
El conflicto que continúa entre Estados Unidos e Irán, junto con la disputa en torno a las vías marítimas estratégicas del Golfo, vuelve a poner en primer plano la cuestión de las milicias como actores que operan en Medio Oriente fuera del marco del Estado y de las relaciones internacionales. El mundo esperaba que la guerra contra Irán marcara un punto de inflexión: golpear el centro del patrocinio regional debía debilitar el modelo de la “milicia”, abrir el camino al regreso del Estado y a los acuerdos políticos, y quizá cerrar todo un capítulo de la historia de la región. Sin embargo, lo que ocurre hasta ahora parece apuntar en la dirección opuesta. La guerra no ha puesto fin a la era de las milicias. Las ha vuelto a introducir en los propios cálculos diplomáticos.







