
El objetivo de esta serie de artículos es comprender mejor la situación actual en el escenario libanés, a la luz del pasado, lejos de los discursos apasionados, ideológicos o románticos que se alejan de la realidad, dejando al lector sacar las conclusiones pertinentes. Las trece partes anteriores fueron una relectura de los acontecimientos relacionados con el ascenso al poder de Hezbolá desde el Acuerdo de Taif hasta la aplicación incompleta de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, en 2006. Desde el final de la guerra de los 33 días de 2006 con Israel, Hezbolá se dedicó a reconstituirse en términos de armamento, reorganización y redespliegue. En pocas palabras, encajó un duro golpe durante esa guerra, pero sorprendió a Israel con sus capacidades militares, y en los dos años siguientes se convirtió en una auténtica fuerza armada de alcance regional, gracias a cuatro factores: la experiencia adquirida sobre el terreno; el apoyo iraní; el puente terrestre sirio (bajo el régimen de Assad) Teherán-Beirut; y el acuerdo entre su secretario general Hassan Nasrallah y el entonces presidente libanés Emile Lahoud.








