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Enorme explosión provocada por un ataque israelí cerca de la localidad de Al-Mansuri, en el sur del Líbano. (AFP)
Lo esencial de la semana
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Por LevantTime .
Publicado sep 6, 2026 - 23:27
Mientras Estados Unidos parecía haber optado únicamente por la guerra económica contra Irán, el ejército estadounidense lanzó abruptamente el martes ataques contra territorio iraní en represalia por ataques a petroleros, lo que desencadenó una espiral de violencia a lo largo de la semana. En el Líbano, Israel liberó a varios civiles detenidos en sus prisiones, mientras su ejército tomaba la estratégica colina de Ali el-Taher y proseguía sus masivos bombardeos en la zona que controla al sur del país. La semana del 31 de agosto al 6 de septiembre estuvo marcada por una clara aceleración de los acontecimientos en Oriente Medio, tras una semana anterior que parecía regida por la inmovilidad. En el frente iraní, desde la noche del martes, el ejército estadounidense llevó a cabo ataques selectivos en territorio iraní, los primeros en casi un mes. Esta captura de pantalla, realizada el 6 de septiembre de 2026 a partir de imágenes de video sin fecha difundidas ese mismo día por el Mando Central de Estados Unidos, muestra lo que el Centcom presenta como uno de los petroleros iraníes que destruyó en respuesta a intentos de ataques con misiles contra buques militares. (Centcom vía AFP) Sin embargo, su ritmo relativamente limitado da la impresión de que la administración estadounidense ha optado por una escalada controlada, al tiempo que mantiene su bloqueo y sus presiones económicas contra Teherán. Pese a todo, la tensión no ha dejado de crecer a lo largo de la semana. El sábado se escucharon explosiones en la altamente estratégica isla de Kharg, por donde transita la mayor parte del petróleo iraní. El presidente estadounidense Donald Trump, por su parte, amenazó con atacar el sitio nuclear de Kuh-e Kolang —«montaña del pico» en persa, o Pickaxe Mountain —, una instalación fuertemente fortificada situada a gran profundidad, no lejos de Natanz, el principal centro de enriquecimiento de uranio de Irán. A principios de semana, había planteado la fórmula del «petrolero por petrolero», prometiendo atacar un buque iraní cada vez que los Guardianes de la Revolución golpearan un petrolero en el estrecho de Ormuz. Eso fue precisamente lo que hizo el ejército estadounidense el sábado, al incendiar dos buques iraníes. En el plano político, Donald Trump volvió a endurecer el tono hacia Teherán. Tras afirmar en una entrevista que las conversaciones estaban definitivamente congeladas «porque un acuerdo con ellos no vale el papel en el que está escrito», el sábado consideró que el «conflicto» con Irán no era una «guerra», sino «algo rutinario» para Estados Unidos. Una forma de jugar con los nervios de los iraníes mientras tranquiliza a su opinión pública de cara a las elecciones de mitad de mandato. Un puerto, además de instalaciones de almacenamiento y bodegas, resultó dañado tras un ataque militar estadounidense llevado a cabo en la provincia iraní meridional de Hormozgán, que limita con el estrecho del mismo nombre, el 6 de septiembre de 2026. (AFP) Al mismo tiempo, el medio estadounidense Axios publicó el sábado un informe que sugiere que Estados Unidos ya proyecta su mirada más allá de este conflicto, iniciado el 28 de febrero. El sitio afirma, citando a funcionarios estadounidenses y otras fuentes informadas, que la administración Trump está elaborando una estrategia más amplia para el Oriente Medio de la posguerra. Esta se basaría en la creación de una alineación regional destinada a contener a Irán, poner fin a las repercusiones regionales de los ataques del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás en Gaza y ampliar el círculo de la normalización entre Israel y los países de la región. La amenaza contra Kuh-e Kolang, que marca el resurgimiento del expediente nuclear iraní, se hace eco de un anuncio del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que lamentó, el 1 de septiembre, que Irán no haya vuelto a abrir sus instalaciones a sus inspectores tras los ataques de mayo de 2025. Recordemos que, a pesar de la magnitud de la ofensiva israelí-estadounidense contra los emplazamientos iraníes, es casi seguro que las reservas de uranio enriquecido permanecen intactas y fueron puestas a resguardo por las autoridades iraníes, que siguen aferradas a lo que consideran su derecho a desarrollar un programa nuclear. Tras el anuncio del OIEA, Estados Unidos, así como Francia, Gran Bretaña y Alemania, manifestaron su intención de presentar una resolución ante el Consejo de Seguridad de la ONU condenando el incumplimiento por parte de Irán de sus compromisos en materia de no proliferación nuclear. Una unidad de fachada que contrasta con la frialdad reinante entre Washington y sus aliados europeos desde el inicio del conflicto. Por su parte, los iraníes parecen seguir respondiendo a la conmoción de la misma manera: atacando a varios países vecinos, entre ellos Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania, sin llegar a atacar directamente a Israel. Ataques masivos en el sur del Líbano En el frente libanés, Israel intensifica sus operaciones de destrucción en los pueblos del sur, llegando incluso a utilizar, en algunos casos, barriles explosivos. El presidente libanés Joseph Aoun instó a Washington y a la comunidad internacional a «poner fin» a los ataques israelíes en territorio libanés, que dejaron siete muertos el domingo en medio de una tregua frágil. Los bombardeos alcanzaron distintas localidades de la región de Nabatiye. Según el Ministerio de Salud, otras veinte personas resultaron heridas, entre ellas niños. Además, un ataque destruyó el antiguo hospital Ghandour, fuera de servicio desde hace años. Liberación de detenidos y toma de Ali el-Taher Pero el hecho más destacado de la semana en el sur fue la toma, por parte de Israel, de la estratégica colina de Ali el-Taher, en la región de Nabatiye. El lugar era un importante centro de mando de Hezbolá, formado por un vasto entramado de túneles desde donde operaban combatientes del partido chiita, así como, según ciertas informaciones, combatientes iraníes. El jueves por la noche, Israel anunció haber tomado el control del complejo. El domingo, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, declaró que aún quedaban túneles por volar. Este «éxito» militar quizás no fue una sorpresa tras semanas de bombardeos, pero la reacción de Hezbolá sí lo fue. Después de haber asegurado durante mucho tiempo que se negaría a ceder esta colina estratégica —al igual que los iraníes, que también habían amenazado con intervenir—, el partido chiita terminó minimizando el impacto de este suceso a través de sus medios y voceros, sin confirmar oficialmente, no obstante, la pérdida del sitio, que se había negado a preservar entregándolo al ejército libanés. La otra gran sorpresa de la semana fue la liberación, por parte de Israel, de cinco civiles libaneses y sirios detenidos en sus cárceles. Esta medida se produjo tras una visita a Tel Aviv del embajador de Estados Unidos en el Líbano, Michel Issa. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «responde a los esfuerzos realizados por Israel y el Líbano para localizar y repatriar los restos de los líderes de la comunidad judía que fueron secuestrados y asesinados en el Líbano» entre 1984 y 1986. También aquí la reacción de Hezbolá llama la atención. Aunque considera la medida positiva pero insuficiente, el partido volvió a arremeter contra las autoridades libanesas, acusándolas de «someterse al enemigo» y responsabilizándolas del desastre en el sur. Incluso les advirtió sobre «los conflictos internos». ¿Podrían los reveses militares del partido llevarlo a volcarse aún más contra el escenario interno? Por último, el ejército israelí hizo el domingo una declaración importante al anunciar que estudia reducir su zona de ocupación en el sur del Líbano, pasando de la actual «zona amarilla» a una «zona gris». Según esta interpretación, tal evolución reflejaría una disminución de la amenaza que representa Hezbolá. Sin embargo, la medida aún no ha sido aprobada por el liderazgo político israelí. Yemen y Palestina La semana también fue especialmente tensa en Yemen, donde los enfrentamientos entre los rebeldes hutíes y las fuerzas gubernamentales no dejaron de intensificarse, hasta un sábado particularmente sangriento que dejó más de 60 muertos en un solo día, elevando a unas 200 las víctimas desde el jueves. La ofensiva de los hutíes busca sobre todo hacerse con el control de ciertas zonas cercanas al paso de Bab el-Mandeb, lo que daría a este aliado de Irán una ventaja adicional sobre otro punto estratégico clave, tras el estrecho de Ormuz. En Palestina, la semana estuvo marcada por unas declaraciones especialmente preocupantes de Israel Katz sobre Gaza. Este afirmó, sin aportar pruebas, que la mayoría de los habitantes de la franja deseaban abandonarla, subrayando que Israel estaba «preparado para una evacuación» de tal magnitud. Todo apunta a que el calvario de los gazatíes está lejos de terminar. Por último, cabe destacar que el OIEA anunció, el 1 de septiembre, que unas infraestructuras descubiertas en Deir ez-Zor, Siria, indican que el antiguo régimen de Bachar al-Ásad preparaba en secreto un programa nuclear avanzado que podría haber llevado a la fabricación de un arma atómica con la ayuda de expertos norcoreanos.
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Por Michel Hajji Georgiou - Publicado sep 6, 2026 - 13:31
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El jugador argentino, que puso fin a su carrera internacional el 31 de agosto de 2026, no era nada menos que un prestidigitador de los estadios. Su trayectoria, hecha de prodigios, caídas y redención, quizá diga algo sobre nuestra intacta necesidad de encantamiento en un mundo que, sin embargo, pretende haberse desprendido de él. Anunciado pocas semanas después de la final del Mundial de 2026, perdida ante España, el retiro internacional de Lionel Messi no dejó de provocar una emoción para la cual resulta difícil encontrar muchos equivalentes en la historia reciente del fútbol. Probablemente habría que remontarse a Maradona, o también a Cruyff o Pelé, para recuperar esa sensación de que, con el retiro de un jugador, desaparece algo que rebasa con mucho al deporte mismo, como si cierta manera de habitar el fútbol, o incluso de creer en él, llegara también a su fin. Lejos de los glacis de la razón Basta de estadísticas interminables y de esas insoportables disputas, tediosas y estériles, sobre “quién es el mejor de todos los tiempos”. El autor de estas líneas nunca ha sido un fanático del balón, ni de las clasificaciones verticales ni de una jerarquía del mérito en general, y, por lo tanto, aprecia el talento de cada jugador con la misma mirada maravillada de un niño de once años. Por lo demás, esta obsesión particularmente contemporánea por las cifras arruina todo el placer del espectáculo. Y con razón: el procedimiento que consiste en sumar goles, asistencias, Balones de Oro, Ligas de Campeones, Copas América, Mundiales… no puede sino ser reduccionista. No deja de recordar, en otro registro, la crítica desarrollada por el filósofo germano-estadounidense Eric Voegelin contra la tentación gnóstica moderna: la de un saber convencido de que puede encerrar la realidad en un sistema y abolir aquello que se le resiste. Los récords son probablemente un indicador del genio de Lionel Messi. Pero tantos otros grandes jugadores que hicieron vibrar los estadios y los corazones, y que no lograron ni la mitad de sus hazañas, permanecen, sin embargo, eternos en la memoria. Lo que los hizo verdaderamente singulares se encuentra en otra parte, lejos de los glacis de la razón. Algo más se jugó alrededor de ellos. Algo que pertenece a cierto sentido profundo de la trascendencia, que el entendimiento nunca podría captar por completo. Ese es el caso de Lionel Messi desde hace más de veinte años, desde el día en que, bajo la mirada del “ícono” Diego Maradona, realizó su primera aparición, en junio de 2006, en la arena mundialista con los colores de la Albiceleste frente a Serbia y Montenegro. Ahora bien, ese elemento indecible que constituye el genio de Messi, como el de otros, toca quizá una de las paradojas más curiosas de la modernidad: la persistencia de la magia en un mundo que precisamente se construyó contra ella. El mundo desencantado Max Weber hablaba del desencantamiento del mundo para designar ese lento proceso mediante el cual la modernidad occidental sometió progresivamente la existencia a la racionalización, al cálculo, a la previsibilidad y a la explicación causal. El mundo ya no debía estar recorrido por poderes oscuros, signos, intervenciones sobrenaturales o voluntades invisibles; debía, al menos en principio, volverse inteligible. Por desgracia, el deporte moderno, y más ampliamente el mundo moderno heredado de la globalización, se inscribe perfectamente en esta dinámica. El fútbol de hoy, y no solamente el fútbol, es probablemente uno de los objetos más cuantificados que existen. El menor gesto se mide, y todo se calcula y modela cuidadosamente. De las matemáticas a la inteligencia artificial, el talento bruto depende ahora más de la ciencia que del encantamiento. Es aquello que hay de humano en su relación espontánea, incluso salvaje, con lo invisible que nace del corazón, lo que desaparece ante nuestros ojos en beneficio de la cuadratura del VAR. Es, de algún modo, el asesinato del deporte en nombre de una mayor rigurosidad y equidad… aun cuando la eutanasia de esa parte de espontaneidad sublime termine provocando ella misma injusticias flagrantes. Basta volver sobre algunas de las decisiones controvertidas del Mundial de 2026 para comprobarlo. Paradoja de paradojas, el propio Lionel Messi fue, desde el origen, hijo de esta modernidad técnica, a la que ciertamente debe una parte de su excepcional carrera. Su cuerpo, demasiado pequeño para los estándares esperados, fue corregido mediante un tratamiento hormonal. Detectado muy pronto, su talento quedó a cargo de una institución que organizó su formación, su alimentación, su desarrollo físico y su integración en una maquinaria deportiva ya globalizada. Nada, en apariencia, podía estar más alejado del viejo relato heroico. De entrada, la historia se parece más a distopías del tipo de Gattaca que al mundo de los mitos y los relatos mesiánicos. Y, sin embargo, aquel viejo relato regresó. Y lo hizo incluso con una insistencia casi embarazosa. Desde el inicio de su carrera, Lionel Messi fue puesto bajo el microscopio. Pero cuanto más se obstinaban en explicarlo y desmitificarlo, menos lograban disipar por completo la impresión producida por algunos de sus gestos. El hombre, sencillamente, no consigue ser circunscrito ni reducido a una acumulación de datos. A la edad en que la mayoría de los grandes jugadores regresan a las sombras, él sigue sorprendiendo. Incluso dejando estupefacto al mundo, al aportar al deporte esa parte de insensatez que escapa a la hipersistematización casi robótica del mundo. Probablemente sea ahí donde haya que buscar ese otro lugar que caracteriza a Messi. En una supervivencia de la magia en un momento en que incluso los espacios que permitían la expresión positiva de una humanidad hecha de carne y sangre van siendo progresivamente “disciplinados” por esa atracción hipnótica hacia una nueva gnosis puritana en nombre de la modernidad. El Mesías fabricado por la máquina Aunque surgido, en cierto modo, de la máquina matricial, Lionel Messi constituye por sí mismo un cuestionamiento de este modelo de prêt-à-porter. Una especie de alter ego del Neo de Matrix, arrojado a una simulación regida por parámetros que pretenden calcularlo todo. El destino del argentino adquirió progresivamente, casi a pesar suyo, la forma de un relato mesiánico. El juego de palabras con su nombre sería demasiado fácil si su propia historia no lo hubiera relanzado constantemente: la del niño frágil, al que el cuerpo parecía querer negar la realización a la que su talento lo destinaba. Luego la del exilio muy joven hacia Barcelona, la adopción por una ciudad extranjera, el ascenso casi irreal, el reconocimiento mundial y, después, esa extraña dificultad para ser reconocido por los suyos… Durante mucho tiempo, Argentina mantuvo una relación de amor-odio con su hijo pródigo. Sin importar sus resultados, su talento o su genialidad, debía responder a una única e implacable pregunta: ¿por qué no era Maradona? La comparación era ciertamente inevitable, pero también profundamente injusta. Todo separaba a ambos hombres en su manera de estar en el mundo. Maradona cargaba con Argentina y con todo lo que ella podía tener de pasional, contradictorio, excesivo y teatral. Hablaba, provocaba, peleaba, caía, volvía, mezclaba con el fútbol su vida privada, sus cóleras, sus compromisos políticos… hasta su propia destrucción. Su cuerpo mismo parecía convertirse en uno de los lugares donde se escenificaban las contradicciones de su país. Maradona era la encarnación misma de lo que el mundo esperaba del fútbol: un alma rebelde, llevando a veces el juego hasta la inmoralidad, pero dentro de una suerte de gigantomaquia futbolística. Maradona era épico. Y, sobre todo, había colocado a su país en el firmamento del fútbol en 1986. Messi, en cambio, no ofrecía nada de eso. Era silencioso, a veces casi ausente del relato que los demás construían a su alrededor, ausencia que durante mucho tiempo fue interpretada como un defecto. Casi borrado, sin personalidad. Eso era, además, lo que le reprochaban los dos gigantes, Maradona y Pelé: carecer de liderazgo, ser demasiado liso. Una especie de bebé de probeta milagroso de los estadios. También se reprochaba al niño de Rosario no cantar suficientemente el himno, no ser lo bastante argentino, haber sido “fabricado” por Barcelona y, naturalmente, no ganar con la selección lo que ganaba casi continuamente con su club. La profecía inconclusa La final del Mundial de 2014 perdida dramáticamente contra Alemania, seguida de las finales de la Copa América de 2015 y 2016, había transformado progresivamente aquella sospecha en acusación. Cuando falló su penal ante Chile en 2016 y anunció después que abandonaba la selección, ya era, sin embargo, uno de los más grandes jugadores de la historia del fútbol. Pero su relato permanecía extrañamente inconcluso. La sensación de incompletitud apenas tenía que ver con su palmarés. Se trataba más bien de esa necesidad casi arcaica que se impone continuamente a los héroes modernos: consumar su recorrido iniciático. Con los colores argentinos, Messi brillaba y después caía pesadamente. Pero no se levantaba. No cumplía la profecía. Y, a los ojos de su pueblo, esto reforzaba esa sensación de amor-odio: al fin y al cabo, un dios caído sigue siendo un dios. Pero con el valor añadido de lo que, a ojos de sus admiradores, es un sustrato insoportable y, por lo tanto, perfectamente odioso de la humanidad: sus defectos, sus debilidades. Los argentinos amaban a Maradona a pesar de su espectacular decadencia y de su humanidad falible. Pero era porque había “merecido” esa decadencia, porque, de algún modo, se había vuelto aceptable después de México 1986. Messi, en cambio, todavía no tenía derecho a caer, porque todavía no había alcanzado la cima. No, la profecía no se había cumplido. Incluso empezaba a convertirse en caricatura. Messi volvió, entonces. Pero todavía tuvo que esperar su redención. Hubo que esperar a la Copa América de 2021, en el Maracaná, para que esa relación hecha de sospecha espera y decepción con su público y con su pueblo comenzara verdaderamente a cambiar. Y hubo que esperar, sobre todo, al Mundial de 2022 para que la historia adquiriera esa forma casi demasiado perfecta que nadie se habría atrevido a escribir sin parecer entregarse a una facilidad de guionista. Curiosamente, Maradona había muerto en 2020. Era como si una especie de maldición nacional opresiva se hubiera levantado. Al mismo tiempo, el pueblo argentino necesitaba una figura paterna de sustitución y la presión no hizo sino redoblarse. ¿Pero quizá mezclada, esta vez, con un poco de ternura? Lo ocurrido en Qatar en 2022 resulta aún más interesante porque el propio Messi aparece ligeramente distinto. Protesta más, responde a las provocaciones, se enfurece, habla con una violencia que pocos le creían capaz de desplegar e incluso deja escapar aquel “¿Qué miras, bobo?” frente a los neerlandeses que divierte a Argentina. Buenos Aires descubre por fin, tardíamente, lo que siempre había esperado de él. Un poco de Maradona dentro de mucho Messi. Pero Messi no se convierte por ello en Maradona. Y quizá sea precisamente ahí donde se produzca la verdadera reconciliación: Argentina deja de pedirle que lo sea. A partir de 2022, Messi ya no necesita encarnar otro modelo del genio nacional. Finalmente puede convertirse también en su país en aquello que ya había sido en todas partes: Messi. Simplemente. El acto final de la profecía Ciertamente, el triunfo de 2022 habría podido constituir un final perfecto. Pero, como en el caso de Maradona, el acto final de la profecía heroica es la caída. Ya nadie esperaba realmente algo excepcional de Messi en 2026. A sus 39 años, se consideraba ampliamente que formaba parte de los “héroes cansados”. La caída del Capitolio había ocurrido con el amargo episodio de su salida del FC Barcelona y su desventura en el PSG. Ya no jugaba sino en la liga estadounidense, con los colores de Miami… en la periferia del mundo del fútbol, en las lejanas tierras del soccer. Y la nueva generación ya estaba allí, lista para mandar a los ancestros a Bicêtre. Sin embargo, aquel Mundial de 2026, que parecía destinado a no ser más que un epílogo, se transformó en un último golpe de brillo sensacional. Argentina alcanzó nuevamente la final, con un Messi que, a los 39 años, volvía a ser su “líder histórico” y su recurso en los momentos decisivos, logrando algo que no dejaba de recordar lo que Roberto Baggio había hecho por Italia en 1994, a los… 27 años: el deus ex machina permanente. Baggio fracasó a las puertas del triunfo contra Brasil después de haber llevado prácticamente a Italia hasta Pasadena. Su penal lanzado por encima del travesaño dejó una de las imágenes más crueles de la historia de los Mundiales: la de un hombre inmóvil, con la cabeza baja y las manos en la cintura, mientras Brasil celebraba su victoria. Aquel que había “muerto de pie”. El duende italiano nunca conoció la apoteosis. Pero aquella muerte simbólica, lejos de borrar su Mundial, acabó formando también parte de su leyenda. La historia fue más clemente con Messi, a pesar de una campaña de odio en su contra, mezclada con acusaciones de trampa y favoritismo, sobre un fondo de decisiones arbitrales controvertidas y acciones antideportivas de su equipo, como lo había sido antaño con Maradona. Incluso más. ¿Una final en un sexto Mundial, al borde del retiro y coronada por una actuación individual extraordinaria? Es precisamente ahí donde reside la magia del fenómeno Messi, aquello que desafía a la razón y a su avalancha de estadísticas. El genio no puede encerrarse en una suma de parámetros y variables. Su condición física, incluso óptima, no puede explicar por sí sola aquello de lo que el mundo entero fue testigo. Y qué importa si su relato nos recuerda que el héroe, por mítico que sea, no puede abolir la siniestra influencia de Saturno. El reencantamiento del mundo Porque, más allá de la profecía cumplida, del ascenso a la caída, con su cuota de dichas y desgracias, el argentino ofreció al mundo una última vuelta a la pista que pertenece al arte, si no a una forma de poesía homérica. Con la retirada de Lionel Messi de la escena internacional, desaparece un poco de la magia del mundo… hasta que otro héroe providencial regrese a encantar los estadios. Durante más de veinte años, Messi habrá encarnado la coexistencia de dos mundos que creíamos incompatibles: el de la racionalización extrema del deporte moderno y aquel, mucho más antiguo, del héroe, el signo, la espera y el encantamiento. Cuando Messi se va, algo de esa contradicción aparece bruscamente. Ya han surgido otros prodigios, pero quizá descubramos, en el preciso momento en que uno de sus últimos grandes representantes abandona la escena, hasta qué punto seguimos necesitando trascendencia. El mundo moderno probablemente no ha eliminado el encantamiento. No ha hecho más que desplazarlo. Durante noventa minutos, este hombre llamado Lionel Messi, que lo encarnó sobre las canchas, se marcha después de haberlo conseguido todo. Y aún más.
Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad - Publicado sep 5, 2026 - 20:01
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La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
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Cine, política y guerra
Por
Yakzan Takki
Publicado

La sombra de la guerra y de la política, en Medio Oriente, en Ucrania y bajo la presión de una geopolítica amenazante, pesó con toda su fuerza sobre la ceremonia de clausura de la 79.ª edición del Festival. El discurso político más comentado fue el de Andrey Zvyagintsev, cuya película Minotaur , un retrato de la invasión rusa de Ucrania a través de la desintegración de una familia, obtuvo el Gran Premio. El cineasta ruso, exiliado en Francia, se dirigió directamente al presidente Vladimir Putin: “Detengan esta mascarada. El mundo entero espera el fin de la masacre, donde millones de hombres se enfrentan a ambos lados de la línea del frente, soñando únicamente con poner fin a una guerra que ya no cuenta con el respaldo de ninguno de los dos bandos beligerantes”. Sus palabras resonaron como un eco lejano del discurso pronunciado en ese mismo escenario por el presidente Volodímir Zelenski el 17 de mayo de 2022. De la metaficción al abismo suele haber apenas un paso, y el Festival de Cannes 2026 lo dio al seleccionar, entre las veintidós películas en competencia, seis obras dedicadas a la guerra. Que el cine, ese arte sincronizado con el pulso del mundo, ejerza semejante influencia política no tiene nada de nuevo. Pero la complejidad del relato que ofreció Cannes este año radica en dos tensiones: por un lado, la diversidad de perspectivas que abordan la guerra con fidelidad histórica y una notable capacidad artística para captar el horror y la violencia; por otro, el riesgo de que todo ello no sea más que una visión parcial, sin que ambas aproximaciones formen necesariamente un conjunto coherente frente a una misma realidad. La distancia era considerable, tanto en términos estéticos como filosóficos, entre Notre salut , de Emmanuel Marre, que explora el espíritu de la colaboración a través de la trayectoria de un modesto funcionario bajo el régimen de Philippe Pétain, y Moulin , de László Nemes, que exalta el testimonio del resistente Jean Moulin, torturado hasta la muerte por Klaus Barbie. Fatherland , por su parte, elige una tercera vía al señalar la catástrofe moral y civilizatoria de la Segunda Guerra Mundial a través del regreso de Thomas Mann a Alemania en 1949. Esa misma fractura se reflejó en la presencia de la actriz Julianne Moore en el Festival, donde durante la primera semana de esta 79.ª edición recibió el premio Women in Motion , una distinción que a lo largo de los años también ha reconocido a Jane Fonda, Viola Davis y Michelle Yeoh. La musa de Todd Haynes expresó posiciones políticas claras, relatando que desde la infancia encuentra refugio en las bibliotecas y que en ellas descubre una comprensión más humana del mundo y de quienes lo moldean, independientemente de que sus destinos sean trágicos o no. En la burbuja a veces superficial de Los Ángeles, Moore intenta, junto con sus equipos de comunicación, dotar de profundidad a temas que suelen parecer abstractos, en un contexto donde todo depende de una visión clara, aunque esta pueda resultar asfixiante. Esa misma lógica le valió la consagración máxima con el Óscar a la Mejor Actriz por Still Alice. “Es el peso de la historia y de esa fábrica de sueños a la que me alegra contribuir, mediante un compromiso contra el recurso a las armas y contra el caos social en el que vivimos, un caos que me entristece y me asusta en un contexto geopolítico profundamente desequilibrado”, declaró. Moore es conocida por su cercanía con el Partido Demócrata, aunque en los últimos años ha tomado distancia del ciclo político reciente, apareciendo con menos frecuencia junto a Joe Biden y Kamala Harris. También optó por reducir su exposición mediática y mantener cierta distancia estratégica respecto de las películas saturadas de explosiones y bombas, considerando la situación mundial actual, que define como “increíblemente artificial”. Cabe señalar una incongruencia en la concesión del Premio al Mejor Guion a Notre salut , una obra poderosa y auténtica sobre la colaboración, especialmente porque el propio Emmanuel Marre reconoció que muchas escenas fueron improvisadas. El Premio del Jurado fue para Das geträumte Abenteuer , de Valeska Grisebach, una película que generó opiniones muy divididas. El punto culminante llegó con el Premio a la Mejor Dirección, otorgado conjuntamente a dos realizadores por La Bola Negra , una obra que recorre un siglo de historia de España entre el franquismo y la homosexualidad. Por otra parte, el mundo del cine comienza a distanciarse de los sectores más radicalizados tras las declaraciones de Maxime Saada. Exhibidores, productores y distribuidores franceses manifestaron su preocupación ante una creciente radicalización del discurso cinematográfico a medida que se aproxima la elección presidencial. Una petición titulada “No se vuelvan hacia Bolloré” circuló durante la apertura del Festival y reunió más de seiscientas firmas de profesionales del sector. Los firmantes protestaban contra lo que consideraban la creciente influencia del empresario bretón Vincent Bolloré sobre el séptimo arte y sus ambiciones monopólicas, especialmente en materia de financiamiento cinematográfico. Con excepción de Adèle Haenel, que no filma desde hace seis años, así como de Juliette Binoche, Anna Mouglalis y Swann Arlaud, la mayoría de los firmantes sigue siendo poco conocida en el sector profesional. Algunos interpretan esta movilización más como un frente político que corporativo, dado que nadie había observado una uniformización de las películas ni una apropiación fascista del imaginario colectivo a través de Canal+, incluso dentro de organizaciones de izquierda que Bolloré había desmantelado previamente. Sin embargo, muchos productores advierten: “Quizás algún día debamos preocuparnos por la influencia de Vincent Bolloré sobre el cine, por la erosión del poder intelectual y artístico, y por el fin del progresismo cultural”. Más allá de si los relatos cinematográficos guardan o no alguna relación con la ideología de extrema derecha, las salas UGC no fueron adquiridas por Vincent Bolloré por razones ideológicas, sino por Maxime Saada, director ejecutivo de Canal+, por motivos industriales. “Es una carnicería y va a empeorar”, afirma un distribuidor. Para quienes defienden la independencia, la creación y la democracia, este Festival podría ser el último antes de una eventual llegada de la extrema derecha al poder. Desde el punto de vista cinematográfico, pronto podría exigirse a cada persona que escoja un bando: entre derecha e izquierda, entre solidarizarse con las tragedias humanas de Medio Oriente y negarse a hacerlo. Pero, de manera aún más fundamental, mientras los cineastas franceses se enfrentan a la figura de Bolloré, los gigantes de internet, YouTube, Facebook, Amazon, Disney, Netflix y Meta tejen una red que les permite consolidar su dominio sobre las imágenes. Esto tendrá consecuencias tanto para la economía del cine como para la diversidad estética, a medida que la inteligencia artificial se incorpora a la industria, que los capitales de las grandes tecnológicas financian películas y series, y que Amazon, a través de Prime Video, continúa expandiendo su poder económico. Estos mismos gigantes dominan simultáneamente el mercado publicitario. El Creator Economy Summit , creado recientemente por el Festival y celebrado por primera vez este año, fue escenario del surgimiento de una nueva generación de creadores digitales que construyen audiencias masivas en plataformas como Instagram, YouTube y TikTok, desarrollando, financiando y distribuyendo historias con una velocidad que los orienta cada vez más hacia los formatos largos y la producción cinematográfica. Este primer encuentro entre dos mundos profundamente distintos, cineastas e influencers , permitió abordar desafíos clave relacionados con la distribución, la producción, la escritura, la gestión del talento y la circulación de contenidos. Ninguna empresa de las GAFAM ni de la Big Tech puede ignorar la economía de los creadores, cuyos ingresos deberían superar los 250 mil millones de dólares este año. El cine está bajo presión y el sector tradicional se encuentra fracturado. El mundo cultural corre el riesgo de perder la batalla por el relato cinematográfico, una narrativa que durante décadas se alimentó, en parte, de recursos públicos. Se trata de una transformación cultural impactante, producto de una evolución que ha seguido caminos muy distintos, mientras los multimillonarios proliferan en los canales de información y una forma de totalitarismo ideológico se instala en el cine, confirmando así el fracaso de la llamada “democratización” de la cultura cinematográfica. En cuanto a los guiones de ficción, la conformidad social parece imponerse en todas partes.

¿Por qué Jordania confía en el futuro?
Por
Khairallah Khairallah
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El discurso que el rey Abdullah II dirigió a los jordanos con motivo del octogésimo aniversario de la independencia fue, ante todo, una expresión de confianza en el futuro y en la capacidad de enfrentar los desafíos de una región que, por decirlo suavemente, navega a la deriva entre vientos turbulentos. Más importante que cualquier otra cosa, el soberano jordano trazó la imagen del futuro al que aspira Jordania como Estado moderno: un país que posee pocos recursos naturales, pero que ha logrado desarrollar su propia riqueza distintiva, la riqueza del ser humano. El discurso de Abdullah II fue breve, pero tuvo la valentía suficiente para afirmar que Jordania practica genuinamente la tolerancia en el terreno, en una región saturada de contradicciones y extremistas de toda índole. No es algo menor que el monarca jordano hablara de la naturaleza de su país dirigiéndose tanto a los “hijos” como a las “hijas” de Jordania, declarando: “Jordania nunca ha sido un margen en la historia de la humanidad, sino una patria de naciones y una tierra de armonía. A orillas de su río fue bautizado Cristo; dentro de sus fronteras vivieron los compañeros y los seguidores. Las civilizaciones florecieron en su suelo y ofrecieron al mundo lecciones de resiliencia y firmeza, enseñándonos a perseverar y a convertir las dificultades en oportunidades. El presente es el mejor testigo de ello. A pesar de todas las circunstancias, Jordania ha preservado sus fronteras y su seguridad, ha continuado su camino democrático y ha protegido su economía de los efectos de las crisis”. Entre los pasajes más importantes del discurso figura la afirmación de Abdullah II: “Hoy celebramos no solo lo que hemos logrado, sino también lo que poseemos en términos de destino y capacidad. El orgullo no es nuestro objetivo; lo que buscamos es consolidar nuestra confianza en esta patria”. Jordania se conoce a sí misma, conoce su rumbo y sus decisiones. Esto significa que el Reino comprende plenamente la naturaleza de los acontecimientos que se desarrollan en la región y sabe cómo interactuar con ellos, apoyándose en una larga experiencia en este ámbito. Si algo han demostrado los acontecimientos de los últimos ochenta años, es que Jordania es una de las constantes de la región. Siria cambió, Irak cambió y Jordania siguió siendo lo que es: un reino hachemita que no necesita lecciones de patriotismo de nadie, incluidas aquellas organizaciones palestinas que alguna vez creyeron que “el camino a Jerusalén pasa por Ammán”. Jordania siempre ha gestionado los cambios y las convulsiones de Irak y Siria con una combinación de flexibilidad y firmeza. Lo hizo incluso cuando fue blanco de múltiples intentos de presión, especialmente durante el período de la unión egipcio-siria entre 1958 y 1961, y durante el ascenso al poder de Hafez al-Assad después de 1970. En aquel momento, el rey Hussein supo contener a Assad padre, quien buscaba colocar a Jordania bajo su influencia, tal como había hecho con el Líbano, y formar un frente bajo su mando que se extendiera desde Aqaba hasta Naqoura, en el sur libanés. En cuanto a los Estados del Golfo, la relación de Jordania con ellos ha evolucionado considerablemente. Desde el surgimiento del régimen de la “República Islámica” en 1979 y desde que dicho régimen libró una guerra contra Irak entre 1980 y 1988, Jordania, que adoptó una posición clara en su contra desde el principio, se convirtió en una parte integral de la seguridad del Golfo. Conviene detenerse en la referencia a la frase “a orillas de su río fue bautizado Cristo”. Esta expresión reafirma la importancia histórica y civilizatoria de Jordania, así como el grado en que el trono hachemita ha interiorizado dicha importancia y la profundidad histórica de un país que surgió de la interacción entre sus habitantes originarios, los jordanos orientales, y los hachemitas. Esto se remonta a principios de la década de 1920, cuando la entidad política era el Emirato de Transjordania, que con el tiempo se convertiría en el Reino Hachemita de Jordania en 1946. A lo largo de toda su historia, Jordania ha preservado ciertos valores basados en el reconocimiento de todas las comunidades que la conforman, sin distinción entre ciudadanos por motivos de religión o nacionalidad. Esto explica la plena integración entre las tribus jordanas, incluidas las tribus cristianas, y el trono hachemita, así como la relación entre la Corona y los circasianos, drusos, chechenos y personas de origen levantino. La interacción entre todas estas comunidades ha aportado inmunidad, fortaleza y estabilidad a Jordania. También ha reforzado el papel positivo del país en la causa palestina y ha contribuido a la resistencia palestina en Cisjordania, convirtiendo al Reino en una vía vital que permite a los palestinos conectarse con el mundo y regresar a Palestina a través del Puente Rey Hussein. Abdullah II ha señalado en repetidas ocasiones que la cuestión no es tanto la tolerancia como el reconocimiento del otro. Por ello, no es casualidad que Jordania ejerza la custodia de los lugares santos cristianos e islámicos de Jerusalén. Existe un vínculo histórico entre los hachemitas y los lugares sagrados de Jerusalén, especialmente la mezquita de Al Aqsa. En última instancia, no puede ignorarse la relación entre Jordania y los palestinos. Con el paso del tiempo y a través de experiencias sucesivas, esta relación se ha transformado en algo más que positivo. En 1970, Jordania salvó a los palestinos de sí mismos gracias a sus instituciones, especialmente a su ejército, y a la profunda cohesión entre la institución monárquica y las tribus. El país fue incluso más lejos al cerrar el paso a la derecha israelí, que en cierto momento soñó con convertir a Jordania en una “patria alternativa”. Hoy, los palestinos se han convertido en un factor positivo en los asuntos internos y en el fortalecimiento de la estabilidad. Ya no son únicamente una fuerza económica de considerable peso dentro del Reino. La importancia de Jordania se hizo evidente para ellos, especialmente después de comprender el valor de la estabilidad jordana y lo que significa vivir en un Estado con instituciones sólidas, que rechaza todas las formas de extremismo y se aparta de los eslóganes vacíos que carecen de peso en la práctica. Todo lo que Jordania ha hecho, incluida la decisión de desvincularse de Cisjordania en 1988 y la firma del acuerdo de Wadi Araba con Israel en 1994, constituye una reafirmación del impulso hacia el eventual establecimiento de un Estado palestino independiente. El discurso de Abdullah II a los jordanos fue un mensaje que surgió del corazón. Fue una expresión de la capacidad de ejercer la confianza en uno mismo y de continuar construyendo un Estado fuerte, firmemente aferrado a su historia y a sus raíces, y que, ante todo, sabe lo que quiere.

Salam: la negociación con Israel es el camino menos costoso

Negociaciones y diálogo en Washington, conflicto y ataques aéreos en el Líbano. La jornada del sábado 30 de mayo estuvo marcada por una intervención del Primer Ministro libanés Nawaf Salam que condenó los ataques israelíes, mientras que el Pentágono aseguró que las conversaciones entre militares israelíes y libaneses en Washington, el viernes 29 de mayo, habían sido «constructivas». En un discurso televisado, Nawaf Salam consideró que la «política de tierra quemada» y de «castigo colectivo» llevada a cabo por Israel «no le aportará ni seguridad ni estabilidad». Tras nuevas conversaciones israelí-libanesas en el Pentágono, mientras el ejército israelí continúa avanzando en profundidad hacia el territorio libanés, el Sr. Salam no dejó de defender la continuidad de las negociaciones con Israel. Estas constituyen «la vía menos costosa» para Beirut, subrayó el jefe del gobierno. El presidente libanés Joseph Aoun, por su parte, aseguró al secretario de Estado estadounidense Marco Rubio que un alto al fuego constituía «el paso indispensable» hacia cualquier avance en las negociaciones. El número dos del Pentágono, Elbridge Colby, calificó la reunión del viernes de «constructiva», estimando que serviría «de base para la vertiente política» que debe ser abordada por los dos países el 2 y 3 de junio en el Departamento de Estado. Según una fuente israelí bien informada, citada por Reuters, Israel y el Líbano no abordaron la cuestión del sur de Beirut, bastión de Hezbolá, donde Israel afirma haber contenido ampliamente sus ataques bajo la presión de Estados Unidos. Israel prosigue su expansión hacia el norte En el plano de las operaciones militares, el ejército israelí pidió, la mañana del sábado, a los habitantes de más de una decena de pueblos del sur del Líbano que evacuaran antes de ataques dirigidos a varias localidades de la región. Por su lado, el ejército libanés anunció que un ataque de dron israelí, descrito como «selectivo», había herido gravemente a dos de sus soldados a bordo de un vehículo cerca de la ciudad de Nabatiyé. Disparos de artillería también apuntaron a los alrededores de la fortaleza medieval de Beaufort, tras las declaraciones de los ministros de Asuntos Exteriores Joe Raggi y de Cultura Ghassan Salamé, que habían expresado su preocupación por el «peligro grave» que los ataques israelíes representan para el patrimonio histórico. Cabe señalar en este contexto que el ejército israelí difundió un vídeo, ampliamente reproducido por varios medios libaneses, que muestra que los disparos que alcanzaron hace 48 horas la iglesia greco-ortodoxa de San Jorge de Marjayoun provenían de posiciones ocupadas por Hezbolá. Los llamamientos de los líderes de opinión de Nabatiyé y Tiro Ante la recrudecencia de incursiones y bombardeos, el presidente Joseph Aoun y el Primer Ministro denunciaron, en un comunicado conjunto, «las prácticas condenables de Israel», «la extensión de sus ataques», así como «la continuación de los bombardeos y la destrucción con buldócer de viviendas y sitios históricos». Es importante señalar que, en este contexto, alrededor de cien intelectuales y líderes de opinión de Nabatiyé y otros tantos de la ciudad de Tiro han publicado, respectivamente, un «llamamiento» en el que exigen la desmilitarización de ambas localidades, el fin de cualquier presencia miliciana y el restablecimiento de la única autoridad del Estado y el ejército en las ciudades en cuestión. Los dos «llamaamientos» se oponen a que los Guardianes de la Revolución Islámica iraní hayan arrastrado el sur del Líbano a una «guerra estéril» y apoyan las gestiones emprendidas por el gobierno libanés para restaurar la paz en el sur libanés. Cabe señalar que Hezbolá publicó un comunicado condenando severamente el contenido de los dos «llamamamientos» de Nabatiyé y Tiro. En Irán, las «líneas rojas» de Washington A nivel regional, Estados Unidos afirmó el sábado que dispone de los medios necesarios para reanudar la guerra contra Irán, mientras reiteró que un acuerdo de paz solo sería posible si se respetaban sus "líneas rojas". En este contexto, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, declaró que Estados Unidos era "totalmente capaz" de reanudar las hostilidades contra Irán "si fuera necesario". "Nuestras reservas son más que suficientes para este objetivo", afirmó durante un foro de defensa en Singapur. Una fuente diplomática estadounidense indicó el sábado que, si las negociaciones fracasan en tres cuestiones cruciales —las reservas de uranio enriquecido, el Estrecho de Ormuz y los activos iraníes congelados en el extranjero—, el bloqueo proviene principalmente de la línea dura del régimen. Esta última está representada especialmente por el general Esmaíl Qa'ani, comandante de la Fuerza Al-Qods de los Guardianes de la Revolución Islámica, así como por el diputado Ebrahim Azizi, conocido por sus posiciones radicales. Según esta fuente, estas dos figuras influyentes del régimen se oponen al presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien ha mostrado recientemente señales de apertura hacia Washington. Paralelamente, en Irak, una declaración hecha el sábado por un responsable de seguridad de Kataëb Hezbollah —organización frecuentemente llamada el "Hezbollah iraquí"— reabrió la polémica sobre el futuro de las armas fuera del control estatal, mientras que fuentes políticas en Bagdad indican que cinco facciones armadas estarían considerando comenzar a entregar las armas. Esta formación chií cercana a Irán enfatizó que se negaba a entregar sus armas al gobierno central y que está decidida a "continuar la resistencia", asegurando que estaba "dispuesta a recibir cierto armamento especializado para el cual las instituciones del Estado carecen de capacidad técnica, como drones, misiles de crucero y armas anticarro", añadiendo que también estaba "dispuesta a financiarlas". Cabe señalar, en conclusión, que el Departamento de Estado estadounidense removió a Tom Barrack de sus funciones como enviado especial de Estados Unidos para Siria, sin proporcionar mayores detalles.

¿Van a extraditar a Bashar desde Rusia?
Por
Youssef Mouawad
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¡Es indigno entregar a un fugitivo a sus enemigos! En nuestras tierras, el «deber de asilo», obligación ineludible, se remonta a la Jahiliya preislámica. No sería un «preux» quien entregara a una persona a quienes la persiguen, siendo la vergüenza rechazada sobre su linaje. Pero entonces, ¿qué decir de la extradición judicial en nuestro mundo contemporáneo? ¿Es aceptable bajo el argumento de que las convenciones internacionales han establecido sus condiciones y fijado el procedimiento? Bachar el-Assad y su camarilla, cuyos miembros se cuentan por decenas, encontraron refugio desde diciembre de 2024 en la Federación de Rusia, así como en Irán, Irak y Líbano. ¿Hay alguna posibilidad de que toda esta gente comparezca ante la justicia, en Damasco o en otro lugar? ¿Siria le ha pedido a Rusia la extradición de Bachar? Esta pregunta, en su crudeza, no ha dejado de ser planteada a Serguéi Lavrov, ministro ruso de Asuntos Exteriores; y, como diplomático experimentado, siempre la ha eludido. Pero sus respuestas evasivas no impidieron que el presidente sirio provisional Ahmed al-Chareh le pidiera a Vladimir Putin, durante la visita que le hizo a Moscú en octubre de 2025, que le entregara «a todos los que habían cometido crímenes de guerra» durante el último conflicto civil, encabezados, por supuesto, por el jefe de Estado depuesto y su hermano Maher. Nada funcionó y las autoridades sirias tuvieron que volver a la carga en mayo pasado y requerir a Moscú la extradición de dichos criminales perseguidos, dentro del marco, sin embargo, de los procedimientos de justicia transicional iniciados a finales de abril en Damasco. Esto es al menos lo que afirma una fuente judicial. Extraditar o juzgar En su calidad de ex jefe de Estado, un presidente depuesto no goza de inmunidad ante las persecuciones por crímenes de guerra o contra la humanidad. Ya hemos visto el destino reservado a Augusto Pinochet: fue arrestado en Londres en octubre de 1998. En cuanto a Slobodan Milošević, fue acusado en mayo de 1990 y juzgado ante el tribunal especial para la ex Yugoslavia. E incluso se han iniciado acciones judiciales por la Corte Penal Internacional contra dos líderes en ejercicio, a saber, Vladimir Putin en marzo de 2023 y Benjamín Netanyahu en noviembre de 2024. ¿Pero qué valor tienen las órdenes de arresto internacionales en ciertos contextos específicos? ¡Nada más que gestos patéticos! Entonces, esto es lo que sucede con el expediente sirio: Moscú se niega a jugar el juego de una justicia internacional sana. El adagio latino «aut dedere aut judicare», que significa extraditar o juzgar, ¡parece no deber aplicarse a la Rusia actual! Por el momento, ni Bachar ni Maher el-Assad corren el riesgo de ser molestados. Con Vladimir Putin en el poder, no serán entregados a la justicia de su país ni juzgados en el lugar. Pero consideremos más bien el caso en el que estos dos fugitivos se hubieran encontrado en un país de la Unión Europea. Probablemente habrían sido juzgados ante un tribunal del país de acogida o ante un tribunal constituido ad hoc. Pero, ¡nunca habría habido extradición! La razón es simple: ni Berlín, ni Roma, ni París ni otra capital «civilizada» habrían extraditado a los beneficiarios del derecho de asilo a países donde correrían el riesgo de la pena de muerte. Puesto que se entiende que es la horca la que, en Bilad el-Sham, aguarda a quienes participaron en las masacres de la guerra civil. Bachar en Moscú, en retiro anticipado En definitiva, Siria tiene derecho a romper con más de cincuenta años de impunidad. El 26 de abril pasado se abrían en la capital de los Omeyas los «Juicios de Damasco» que se pronunciarán sobre los horrores de la guerra civil. Pero la primera audiencia se celebró, con razón, en ausencia de Bachar y su hermano, los actores principales del drama. Es que el expresidente sirio huyó y abandonó a sus cómplices y secuaces a su suerte: pagarán por él. Habiendo escapado con la caja como un vulgar delincuente, disfrutará de días felices a orillas del Moskova. ¡A los crímenes de sangre de los que se hizo culpable, se sumarán así los de venalidad y cobardía!

Guerra en Irán: los altibajos continúan
Por
LevantTime .
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El escenario del fin de semana pasado se repitió este viernes 29 de mayo. Los medios y la opinión pública fueron sometidos a una nueva sesión de cambios abruptos respecto a las negociaciones estadounidenses-iraníes, a través del mediador pakistaní, destinadas a poner fin a la situación de guerra iniciada el 28 de febrero, como preludio a negociaciones bilaterales sobre los grandes temas que mantienen el conflicto entre Estados Unidos y la República Islámica. Como sucedió el fin de semana anterior, un soplo de optimismo invadió la tarde del viernes, anunciando la inminencia de un «acuerdo marco» entre Washington y Teherán. El presidente Donald Trump debía anunciar públicamente que levantaba el bloqueo naval impuesto a los puertos iraníes y que se preparaba para sostener una reunión en la Casa Blanca con su equipo de altos funcionarios y asesores para «tomar una decisión definitiva» sobre el proyecto de acuerdo marco en gestación. Tras el anuncio del presidente Trump, llegaban a los medios informaciones sobre los términos del memorando de entendimiento en cuestión. Según estas indiscreciones, el documento preveía el restablecimiento inmediato de la libre circulación marítima en el Estrecho de Ormuz, sin peajes ni condiciones (a cambio de la levantada del bloqueo naval) y la destrucción por parte de Estados Unidos de sus existencias de uranio enriquecido, «en colaboración con la República Islámica y el Organismo Internacional de Energía Atómica». Sin embargo, no se preveía medida alguna para poner fin al congelamiento de parte de los activos iraníes. Cerca de una hora después de la divulgación de estas informaciones, las autoridades iraníes, al menos las cercanas a los Guardianes de la Revolución, afirmaban que ningún acuerdo había sido concluido, que las informaciones reportadas por el presidente Trump eran erróneas y, para colmo, que «es Irán quien impone sus condiciones» a la Administración estadounidense, y no lo contrario. El clima manifestamente negativo filtrado a los medios por la corriente del régimen iraní cercana a los Pasdaran se repercutió aparentemente en el desarrollo de la reunión presidida por el presidente Trump en la Casa Blanca. Tras dos horas de debates entre altos funcionarios estadounidenses, el presidente Trump no hizo anuncio alguno, contrariamente a lo indicado en la tarde. El New York Times reportaba por la noche al respecto, citando a un alto funcionario estadounidense, que ninguna decisión fue tomada respecto al proyecto de acuerdo marco, señalando que «algunas cuestiones aún deben ser discutidas». Avanzada la noche, el Tesoro estadounidense debía precisar que «el bloqueo impuesto a los puertos iraníes será levantado lentamente»… Avances israelíes y conversaciones en el Pentágono Este estancamiento diplomático no ocultó sin embargo los desarrollos en el nivel de operaciones militares, más precisamente en el terreno libanés. El ejército israelí continuó el viernes su operación de «aplanadora» contra las posiciones, infraestructuras y milicianos de Hezbolá. Nuevos raids aéreos intensivos fueron lanzados contra varias localidades del Sur y Bekaa Occidental. Paralelamente, según diversas fuentes, el ejército israelí continúa ganando terreno y habría llegado a las afueras de Nabatiyeh. Avanzada la noche, la cadena al-Hadath indicaba que las fuerzas israelíes se encontraban a 500 metros del Castillo de Beaufort. Otras fuentes precisaban en horas avanzadas de la noche que Tsahal había llegado prácticamente al Castillo medieval. Más temprano en el día, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había realizado una gira de inspección en la frontera con el Líbano. En una declaración a corresponsales de prensa, indicó que el ejército israelí había cruzado el Litani y había tomado posiciones en las colinas estratégicas de la región. «Actuamos con fuerza en Beirut, en el Sur y en la Bekaa, sin restricciones», afirmó Netanyahu, quien reportó un «colapso de Hezbollah»… Diversas fuentes de información reportaron de hecho el viernes por la noche un «colapso de Hezbollah en todos los frentes». Sin embargo, estas indicaciones no pudieron ser confirmadas por fuentes independientes. Fue en esta atmósfera particularmente tensa y explosiva que se llevó a cabo el viernes por la tarde (hora del Levante) en el Pentágono la primera reunión de negociaciones directas libano-israelíes enmarcada en el «proceso de seguridad», paralelo al proceso político de negociaciones bilaterales. Al margen de la reunión del Pentágono, el Secretario de Estado Marco Rubio se puso en contacto telefónico con el presidente Joseph Aoun para hacer un balance del diálogo libano-israelí. Según un comunicado de la presidencia de la República, el jefe de Estado subrayó en esta ocasión la importancia de un cese al fuego como condición previa para cualquier avance en las negociaciones con Israel. El jefe de la diplomacia estadounidense reafirmó por su parte el apoyo de su país «a la soberanía, la estabilidad e independencia del Líbano, así como a su derecho de decidir su futuro». Según un comunicado del Departamento de Estado, Rubio rindió homenaje «al valor del presidente Joseph Aoun que tomó la iniciativa de emprender negociaciones con Israel». El Secretario de Estado, por otra parte, subrayó que «Hezbollah asume la entera responsabilidad de los combates en curso en el Líbano». Afirmó al respecto que «Hezbollah continúa sus intentos de obstaculizar las negociaciones con Israel».

Líbano en cien años
Por
Samir Abdelmalak
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En una época en la que las crisis y los desafíos se multiplican, leemos cada día artículos, estudios y análisis centrados principalmente en describir la realidad actual y examinar sus dimensiones políticas, económicas y sociales. Sin embargo, pese a la importancia de comprender el presente, el enfoque excesivo en diagnosticar la situación nos ha encerrado en un pensamiento circular: giramos constantemente en torno a las mismas observaciones y los mismos bloqueos, sin avanzar realmente hacia una reflexión seria sobre el futuro del Líbano, el de sus ciudadanos y, por consiguiente, el de la sociedad y el Estado. Impulsar espacios nacionales de reflexión… con una visión positiva Hoy, el Líbano necesita con urgencia crear espacios de diálogo y reflexión que reúnan a grupos, élites y actores de la sociedad, independientemente de su nivel de organización, para plantear las preguntas fundamentales que determinarán la forma del país en las próximas décadas. Las naciones que sobreviven y progresan no son aquellas que se limitan a gestionar sus crisis cotidianas, sino las que tienen el valor de pensar a largo plazo y de trazar una visión clara de su futuro. Pero antes de cualquier debate, debemos adoptar una actitud positiva. Una persona positiva está más abierta a las opiniones de los demás; ve en la diversidad de ideas una riqueza y nuevas oportunidades para avanzar. Por el contrario, el pensamiento negativo y cerrado fomenta la desconfianza hacia el otro y termina poniendo en duda incluso las oportunidades que se presentan. También debemos observar la realidad tal como es, y no como quisiéramos que fuera. Huir de los hechos o maquillarlos no genera soluciones; simplemente aplaza la explosión de las crisis y las agrava. Por ello, resulta esencial plantear las preguntas con objetividad y respeto, lejos de las apariencias, los cálculos estrechos o los juicios preconcebidos. Las sociedades vivas no temen las preguntas; las consideran un paso natural en la búsqueda de un futuro mejor. Imaginar los próximos cien años Hoy más que nunca, el Líbano necesita “espacios nacionales de reflexión” capaces de abordar con serenidad y realismo los grandes desafíos fundamentales, intercambiar puntos de vista y buscar consensos que puedan garantizar la estabilidad del país durante los próximos cien años. Entre las preguntas esenciales que deben plantearse se encuentran las siguientes: - ¿Cuál es la forma de gobierno más adecuada para el Líbano a la luz de las experiencias del pasado? ¿Sigue siendo el sistema centralizado la mejor opción? ¿Ofrecerían una descentralización ampliada o el federalismo soluciones más eficaces? ¿O es necesario imaginar una fórmula completamente nueva? - ¿Sigue siendo el Acuerdo de Taif una fórmula adecuada después de todas las transformaciones que han experimentado el Líbano y la región? - ¿Continúa siendo el modelo de convivencia y democracia consensual capaz de generar estabilidad y construir un verdadero Estado? - ¿Sigue siendo posible la convivencia en su forma actual, a la luz de las experiencias, crisis y divisiones que han atravesado los libaneses? - ¿Cómo debería gestionarse la diversidad libanesa? ¿A través de un sistema civil basado en la igualdad plena entre los ciudadanos? ¿O mediante un sistema que respete las particularidades y los equilibrios comunitarios dentro de una fórmula consensual que garantice la estabilidad? - ¿Cuál debería ser el papel del Estado? ¿Debería limitarse a garantizar la seguridad, la estabilidad y las necesidades esenciales, como la salud, la educación y la infraestructura? ¿O debería intervenir de manera más amplia en los distintos sectores económicos y sociales? - ¿Qué ocurre con la educación? ¿Debe seguir dándose prioridad a la educación privada, que durante mucho tiempo ha sido uno de los pilares históricos del Líbano? ¿O el futuro exige un modelo más equilibrado entre los sectores público y privado? - ¿Qué tipo de economía queremos? ¿Sigue siendo la economía liberal la opción más adecuada para el Líbano? ¿O la próxima etapa requiere una economía social que concilie la libertad económica con la justicia social? - ¿Cómo garantizar una participación popular real en la formación del poder? ¿Qué ley electoral permitiría una representación justa y fortalecería la vida democrática? - ¿Cómo deberían tomarse las grandes decisiones nacionales cuando existen desacuerdos? - ¿Y qué mecanismos constitucionales y políticos permitirían evitar los bloqueos institucionales preservando al mismo tiempo la asociación nacional? Estas preguntas son solo algunos ejemplos de los grandes debates que deberían abordarse con valentía y serenidad. Porque construir una nación no consiste únicamente en gestionar las crisis del presente, sino también en ser capaz de imaginar el futuro y prepararse para él. Se suele decir que “en tiempos de crisis nacen las oportunidades”. Esto es cierto, siempre que se sepa interpretar la realidad con lucidez y se posea el coraje intelectual y político necesario para aprovechar esas oportunidades, en lugar de limitarse a administrar los colapsos o esperar soluciones provenientes del exterior. Si el Líbano desea seguir siendo una nación viva y capaz de perdurar, necesita un proyecto intelectual y nacional de largo plazo, elaborado colectivamente, que permita construir estabilidad política, social y económica para los próximos cien años, y no solamente para unos pocos años.