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Teherán jubila, Israel fulmina, el Líbano contiene la respiración

Acuerdo EE.UU.-Irán: un alto el fuego de frágil equilibrio

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En Nabatieh (foto), como en las demás ciudades del sur del Líbano, los desplazados descubren, a su regreso, la magnitud de los destrozos. (AFP)
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Por LevantTime .
Publicado jun 15, 2026 - 23:14

Tras el anuncio oficial de un acuerdo marco entre Washington y Teherán sobre un memorando de entendimiento que servirá de base para las negociaciones entre ambas capitales, el panorama es el siguiente: euforia en Teherán, donde el documento se presenta como una victoria histórica; indignación en Israel; discreción calculada en Estados Unidos; optimismo cauteloso en el Líbano y alivio en los países del Golfo y en Europa, con la caída de los precios del petróleo.

El memorando de entendimiento, anunciado en la madrugada del domingo al lunes por el presidente Donald Trump, debe firmarse el viernes en Ginebra, ciudad a la que Trump llegó el lunes para participar en las reuniones del G7. Según se indica, el documento ya habría sido firmado electrónicamente.

Sin embargo, el desplazamiento de una delegación catarí el domingo por la noche a Islamabad sugiere que aún quedarían detalles por resolver. Doha se había sumado, a petición de Washington, a los esfuerzos de mediación liderados por Pakistán.

Esta presunción se ve también respaldada por las declaraciones del vicepresidente estadounidense, JD Vance, según quien el documento se daría a conocer en el transcurso de esta semana, aunque sin ofrecer más precisiones al respecto.

Mientras tanto, Teherán ha hecho cuestión de honor explayarse ampliamente —con comentarios triunfalistas— sobre las disposiciones del memorando de entendimiento de 14 puntos. El texto sienta las bases de un alto el fuego destinado a desembocar en una paz duradera, al término de negociaciones que se prolongarán durante 60 días. Dos largos meses para un proceso plagado de obstáculos, dado que el memorando no es más que un documento que esboza las grandes líneas de las negociaciones por venir.

Los medios iraníes han informado así de que el acuerdo contempla un «cese permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, y el desbloqueo de 24.000 millones de dólares en activos iraníes congelados, la mitad de los cuales se liberaría antes del inicio de las conversaciones».

Siempre según los medios iraníes, el documento prevé también la suspensión de las sanciones sobre la venta de petróleo iraní, de productos petroquímicos y sus derivados.

A cambio del fin de las hostilidades y de la reapertura del estrecho de Ormuz, Washington levantaría gradualmente el bloqueo impuesto a los puertos iraníes, así como las sanciones que asfixiaban la economía de la República Islámica.

Pero el punto central para ambos beligerantes sigue siendo el destino de las reservas de uranio enriquecido y de los dos programas iraníes, el nuclear y el balístico. Teherán se ha limitado a mencionar el programa nuclear, afirmando que Washington habría aceptado que la República Islámica mantenga el enriquecimiento de uranio al 3%, cuando hasta ahora Estados Unidos se mostraba inflexible en este punto. No se ha dicho ni una palabra, en cambio, sobre el programa balístico.

A juzgar por lo que dicen los iraníes, han sido ellos quienes lograron imponer todas sus condiciones a Estados Unidos. El viceministro iraní de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, anunció así que las conversaciones definitivas no comenzarían hasta «que Estados Unidos cumpla compromisos clave, en particular el fin del bloqueo naval, el cese de las operaciones militares y la liberación de los fondos iraníes bloqueados». «Una vez ejecutados estos compromisos urgentes, entraremos de inmediato en negociaciones», declaró a la televisión estatal.

«El desbloqueo de los bienes iraníes y las reparaciones por los daños constituyen dos puntos esenciales» del acuerdo, señaló por su parte el portavoz de la diplomacia iraní, Esmaïl Baghaï, durante su rueda de prensa semanal. Según él, «la parte estadounidense se ha comprometido a adoptar medidas en estos dos ámbitos», algo que el vicepresidente estadounidense, JD Vance, se apresuró a desmentir.

En una rueda de prensa, aseguró que los iraníes «no obtendrán nada hasta que cumplan con sus compromisos». «Solo hablan de lo que van a conseguir, pero guardan silencio sobre lo que darán a cambio», añadió, insistiendo en que Donald Trump habrá logrado por la vía diplomática lo que buscaba imponer por la fuerza, es decir, que los iraníes nunca tengan la posibilidad de poseer un arma nuclear y que dejen de financiar actividades terroristas en todo Oriente Medio».

Y mientras Teherán aseguraba haber arrancado a Washington el desbloqueo de compensaciones para la reconstrucción de los sitios destruidos o dañados por los ataques israelo-estadounidenses, JD Vance insistía en que los únicos fondos que obtendrá la República Islámica son los procedentes de los activos iraníes congelados.

Además, Estados Unidos espera que el estrecho de Ormuz se reabra «sin peaje» por parte de Irán, continuó, mientras que la diplomacia iraní mencionaba «tarifas» por servicios marítimos.

Al mismo tiempo, Donald Trump celebraba que barcos «algunos de ellos cargados de petróleo, comiencen a salir del estrecho de Ormuz y naveguen por una ruta que es totalmente segura».

El desminado no debería tardar en ponerse en marcha. El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró que París se involucrará en este proceso junto con Gran Bretaña. Asimismo, en el marco del G7, afirmó que las capacidades de uranio altamente enriquecido de Irán deben ser «neutralizadas» bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Indignación en Israel

Ampliamente celebrado por la comunidad internacional, en particular por Europa, el acuerdo irano-estadounidense dista mucho, sin embargo, de satisfacer las expectativas de las autoridades israelíes, que no han ocultado su indignación. Tel Aviv considera que el acuerdo marco no neutraliza la capacidad de daño de la República Islámica, y mucho menos la de sus grupos proxy, en especial Hezbolá, que sigue representando una amenaza para la seguridad del norte del país. Israel quería que Washington «terminara el trabajo» en lugar de dejarse atrapar por acuerdos que Teherán domina a la perfección el arte de eludir.

El anuncio del memorándum desató una verdadera tormenta política en el seno del gabinete israelí, que lo califica de «peligroso». Varios ministros criticaron abiertamente a la administración estadounidense, considerando el acuerdo como una «capitulación ante el terrorismo de Estado». Incluso la oposición israelí lo condenó.

Por la noche, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró en una rueda de prensa que Irán no adquirirá armas nucleares «con o sin acuerdo». No comentó el memorándum de entendimiento, pero se comprometió a «mantenerse vigilante para repeler cualquier amenaza de los aliados de Teherán contra Israel, en particular la de Hezbolá».

En ese contexto, anunció que su ejército «permanecerá en el Líbano el tiempo que sea necesario» y que si no se ha retirado bajo la presión de Irán, es porque se ha mantenido «muy firme». «Creo que nuestros amigos estadounidenses respetan esta firmeza y esta posición. Nos quedaremos en el Líbano».

Un dato significativo: hizo alarde de una voluntad de independencia militar al anunciar un presupuesto de defensa de cerca de 121.000 millones de dólares. «Vamos a desarrollar conceptos que van más allá de toda imaginación», declaró, en lo que parece ser un mensaje a Estados Unidos, que proporciona una cuantiosa ayuda militar a Tel Aviv.

Para los responsables israelíes, el memorándum legitima la influencia iraní y protege las estructuras paramilitares de Hezbolá que Tel Aviv estaba desmantelando progresivamente, desde el momento en que incluyó el frente libanés en el marco del alto al fuego anunciado.

Israel está además convencido de que el desbloqueo de los fondos iraníes permitirá a Teherán reconstruir su arsenal balístico.

El gobierno israelí ha advertido, además, que no se considera vinculado por el documento y que no contempla ningún repliegue del Líbano mientras Hezbolá no haya sido desarmado. Un argumento que puede esgrimir con facilidad, dado que ya ha alcanzado un acuerdo de alto el fuego con el Líbano bajo el auspicio de Washington.

En este contexto, varios ministros israelíes han sostenido que Tel Aviv se reserva el derecho de actuar unilateralmente para defender sus intereses, aunque ello vaya en contra de la dinámica diplomática en curso.

Calma precaria en el Líbano

En el Líbano, Hezbolá se apresuró a hacerse eco del triunfalismo iraní. Desde el anuncio del memorando de entendimiento, el grupo suspendió de inmediato sus ataques contra objetivos israelíes, cumpliendo así las directrices de su patrocinador iraní. Todo ello para demostrar que es gracias a Irán que se ha establecido un alto el fuego en el frente libanés. Cabe recordar que Hezbolá no reconoce el acuerdo de tregua libano-israelí, debido a su firme oposición a las negociaciones directas entre ambas capitales.

Sobre el terreno, imperó una calma precaria durante el día en el sur del Líbano, donde disparos israelíes esporádicos apuntaron hacia Nabatieh y Kfar Tebnite, donde un dron israelí mató al conductor de un vehículo. Un periodista resultó también herido por un ataque de dron en esa misma localidad.

Al caer la tarde, informaciones no confirmadas por fuentes oficiales daban cuenta de un avance del ejército israelí hacia la colina estratégica de Ali Taher, que domina Nabatieh, así como de enfrentamientos con milicianos de Hezbolá.

Numerosos habitantes de los pueblos de la zona se apresuraron a regresar a sus localidades, pese a las advertencias del ejército libanés.

En el plano político, las autoridades libanesas celebraron el memorando de entendimiento, mientras que la formación proiraní se apresuró a instrumentalizar «la victoria iraní» pidiendo, por boca del muftí jaafarí Mohammad Ahmad Kabalan, un cambio de gobierno.

Lo más grave es la argumentación de este último. Según él, el nuevo equipo debe «representar los equilibrios nacionales, con la desaparición de los factores que justificaron la llegada del bloque proestadounidense al gobierno».

Para el muftí, el nuevo equipo ministerial debería incluir «a los aliados (cristianos) de Hezbolá, en particular la Corriente Patriótica Libre (CPL) y las Maradas», presididas respectivamente por Gebran Bassil y Sleiman Frangieh. Con el objetivo de restituir una legitimidad cristiana a una formación completamente supeditada a Irán y totalmente aislada en el plano local.

El jeque Ahmad Kabalan consideró también que «el Líbano debe retirarse de las negociaciones directas con Israel», que se supone deben reanudarse el 22 de junio en Washington. Para lograr sus objetivos, ¿llevará a cabo la formación proiraní sus amenazas de derrocar al gobierno?

Interrogado sobre el Líbano, el presidente Trump respondió: «Realmente queremos ver si podemos resolver el problema de ese país. Es una parte ínfima de lo que hacemos. Pero no debería ser difícil. Tenemos que tener una pequeña conversación con Hezbolá».

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