
“Bienaventurados los que trabajan por la paz.” Quizá no haya una frase que resuma mejor lo que Líbano necesita hoy que la que el papa León XIV llevó consigo durante su visita al país y convirtió en uno de sus mensajes centrales a los libaneses. Su visita tuvo lugar en un país agotado por las guerras, las crisis y las divisiones, y puso la paz en el centro del discurso libanés, no como una capitulación o una concesión, sino como un acto, una responsabilidad y un proyecto de futuro. Pero la paradoja libanesa radica en que nosotros, que hemos vivido tanta guerra, a veces hemos llegado a temerle a la propia palabra “paz”.







