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Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad
Publicado sep 5, 2026 - 20:01
La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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Por Youssef Mouawad - Publicado sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
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Por LevantTime . - Publicado sep 5, 2026 - 00:55
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El convoy del CICR que transportaba a los civiles liberados, procedente de la zona ocupada por Israel en el sur del Líbano, se dirigió al punto que marca el inicio de la zona controlada por las autoridades libanesas. (AFP)
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció el viernes que trasladó a Líbano a otras cuatro personas liberadas por Israel, un día después de la liberación de un primer civil. Según el CICR, se trata de tres libaneses y dos sirios. Es la primera vez que se lleva a cabo una operación de este tipo desde el inicio, en abril, de las negociaciones entre Líbano e Israel, bajo la mediación de Estados Unidos. Beirut había solicitado, durante la última ronda de conversaciones celebrada en agosto, la liberación de un primer grupo de ciudadanos libaneses capturados por Israel en el sur de Líbano, donde mantiene una guerra con Hezbolá, aliado de Irán. Sus familiares estiman que hay alrededor de una treintena de personas retenidas, entre ellas combatientes del movimiento islamista. El presidente libanés, Joseph Aoun, agradeció en un comunicado a Estados Unidos y al CICR, y afirmó que esta liberación «confirma lo acertado de la postura» de Líbano, que participa en negociaciones con Israel rechazadas por Hezbolá. Estados Unidos elogió el jueves «al Gobierno de Israel y al Gobierno de Líbano por haber demostrado buena fe mediante estos primeros pasos», y expresó su esperanza de que esto sirva «de base para conversaciones más amplias sobre otras cuestiones civiles». Ambos países deberán celebrar una nueva ronda de negociaciones en septiembre, en una fecha que aún no ha sido anunciada. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «se produce tras los esfuerzos realizados por Israel y Líbano para localizar y repatriar los restos de dirigentes de la comunidad judía que habían sido secuestrados y asesinados en Líbano» entre 1984 y 1986. Israel intensifica sus ataques En el terreno, ataques israelíes dejaron el viernes tres muertos y 23 heridos en el sur y el este de Líbano, según un medio estatal. Israel intensificó el viernes sus ataques en la región, después de anunciar la noche del jueves que había tomado el control de la cresta montañosa de Ali Taher, que servía como posición estratégica para Hezbolá, aliado de Irán, y domina, entre otras zonas, la ciudad de Nabatiye. El ejército reforzará ahora sus posiciones en la zona para «impedir que el enemigo vuelva a posicionarse allí», declaró el ministro israelí de Defensa, Israel Katz. Otro ataque alcanzó también la región de Tiro, en particular la localidad de Rmadiye, según la Agencia Nacional de Información (ANI). Para Trump, la guerra en Irán es «poca cosa» En cuanto a la guerra en Irán, el presidente estadounidense, Donald Trump, intentó el viernes minimizar su impacto para Estados Unidos ante la proximidad de las cruciales elecciones legislativas de medio mandato. «Mucha gente no lo llama guerra. Yo digo que es un conflicto militar, porque para nosotros es poca cosa (“small potatoes”). No es gran cosa. Hicimos lo de Venezuela y hemos hecho esto», respondió a periodistas en la Oficina Oval, al ser cuestionado sobre su vicepresidente, JD Vance, quien el día anterior había dicho que no quería describir el conflicto como una guerra. Mientras el fuerte aumento de los precios de los combustibles relacionado con la guerra amenaza con costarle a los republicanos de Donald Trump su mayoría en el Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre, su administración intenta restar importancia al conflicto. Según el presidente, Estados Unidos lleva a cabo «ataques puntuales» y aseguró que «actualmente no está combatiendo». También afirmó que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz y que ha diezmado a las fuerzas armadas iraníes. «Lo que hemos logrado es extraordinario. Tomamos el control de Venezuela y, en esencia, tomamos el control de Irán», declaró.
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Simon Karam... cuando la memoria nacional se convierte en un activo para la negociación

En los grandes momentos de transformación, la fortaleza de un Estado no se mide únicamente por sus capacidades militares, sino también por la calidad de quienes lo representan. Las negociaciones decisivas no son simples discusiones técnicas sobre mapas o mecanismos de seguridad. Son una prueba de la capacidad de un Estado para defender su relato histórico y dar forma a su futuro. En este contexto, el embajador Simon Karam se distingue como una de las figuras más relevantes de la diplomacia libanesa. Su autoridad no descansa en la elocuencia ni en la exposición mediática, sino en su serenidad, su rigor y la integridad de un hombre de Estado que mide el éxito por lo que logra para su país, antes que por lo que obtiene para sí mismo. A lo largo de su trayectoria, Karam ha demostrado una auténtica independencia de criterio y de conducta. Nunca ha considerado los cargos públicos como un privilegio personal, ni ha dudado en renunciar a ellos cuando entraban en conflicto con sus convicciones o con aquello que consideraba coherente con sus principios. Así lo demostró en distintas etapas de su carrera política e institucional, culminando con su renuncia al cargo de embajador del Líbano en Washington, reafirmando que los principios deben prevalecer siempre sobre el cargo. El significado de esa decisión se aprecia aún con mayor claridad cuando se compara con otras trayectorias diplomáticas, en las que muchos diplomáticos optan por permanecer en sus puestos pese a sus diferencias políticas. En contraste, la renuncia de Karam envió un mensaje inequívoco: el cargo no es un fin en sí mismo, sino un medio para servir al interés nacional. Esa decisión le ha otorgado desde entonces una mayor libertad para desempeñar cualquier función de asesoría o de negociación, ya que actúa sin estar condicionado por consideraciones de carrera o intereses personales. Esta trayectoria le otorga una credibilidad adicional en las negociaciones. Un negociador que no está atado a su cargo goza de una mayor libertad para defender el interés nacional y está menos condicionado por la necesidad de preservar su posición. Esta forma de independencia ha quedado patente en numerosas experiencias internacionales, donde antiguos diplomáticos han desempeñado un papel decisivo en negociaciones delicadas tras abandonar sus funciones oficiales, poniendo su experiencia al servicio de sus países sin estar sujetos a restricciones administrativas directas. Además, el embajador Karam posee un profundo conocimiento del sur del Líbano, en particular de la historia de Jabal Amel. Ese conocimiento va mucho más allá del ámbito geográfico o documental. Abarca una comprensión profunda de la sociedad amelí, de su historia social y política, así como del papel desempeñado por sus élites y sus principales referentes en la construcción de una parte esencial de la identidad nacional libanesa. El valor de esta experiencia radica en que no es meramente teórica. Se sustenta en décadas de seguimiento de la evolución del sur del Líbano a través de una serie de etapas decisivas, desde el período posterior a las invasiones israelíes hasta las profundas transformaciones políticas y de seguridad que ha experimentado la región en las últimas décadas. Esa experiencia le permite comprender con mayor profundidad las dinámicas tanto del territorio como de su población, un activo fundamental en cualquier debate relacionado con las fronteras, los mecanismos de seguridad o el futuro de la estabilidad regional. Por ejemplo, en cualquier discusión sobre la Línea Azul o los puntos fronterizos en disputa, el conocimiento de los textos jurídicos internacionales por sí solo no basta. Comprender la realidad de las aldeas fronterizas, los vínculos familiares que se extienden a ambos lados de la frontera y la experiencia vivida por las comunidades marcadas por conflictos sucesivos resulta indispensable para construir una posición negociadora que sea, al mismo tiempo, realista y sostenible. Es precisamente ahí donde cobra valor la trayectoria de Karam, ya que le permite tender un puente entre los principios jurídicos y las realidades sociales sobre el terreno. Este interés por el sur del Líbano no es reciente. Forma parte integral de su formación intelectual y cultural, que lo lleva a entender esa historia como un componente vivo de la memoria nacional libanesa y no como un simple relato del pasado. Este conocimiento adquiere una importancia particular en las negociaciones relacionadas con las fronteras, la seguridad y el futuro del sur del Líbano, donde la tierra no puede reducirse a simples líneas trazadas en un mapa, sino que representa una historia, unos derechos y unas experiencias acumuladas a lo largo del tiempo. Experiencias comparables en otros países han demostrado que las negociaciones que ignoran las dimensiones histórica y social suelen producir acuerdos frágiles, mientras que incorporarlas contribuye a alcanzar entendimientos más sólidos y duraderos. La experiencia internacional también ha demostrado que el negociador más eficaz es aquel que sabe combinar el derecho, la historia, la geografía y la política, en lugar de limitarse exclusivamente a los aspectos técnicos. Es precisamente esta tradición diplomática la que representa Simon Karam, para quien el conocimiento profundo constituye una auténtica fuente de fortaleza en la negociación, y no un simple patrimonio intelectual. Esta dimensión adquiere aún mayor relevancia en un momento regional particularmente delicado, que podría redefinir los equilibrios en el sur del Líbano y abrir el camino a nuevos enfoques de las relaciones regionales. En este contexto, una comprensión precisa tanto del territorio como de su población pasa a formar parte de la ecuación más amplia de la seguridad y la estabilidad. Desde esta perspectiva, la delegación libanesa no representa a una fuerza política en particular, sino al Estado libanés en su conjunto, con sus instituciones y su historia. La presencia de figuras experimentadas e independientes como el embajador Simon Karam fortalece la credibilidad de la delegación y refuerza su posición negociadora, especialmente en cuestiones donde la sensibilidad histórica debe ir de la mano del rigor jurídico. Más allá de cuál sea el resultado final de estas negociaciones, una realidad permanece inalterable: si el Líbano quiere desempeñar un papel activo en la construcción de su propio futuro, necesita hombres de Estado que reúnan integridad, experiencia y un profundo conocimiento de la historia del país. En este sentido, Simon Karam encarna la convergencia entre independencia, experiencia, conocimiento y compromiso. Su presencia en cualquier proceso de negociación refleja mucho más que la valía de una persona. Expresa una concepción más amplia del propio Estado: un Estado arraigado en su historia, representado por quienes sitúan los principios por encima del cargo y entienden la diplomacia, ante todo, como un instrumento para defender los derechos antes que como un medio para gestionar los equilibrios de poder.

Cuando una artista de la antigua Florencia empuña su pincel (1)

Hay personas que se resignan a su destino y otras que deciden tomar las riendas de su propia vida. Eso resulta aún más difícil cuando se trata de una mujer en un mundo dominado por los hombres. Y, sin embargo… algunas no dudaron en elegir la lucha y lograron romper los tabúes y los dictados de su época. A lo largo de la historia, muchas mujeres se han negado a ser un simple detalle en las páginas de la historia. Ya fuera con el pincel, la pluma, la ciencia o la voz, habitaron su tiempo con una audacia que, en ocasiones, fue considerada escandalosa. Querían que fueran musas; ellas decidieron ser creadoras. Les exigían sumisión; ellas eligieron la libertad. Intentaron silenciarlas; ellas alzaron la voz con aún más fuerza para defender sus convicciones. Desde Artemisia Gentileschi, que desafió a la sociedad y a los tribunales italianos hace cinco siglos, hasta George Sand, que cambió el corsé por la libertad de escribir; pasando por Camille Claudel, desgarrada en cuerpo y alma; por el rigor y el genio de Marie Curie; y por la voz universal de Umm Kulthum… estas mujeres no solo eludieron las imposiciones de su tiempo: las hicieron añicos. A veces triunfaron y otras fracasaron, pero jamás bajaron los brazos. Esta serie de artículos es un viaje a través del tiempo para encontrarnos con estas figuras incandescentes, impulsadas por una voluntad inquebrantable y que, todavía hoy, siguen siendo una fuente de inspiración. Artemisia Gentileschi: la revancha a través del arte En la Florencia del siglo XVII, la pintura era un ámbito reservado exclusivamente a los hombres. Las mujeres apenas eran toleradas como modelos pasivas o como alegorías inmóviles. Sin embargo, Artemisia Gentileschi rompió todas las barreras, armada únicamente con su pincel frente a la injusticia y el machismo. La sombra del trauma Nacida en Roma en 1593, Artemisia creció en el taller de su padre, el pintor Orazio Gentileschi. Muy pronto demostró un talento extraordinario para la pintura. Si el claroscuro de Caravaggio parecía correr por sus venas, ella supo dotarlo de una intensidad humana y de una fuerza dramática inéditas. Al reconocer el talento excepcional de su hija, su padre decidió perfeccionar su formación poniéndola bajo la tutela del pintor Agostino Tassi. A los diecisiete años, la vida de Artemisia dio un giro devastador. Fue violada por Agostino Tassi, el mismo hombre que su padre había elegido como su mentor. En una época en la que la inmensa mayoría de las víctimas de violación guardaban silencio para evitar la deshonra de un juicio público, Artemisia eligió luchar. Aceptó testificar ante los tribunales, exponiéndose a una doble humillación: la violencia física y moral de la agresión, y la infamia de un proceso judicial que se prolongó durante varios meses, durante el cual fue examinada públicamente e incluso torturada con tornillos para los pulgares para comprobar la "veracidad" de su testimonio. Allí donde la sociedad del Renacimiento exigía que una mujer se encerrara en la vergüenza y el silencio, Artemisia enfrentó a su agresor y, a través de él, a toda la sociedad. Para comprender la magnitud de su valentía, basta con observar que, cinco siglos después, muchas mujeres siguen dudando antes de denunciar una violación. El pincel de la justicia El culpable, protegido por personas influyentes, nunca cumplió la condena que le había sido impuesta. Pero eso no detuvo a Artemisia. Su respuesta a la injusticia no fue las lágrimas ni la vergüenza, sino una profunda determinación de triunfar como artista, una determinación que dio origen a auténticas obras maestras de furia y virtuosismo. Su pincel se convirtió en su arma. Una de sus pinturas más célebres, Judit decapitando a Holofernes, constituye una catarsis absoluta. A diferencia de las representaciones clásicas de Judit, que suele aparecer horrorizada por su propio acto aunque obedeciendo la voluntad de Dios, Artemisia proyectó en su heroína su propia fuerza física y toda su rabia. Al cortar la cabeza de Holofernes, el gesto de Judit es preciso; la sangre brota con un realismo anatómico sobrecogedor, y su mirada refleja una determinación implacable. “Les mostraré de lo que es capaz una mujer”, escribió Artemisia en una de sus cartas. Artemisia no estaba pintando simplemente un episodio bíblico: estaba ejecutando pictóricamente a su agresor. Y, a partir de entonces, muchas de sus obras representarían a mujeres animadas por esa misma fuerza y esa misma determinación. Una reina sin corona Artemisia Gentileschi transformó su herida en una estética del poder femenino. Armada únicamente con su pincel, lleva siglos ejecutando simbólicamente a su agresor bajo los rasgos de Judit. Su tragedia pudo haberla destruido. En lugar de ello, se convirtió en la primera mujer admitida en la prestigiosa Accademia delle Arti del Disegno de Florencia. Llegó a ser considerada igual a los más grandes pintores del Renacimiento y reyes y miembros de la familia Médici buscaron adquirir sus obras. No solo sobrevivió a su época ni superó todas las pruebas que enfrentó: tomó las riendas de su propio destino y dominó su tiempo con un talento excepcional, grabando su nombre para siempre en la eternidad del Arte, a fuerza de luz y de valentía. ¡Bravo por la artista!

Ataque mayor contra Irán: Washington alerta a sus ciudadanos

¿Falsa alarma o farol? El sábado por la noche se hicieron varias declaraciones alarmantes sobre la inminencia de un ataque estadounidense a gran escala contra Irán. La reanudación de los enfrentamientos a principios de julio hizo descarrilar el memorando de entendimiento firmado a mediados de junio, que supuestamente debía allanar el camino hacia conversaciones de paz. El jueves, Pakistán, país mediador, afirmó que los beligerantes estaban negociando con miras a una desescalada, en particular en lo que respecta al estrecho de Ormuz. Irán y Estados Unidos reanudaron esta semana sus intercambios de ataques nocturnos tras varios días de calma, aunque no se ha reportado ningún ataque desde la noche del viernes al sábado. Sin embargo, ante el estancamiento de la situación y la falta de una voluntad sincera de negociación por parte de Teherán, la administración Trump quiere poner fin a una situación política y de seguridad tensa cuyas consecuencias económicas se sienten en todo el mundo. La alerta más seria provino de las embajadas estadounidenses en varios países de Oriente Medio, que el sábado advirtieron a los ciudadanos estadounidenses sobre una posible "escalada" del conflicto regional y los instaron a estar listos para partir, después de que el presidente Donald Trump amenazara con atacar Irán con contundencia. Según medios estadounidenses, Washington estaría considerando nuevos bombardeos masivos este fin de semana, en particular contra infraestructuras energéticas; sin embargo, según el medio estadounidense CBS, que cita varias fuentes anónimas, Donald Trump aún no habría dado su visto bueno. El presidente estadounidense volvió a amenazar el viernes con golpear "muy fuerte" a Irán, que desde la reanudación de las hostilidades a principios de julio ha retomado sus ataques contra países aliados de Washington e instalaciones estadounidenses en la región. Los mensajes de alerta dirigidos a ciudadanos estadounidenses, cuyas versiones fueron publicadas el sábado en las redes sociales de las embajadas en Ammán, Abu Dabi, Jerusalén, Mascate, Kuwait, Bagdad, Riad, Doha y Beirut, invitan a los ciudadanos estadounidenses a verificar la información sobre sus vuelos y a seguir las instrucciones de seguridad de las autoridades locales. "Los estadounidenses en Oriente Medio deben actualmente extremar la precaución y la vigilancia, y prepararse para posibles cancelaciones de vuelos, cierres temporales del espacio aéreo y posibles alteraciones en los desplazamientos", precisa la alerta. En el Líbano, el personal no esencial de la embajada fue reubicado. "El régimen iraní es impredecible, como lo han demostrado sus recientes decisiones de atacar zonas de la región sin previo aviso ni provocación, así como de extender sus ataques a áreas que no habían sido objetivo anteriormente (como Egipto)", indica un mensaje publicado en los sitios web de las embajadas. El miércoles, un dron golpeó un buque gasero perteneciente a una empresa estadounidense que estaba amarrado en un puerto egipcio. Egipto lleva a cabo una investigación, aunque hasta el momento no ha acusado a ningún grupo de ser el responsable del ataque. El ejército iraní, por su parte, acusó a Washington de "avivar las tensiones" en la región y advirtió: "Todo país que sirva de escudo defensivo para la América criminal y agresiva será engullido por las llamas de la guerra".

¡En el Líbano, un dominio reemplaza a otro!
Por
Youssef Mouawad
Publicado

Da la impresión de que el Líbano ha vivido siempre al compás de las capitales extranjeras: estuvo la etapa egipcia bajo Gamal Abdel Nasser, la etapa palestina bajo la OLP, la etapa siria bajo la dinastía republicana de los Assad y, por supuesto, la etapa iraní, cuando Hezbolá tomó las riendas del país por medio de intermediarios. Lo más característico de la realidad libanesa es que, cada vez que la influencia de un régimen árabe o extranjero comenzaba a diluirse o desaparecer, otra la reemplazaba de inmediato. Como si fuera algo natural: la naturaleza aborrece el vacío y nuestros políticos nunca han querido renunciar a la servidumbre. ¡Una fatalidad y una maldición! De una etapa a otra, el grado de sometimiento podía variar, pues existe una diferencia no solo de intensidad, sino también de naturaleza, entre una ocupación militar o un sometimiento político, por un lado, y una simple coordinación diplomática, por el otro. La balanza puede inclinarse hacia un extremo u otro según el contexto, los imprevistos y las circunstancias. Sin embargo, más allá de los cambios de escenario, hay un hecho incuestionable: nuestro pequeño país ha tenido que adaptarse, y lamentablemente tendrá que seguir adaptándose, a situaciones incómodas y plegarse a los deseos de Estados más grandes y poderosos. "Finlandizado" por el peso de la historia y la geografía, ¿podía el Líbano aspirar realmente a un destino más ambicioso que el de un Estado cliente o un Estado satélite? Dicho esto, imaginemos por un momento que el tiempo se detuviera y nos liberara, aunque solo fuera por un instante, de esa compenetración extranjera tan poco "fraternal". Supongamos que Abdel Halim Khaddam hubiera perdido interés en nuestro destino y nos hubiera concedido un respiro. ¿Qué habría sido de nosotros, pobres desgraciados? ¿Qué habríamos hecho? Nuestras élites políticas se habrían apresurado, por un reflejo casi atávico, a acudir a otra capital árabe u occidental para mendigar una intervención inmediata, ayuda financiera o incluso apoyo militar. Habrían aceptado cualquier forma de subordinación con tal de ajustar cuentas con sus adversarios locales, e incluso municipales. En ese juego, nadie fue inocente: ni quien solicitó el apoyo ni quien lo otorgó; ni el proveedor ni el beneficiario. Abdel Hamid Ghaleb, un recordatorio La soberanía de un país se reconoce por el valor que tiene para expulsar a un embajador. El 21 de julio de 1958, The New York Times informó que Abdel Hamid Ghaleb, embajador de la República Árabe Unida acreditado en Beirut, había sido declarado persona non grata y obligado a abandonar el Líbano. Se le acusaba de fomentar la insurrección y de proporcionar apoyo armado a la oposición contra el gobierno del presidente Camille Chamoun.(1) En efecto, Ghaleb había incitado a la rebelión y a la desobediencia civil en distintas regiones del país. El orden solo se restableció tras el desembarco de los marines estadounidenses y la elección del general Fouad Chehab el 31 de julio. El controvertido embajador no retomó sus funciones sino hasta principios de noviembre de ese mismo año,(2) cuando las nuevas autoridades inauguraron una política de cooperación sincera con un Nasser en el apogeo de su poder. Abdel Hamid Ghaleb normalizó las relaciones entre Beirut y El Cairo y fortaleció la influencia egipcia en la vida política libanesa, lo que reavivó las acusaciones de injerencia directa en los asuntos internos del país. Aunque Beirut permanecía dentro de la órbita occidental, procuraba al mismo tiempo preservar los intereses regionales de Nasser. Tras la derrota de Nasser en 1967 y su desaparición de la escena política en 1970, el Líbano pasó de mal en peor. Los años siguientes fueron años de dolor y sufrimiento, durante los cuales la resistencia armada palestina, la ocupación siria y posteriormente el dominio iraní vulneraron, una tras otra, la soberanía libanesa de manera cotidiana. Así pues, durante mucho tiempo y en términos absolutos, el Líbano no fue ni libre, ni independiente, ni verdaderamente soberano, aunque siempre fuera preferible vivir en Beirut que en Damasco o Bagdad, donde el Partido Baaz gobernaba con todo su esplendor, o en Teherán e Isfahán, donde los mulás podían disfrutar tranquilamente de la sombra de la Wilayat al-Faqih. ¿Un sirio para reemplazar al iraní? Es un hecho aceptado que un país solo es soberano si es capaz de cerrar la puerta en las narices de un embajador extranjero. Desde esa perspectiva, puede decirse que el binomio Aoun-Salam afirmó su autoridad al "defenestrar" al enviado de la República Islámica, es decir, al retirar la acreditación de Mohammad Reza Shibani, jefe de la misión diplomática iraní. Pero ¿alguien se ha preguntado quién ocupará su lugar? Alejarse de la República Islámica es, sin duda, una decisión loable, pero ¿por quién se pretende sustituirla? El recibimiento ofrecido al ministro sirio de Asuntos Exteriores en la ciudad de Trípoli deja abiertas muchas interrogantes. ¿Habrá encontrado la comunidad sunita, después de tantos años de incertidumbre, un nuevo referente a su medida? Algunos así lo sostienen. Sin embargo, Ahmad al-Sharaa tiene otras prioridades, empezando por consolidar su poder en Damasco y en el resto de una Siria profundamente fragmentada. Sería insensato que cediera a la tentación de abrir un nuevo frente en el Líbano. Incluso con el respaldo de Ankara, no dispone de los medios necesarios para desarrollar una política regional verdaderamente ambiciosa. ¡Busquemos otra alternativa! (1) Sam Pope, "Envoy from Cairo ousted by Beirut; Lebanese say he had been plotting with rebels", The New York Times, 21 de julio de 1958. (2) Le Monde, «El embajador de la República Árabe Unida en el Líbano reanuda sus funciones», 6 de noviembre de 1958.

Bajo los adoquines, la luz
Por
Jawad Pakradouni
Publicado

Sohmor. Un asentamiento ubicado en el oeste de la Bekaa, con unas 1500 viviendas y una población de entre 5000 y 8000 habitantes. Por su tamaño y número de residentes, definir a Sohmor como un pueblo es el término geográfico más adecuado. Sohmor ha sido objeto de repetidos bombardeos israelíes, hasta el punto de que parece que se trata de rutina. Si este pueblo y sus sucesivos alcaldes han sido un imán para el ejército israelí, su municipalidad, por su parte, ha resultado ser un auténtico pararrayos. En el “Top 10” de los mayores deudores de las facturas de la Electricité du Liban (EDL) figuran la Oficina de Aguas del Sur, la Oficina de Aguas de la Bekaa y la municipalidad de Sohmor… En efecto, según un informe publicado por la EDL que contabiliza las facturas impagas entre noviembre de 2022 y diciembre de 2025, el modesto edificio municipal acumula una deuda de 1.599.205 dólares. Un cálculo rápido, basado en un costo de 25 centavos de dólar por kilovatio hora, muestra que durante ese período la municipalidad consumió 6 396 820 kWh, es decir, 170 430 kWh al mes. Como las cifras suelen ser tediosas, nada mejor que una comparación práctica: ese consumo mensual bastaría para abastecer de electricidad de manera continua a 560 hogares en Francia, subrayando de paso la importancia de la palabra “continua”, una condición que la electricidad en el Líbano dista mucho de cumplir y que resulta todavía más esquiva que el último bombardero B-2. Un edificio municipal que resplandece con tal intensidad que llega a triplicar el consumo de la sede central de Beirut, la cual mantiene una deuda acumulada de 530,00 dólares. Cuando se descubre que una modesta alcaldía consume más electricidad que un centro dedicado a la inteligencia artificial, salvo que haya decidido abastecer por sí sola a sus habitantes y a los pueblos vecinos, la pregunta deja de ser si las cifras publicadas por la EDL son falsas y pasa a ser qué es lo que realmente están revelando. La cuestión, evidentemente, es comprender el origen de este agujero negro eléctrico. ¿Y si la explicación estuviera, literalmente, en un agujero? Enterrada bajo tierra, allí donde Hezbolá ha establecido desde hace mucho tiempo su lugar predilecto. Desde hace algunos meses, redes subterráneas han quedado expuestas a la vista de todos, demostrando que el famoso lema “construimos, protegemos” no era un simple eslogan electoral, aunque las infraestructuras no se encuentren sobre la superficie, sino debajo de ella. Una versión contemporánea de La máquina del tiempo , de H. G. Wells, donde los Morlocks locales se dedicaron durante las últimas dos décadas no solo a crear un Estado dentro del Estado, sino un país debajo del país. Durante años, responsables políticos y ministros competentes, aunque optaron por la política del avestruz, eran perfectamente conscientes de lo que ocurría. Después de todo, tener la cabeza enterrada en la tierra también permite ver con claridad lo que sucede debajo de ella. Los historiadores coinciden en que el Líbano posee una profundidad excepcional en su legado civilizatorio. Hoy, más que nunca, esa descripción debe entenderse en el sentido más literal de la expresión. Así se entiende mejor por qué el Estado tiene tantas dificultades para restablecer su autoridad en el territorio libanés: la está buscando en el nivel equivocado.

Las explosiones del Beaufort provocan una onda expansiva política

Las explosiones generaron ondas sísmicas equivalentes a un terremoto de magnitud 3,2: el ejército israelí llevó a cabo, en la noche del jueves al viernes, detonaciones masivas cerca de la fortaleza de Beaufort, en el sur del Líbano, lo que provocó condenas del presidente Joseph Aoun y del primer ministro Nawaf Salam. El jefe de Estado llegó incluso a denunciar «una escalada extremadamente peligrosa» y «una amenaza directa» para la aplicación del acuerdo marco alcanzado en junio entre el Líbano e Israel bajo los auspicios de Estados Unidos. Mientras Estados Unidos había confirmado el lunes la celebración de nuevas conversaciones entre Israel y el Líbano, en Roma del 4 al 6 de agosto, con el objetivo de ampliar ese proceso, la presidencia lamentó, en un comunicado, que «el momento de estas agresiones envía mensajes negativos y socava los esfuerzos internacionales destinados a consolidar la estabilidad», a pocos días de esas nuevas negociaciones. 700 toneladas de explosivos El primer ministro libanés, Nawaf Salam, condenó «las continuas agresiones israelíes en el Sur, en forma de explosiones, bombardeos y destrucciones sistemáticas», incluidas «las afectaciones a sitios arqueológicos». (AFP) En un comunicado conjunto, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el ministro de Defensa Israel Katz anunciaron que el ejército había destruido «los túneles terroristas en la región de Beaufort» con cerca de 700 toneladas de explosivos. Afirmaron que dichas explosiones se produjeron tras «la flagrante violación del alto el fuego por parte de Hezbolá», el miércoles. El ejército israelí había acusado el miércoles a Hezbolá de haber violado el alto el fuego al lanzar un dron explosivo contra un vehículo militar israelí en el sur del país. (AFP) El castillo de Beaufort, de época cruzada y ubicado en la zona del sur ocupada por Israel, fue inscrito la semana pasada en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro de la Unesco. Según el Ministerio libanés de Cultura, las explosiones «podrían haber causado daños en los alrededores de la fortaleza», cuyo alcance «solo podrá evaluarse tras una inspección sobre el terreno», actualmente imposible de realizar. Fotografía aérea tomada por el Ejército del Levante en 1936 y coloreada con IA. (Wikimedia Commons) Riad Salamé queda detenido en un hospital En otro orden de cosas, el exgobernador del Banco Central libanés, Riad Salamé, acusado de malversación de fondos, fue puesto bajo detención con custodia policial en un hospital, donde ingresó tras sufrir un malestar. Gobernador del Banco del Líbano (BDL) desde 1993 hasta julio de 2023, Riad Salamé, de 76 años, enfrenta múltiples acusaciones tanto en el Líbano como en el extranjero, aunque siempre ha negado cualquier irregularidad. Debía comparecer el jueves en el marco de una denuncia presentada por el nuevo gobernador, Karim Souaid, por malversación de fondos de la institución, enriquecimiento ilícito y blanqueo de dinero. Al no presentarse a la audiencia, se emitió contra Riad Salamé una orden de detención por parte de un juez; sin embargo, finalmente decidió acudir voluntariamente al tribunal acompañado de su abogado, según precisó una fuente judicial. Posteriormente «sufrió un malestar cuando se dirigía al Palacio de Justicia», añadió dicha fuente, señalando que la audiencia fue pospuesta sine die. Más tarde, al no poder localizarlo ni en sus domicilios declarados ni en ningún hospital, el fiscal general ante el Tribunal de Casación emitió una nueva orden en su contra. Riad Salamé fue finalmente localizado el viernes en un hospital situado fuera de Beirut. El juez ordenó «reforzar las medidas de seguridad en el ala donde se encuentra» así como en las entradas del establecimiento, y considerarlo «en situación de detención», agregó la fuente judicial. Riad Salamé es señalado por sus detractores como uno de los principales responsables del colapso financiero del Líbano. Gaza: Hamás confirma un acuerdo sobre su desarme En el plano regional, Hamás confirmó el viernes haber aceptado un acuerdo que contempla su desarme y una retirada israelí progresiva de Gaza, segunda etapa del plan impulsado por Estados Unidos para poner fin a la guerra entre el movimiento islamista palestino e Israel. Casi veinticuatro horas después de que Donald Trump lo anunciara —logrando así un importante avance diplomático en un momento en que Estados Unidos sigue enredado en la guerra con Irán—, el gobierno israelí aún no había reaccionado oficialmente al acuerdo. Sin embargo, el ministro israelí de extrema derecha Itamar Ben Gvir lo calificó de «inaceptable para Israel». El acuerdo, una hoja de ruta de quince puntos publicada el viernes por el «Consejo de Paz», prevé el cese de las operaciones militares de ambas partes, así como la entrada en el territorio del Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), encargado de gestionar la vida cotidiana durante el período de transición. Esta estructura, integrada por tecnócratas palestinos, tiene su sede actualmente en Egipto, ya que Israel le impide el acceso a Gaza. El NCAG asumirá de forma gradual, según un calendario establecido, el proceso de desmantelamiento y almacenamiento de las armas pesadas de Hamás, sus instalaciones de producción militar, sus depósitos de armas y sus túneles, sin que ningún armamento sea entregado a Israel ni a organizaciones no palestinas. La operación estará vinculada a una retirada progresiva de Israel. La aplicación del acuerdo será supervisada por un Comité Internacional de Verificación (IVC). El texto también contempla el despliegue temporal en Gaza de la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF), actualmente en proceso de formación en el marco del plan de Donald Trump, con el fin de vigilar el cumplimiento del alto el fuego y garantizar la entrega de ayuda humanitaria. El alto representante para Gaza en el «Consejo de Paz», Nikolái Mladenov, subrayó que «la retirada israelí debía ir de la mano del desarme». El acuerdo, anunciado dos días después del encuentro entre Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en la Casa Blanca, requirió «meses de negociaciones muy difíciles», señaló. En el angosto y superpoblado territorio, donde la situación humanitaria sigue siendo muy preocupante, los habitantes oscilan entre el escepticismo y la esperanza. Las fuerzas israelíes ocupan más del 60 % del territorio, separado de la zona controlada por Hamás por una «línea amarilla» de demarcación. Les forces israéliennes occupent plus de 60 % du territoire, séparé de la zone contrôlée par le Hamas par une «ligne jaune» de démarcation.