Logotipo de Levant Time
Volver al artículo
Religión

La centralidad del siriaco en la tradición maronita: el papel de los patriarcas (2/7)

Imagen destacada de la noticia
Amenazada de desaparecer en el siglo XVIII, la lengua siríaca fue objeto de una estricta protección desde el Concilio Maronita de 1736, que prohibió la traducción al árabe de los libros litúrgicos. Esta prohibición fue reafirmada posteriormente por varios patriarcas maronitas en concilios ulteriores.
Retrato del autor
Por Amine Jules Iskandar
Publicado jul 29, 2026 - 18:25

Tras haber evocado el nacimiento de la Iglesia maronita a raíz del concilio de Calcedonia, conviene examinar ahora el papel de la lengua en la construcción nacional. Resulta especialmente significativo constatar hasta qué punto la jerarquía eclesiástica maronita fue consciente de este desafío y de cómo se esforzó por actuar en consecuencia.

-

Para los patriarcas maronitas, desde San Juan Marón, la lengua constituía la expresión de su cultura, espiritualidad, fe e identidad. Esta convicción fue formulada con gran claridad en el siglo XVII por el patriarca Estéphanos Douayhi. Llamaba al siríaco “la nostra lingua syriaca” y le atribuía una dimensión casi mística, comparable a los misterios del cristianismo. Con ello quería decir que ninguna traducción podía sustituir al original siríaco ni expresar el concepto en su plenitud. En efecto, las palabras poseen una memoria secundaria, y cada cultura establece una relación única entre el significante y el significado.

-

Cuando en el siglo XVIII el siríaco comenzó a verse seriamente amenazado, el concilio maronita de 1736, celebrado en Louaizé, se vio obligado a prohibir la traducción al árabe de los libros litúrgicos. Menos de diez años después, en 1744, el patriarca maronita Chémoun Awad convocó un sínodo que precisó que estaba estrictamente prohibido traducir los libros maronitas al árabe sin la autorización explícita de las autoridades eclesiásticas(1). Dicho permiso solo se concedía bajo dos condiciones: el texto árabe debía estar impreso en letras siríacas (lo que se conoce comúnmente como el garshouné) y el original siríaco debía figurar junto al texto traducido(2).

El patriarca Chémoun Awad reiteró estas disposiciones de 1744 en un nuevo concilio celebrado en 1755. Al año siguiente, el patriarca electo Tobia Khazen retomó el conjunto de estas cláusulas en su concilio de 1756. Más concretamente, el Sínodo maronita de 2005 ordenó, en su artículo 10, la preservación y el renacimiento de la lengua y la cultura siríacas en todas las escuelas y universidades maronitas.

El patriarca que luchó con mayor intensidad por la salvaguarda de la lengua siríaca fue Antonios Pierre Arida. Enfrentado a los desafíos del joven Estado del Gran Líbano, que acababa de adoptar el árabe como lengua nacional, exigió el mantenimiento del siríaco en todas las escuelas cristianas. Su carta, fechada el 25 de junio de 1946 y escrita por el padre Raphael Bar Armalet, expresa claramente su visión del Líbano moderno.

La visión del mundo

-

La lengua constituye un elemento fundador de la formación de la identidad colectiva, como subrayó Johann Fichte. Pero es también, y ante todo, portadora de un proyecto espiritual. Ya en el siglo XVIII, el filósofo Johann Gottfried von Herder afirmaba que el espíritu de un pueblo se expresa a través de su lengua(3).

Una cultura solo puede expresarse plenamente en su propia lengua, cuyo léxico ha sido forjado por su experiencia histórica y moldeado por sus creencias. La propia palabra “cultura” remite etimológicamente al culto, en torno al cual se organizan los medios de expresión de una civilización: la lengua, la literatura, la escritura, la música, el arte y la arquitectura. “La naturaleza de una civilización es lo que se agrupa en torno a una religión”, afirmaba André Malraux(4). La lengua no es, por tanto, un simple instrumento de comunicación, sino una matriz que transmite los paradigmas socioculturales de los que procede.

- La hipótesis de la relatividad lingüística de Sapir-Whorf sostiene que la estructura de una lengua influye en la cognición de sus hablantes y en su relación con el mundo(5). También Ludwig Wittgenstein expresa este concepto cuando escribe: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi propio mundo”(6). La lengua moldea así, en una relación recíproca, la visión del mundo y la manera de expresarlo. Esta complementariedad sociolingüística se establece entre la idea y su expresión, entre el significado y el significante.

Desde esta perspectiva, Wilhelm von Humboldt declaraba en 1820 que “la diversidad de las lenguas no es una diversidad de sonidos y signos, sino una diversidad de visiones del mundo”. Desarrolló esta idea afirmando que cada lengua transmite una Weltansicht (visión del mundo) específica(7). Reemplazar la lengua de una comunidad equivale, por tanto, a transformar su manera de comprender el mundo, la percepción que tiene de sí misma y su relación con el Más Allá.

El desarraigo por lingüicidio

“El lenguaje es la casa del ser”, escribía Martin Heidegger(8). Cuando la fe abandona su “casa”, se vuelve extraña a sí misma.

El lenguaje desempeña un papel central en la transmisión del patrimonio cultural. Una fe arraigada en una lengua conserva una riqueza simbólica, una profundidad histórica y una polisemia fecunda que abre la puerta a la interpretación, a la ambigüedad fértil y a la profundidad hermenéutica.

La lengua de los antepasados, sobre todo cuando es también litúrgica, va mucho más allá de la simple función comunicativa para convertirse en encarnación y misterio. Es esta dimensión la que desaparece con el lingüicidio: el misterio se desvanece junto con los símbolos y las metáforas olvidadas.

Como muestra Paul Ricoeur, el símbolo abre un espacio de interpretación(9). Su desaparición conlleva el cierre del sentido. La eliminación de la ambigüedad y de la riqueza semántica exige una lectura única. Este procedimiento es característico de la ideología, que privilegia la lectura literal, reduce el mensaje a un eslogan, suprime la interpretación e impone la certeza.

(1) – Ray Jabre Mouawad, Une approche différente de la langue arabe par les melkites et les maronites du Liban d'après un poème d'Ibn al-Qala'i (XV°S.), in PDO, 34, 2009, pp. 345-359.

(2) – Ibid.

(3) – Johann Gottfried von Herder, Treatise on the Origin of Language, 1772, et Traité sur l'origine des langues, Allia, 2010.

(4) – André Malraux, Note sur l'Islam, juin 1956.

(5) – Benjamin Lee Whorf, Language, Thought and Reality, MIT Press, 1956.

(6) – Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, 1921; version française, Paris, Gallimard, 2001.

(7) – Wilhelm von Humboldt, On the Diversity of Human Language Construction, 1836, et Anne-Marie Chabrolle-Cerretini, La vision du monde de Wilhelm von Humboldt, Lyon, ENS Éditions, 2007.

(8) – Martin Heidegger, Être et Temps, (1927), Paris, Gallimard, 1986 (trad. fr.), § 34.

(9) – Paul Ricoeur, La symbolique du mal, Paris, Aubier, 1960.

Leer también sobre el mismo tema

La centralidad de la lengua siríaca en la tradición maronita (1/7)

Artículos relacionados
Ver todo
Vídeos relacionados
Ver todo
Podcasts relacionados
Ver todo