
En febrero de 2026, la temperatura en el Golfo Pérsico se acerca al punto de ebullición. La Quinta Flota estadounidense ha completado un despliegue militar raramente visto desde la Guerra Fría. Escuadrones de bombarderos estratégicos se relevan en bases avanzadas. Tel Aviv sufre interferencias intermitentes en las señales de GPS. Los flujos informativos oscilan entre predicciones de una “Tercera Guerra Mundial” y relatos dramáticos de una “alianza sino-rusa dispuesta a defender Teherán hasta el final”. El mundo mira fijamente las pantallas de radar, a la espera de una chispa. Sin embargo, si apartamos el ruido mediático, esta confrontación merece ser analizada a través de un marco mucho más sobrio: la teoría de juegos.








