Menajem Begín, el secretario de Estado estadounidense Alexander Haig declaró que "Israel es un portaaviones estadounidense que no puede hundirse." Ironía de la realidad: el propio Netanyahu exige hoy a su gobierno que trabaje para producir sus propias municiones, a fin de que sus decisiones vuelvan a ser autónomas. Tercera observación: el "acuerdo marco" provisional descansa en la incapacidad del régimen iraní de alcanzar una victoria clara y convincente, tras las considerables destrucciones infligidas a su aparato militar, de seguridad y económico. Solo le quedan su arsenal de misiles y sus instrumentos paramilitares, dañinos ciertamente, pero sin poder real para alterar la ecuación. Estados Unidos, por su parte, concentró la mayor parte de su poder militar con la esperanza de que el mero despliegue de las armas y la amenaza de su uso bastaran antes de recurrir a ellas, apuesta relativamente fallida que los devolvió cada vez a la participación directa en los combates; pues el excedente de poder y sus costos no son menos perjudiciales que las propias batallas. Cuando la incapacidad profunda de producir una solución comenzó a manifestar sus efectos en el Congreso, entre los seguidores del MAGA y en las gasolineras, los juegos de manos bursátiles y accionarios ya no fueron suficientes para enmascarar un déficit cuyo precio la gente paga de su propio bolsillo. Tras estas observaciones, mientras nos encaminamos hacia un "acuerdo preliminar," un "acuerdo de principios" cuyos entresijos permanecen opacos y cuya superficie no resuelve ninguna cuestión fundamental más allá del alto al fuego y la consagración de la negociación como único medio de resolver los conflictos, neutralizando al mismo tiempo las prácticas de extorsión paramilitar iraní y los mecanismos de dominación y hegemonía estadounidenses absolutas, ¿no estamos acaso ante una correlación de fuerzas entre la República Islámica y Estados Unidos comparable a la correlación de fuerzas que prevaleció antaño entre el Estado de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, la cual no disponía más que de la "Intifada de las Piedras" como único medio de neutralizar al ejército de ocupación y obligar al gobierno de Rabin a abandonar su política de romper huesos para negociar una retirada de Cisjordania y de la Franja de Gaza? ¿Acaso el acuerdo preliminar de principios conocido como el "Acuerdo de Oslo" no fue producido según la misma filosofía política que preside hoy la elaboración de este "acuerdo marco" provisional? Cuando la OLP firmó su acuerdo con Israel, el "Pequeño Satán," estaba prohibido, y sus dirigentes fueron acusados de traición. Cuando la dirección iraní firma su acuerdo con Estados Unidos, el "Gran Satán," se vuelve lícito, y algunos celebrarán su victoria. Pero puede decirse, sin mayor vacilación, que este acuerdo es el Oslo iraní.