
Los ataques lanzados desde territorio iraquí contra Arabia Saudita, Kuwait y el Reino Hachemita de Jordania ponen de manifiesto la fragilidad de un país que sigue siendo incapaz de recuperar el equilibrio. La respuesta saudita, que tuvo como blanco posiciones de las Fuerzas de Movilización Popular (Hashd al-Shaabi), estructura que sirve de cobertura a las milicias sectarias iraquíes subordinadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, confirma que la guerra en la región ha entrado en una nueva etapa. Con ello, Riad dejó claro que ya no está dispuesto a someterse indefinidamente al chantaje iraní.








