


El pueblo iraní, junto con otras poblaciones de la región del Levante, llevaba décadas esperando este Día D. Los intensos bombardeos aéreos estadounidenses e israelíes lanzados en las primeras horas de la mañana de este sábado 28 de febrero no parecen constituir un ataque puntual y limitado en el tiempo y el espacio. Por el contrario, todo indica que representan el preludio de una ofensiva global y radical, tanto en el plano militar como político, contra el régimen de los mulás en el poder en Teherán.
Así se desprende no solo de la magnitud y amplitud de los ataques aéreos conjuntos, sino también —y sobre todo— del mensaje radio-televisado del presidente Donald Trump difundido en la mañana (probablemente grabado la noche del viernes).
Con su franqueza habitual, el jefe de la Casa Blanca delineó sin rodeos los grandes ejes de la ofensiva, denominada por Israel “Escudo de Judá”, en alusión a una protección divina.
En línea con las declaraciones particularmente duras que había formulado en los últimos días contra el régimen iraní, especialmente durante su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Trump anunció que Estados Unidos había lanzado un ataque “a gran escala” contra Irán, precisando que la operación “continuará para impedir que Irán represente una amenaza para Estados Unidos”.
Para subrayar el alcance geoestratégico de la ofensiva, Trump agregó: “Nos aseguraremos de que los proxies de Irán no representen más ninguna amenaza para la región”, en clara referencia a los brazos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en el Líbano (a través de Hezbolá), Irak y Yemen.
En cuanto al caso libanés, el mandatario recordó —en lo que constituye una primera vez para un presidente estadounidense— que fueron aliados de Irán quienes perpetraron el atentado contra los Marines estadounidenses en Beirut en 1983, destacando que esa operación terrorista, patrocinada por el régimen de los mulás, dejó 241 soldados norteamericanos muertos.
Trump fue particularmente explícito respecto a los objetivos de la ofensiva lanzada este 28 de febrero. “Destruiremos los misiles iraníes, arrasaremos la fuerza naval iraní”, afirmó. “Invito a los Guardianes de la Revolución a deponer las armas. Si lo hacen, estarán a salvo; de lo contrario, los destruiremos”. Dirigiéndose directamente al régimen, añadió: “Depongan las armas y recibirán Justicia”.
En términos claros, el presidente estadounidense exige una capitulación total del régimen, lo que inevitablemente implicaría su caída y erradicación, así como una profunda recomposición del panorama geopolítico en Medio Oriente.
Finalmente, Trump envió un mensaje directo al pueblo iraní: “La hora de su liberación está cerca”. Un mensaje que fue rápidamente recogido por la población de la región de Al-Ahwaz, en el suroeste de Irán, mayoritariamente de origen árabe, que hacia el final de la mañana proclamó una rebelión contra el poder central “persa” de los mulás.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también fue categórico al declarar en conferencia de prensa que el objetivo de Israel es provocar un cambio de régimen en Teherán.
Expansión de las operaciones militares
En señal de que la ofensiva no tiene carácter limitado ni puntual, los bombardeos no se restringieron a Teherán, sino que alcanzaron varias ciudades importantes, presuntamente apuntando a sistemas de defensa antiaérea y misiles de largo alcance. Entre las localidades atacadas figuran Qom, Tabriz, Kermanshah, Isfahan, Khorramabad, Karaj y Garmdarreh.
En represalia, los Pasdarán lanzaron hacia el final de la mañana una treintena de misiles balísticos en dirección al norte de Israel, Tel Aviv y Jerusalén. Hecho significativo: estos misiles también alcanzaron, en menor escala, Qatar, Kuwait, Bahréin, Abu Dabi, Dubái, Jordania e incluso Riad. Según Teherán, el objetivo era atacar bases estadounidenses, aunque estas habrían sido evacuadas días antes por el ejército norteamericano.
La posición del Estado libanés
Mientras la ofensiva militar estadounidense-israelí continuaba contra el régimen de Teherán, el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam emitieron cada uno un comunicado en el que subrayaron explícitamente la necesidad de mantener a Líbano completamente al margen del conflicto, denunciando así cualquier intención de Hezbolá de involucrarse en la confrontación.
En la misma línea, el ministro de Relaciones Exteriores, Joe Raggi, declaró sin ambigüedades: “El interés del Líbano debe prevalecer sobre cualquier otra consideración… Neutralidad, neutralidad, neutralidad”.