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Política

Lectura sociológica de la transformación de la sociedad chiita
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Mona Fayad
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mar 9, 2026 - 03:43

La compleja relación entre una parte de la sociedad chiita libanesa y Hezbolá no puede comprenderse únicamente mediante el análisis político convencional. Va más allá de los cálculos estratégicos y de los intereses inmediatos para adentrarse en un espacio más profundo: el de las arquitecturas culturales y simbólicas que moldean la conciencia de las comunidades y orientan sus comportamientos. Aquí se vuelve necesario recurrir a las herramientas de la sociología y la antropología, en particular a lo que Émile Durkheim elaboró sobre la conciencia colectiva y a lo que Claude Lévi-Strauss reveló sobre las estructuras culturales profundas que organizan la manera en que las sociedades perciben el mundo. La conciencia colectiva y la obediencia en tiempos de miedo Durkheim sostiene que toda sociedad produce un sistema de valores y creencias compartidos, lo que denomina conciencia colectiva. Este sistema no solo determina lo que la comunidad considera justo o injusto. También ejerce una presión moral sobre los individuos, inclinándolos a ajustarse a lo que el grupo juzga necesario para su supervivencia. En tiempos de crisis existencial o de guerra, la conciencia colectiva tiende a endurecerse y a replegarse. Las sociedades que se sienten amenazadas buscan símbolos poderosos capaces de organizar su miedo común y transformarlo en un sentimiento de cohesión. En esos momentos, las organizaciones ideológicas se afirman como depositarias de la identidad colectiva, para dejar de ser simples actores políticos. En este marco, se vuelve comprensible el ascenso de Hezbolá. El partido ha logrado presentarse no solo como una organización política o militar, sino como un cuerpo simbólico que encarna una dignidad colectiva amenazada. Con el tiempo, esa dimensión simbólica se ha entrelazado con la conciencia colectiva del entorno social que lo vio nacer. Así, cuestionar al partido se ha vuelto, para muchos, equivalente a cuestionar a la propia comunidad. Ya no se trata de criticar una decisión política, sino de poner en duda la pertenencia. Durkheim, sin embargo, recuerda que la conciencia colectiva también puede transformarse en una fuerza conservadora, resistente a la revisión crítica, sobre todo cuando los valores comunitarios quedan vinculados a instituciones poderosas o sacralizadas. En ese contexto, cualquier debate sobre decisiones políticas o militares se vuelve casi imposible, porque la cuestión deja de ser política y pasa a ser identitaria. Del pluralismo de Jabal Amel a la centralidad de la Resistencia Para comprender esta transformación en toda su profundidad, es necesario volver a la historia social de la región de Jabal Amel, en el sur del Líbano. Antes de las últimas décadas del siglo XX, la sociedad chiita de esta región no era monolítica ni estaba gobernada por un único relato político. Era más bien un espacio social de múltiples referencias: ulemas independientes, amplias redes familiares, tradiciones eruditas y una emigración activa hacia África y las Américas que había moldeado una cultura social relativamente abierta. En ese entonces, la pertenencia religiosa era un elemento importante de la identidad, pero no constituía el único marco que definía la relación del individuo con el mundo. La cultura de Jabal Amel había producido históricamente un pensamiento intelectual y científico notable, dando lugar a eruditos y pensadores que desempeñaron papeles importantes en la vida religiosa y cultural de la región. Sin embargo, la guerra civil libanesa, junto con las ocupaciones y los conflictos armados que la acompañaron, transformó profundamente ese tejido social. En ese contexto convulso, Hezbolá apareció como un actor capaz de organizar el miedo colectivo y canalizarlo hacia un proyecto político y militar coherente. Gradualmente, la identidad política de la comunidad fue reformulada en torno de una idea central y única: la Resistencia. La estructura simbólica de la identidad El análisis estructural de Lévi-Strauss ayuda a comprender esta transformación cultural. Según él, las culturas no funcionan mediante ideas aisladas, sino mediante estructuras simbólicas profundas que organizan la forma en que las sociedades perciben el mundo. Estas estructuras suelen basarse en oposiciones binarias fundamentales: el interior y el exterior, la protección y la amenaza, la comunidad y el enemigo. En la experiencia de Hezbolá, la identidad colectiva se ha reorganizado alrededor de una dualidad marcada: la Resistencia frente al enemigo. Esta estructura simbólica no opera únicamente en el discurso político; se convierte en el prisma a través del cual la sociedad interpreta los acontecimientos cotidianos. Las pérdidas pueden leerse como sacrificios necesarios, las crisis como pruebas de resistencia y las críticas internas como fragmentos de un complot exterior. De este modo, la realidad se reinterpreta constantemente para preservar la coherencia del relato fundacional. Pero esta estructura también encierra un riesgo de repliegue. Cuando el mundo entero se reduce a la binariedad entre Resistencia y enemigo, la capacidad de percibir la complejidad política y social en toda su amplitud se estrecha hasta desaparecer. De movimiento de resistencia a estructura de poder social Con el tiempo, Hezbolá dejó de ser simplemente un actor militar o un movimiento de resistencia. Se transformó en una estructura de poder social integral en el entorno chiita. El partido construyó una extensa red de instituciones educativas, medios de comunicación y servicios sociales, acompañada de un aparato económico y caritativo de gran escala. Esta red creó un vínculo orgánico entre el partido y la sociedad, hasta el punto de que su presencia se volvió constitutiva de la vida cotidiana de muchas personas. En ese sentido, el partido ya no es solo una fuerza política que se puede apoyar o combatir. Se ha convertido en un marco social que estructura múltiples dimensiones de la vida colectiva. Esta metamorfosis reforzó su capacidad para anclar la estructura simbólica sobre la que descansa su discurso. Pero también profundizó el entrelazamiento entre identidad colectiva y organización política. Haciendo que cualquier crítica al partido pareciera una amenaza contra la propia comunidad. Esta lectura sociológica no absuelve al partido de su responsabilidad política y moral. Una organización que se presenta como representante exclusivo de una comunidad también debe asumir la responsabilidad por el precio que esa comunidad paga por sus decisiones. Cuando esas decisiones conducen a guerras repetidas, al desplazamiento de poblaciones y a la exposición permanente de la sociedad a riesgos, surge una pregunta fundamental: ¿esta estrategia sigue protegiendo a la comunidad o se ha convertido en parte de la crisis que atraviesa? El momento del balance La historia social muestra que las comunidades no permanecen indefinidamente prisioneras de sus estructuras simbólicas. Cuando las contradicciones entre el discurso y la realidad vivida se acumulan, la propia conciencia colectiva comienza a transformarse. Este proceso es lento y a menudo invisible en sus inicios, pero constituye el verdadero punto de inflexión en la historia de los pueblos. Lo que vive hoy el Líbano podría ser uno de esos momentos. El agotamiento social, el colapso económico y el desplazamiento masivo de poblaciones son fuerzas que empujan a muchas personas a reconsiderar la relación entre identidad y armas, entre la protección prometida y su costo real. La pregunta que se plantea hoy a la sociedad libanesa no es solo una cuestión de seguridad o de política. Es una cuestión más profunda: cómo redefinir la dignidad y la protección fuera de la lógica de la guerra permanente. Una sociedad a la que se le pide sacrificarse sin fin podría, en algún momento, comenzar a buscar otra forma de seguridad: una seguridad fundada no en las armas y la lealtad, sino en el Estado y el derecho.

Para que el error de 2005 no se repita
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Tilda Abou Rizk
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mar 4, 2026 - 12:59

La decisión del gobierno de Nawaf Salam de prohibir las actividades militares y de seguridad de Hezbolá, así como de sancionar a sus responsables, es, sin duda, histórica. Sin embargo, resulta insuficiente ante el abismo en el que la formación proiraní ha vuelto a sumir al Líbano. Es histórica porque rompe con una larga tradición libanesa de omisión y complacencia política, motivada a veces por el temor a disturbios internos y otras por oportunismo, frente a un grupo que, con el paso de los años, ha logrado imponer su hegemonía sobre el país y construir una estructura militar y de seguridad más poderosa que la del propio Estado. Es insuficiente porque no permite a las autoridades sustraer al país y a su población del peligro que representa esta formación, cuyos líderes y miembros no hacen más que dar prueba de que solo tienen de libaneses la mención en su documento de identidad. Hezbolá es y sigue siendo uno de los principales instrumentos paramilitares transnacionales del régimen de los ayatolás en Irán. Prueba de ello, si aún hiciera falta, es su implicación previsible en la guerra entre Irán y la coalición Israel-Estados Unidos, así como su reacción ante la decisión del gobierno de prohibir sus actividades militares. Sus dirigentes no tardaron en alzar la voz. El vicepresidente del movimiento, el diputado Mohammad Raad, denunció “medidas de intimidación” y “decisiones temerarias”. Aunque reconoció al Estado el derecho de decidir sobre la guerra y la paz, acusó al gobierno de Salam de “atacar a quienes rechazan la ocupación israelí”. Por su parte, el vicepresidente del consejo político de Hezbolá, Mahmoud Comaty, reprochó al Ejecutivo “guardar silencio ante la ocupación”, “querer debilitar al Hezbolá, que es la fuerza del Líbano”, y “violar el derecho internacional que autoriza a los pueblos a resistir la ocupación”. Pero esa retórica ya no engaña a nadie. Tampoco lo hacen las motivaciones ni los objetivos de Hezbolá. La guerra suicida en la que hoy está inmerso el grupo, y de la que no puede salir indemne, se inscribe estrictamente en el marco de las represalias prometidas por los Pasdarán tras la confirmación, el 1 de marzo, de la muerte del líder supremo iraní, Ali Khamenei, fallecido el 28 de febrero en bombardeos israelo-estadounidenses de gran escala contra su cuartel general en Teherán. También forma parte de las reiteradas amenazas de Irán contra Estados Unidos, según las cuales cualquier ataque contra la República Islámica podría incendiar la región. Teherán cumplió su palabra y utiliza a sus aliados regionales para multiplicar los frentes indirectos y transformar una operación puntual en un enfrentamiento generalizado. ¿Cómo explicar, si no, el ataque con drones contra una base militar británica en Chipre durante la noche del domingo al lunes? Según medios occidentales que citan a un funcionario chipriota, los dos aparatos, de fabricación iraní, habrían sido lanzados desde el Líbano, después de que Londres autorizara a Washington a utilizar sus bases en la isla mediterránea en el marco de su ofensiva contra Irán. Cabe señalar que es la primera vez que Hezbolá, que no ha confirmado ni desmentido estas acusaciones, ataca Chipre. Pero no es la primera vez que la amenaza. En junio de 2024, su entonces secretario general, Hassan Nasrallah, asesinado en septiembre de ese mismo año por Israel, advirtió a Nicosia que habría represalias si permitía a Tel Aviv utilizar sus aeropuertos o bases militares para atacar el Líbano. Hoy, ni Israel ha atacado al Líbano desde Chipre ni Nicosia ha abierto sus bases al Estado hebreo. Hezbolá volvió a confirmar su condición de vasallo de Irán. Consolidar las decisiones del lunes ¿Tiene el Estado medios concretos para impedir que Hezbolá lleve a cabo actividades bélicas? La respuesta es no. Puede obstaculizarlas, por ejemplo, deteniendo a quienes lanzan cohetes, pero no puede impedirlas por completo, debido a los considerables recursos que Irán pone a disposición de su aliado y a la propia estructura de la organización, que cuenta con un elevado número de combatientes. Y, sobre todo, porque el Líbano no está preparado para emprender una operación de gran envergadura destinada a desmantelar toda la estructura paramilitar del Hezbolá. En cambio, sí puede reforzar las decisiones adoptadas el pasado lunes mediante otras medidas políticas que les otorguen mayor credibilidad ante los libaneses escépticos y la comunidad internacional, que sigue esperando que Beirut cumpla su compromiso de ejercer soberanía sobre la totalidad de su territorio. Para ello, el Estado debe tener el valor de sostener sus decisiones y dejar de tolerar el terrorismo, incluso verbal, que el Hezb practica contra el Estado y contra los libaneses que no comparten su orientación. Las actividades del grupo y las declaraciones beligerantes de sus dirigentes, bajo el pretexto de defender al Líbano de una ocupación que ellos mismos provocaron, violan la ley al no contar con autorización estatal. La responsabilidad primordial del Estado es proteger a sus ciudadanos, no a un grupo paramilitar que sigue arrogándose el derecho de arrastrar al país y a su pueblo a guerras destructivas, que se considera por encima de la ley y que goza de una impunidad escandalosa. Invertir la ecuación Las autoridades libanesas disponen de varios instrumentos para cambiar la situación: – En el plano jurídico, ¿qué impediría la apertura de un procedimiento judicial ante las amenazas regularmente proferidas por el secretario general de Hezbolá, Naïm Qassem, o por los altos cargos de la formación para oponerse a su desarme? En el Líbano, la Corte de Justicia, un tribunal de excepción cuyas decisiones son definitivas y no apelables, fue creada para tratar los delitos que atentan contra la seguridad del Estado. ¿Existe una amenaza más grave que la que esta milicia, cuya razón de ser es servir a los intereses de Irán, ha infligido durante años a los libaneses? ¿Es normal que el país sea arrastrado a guerras devastadoras que rechaza, por un grupo que jura lealtad a un Estado extranjero? – En el plano político, es fundamental que el Estado no repita el error monumental de 2005. Entonces, tras el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri y la retirada de las fuerzas sirias, la estructura político-securitaria pro-siria, de la que Hezbolá formaba parte, no fue desmantelada. La oposición priorizó las elecciones legislativas que debían celebrarse meses después, alentada por la comunidad internacional. El Líbano dejó pasar una oportunidad decisiva. Las consecuencias de ese error de cálculo fueron devastadoras. Una ola de atentados y asesinatos políticos, cuyas investigaciones nunca concluyeron y en los que Hezbolá fue señalado, tuvo como objetivo a figuras de la oposición. Con el argumento de preservar la estabilidad, se selló una alianza electoral conocida como “acuerdo cuadripartito” entre la Corriente del Futuro, liderada por Saad Hariri, el Partido Socialista Progresista del líder druso Walid Jumblatt, Hezbolá y su aliado chiita Amal. Aunque esa alianza se desmoronó un año después, permitió entretanto que el Hezbolá se impusiera en el Parlamento y, por primera vez, ingresara formalmente en el gobierno. Tras la salida de las tropas sirias, la estrategia de Hezbolá cambió. Decidido a preservar la influencia del eje al que pertenece, dejó de conformarse con una representación indirecta en el Ejecutivo a través de los ministros de Amal y aspiró a convertirse en un socio pleno del gobierno. Lo consiguió. Pero para el Líbano y los libaneses fue el fin de una esperanza y el inicio de una nueva caída al abismo. Hoy se perfila una nueva dinámica regional, distinta y aún más decisiva que la de 2005. Como entonces, podría resultar costosa para el Hezbolá y, al mismo tiempo, salvadora para el Líbano. ¿Sabrán las autoridades aprovechar esta coyuntura y liberarse del temor a las reacciones de Hezbolá para emancipar al país de la influencia destructiva iraní? No se le pide que declare la guerra a una milicia que no dudaría en volver sus armas contra los propios libaneses, como hizo en 2008. Se le pide, simplemente, que deje de ganar tiempo con la esperanza de que el problema se resuelva por sí solo. En los últimos meses, la decepción de los libaneses, que habían creído en las promesas del presidente Joseph Aoun y del jefe de gobierno Nawaf Salam sobre el desarme de las milicias y el restablecimiento de la soberanía en el marco de un Estado de derecho, ha sido proporcional a la esperanza que depositaron en ellos.

Jamenei, un Líder Supremo Implacable e Inflexible
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LevantTime .
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mar 1, 2026 - 23:31

Al mando de Irán desde 1989, el ayatolá Alí Jamenei encarnó durante más de tres décadas la continuidad ideológica de la República Islámica y su declarada confrontación con Estados Unidos —el "Gran Satán"— e Israel, considerado su enemigo implacable. A sus 86 años, el Líder Supremo era el líder con más años en el cargo en Oriente Medio. Con el turbante negro del 'sayyed', símbolo de su supuesto linaje del profeta Mahoma, concentraba la mayor parte del poder en sus manos. Como cabeza del sistema teocrático iraní, ostentaba la máxima autoridad sobre los asuntos religiosos, políticos y militares. Su retrato dominaba los espacios públicos del país, mientras que la cuestión de su sucesión seguía siendo un tabú. Alí Jamenei asumió el máximo cargo en junio de 1989, tras el fallecimiento del ayatolá Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica. En ese momento, estaba a punto de cumplir 50 años. Su ascenso al poder fue fluido: presidente de la República durante ocho años, marcados por la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), y consolidó su prestigio apareciendo frecuentemente con uniforme militar en el frente, forjando su imagen de líder comprometido. Violaciones de Derechos Humanos Sus décadas en el poder estuvieron marcadas por importantes crisis. En 2009, el Movimiento Verde impugnó la reelección, considerada fraudulenta, del presidente ultraconservador Mahmud Ahmadineyad. En 2022, el levantamiento de Mujeres, Vida, Libertad conmocionó al país tras la muerte bajo custodia de Mahsa Amini, arrestada por presuntamente llevar un pañuelo indebido. Más recientemente, las masivas manifestaciones de enero pasado fueron descritas por el Líder Supremo como un intento de golpe de Estado. Rápidamente denunciando lo que llamó "complots" orquestados por Estados Unidos e Israel, Jamenei equiparó regularmente las protestas con "sedición", legitimando así una brutal y sangrienta represión. La República Islámica ha sido criticada repetidamente por ONG y las Naciones Unidas por violaciones de derechos humanos. Nacido el 19 de abril de 1939 en Mashhad, en el seno de una modesta familia azerbaiyana, hijo de un imán, estudió en los centros del chiismo, en Nayaf (Irak) y Qom (Irán). Su oposición al sha Mohammad Reza Pahlavi le valió varias condenas de prisión en las décadas de 1960 y 1970. Devoto seguidor de Jomeini desde 1958, fue designado en 1980 para dirigir las oraciones del viernes en Teherán, un cargo de gran importancia. Al año siguiente, fue elegido presidente, pocos meses después de sobrevivir a un intento de asesinato que le dejó la mano derecha parcialmente paralizada. Orador experimentado, con una vida notoriamente austera, rara vez viajaba al extranjero. Su viaje más notable fue a Estados Unidos en 1987 para dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Residía en una casa relativamente modesta en el centro de Teherán. Durante los ataques aéreos israelíes de junio de 2025 contra las instalaciones nucleares iraníes, se refugió en un lugar secreto. Desde la Guerra de los Doce Días, sus apariciones públicas dejaron de transmitirse en directo. Un Estado dentro de un Estado Bajo su liderazgo, la oficina del Líder Supremo se transformó en una poderosa estructura, comparable a un estado dentro de un estado. Supervisó a seis presidentes de diversas orientaciones políticas, desde los reformistas Mohamed Jatamí y Hasán Rohaní hasta los conservadores Mahmud Ahmadineyad y Ebrahim Raisi. Durante su mandato, la Guardia Revolucionaria reforzó su control sobre la vida política y económica, a la vez que extendió la influencia regional de Teherán, especialmente en Líbano, Irak y Siria. Sin embargo, este "eje de resistencia" se debilitó tras el ataque de Hamás contra Israel en octubre de 2023 y las posteriores represalias israelíes. Jamenei se distinguió por su retórica virulenta contra Israel, al que describió en 2018 como un "tumor maligno" que debía ser erradicado. También generó controversia al referirse al exterminio de judíos durante la Segunda Guerra Mundial como un "mito". Más recientemente, amenazó con atacar el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln, desplegado en el Golfo, afirmando que Washington no lograría derrocar a la República Islámica. Económicamente, Irán permaneció debilitado durante su gobierno por las sanciones internacionales, a pesar de una ligera recuperación en la década de 1990 y tras el acuerdo de 2015 que regulaba el programa nuclear iraní. Una sucesión difícil Menos conocido para el público general, el Líder Supremo cultivó una pasión por la literatura. Admirador de Victor Hugo y su novela "Los Miserables", que describió como "prodigiosa" por su exaltación de la "bondad y el amor", también era un amante de la poesía, pasión heredada de su madre. Antes de la Revolución, traducía obras árabes y componía poemas. En 2019, una fotografía publicada por su oficina lo mostraba sonriendo en la Feria del Libro de Irán.En Teherán, hojeaba una colección de poemas de Ahmad Shamlou, un poeta marxista largamente denostado por las autoridades. Padre de seis hijos, era testigo frecuente de especulaciones sobre su sucesión. Su hijo, Mojtaba, un influyente clérigo sin cargo oficial, era presentado en ocasiones como posible sucesor, una hipótesis que el Líder Supremo había descartado públicamente.

Trump e Israel confirman que Khamenei fue asesinado
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LevantTime .
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feb 28, 2026 - 20:08

El rumor había comenzado a circular poco después del inicio de los ataques estadounidenses-israelíes lanzados la madrugada del sábado 28 de febrero contra Irán. El ataque más violento se produjo en Teherán, más particularmente contra la vasta residencia del Guía Supremo de la Revolución Islámica, el imán Ali Jamenei, que fue blanco de 30 bombas de gran calibre. El ataque había destruido totalmente el centro residencial. Las autoridades iraníes se apresuraron a indicar que el imán Jamenei había sido trasladado a un «lugar altamente seguro». Hacia el mediodía, una de las cadenas de televisión israelíes indicaba que «todo contacto con Jamenei se había perdido desde hacía varias horas». Más tarde, a primera hora de la tarde, la cadena de televisión indicaba que era «muy poco probable, o casi imposible, que el Guía Supremo hubiera salido ileso del ataque aéreo». Dos horas más tarde, la misma fuente subrayaba que los indicios sobre la muerte de Jamenei eran cada vez más numerosos. Los rumores que afirmaban que el imán Jamenei había sido asesinado en el ataque del sábado por la mañana fueron creciendo hasta última hora de la tarde, cuando el presidente Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunciaron públicamente que el Guía Supremo iraní había sido efectivamente asesinado. La noticia de su muerte provocó al final de la tarde manifestaciones populares de alegría en varios barrios de Teherán. Poco antes de la medianoche, una fuente iraní autorizada, sin embargo, desmintió categóricamente la noticia, llegando a afirmar que el imán Jamenei se dirigiría en breve a los iraníes. Cabe señalar en este contexto que un escenario idéntico en todos los puntos, que mantenía la confusión y difundía informaciones que resultaron ser totalmente falsas, se había puesto en marcha tras la muerte de Hassan Nasrallah y del expresidente iraní. Horas después del inicio, el sábado por la mañana 28 de febrero, de los ataques aéreos lanzados por las aviaciones y la marina estadounidense e israelí contra Irán, la incertidumbre más total reinaba el sábado por la tarde sobre el destino de varios altos dirigentes del régimen de los mulás, incluido el Guía Supremo de la República Islámica, Ali Jamenei. Al inicio de los ataques, una fuente israelí había indicado que se había lanzado una serie de asesinatos contra altos funcionarios. A primera hora de la tarde, una de las cadenas de televisión israelíes indicaba que «el contacto con Jamenei estaba interrumpido desde hacía varias horas». La misma cadena precisaba poco después que «la probabilidad de que Jamenei hubiera salido ileso» del ataque que destruyó su residencia en Teherán «es muy baja, incluso nula». A media tarde, la misma fuente subrayaba que era cada vez más probable que Jamenei hubiera muerto. Las informaciones sobre la muerte de Jamenei fueron, sin embargo, desmentidas por el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghtchi, quien precisó que, «según su conocimiento», el Guía Supremo está vivo. A media tarde, la agencia Reuters indicaba que el ministro iraní de Defensa, el comandante de los Pasdarán y el jefe de los Servicios de Inteligencia militar habían sido asesinados. Paralelamente, misiles iraníes cayeron intermitentemente en Dubái (hasta la tarde), en Catar, en Riad, así como en Kuwait, donde un dron apuntó al aeropuerto internacional. A primera hora de la tarde, el ejército israelí indicaba que su aviación realizaba ataques intensivos «contra cientos de posiciones militares iraníes». Más temprano, por la mañana, centros de mando de los Guardianes de la Revolución, de la Inteligencia militar, así como algunos ministerios en Teherán, eran el objetivo de los ataques aéreos. Estos bombardeos dirigidos a las infraestructuras del poder iraní constituirían, según una fuente israelí autorizada, «una primera fase que se extenderá durante cuatro días», lo que indicaría que la ofensiva estadounidense-israelí está destinada a tomar una gran envergadura en los próximos días.

Conflicto Estados Unidos-Irán: muy lejos de 2015 y de la era Obama
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Youssef Mouawad
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feb 28, 2026 - 14:01

Donald Trump acaba de comprometer a las fuerzas estadounidenses en una operación a gran escala contra el régimen iraní. Esta vez es real; no se trata de una incursión simulada ni de un simple disparo de advertencia. El rostro de Medio Oriente está a punto de cambiar. Y, en verdad, la arrogancia de los ayatolás será la causa de su propia caída. De hecho, apenas hace unos días, Estados Unidos infligió a Irán una afrenta que los ayatolás tenían especial interés en mantener en silencio. Durante el más reciente cónclave celebrado el jueves en Ginebra bajo los auspicios del Sultanato de Omán, el negociador estadounidense Steve Witkoff interrumpió abruptamente las conversaciones y se retiró de la reunión con el pretexto de tener otros compromisos. En realidad, se dirigía a reunirse con una delegación ucraniana, al otro lado del lago de Ginebra. Píldoras amargas de tragar Es fácil imaginar la indignación de Abbas Araghchi, ministro de Relaciones Exteriores de Irán. Este heredero del imperio aqueménida de Ciro y Darío fue tratado como un don nadie. Tragándose el orgullo, el canciller iraní declaró, sin embargo, que se habían logrado “buenos avances” durante las conversaciones, que describió como “una de nuestras rondas de negociación más intensas y prolongadas”. Además, Araghchi anunció que una nueva ronda de diálogos se celebraría en menos de una semana. Confirmaron de inmediato la información y aclararon que las negociaciones se reanudarían a nivel técnico la semana siguiente en Viena. Ese tono optimista parece haber sido desmentido por los hechos: el equipo estadounidense quedó claramente decepcionado con las propuestas iraníes. Prueba de ello fue la brevedad de la segunda sesión, de la que el enviado especial de Trump para Medio Oriente, Steve Witkoff, se retiró bajo un pretexto cuestionable. Los tiempos han cambiado Las discusiones se desarrollaban bajo la amenaza de un ataque inminente que, finalmente, se lanzó esta mañana. El despliegue militar estadounidense en la región no tiene precedentes: dos grupos de ataque centrados en portaaviones, 200 aeronaves, equipos de reabastecimiento en vuelo y submarinos equipados con misiles Tomahawk, además de la presencia de 50.000 efectivos. Ya no estamos en el período de 2013 a 2015, bajo Barack Obama, quien no albergaba hostilidad de principio hacia Irán. De hecho, John Kerry, que sustituyó a Hillary Clinton en 2013, transmitió rápidamente el mensaje a las partes implicadas: Estados Unidos estaba dispuesto a modificar su postura frente a Teherán. Estaba preparado, al menos de facto, para reconocer la legitimidad del programa nuclear iraní y abandonar la exigencia de que el régimen de los ayatolás suspendiera el enriquecimiento de uranio, una demanda que durante siete años bloqueó cualquier posibilidad de acuerdo. Las negociaciones iniciadas entonces culminaron el 14 de julio de 2015 con el acuerdo conocido como el Joint Comprehensive Plan of Action. Pero esa no fue la última palabra, ya que durante su primer mandato Donald Trump se retiró del acuerdo. Todo tuvo que empezar de nuevo, esta vez bajo la sombra de los portaaviones. Para los negociadores iraníes, sin embargo, los años 2013 a 2015 fueron una “era bendita”, en la que desempeñaron un papel protagónico, demostrando profesionalismo y firmeza mientras acumulaban éxitos. Mohammad Javad Zarif, entonces canciller, hablaba con fuerza y era escuchado. Nunca su homólogo estadounidense, John Kerry, se habría permitido una descortesía como la de Witkoff. Jamás lo habría desairado de forma tan flagrante. Trump como señor de la guerra La intervención estadounidense de esta mañana ha cambiado la ecuación. Donald Trump se presenta ahora como un líder en tiempos de guerra. Se ha hablado demasiado de sus supuestos instintos de empresario, orientado a evitar la confrontación. Sin embargo, no estaba exento de cálculo. ¿Acaso no había insinuado siempre que dudaba en cruzar el Rubicón? La página ya se ha pasado y su verdadero rostro ha quedado al descubierto. La “ambigüedad estratégica” ha dado resultados y corresponde, ahora a los iraníes libres cosechar sus frutos.

Ofensiva israelo-estadounidense: objetivo, «la erradicación del régimen de los mulás»

El pueblo iraní, junto con otras poblaciones de la región del Levante, llevaba décadas esperando este Día D. Los intensos bombardeos aéreos estadounidenses e israelíes lanzados en las primeras horas de la mañana de este sábado 28 de febrero no parecen constituir un ataque puntual y limitado en el tiempo y el espacio. Por el contrario, todo indica que representan el preludio de una ofensiva global y radical, tanto en el plano militar como político, contra el régimen de los mulás en el poder en Teherán. Así se desprende no solo de la magnitud y amplitud de los ataques aéreos conjuntos, sino también —y sobre todo— del mensaje radio-televisado del presidente Donald Trump difundido en la mañana (probablemente grabado la noche del viernes). Con su franqueza habitual, el jefe de la Casa Blanca delineó sin rodeos los grandes ejes de la ofensiva, denominada por Israel “Escudo de Judá”, en alusión a una protección divina. En línea con las declaraciones particularmente duras que había formulado en los últimos días contra el régimen iraní, especialmente durante su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Trump anunció que Estados Unidos había lanzado un ataque “a gran escala” contra Irán, precisando que la operación “continuará para impedir que Irán represente una amenaza para Estados Unidos”. Para subrayar el alcance geoestratégico de la ofensiva, Trump agregó: “Nos aseguraremos de que los proxies de Irán no representen más ninguna amenaza para la región”, en clara referencia a los brazos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en el Líbano (a través de Hezbolá), Irak y Yemen. En cuanto al caso libanés, el mandatario recordó —en lo que constituye una primera vez para un presidente estadounidense— que fueron aliados de Irán quienes perpetraron el atentado contra los Marines estadounidenses en Beirut en 1983, destacando que esa operación terrorista, patrocinada por el régimen de los mulás, dejó 241 soldados norteamericanos muertos. Trump fue particularmente explícito respecto a los objetivos de la ofensiva lanzada este 28 de febrero. “Destruiremos los misiles iraníes, arrasaremos la fuerza naval iraní”, afirmó. “Invito a los Guardianes de la Revolución a deponer las armas. Si lo hacen, estarán a salvo; de lo contrario, los destruiremos”. Dirigiéndose directamente al régimen, añadió: “Depongan las armas y recibirán Justicia”. En términos claros, el presidente estadounidense exige una capitulación total del régimen, lo que inevitablemente implicaría su caída y erradicación, así como una profunda recomposición del panorama geopolítico en Medio Oriente. Finalmente, Trump envió un mensaje directo al pueblo iraní: “La hora de su liberación está cerca”. Un mensaje que fue rápidamente recogido por la población de la región de Al-Ahwaz, en el suroeste de Irán, mayoritariamente de origen árabe, que hacia el final de la mañana proclamó una rebelión contra el poder central “persa” de los mulás. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también fue categórico al declarar en conferencia de prensa que el objetivo de Israel es provocar un cambio de régimen en Teherán. Expansión de las operaciones militares En señal de que la ofensiva no tiene carácter limitado ni puntual, los bombardeos no se restringieron a Teherán, sino que alcanzaron varias ciudades importantes, presuntamente apuntando a sistemas de defensa antiaérea y misiles de largo alcance. Entre las localidades atacadas figuran Qom, Tabriz, Kermanshah, Isfahan, Khorramabad, Karaj y Garmdarreh. En represalia, los Pasdarán lanzaron hacia el final de la mañana una treintena de misiles balísticos en dirección al norte de Israel, Tel Aviv y Jerusalén. Hecho significativo: estos misiles también alcanzaron, en menor escala, Qatar, Kuwait, Bahréin, Abu Dabi, Dubái, Jordania e incluso Riad. Según Teherán, el objetivo era atacar bases estadounidenses, aunque estas habrían sido evacuadas días antes por el ejército norteamericano. La posición del Estado libanés Mientras la ofensiva militar estadounidense-israelí continuaba contra el régimen de Teherán, el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam emitieron cada uno un comunicado en el que subrayaron explícitamente la necesidad de mantener a Líbano completamente al margen del conflicto, denunciando así cualquier intención de Hezbolá de involucrarse en la confrontación. En la misma línea, el ministro de Relaciones Exteriores, Joe Raggi, declaró sin ambigüedades: “El interés del Líbano debe prevalecer sobre cualquier otra consideración… Neutralidad, neutralidad, neutralidad”.

«Ucrania ha sobrevivido»: la apuesta frustrada de Putin
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Roger Barake
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feb 27, 2026 - 11:52

La guerra en Ucrania, desatada por la invasión rusa del 24 de febrero de 2022, entra en su quinto año. La ofensiva de Moscú tenía como objetivo inicial derrocar al Estado ucraniano en pocos días, pero se topó con una feroz resistencia de los ucranianos y una movilización masiva de los occidentales para ayudarlos. El peor conflicto en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial ha causado cientos de miles de muertos y heridos, mientras millones de refugiados ucranianos han tomado el camino del exilio. Con motivo del cuarto aniversario del estallido de este conflicto, Levant Time entrevistó a Constantin Sigov, filósofo, director del Centro de Estudios Europeos de la Universidad Mohyla de Kiev y de la editorial Dukh i Litera (El Espíritu y la Letra). «Cuatro años después del inicio de la invasión rusa a gran escala, la primera constatación es que Ucrania ha sobrevivido, no ha cedido en absoluto, subraya de inmediato el Sr. Sigov. Incluso ganó la batalla de Kiev, mientras que hace exactamente cuatro años, el 24 de febrero de 2002, el presidente ruso Vladimir Putin estaba convencido de que esta batalla se decidiría en tres días», afirma, haciéndose eco de las declaraciones del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, quien recibía en Kiev a los jefes de Estado y de gobierno de los países aliados de Ucrania. «Todo lo que Ucrania ha soportado no debe ser abandonado, ni olvidado, ni traicionado», declaró el Sr. Zelensky en un discurso a la nación. El Sr. Sigov recuerda que Ucrania ha resistido durante doce años, desde la anexión de Crimea por Rusia en 2014. «Ucrania no solo defiende su territorio, defiende un principio particularmente relevante hoy en Oriente Medio y en nuestros vecinos europeos, a saber, que las fronteras no deben ser modificadas por la fuerza y la violencia». Pero esta resiliencia se ve amenazada por el cambio en la política estadounidense hacia Ucrania y los aliados de la OTAN. Es cierto que los líderes de los países del G7, incluido Donald Trump, afirmaron el pasado martes su "apoyo inquebrantable a Ucrania", mientras que una treintena de líderes de países aliados de Kiev exhortaron a Rusia a aceptar un "alto el fuego completo e incondicional" Por su parte, la Asamblea General de la ONU adoptó el martes 24 de febrero una resolución reafirmando su apoyo a Kiev y su integridad territorial: el texto fue adoptado por 107 votos a favor, 12 en contra y 51 abstenciones… incluyendo la de Estados Unidos, porque el texto subraya el "firme apego a la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial de Ucrania dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas"…”}]}. Los estadounidenses no quieren referirse a «la integridad territorial de Ucrania y al derecho internacional para no presionar las negociaciones de paz en curso». La batalla por la independencia de Europa Hace un año, un mes después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos había logrado que el Consejo de Seguridad adoptara, con el apoyo ruso, una resolución que pedía una paz rápida, pero sin mención de la integridad territorial de Ucrania, para gran disgusto de los aliados europeos de Kiev. Saludando los esfuerzos diplomáticos del presidente Trump, el embajador ruso Vassili Nebenzia aseguró que Rusia participaba "de buena fe" en las negociaciones. El mismo Vassili Nebenzia estuvo presente en la reunión del Consejo el 24 de febrero de 2022. Defendía ferozmente las buenas intenciones de su país mientras 150.000 soldados rusos se concentraban en las fronteras de Ucrania, antes de ser interrumpido por su homólogo ucraniano, llorando tras ser informado por su gobierno de que el ejército ruso había perforado el frente… Preguntado sobre esta nueva realidad, a saber, el agotamiento total de la ayuda financiera y militar de la era Biden, el Sr. Sigov recuerda que las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses desean apoyar más a Ucrania. Un factor que, sobre todo en vísperas de las elecciones al Congreso estadounidense, debe ser tomado en serio por la administración Trump. Kiev apuesta así por los próximos meses que serán decisivos. El Sr. Sigov también recuerda el papel «decisivo» de las sanciones económicas: «Lo esencial es privar a Rusia de su capacidad de dañar. Y si Europa fija claramente este objetivo, la solución será posible». Y añade: «Se puede decir de manera general que la batalla por la independencia de Ucrania, hoy, se ha convertido en la batalla por la independencia de Europa. La independencia tanto del gas y el petróleo rusos, como del dominio estadounidense. Y en este sentido, por mucho tiempo, Ucrania, Europa y los países democráticos en general están en el mismo barco». Una verdadera toma de conciencia «Por el momento, asistimos a una verdadera toma de conciencia. Creo que quedó claro en la Conferencia de Múnich sobre Seguridad que, efectivamente, los países escandinavos, con, por supuesto, Alemania, Francia y Gran Bretaña, son sensibles a este enfoque. Pero hay un terrible retraso en la toma de decisiones, especialmente las relativas a la “flota fantasma rusa”, esos petroleros utilizados clandestinamente por Rusia para exportar su petróleo a pesar de las sanciones internacionales». «Pero, lamentablemente, todavía hay financiación que proviene de países de la Unión Europea. Por mencionar solo a la Hungría de Orbán y Eslovaquia, que no han elegido estar del lado correcto de la historia y la justicia». En otro plano, el Sr. Sigov recuerda la experiencia adquirida por los ucranianos gracias a su determinación: «Desde la invasión, los ucranianos han sido muy ingeniosos, han utilizado drones que han ayudado enormemente a detener al agresor, e incluso en algunos lugares a hacerlo retroceder, como en el Óblast (región administrativa) de Járkov». Pero también recuerda que el país «paga un precio enorme: los hospitales acogen a muchísimos hombres y mujeres gravemente heridos, una verdadera tragedia vivida a diario». «Por lo tanto, está claro que lo que falta enormemente es ayuda militar masiva, que ha sido decidida pero que tarda en ser enviada». El Sr. Sigov añade en este contexto, no sin un toque de amargura: «Realmente hay una asimetría cuando sabemos que Corea del Norte, sin tener una economía como la de Alemania o Francia, suministra más municiones a Rusia de las que la Unión Europea envía a Ucrania. Por lo tanto, creo que lo que falta detrás de todo esto es una verdadera voluntad política y una decisión estratégica determinada». Una paz imposible El académico recuerda la declaración de Putin: «Rusia no tiene fronteras», antes de citar a Orwell: «Son totalmente capaces de poner su bota en la cara de un ser humano de cualquier nacionalidad». «Por lo tanto, realmente estamos presenciando una guerra genocida, según todos los criterios elaborados por los más grandes juristas en el momento de Nuremberg y después. Este término fue acuñado por Raphael Lemkin, él mismo jurista que estudió en la Universidad de Leópolis». Y continúa: «Según estos criterios, surge la idea de la eliminación de una nación, de su cultura, de su identidad, y los medios de agresión sistemática contra los civiles, incluso por el frío, por todos los medios inhumanos» El Sr. Sigov afirma que no existe por parte rusa una voluntad política de poner fin a la agresión: «No hay que buscar un gato negro en una habitación oscura (…). En mi opinión, la guerra solo terminará cuando Putin ya no tenga recursos para continuarla». De hecho, el Kremlin afirmó el martes 24 de febrero que "los objetivos (de Rusia) aún no se habían alcanzado", añadiendo: "Por eso la operación militar especial (nombre dado por Rusia a la invasión) continúa" en Ucrania. Vladimir Putin, por su parte, consideró que los occidentales, que arman y financian a Ucrania, no habían logrado "infligir una derrota estratégica a Rusia en el campo de batalla" Conflicto de intereses Moscú, que ocupa aproximadamente el 20% de Ucrania, prosigue una progresión lenta pero continua en el frente. Los rusos realizan regularmente ataques masivos con drones y misiles, que han devastado la red energética ucraniana, provocando cortes de electricidad y calefacción en medio de un invierno gélido. Cerca del frente, ciudades enteras han sido reducidas a escombros y el costo de la reconstrucción de Ucrania en la próxima década se estima en más de 500 mil millones de euros, según un informe internacional publicado el lunes pasado, 23 de febrero. Varias rondas de negociaciones han tenido lugar en las últimas semanas. Washington presiona para poner fin a la guerra sobre la base de su plan, revelado a finales de 2025, que concede enormes concesiones a los rusos a cambio de garantías de seguridad estadounidenses para Ucrania. Moscú exige que las fuerzas ucranianas se retiren de las zonas que aún controlan en el Donbás y que abandonen así a los rusos esta gran cuenca industrial del este de Ucrania… lo que Kiev rechaza, sobre todo porque las garantías estadounidenses son muy vagas. Los estadounidenses están representados en las discusiones por el asesor cercano de Trump, Steve Witkoff, y el yerno del presidente, Jared Kushner. El nombramiento de los dos negociadores es criticado en Washington y Europa, por lo que representa como un conflicto de intereses. Especialmente porque, ya sea en Ucrania o en Gaza, los allegados de Trump serán los primeros beneficiarios de los resultados de la paz.

El Mencho: ¿la calma antes de la tormenta?
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Miroslava Salazar
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feb 26, 2026 - 13:49

El ejército mexicano abatió a Nemesio Oseguera “El Mencho”, líder del CJNG y el capo más buscado de México, con una recompensa de 15 millones de dólares ofrecida por EE. UU. Análisis con el Dr. Edgar Guerra, el Lic. Emiliano Alba y los corresponsales de Levant Time, Maxime Pluvinet y Miroslava Salazar. Omar García Harfouch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (de origen libanés), acompaña a Claudia Sheinbaum, presidenta de México, en una conferencia de prensa tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", líder del Cártel Jalisco. (Gerardo Vieyra/NurPhoto vía AFP) El domingo 22, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue abatido por el Ejército mexicano. La respuesta del cártel fue casi inmediata: bloqueos carreteros, quema de vehículos y hechos violentos en Jalisco y en otros estados del país. De acuerdo con un mapeo de la plataforma Dataint, se registraron eventos violentos en al menos 22 estados, con especial impacto en Jalisco, Puebla, Michoacán, Tamaulipas y Baja California. La reacción posterior al operativo dejó en evidencia el alcance real del cártel en múltiples regiones del país: su control territorial, su inserción tanto en economías legales como ilícitas y, sobre todo, la solidez de su estructura organizativa y su capacidad de movilización inmediata. Este hito puede compararse con la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ocurrida el mismo día, pero con doce años de diferencia. “Sin duda alguna se trata del golpe a la delincuencia organizada más importante en la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum”, afirma Edgar Guerra, especialista en crimen organizado, violencia y seguridad, en entrevista para Levant Time . La hidra de cien cabezas El operativo que culminó con la muerte de “El Mencho” representa un arma de doble filo. Como advierte Emiliano Alba, analista en seguridad y delincuencia organizada, en el corto plazo el gobierno de Claudia Sheinbaum puede capitalizar el hecho como una victoria política en la lucha contra el narcotráfico: un mensaje tanto para la opinión pública nacional como para Estados Unidos de que “se está haciendo algo”. Sin embargo, el impacto estructural es distinto. “En términos prácticos, lo que vamos a ver es una nueva reorganización dentro del cártel. Habrá conflictos internos muy fuertes por la sucesión del poder”, señala Alba. Nemesio Oseguera tenía una presencia omnipresente en el CJNG y no tenía sucesores claros. Para Alba, la caída del líder puede interpretarse como una vulnerabilidad coyuntural, pero no como un colapso estructural. “Es una debilidad operacional eventual, pero la estructura sigue”, subraya, destacando que el CJNG no depende exclusivamente de una figura central, sino de una organización consolidada, con redes territoriales, financieras y políticas que garantizan su continuidad operativa. El analista enfatiza que la experiencia histórica demuestra que la estrategia de decapitación criminal suele producir efectos contraproducentes: “Cortar la cabeza de la hidra termina generando más cabezas”. La fragmentación, la disputa territorial y la violencia derivada de la sucesión son patrones ya conocidos en el caso mexicano. Esto resulta aún más relevante porque, como explica Alba, la estrategia del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, había dejado de centrarse exclusivamente en la eliminación de liderazgos para enfocarse en el desmantelamiento de estructuras. “Ya no se trataba de decapitar cárteles, sino de atacar sus redes, sus estructuras políticas, financieras y territoriales”, explica, en referencia a operativos como Enjambre, enfocados en alianzas políticas y redes de protección institucional. El escenario que se abre es previsible: o el CJNG mantiene su operación sin su líder, o entra en una guerra intestina por el control del liderazgo. En este último caso, el impacto sería directo sobre la seguridad pública. “Tendríamos un incremento de la violencia homicida”, advierte el especialista en seguridad David Saucedo, en declaraciones a AFP. Estados Unidos: el vecino incómodo Para Edgar Guerra, el contexto internacional es clave para entender el operativo. “No podemos entender la política de seguridad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum sin mirar la presión de Estados Unidos. La administración de Donald Trump ha ejercido una presión enorme sobre México: decomisos de fentanilo, control migratorio, mayor capacidad operativa. Todo eso forma parte del mismo paquete de exigencias”, afirma. El propio gobierno mexicano confirmó que el operativo contó con apoyo de Estados Unidos en el flujo de información. “Esto no es solo un problema de México ni de Jalisco. Es un problema global”, subraya Guerra. Y precisa: “Estados Unidos es uno de los principales países consumidores de sustancias ilícitas y uno de los principales productores de armas. Eso genera los incentivos económicos y materiales del narcotráfico. Por eso no es solo un problema mexicano: es un problema compartido, pero con una responsabilidad estructural muy clara del lado estadounidense”. La guerra que no termina La llamada “guerra contra las drogas” no es una categoría nueva en el contexto mexicano. Basta mirar el sexenio de Felipe Calderón y los gobiernos que le siguieron para entender que la estrategia de confrontación directa con el narcotráfico ha sido una constante durante casi dos décadas. Sin embargo, lejos de producir una reducción sostenida de la violencia, el país ha transitado por ciclos recurrentes de fragmentación criminal, reconfiguración territorial y expansión de economías ilícitas. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024 se registraron 33,241 defunciones por homicidio, de las cuales el 71,8 % fueron por arma de fuego. Durante el sexenio de Felipe Calderón (diciembre de 2006 a diciembre de 2012) se contabilizaron 122,462 asesinatos. En el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012–2018), la cifra ascendió a 157,158 homicidios. Por su parte, el mandato de Andrés Manuel López Obrador dejó un saldo de 202,336 asesinatos entre diciembre de 2018 y septiembre de 2024. Frente a este panorama, Alba advierte que reducir la política de seguridad a una lógica de confrontación es insuficiente. “Las estrategias contra el crimen organizado tienen que ser integrales. No se trata solo de combatir a las organizaciones, sino de restablecer el gobierno en estos territorios, generar condiciones de tranquilidad para la población. Eso va mucho más allá del uso de la fuerza”, señala. Guerra coincide en que el problema no es exclusivamente militar ni operativo, sino profundamente institucional. “Hay grupos políticos y funcionarios municipales y estatales que los protegen, que han permitido que estas organizaciones se consoliden y se expandan. Parte de la tarea que viene es desmontar esas redes de protección”, advierte. A ello se suma un factor estructural aún más profundo: la impunidad. “La delincuencia organizada en México es posible porque existe un problema profundo de impunidad. Sin impunidad, estas estructuras no podrían sostenerse”, añade. En este contexto, la muerte de “El Mencho” no representa una ruptura estructural, sino una nueva fase dentro de un conflicto prolongado. Más que el fin de una organización, marca el inicio de un proceso de recomposición interna cuyos efectos suelen traducirse en mayor violencia, disputas territoriales y reorganización de alianzas criminales. Alba lo resume en una imagen clara: “Lo que podemos ver es una especie de calma, como una paz en el ojo del huracán, pero solo en el corto plazo. Lo que viene después es la reorganización”. Así, lo que hoy se presenta como una victoria política puede convertirse en la antesala de una nueva reconfiguración violenta. La pregunta ya no es si habrá consecuencias, sino cuáles, dónde y con qué intensidad se manifestarán. Para millones de mexicanos, la duda persiste: ¿es esta la paz antes de la tormenta? Mientras tanto, el gobierno mexicano capitaliza el golpe simbólico. Pero la historia reciente muestra que, en México, la caída de un capo rara vez significa el fin de la violencia, sino que suele marcar el inicio de una nueva fase del conflicto.

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La confrontación Estados Unidos – Irán a través del prisma de la teoría de juegos
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Jacques Mechelany
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feb 25, 2026 - 08:46

En febrero de 2026, la temperatura en el Golfo Pérsico se acerca al punto de ebullición. La Quinta Flota estadounidense ha completado un despliegue militar raramente visto desde la Guerra Fría. Escuadrones de bombarderos estratégicos se relevan en bases avanzadas. Tel Aviv sufre interferencias intermitentes en las señales de GPS. Los flujos informativos oscilan entre predicciones de una “Tercera Guerra Mundial” y relatos dramáticos de una “alianza sino-rusa dispuesta a defender Teherán hasta el final”. El mundo mira fijamente las pantallas de radar, a la espera de una chispa. Sin embargo, si apartamos el ruido mediático, esta confrontación merece ser analizada a través de un marco mucho más sobrio: la teoría de juegos. La teoría de juegos, rama de las matemáticas aplicadas, estudia las interacciones estratégicas en las que el resultado de cada actor depende de las decisiones de los demás. No se trata de moral ni de retórica. Se trata de incentivos, restricciones y equilibrios. Y una vez aplicado este prisma, la crisis aparece menos como un caos y más como un ajuste sistémico forzado. El balance geopolítico La activación de la maquinaria militar constituye la forma más espectacular de saldar deudas geopolíticas dudosas. “Golpear o no golpear” no es, en el fondo, más que una elección del método de liquidación – cinético o negociado. Pero eso podría no modificar el equilibrio geopolítico final. Para comprender hacia qué equilibrio tiende el sistema, primero hay que identificar qué está realmente en juego para cada actor. Estados Unidos Los objetivos de Washington son claros: – Eliminar la capacidad de Irán de alcanzar el umbral nuclear. – Desmantelar las capacidades balísticas ofensivas de alcance medio y largo. – Degradar o romper las redes de “proxies” regionales de Teherán. Estados Unidos puede coexistir con el régimen de los mulás – siempre que cese su política de desestabilización regional y elimine la amenaza existencial que pesa sobre Israel. Los recientes despliegues en Oriente Medio han costado cientos de millones de dólares. La credibilidad disuasoria debe convertirse ahora en resultados estratégicos tangibles. Washington busca asegurar los corredores energéticos y liberar capacidad estratégica para concentrarse en el Indo-Pacífico. Israel Para Israel, la ecuación es existencial. El programa nuclear iraní y su infraestructura balística constituyen una línea roja. Cualquier capacidad residual de umbral nuclear invalida la disuasión a largo plazo. El objetivo de Israel no es una mera “contención” simbólica, sino el desmantelamiento físico de las capacidades que podrían permitir una aniquilación. Los Estados árabes regionales Para las monarquías del Golfo y los Estados árabes de la región, la prioridad es la estabilidad. Sus economías dependen de exportaciones energéticas ininterrumpidas y de la seguridad del comercio marítimo a través del estrecho de Ormuz. Una guerra pondría en peligro infraestructuras críticas – terminales petroleras, instalaciones de desalación, centros financieros. Su objetivo es simple: evitar una conflagración sistémica. China y Rusia Pekín y Moscú persiguen objetivos más matizados. No desean que Estados Unidos tome el control directo de las reservas energéticas iraníes. Tampoco quieren un Irán totalmente neutralizado e integrado en la esfera occidental. Irán funciona como un nodo geopolítico: – Absorbe la atención militar estadounidense. – Suministra petróleo a precios preferenciales a China. – Ancla un instrumento de palanca multipolar en la región. Un Irán plenamente pacificado y alineado con Occidente permitiría a Estados Unidos pivotar decididamente hacia el Indo-Pacífico: un escenario que Pekín quiere evitar. El régimen iraní y el CGRI Para el régimen de los mulás y el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), el objetivo es la supervivencia. El programa nuclear y las capacidades balísticas no son solamente instrumentos estratégicos: son activos de legitimidad. Justifican la monopolización de los recursos económicos y del poder político por parte del CGRI. Una capitulación incondicional fracturaría la arquitectura interna del poder y podría provocar un amotinamiento en el seno de los Guardianes. Los “proxys” regionales Hezbolá, los hutíes y otros grupos alineados se enfrentan a una realidad más brutal: sobrevivir bajo una lógica de desgaste. Sin apoyo logístico y militar continuo, se degradan: pasan de fuerzas semiconvencionales a milicias fragmentadas. Su palanca estratégica disminuye rápidamente en ausencia de continuidad en las cadenas de suministro. Por qué no existe un “gran compromiso” En apariencia, una fórmula simple podría parecer posible un desarme a cambio en la normalización económica. Pero una modelización rigurosa de los incentivos se vuelve altamente improbable un consenso sin fricciones. – Jameneí no puede firmar un documento que “le arranque todos los dientes” sin desencadenar la oposición de los Guardianes de la Revolución. – China y Rusia no se benefician de un Irán totalmente pacificado por Estados Unidos, lo que liberaría fuerzas estadounidenses para Asia. – El CGRI no puede aceptar el desarme sin compensación. Por tanto, el equilibrio no puede ser una paz absoluta. Debe ser calibrado. El equilibrio cincelado La solución convergente más plausible no es una rendición total, sino una excisión estratégica de alta precisión: una amputación controlada de ciertas capacidades, preservando otras. El sistema se estabiliza en torno a tres parámetros. 1 - Neutralización del umbral nuclear Sin ambigüedad. Sin escenario “59.9%” a lo Schrödinger. Las centrifugadoras de alto rendimiento son desmanteladas. Las existencias enriquecidas se retiran del territorio. Los mecanismos de verificación son intrusivos e irreversibles. Israel y Estados Unidos obtienen seguridad física. Irán mantiene el relato de un uso nuclear civil y pacífico. 2 - Bloqueo de los alcances balísticos estratégicos Los misiles balísticos de medio y largo alcance capaces de alcanzar Israel y Europa son destruidos. En cambio, se mantienen los misiles de crucero antibuque costeros. Esto preserva la palanca defensiva táctica de Irán en el estrecho de Ormuz y garantiza que la Quinta Flota estadounidense no puede simplemente abandonar el teatro de operaciones. China y Rusia conservan así un anclaje estratégico que mantiene parcialmente la atención estadounidense en el Golfo. 3 - Degradación de las redes de “proxies” Se cortan las cadenas de suministro de municiones de precisión y los vínculos financieros. Hezbolá y los demás actores pasan de fuerzas estratégicas regionales a entidades localizadas de baja intensidad. Israel obtiene una seguridad fronteriza sustancial. Teherán mantiene una influencia retórica a través del relato del “Eje de la Resistencia”. ¿Por qué aceptarían los Guardianes de la Revolución? La respuesta reside en la sustitución de intereses internos. Los regímenes autoritarios funcionan mediante mecanismos de compensación. Cuando la expansión geopolítica externa se ve forzada a detenerse, aumenta la extracción interna de rentas. A cambio del abandono de las ambiciones nucleares y de las redes de “proxies”, el CGRI podría obtener: – El control de los fondos desbloqueados. – Derechos de asignación de cuotas de exportación de petróleo. – La ampliación de sus monopolios económicos internos. La transformación sería nítida: de señor de la guerra geopolítico a guardián oligárquico interno. El alivio de las sanciones y los ingresos energéticos comprarían la adhesión de las élites. El equilibrio zombi El desenlace de esta crisis no se parecerá ni a una victoria ni a una derrota. Adoptará la forma de un arreglo estructuralmente estable pero moralmente ambiguo: un equilibrio zombi. – Estados Unidos e Israel eliminan el riesgo nuclear existencial. – China y Rusia preservan un nodo energético no occidental. – El régimen iraní sobrevive, replegado hacia el interior y económicamente transaccional. Irán deja de ser un actor revisionista que busca remodelar Oriente Medio. Se convierte en un simple conector energético, calibrado en un sistema multipolar. Sus “dientes”, el umbral nuclear, los misiles estratégicos y las redes periféricas de ataque, son extraídos. Sus “garras”, el aparato de seguridad interno y la capacidad de negación marítima, permanecen. El juego sistémico ha alcanzado su base de consenso. A estas alturas, los cazas que despegan de las cubiertas de los portaaviones quizá sirvan menos para modificar el desenlace que para moldear la palanca negociadora. La cuestión central no es si la presión provocará un cambio estructural. Es si, la ideología será intercambiada por la supervivencia, teniendo presente que la situación económica y financiera actual de Irán conducirá, a más largo plazo, al debilitamiento y luego a la desaparición del régimen. Por eso las negociaciones son largas, tensas y minuciosamente escenificadas. Porque en este juego, el equilibrio ya es matemáticamente visible, aunque siga siendo políticamente inconfesable.

Leila Shahid
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Jamil Kamel Mroué
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feb 22, 2026 - 22:17

Habríamos podido llorar su partida como se llora a un amigo íntimo, y sufrir como se sufre cuando la muerte arranca una parte de una vida compartida: una amistad, una hermandad, una familia. También podría — y quizá habría sido lo más sencillo — haber vivido en un bienestar protegido, resguardada de las pruebas del origen y de la dureza del destino. Era hija de una casa noble y acomodada, heredera de una prosperidad que le permitía apoyarse en la seguridad de un legado y permanecer bajo la sombra de una familia a la que no le faltaban ni honor ni dignidad. Pero no era “una mujer cualquiera”. Era Leila Shahid. Con su partida, hace apenas unos días, el dolor se ha vuelto más denso, más grave. Porque lo que hemos perdido no es solamente a una amiga: es una trayectoria que se negó a aceptar la idea fácil — la idea de que uno puede salvarse a sí mismo y abandonar a su patria a su suerte. Nuestra historia con ella comienza cuando todavía era un bebé… sí, en ese umbral que la Historia rara vez abre en las biografías de los grandes, aunque allí empieza realmente el relato. Su madre, Sirine, amamantaba a mi hermana Hayat junto con Leila, y mi madre, Salma, amamantaba a Leila con Hayat. En nuestra casa, Leila era hija de Kamel y Salma; en la suya, nosotros éramos hijos de Mounib y Sirine. Así entramos en el mundo: sin fronteras entre dos hogares, sin distancias entre dos sangres. Desde entonces, Leila fue una fuerza en movimiento, impulsada por la curiosidad, por el deseo de descubrir, por la necesidad de formular preguntas sin descanso. Era un torbellino de energía, como si hubiera nacido para sacudir la quietud, desafiar la inercia y poner incluso la piedra en movimiento. Apenas armada con el saber adquirido en la Universidad Americana de Beirut, se lanzó al terreno — no como quien “visita” campamentos, sino como quien vuelve a los suyos. Acudió a los campamentos de refugiados palestinos en el Líbano como quien regresa a sus propios hijos. Dejó la comodidad de su vida para internarse en el corazón de la tragedia, no para escribir o testimoniar desde la distancia, sino para conocer la realidad desde dentro y ganarse el derecho de hablar porque había cargado con su peso. Después se sumergió en el periodismo, cuando nació la revista Monday Morning junto a Fawaz Najieh, periodista y editor de gran talla. Allí, en el terreno exigente de la racionalidad — y no de la retórica complaciente — comenzaron a manifestarse sus dones diplomáticos: artículos, entrevistas, investigaciones concebidos y redactados con seriedad, rigor y erudición. No era un lujo cultural; eran herramientas de combate. Los grandes medios la citaron porque su palabra no era el “ruido de una causa”, sino un discurso de conocimiento y responsabilidad. Luego llegó la etapa diplomática: su designación como representante de la Organización para la Liberación de Palestina, elegida por Yasser Arafat. Leila sirvió a su patria porque entendía — con una intuición política precoz — que la patria pertenece a todos sus ciudadanos, y que el dirigente está “mandatado”, no “coronado”. Incluso con Abu Ammar, lo veía como responsable de una misión, no como dueño de un trono eterno. No era severidad hacia él; era lealtad a la causa. Porque las causas que se convierten en culto de personas terminan sacrificadas en el altar de esas mismas personas. Durante su misión, Europa — sí, Europa — fue a menudo más severa con la causa palestina que Estados Unidos. El Viejo Continente estaba sacudido por un terrorismo perpetrado en nombre de la resistencia: secuestros de aviones, la tragedia de Múnich. La representación palestina actuaba en un contexto marcado por la Guerra Fría y los alineamientos soviéticos que llevaban a Occidente a percibir al palestino no como titular de un derecho, sino como una amenaza potencial. A ello se sumaba la ola de asesinatos cometidos por Israel contra representantes palestinos; una guerra de otra índole que vació la escena política de hombres y figuras de gran envergadura. En esa fase, Leila estuvo, en muchos sentidos, sola. Era la representante política; marcaba con su impronta los medios, los centros de investigación, la vida cultural, las conferencias universitarias, los encuentros en los círculos de reflexión… encarnaba el “rostro palestino”, y lo hacía con una resistencia que rara vez se exige a un solo ser humano. Leila Shahid había triunfado. Más aún, se impuso — del modo en que la justicia puede imponerse en las grandes capitales: mediante el argumento, la razón, una elocuencia intelectual y lingüística que no desciende al nivel de la multitud ni busca la demagogia. Dialogaba con una ferocidad del espíritu; la ferocidad de un águila que protege a sus crías… sus palestinos. En Francia, en los medios y en el espacio público, enfrentó a sus adversarios no con insultos, sino convirtiendo la causa en un relato comprensible… luego aceptable… luego cada vez menos condicionado. Desplazó el muro piedra por piedra, empujando a Europa desde el rechazo instintivo hacia una aceptación condicionada, para luego trabajar en desmontar esas condiciones. Hasta que recibió la Legión de Honor francesa en grado de Oficial — no como adorno en el pecho, sino como signo de que había logrado arrancar un reconocimiento a la dignidad en medio de una lucha feroz. Sí, es natural llorar la pérdida de Leila Shahid, porque hemos perdido a una amiga. Pero nuestra tristeza hoy pesa más que la ausencia de una amistad. Vivimos una “nueva Nakba”, y Palestina necesita, más que nunca, un liderazgo civilizado, de manos limpias y mente clara, que se parezca a su pueblo y no lo convierta en moneda de cambio. Leila Shahid fue — si el destino hubiera sido justo — lo más cercano a una “Presidenta de Palestina”, en el sentido moral y no protocolario: cultura, experiencia, compromiso con el ciudadano palestino — herido, expulsado, disperso por los cuatro confines del mundo. Había desplazado a Palestina del estado del regateo y la corrupción hacia un patriotismo íntegro que obligaba incluso a los malintencionados a enfrentarse con su propia vergüenza. Por eso lloramos: porque hemos dicho adiós a una mujer que fue luz en un tiempo de oscuridad, y porque hemos sido privados, una vez más, de un modelo de liderazgo que no busca ovaciones, sino cumplir su misión. Es casi un sacrilegio que Palestina pierda mujeres como Leila… y es profundamente lamentable que nuestro tiempo siga huérfano de mujeres como ella.