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Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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بقلم Mona Fayad
نُشر sep 5, 2026 - 20:01
La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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بقلم Youssef Mouawad - نُشر sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
Lo esencial del día
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بقلم LevantTime . - نُشر sep 5, 2026 - 00:55
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El convoy del CICR que transportaba a los civiles liberados, procedente de la zona ocupada por Israel en el sur del Líbano, se dirigió al punto que marca el inicio de la zona controlada por las autoridades libanesas. (AFP)
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció el viernes que trasladó a Líbano a otras cuatro personas liberadas por Israel, un día después de la liberación de un primer civil. Según el CICR, se trata de tres libaneses y dos sirios. Es la primera vez que se lleva a cabo una operación de este tipo desde el inicio, en abril, de las negociaciones entre Líbano e Israel, bajo la mediación de Estados Unidos. Beirut había solicitado, durante la última ronda de conversaciones celebrada en agosto, la liberación de un primer grupo de ciudadanos libaneses capturados por Israel en el sur de Líbano, donde mantiene una guerra con Hezbolá, aliado de Irán. Sus familiares estiman que hay alrededor de una treintena de personas retenidas, entre ellas combatientes del movimiento islamista. El presidente libanés, Joseph Aoun, agradeció en un comunicado a Estados Unidos y al CICR, y afirmó que esta liberación «confirma lo acertado de la postura» de Líbano, que participa en negociaciones con Israel rechazadas por Hezbolá. Estados Unidos elogió el jueves «al Gobierno de Israel y al Gobierno de Líbano por haber demostrado buena fe mediante estos primeros pasos», y expresó su esperanza de que esto sirva «de base para conversaciones más amplias sobre otras cuestiones civiles». Ambos países deberán celebrar una nueva ronda de negociaciones en septiembre, en una fecha que aún no ha sido anunciada. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «se produce tras los esfuerzos realizados por Israel y Líbano para localizar y repatriar los restos de dirigentes de la comunidad judía que habían sido secuestrados y asesinados en Líbano» entre 1984 y 1986. Israel intensifica sus ataques En el terreno, ataques israelíes dejaron el viernes tres muertos y 23 heridos en el sur y el este de Líbano, según un medio estatal. Israel intensificó el viernes sus ataques en la región, después de anunciar la noche del jueves que había tomado el control de la cresta montañosa de Ali Taher, que servía como posición estratégica para Hezbolá, aliado de Irán, y domina, entre otras zonas, la ciudad de Nabatiye. El ejército reforzará ahora sus posiciones en la zona para «impedir que el enemigo vuelva a posicionarse allí», declaró el ministro israelí de Defensa, Israel Katz. Otro ataque alcanzó también la región de Tiro, en particular la localidad de Rmadiye, según la Agencia Nacional de Información (ANI). Para Trump, la guerra en Irán es «poca cosa» En cuanto a la guerra en Irán, el presidente estadounidense, Donald Trump, intentó el viernes minimizar su impacto para Estados Unidos ante la proximidad de las cruciales elecciones legislativas de medio mandato. «Mucha gente no lo llama guerra. Yo digo que es un conflicto militar, porque para nosotros es poca cosa (“small potatoes”). No es gran cosa. Hicimos lo de Venezuela y hemos hecho esto», respondió a periodistas en la Oficina Oval, al ser cuestionado sobre su vicepresidente, JD Vance, quien el día anterior había dicho que no quería describir el conflicto como una guerra. Mientras el fuerte aumento de los precios de los combustibles relacionado con la guerra amenaza con costarle a los republicanos de Donald Trump su mayoría en el Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre, su administración intenta restar importancia al conflicto. Según el presidente, Estados Unidos lleva a cabo «ataques puntuales» y aseguró que «actualmente no está combatiendo». También afirmó que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz y que ha diezmado a las fuerzas armadas iraníes. «Lo que hemos logrado es extraordinario. Tomamos el control de Venezuela y, en esencia, tomamos el control de Irán», declaró.
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Líbano-Israel: Rubio quiere arrancar una declaración de intenciones

En el tercer día de la quinta ronda de conversaciones libano-israelíes celebradas en Washington, las discusiones —calificadas de arduas— entre las dos delegaciones político-militares libanesa e israelí debían desembocar en una declaración de intención que definiera el marco para negociaciones más detalladas y para una futura cooperación entre Líbano, Israel y Estados Unidos. Se esperaba que la declaración de intención fuera anunciada y firmada por Líbano e Israel a las 23:00, hora de Beirut, pero el anuncio se retrasó debido a que las conversaciones entre ambas partes continuaban. Según diversas fuentes coincidentes, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, está ejerciendo toda su influencia para lograr que Líbano e Israel firmen dicha declaración. Mientras tanto, a lo largo del jueves, tanto durante el día como por la noche, se registraron varios incidentes puntuales entre el ejército israelí y combatientes de Hezbolá. Poco antes de medianoche, la aviación del Estado hebreo llevó a cabo un ataque contra la localidad de Beit Yahoun, en el distrito de Bint Jbeil. Los debates de esta última jornada de la quinta ronda de conversaciones giraron, como era de esperar, en torno a la retirada israelí y el futuro del arsenal militar de Hezbolá. Dos asuntos sobre los que ambas partes tenían dificultades para ponerse de acuerdo, mientras el secretario de Estado estadounidense, de gira por el Golfo, mencionaba avances en las negociaciones. Para Israel, sometido a fuertes presiones estadounidenses a favor de una retirada, al menos hasta la Línea Azul, la ecuación es clara: no habrá repliegue mientras la formación proiraní mantenga sus armas y represente una amenaza para el norte del país. Líbano, por su parte, reafirma su voluntad de extender su soberanía sobre la totalidad de su territorio y considera que la permanencia del ejército israelí en el sur complicaría su tarea. Beirut exige así una retirada israelí total como condición previa, mientras que Tel Aviv pretende que el ejército libanés se despliegue en el sur antes de que sus fuerzas se retiren. Las dos partes también tenían dificultades para alcanzar un acuerdo en torno a las llamadas «zonas piloto», que constituirían el punto de partida de un repliegue israelí cuyo calendario aún está por definir. Según el Yediot Aharonot , el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habría logrado convencer a Donald Trump de que dejara de reclamar una retirada, dado que Washington estaría asociado al proyecto de «zonas piloto» en el sur, de las que Israel se retiraría progresivamente a cambio de un despliegue reforzado del ejército libanés. Netanyahu reafirmó además, en un discurso al final del día, que sus tropas mantendrían presencia en «las zonas de seguridad en Gaza y en Líbano» y que «aún quedan misiones por cumplir frente a Irán, Hezbolá y Hamás». Tel Aviv ha reducido considerablemente sus operaciones en la parte meridional del país, aunque su ejército continúa eliminando combatientes de Hezbolá. Tres personas murieron en un ataque con dron que tuvo como objetivo un vehículo cerca de Mayfadoune, en el distrito de Nabatiyé. El expediente libanés está integrado, como es sabido, en las conversaciones entre Washington y Teherán, a insistencia de la República Islámica, que quiere mantener el control sobre cualquier proceso que comprometa el destino del país y se ha autoproclamado portavoz del Líbano, pese al rechazo oficial libanés a toda injerencia iraní en sus asuntos. Haciendo caso omiso de las críticas del presidente Joseph Aoun y del primer ministro Nawaf Salam contra el comportamiento de Teherán, el comandante de la fuerza al-Quds de los Guardianes de la Revolución Islámica, Esmaïl Qaani, declaró una vez más que Israel debía abandonar «la totalidad del territorio libanés» por propia voluntad, so pena de verse «obligado a huir derrotado». Teherán sigue imponiendo como condición para continuar sus negociaciones con Washington una retirada israelí incondicional del sur del Líbano. Por su parte, Estados Unidos y los países del Golfo reafirmaron, en un comunicado conjunto publicado al término de la conferencia ministerial del Consejo de Cooperación del Golfo celebrada en Manama, la necesidad de mantener separados los dos procesos diplomáticos que se llevan a cabo en Washington y en Suiza. El bloque parlamentario de Hezbolá se sumó a la postura de los Guardianes de la Revolución, instando al Estado libanés a «aprovechar el apoyo iraní» y advirtiéndolo contra «concesiones que pudieran hacerse a Tel Aviv». Israel reaccionó de inmediato a través de su ministro de Defensa, Israel Katz, quien anunció que su país «golpeará con fuerza a Irán si nos ataca a causa de nuestras operaciones en el Líbano». Pulso por el Estrecho de Ormuz En el plano regional, el pulso en torno al estrecho de Ormuz se intensificó notablemente el jueves, después de que los Guardianes de la Revolución Islámica rechazaran una iniciativa de Omán, respaldada por Washington y los países del Golfo, destinada a garantizar la seguridad de la navegación en ese paso estratégico. Este desarrollo amenaza con complicar el proceso diplomático en curso en favor de la paz en la región, sobre todo porque Irán, que se proclama vencedor de su guerra contra Estados Unidos e Israel y que atraviesa serias dificultades financieras y económicas, busca acumular el mayor número posible de logros en ese sentido. Según el Wall Street Journal, los derechos de peaje podrían reportar a Teherán hasta 40.000 millones de dólares al año, lo que supondría un importante alivio para el régimen, especialmente si sus activos siguen bloqueados por Washington. Como señal de una crisis emergente, la marina británica anunció al caer la tarde que un petrolero había sido «alcanzado por un artefacto explosivo de origen indeterminado al sureste de un puerto omaní». Otros tres cargueros, entre ellos un petrolero, que transitaban por el mismo corredor se vieron obligados a dar media vuelta, según la misma fuente. Teherán contaba con Omán para sortear la presión internacional e imponer un peaje en Ormuz, pero el sultanato se desmarcó rápidamente, anunciando dos nuevos corredores temporales establecidos a lo largo de su costa en coordinación con la Organización Marítima Internacional (OMI). Su ministro de Asuntos Exteriores, Badr al-Busaidi, aseguró que no se impondría ningún «cargo de tránsito», aunque precisó que Mascate continuaba sus conversaciones con Teherán sobre costes vinculados a determinados servicios administrativos y de seguridad marítima. Si bien esta decisión fue ampliamente aplaudida por los países del Golfo, los Pasdaran, que pretenden mantener el control sobre uno de los principales puntos de paso energético del planeta, la rechazaron de inmediato. En un comunicado en respuesta, afirmaron que «las únicas rutas autorizadas para atravesar el estrecho de Ormuz son las anunciadas por la República Islámica de Irán». Reprochando a Mascate no haber consultado con ellos, advirtieron que cualquier buque que utilizara una ruta alternativa quedaría expuesto a «sanciones», sin precisar su naturaleza. La reacción estadounidense no tardó en llegar. En Baréin, donde participa en la conferencia ministerial del CCG, Marco Rubio rechazó de plano cualquier idea de peaje o canon en el estrecho, afirmando que «ningún Estado puede pretender ser propietario de una vía marítima internacional». Para Washington, el debate trasciende con creces el ámbito del Golfo. Los responsables estadounidenses temen que un precedente en Ormuz pueda animar a otras potencias a cobrar por el paso en estrechos estratégicos de todo el mundo, lo que provocaría un «caos total», advirtió Rubio. Queda por ver qué impacto tendrá este episodio en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Por un lado, los Pasdaran consideran que cualquier concesión sobre Ormuz equivaldría a una pérdida de influencia regional. Por otro, Estados Unidos, aunque desea alcanzar un acuerdo con Irán, no está dispuesto a hacerlo «a cualquier precio», reafirmó Marco Rubio en Manama. El jefe de la diplomacia estadounidense reiteró así que ninguna disposición del futuro acuerdo con Irán debía comprometer «la seguridad, la estabilidad ni la prosperidad» de los estados del Golfo, en un claro intento de tranquilizar a estas monarquías, mientras se prevé una nueva reunión técnica entre expertos estadounidenses e iraníes en Suiza a finales de mes. Este compromiso quedó reflejado en el comunicado final de la conferencia ministerial de Manama. La cuestión de los misiles balísticos fue incluida en el texto, aunque no figura en el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, y Teherán se niega, en nombre del equilibrio de fuerzas regional, a que este asunto sea objeto de negociaciones. Los jefes de la diplomacia de los países del Golfo instaron así a Washington a incluir la cuestión de los misiles iraníes y de los grupos armados aliados de Teherán en las conversaciones destinadas a poner fin de manera definitiva a la guerra en Oriente Medio. «Una paz y una seguridad regionales duraderas exigen hacer frente al conjunto de las amenazas iraníes, incluidos sus misiles balísticos, sus drones y su apoyo a los grupos armados de la región», declararon los ministros del CCG.

Las comunidades eclesiales, primavera de la Iglesia (1/2)

Por iniciativa del movimiento de los Focolares, el arzobispo maronita de Antelias, monseñor Antoine Bou Najem, recibió el pasado 29 de mayo en la catedral de la Resurrección (Mtayleb) a responsables y miembros de 35 movimientos eclesiales para una noche de oración y presentaciones. La mayoría de estos movimientos surgieron dentro de la corriente de la renovación carismática posterior al Concilio Vaticano II. En este artículo dividido en dos partes, presentamos este acontecimiento, que constituye una primera experiencia, y su significado para la Iglesia en general, así como “el lugar teológico” de estos movimientos eclesiales en relación con la jerarquía de la Iglesia, tal como fue elaborado en la década de 1990 por el cardenal Josef Ratzinger, futuro Benedicto XVI, quien entonces era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Una primavera de la Iglesia A finales de la década de 1960, al salir de lo que el teólogo Karl Rahner describía como “un invierno de la Iglesia”, los primeros rayos de un increíble despertar, el de la renovación carismática, comenzaron a iluminar el Líbano y el mundo católico. Una de las claves teológicas del fenómeno era, y sigue siendo, la experiencia del amor de Jesús por cada persona y el redescubrimiento de la acción del Espíritu Santo, a través de los carismas concedidos para edificar a la Iglesia y a cada fiel en particular. El Concilio Vaticano II había recuperado la idea de que el Espíritu concede dones no solamente a la jerarquía, sino también a todos los fieles, para el bien común de la Iglesia. Esta visión permitió comprender mejor el surgimiento de nuevas formas de vida cristiana adaptadas a la situación del momento y posibilitadas por la efusión del Espíritu, una nueva dinámica y la experiencia de la presencia de Dios. En ese contexto, mientras comenzaban a formarse los primeros brotes de una comunidad ecuménica carismática nacida en ambientes universitarios anglófonos, estallaba la guerra en el Líbano. Durante años, en el fervor de los comienzos, el grupo de oración y la comunidad nacidos de esta renovación atrajeron a jóvenes que, ignorando los peligros de los bombardeos, los secuestros y otros riesgos del momento, demostraron una fidelidad heroica a las reuniones de oración y a la comunidad humana que surgió de ellas. Y todos podían dar testimonio de que allí donde creían estar “dándolo todo”, en realidad estaban “recibiéndolo todo”, no sin algunas “incomprensiones” por parte de sus seres queridos. Desde estos comienzos espontáneos y a veces desconcertantes, esta “primavera de la Iglesia” se extendió por todo el mundo, así como en el Líbano, donde hoy se reconoce y valora su contribución a la “nueva evangelización”. La novedad de ciertos carismas y la efusión del Espíritu fueron en ocasiones difíciles de explicar o aceptar. Pero ahora estos grupos y comunidades han entrado en una etapa de relativa madurez eclesial, de comunión paciente, de responsabilidad compartida y de arraigo en la Iglesia. Para supervisar su desarrollo en el mundo católico, el papa Francisco creó “Charis”, un organismo dependiente del Dicasterio para los Laicos y destinado a servir a todas las corrientes de la “Renovación carismática”. El pasado 29 de mayo, por iniciativa del movimiento de los Focolares y por primera vez en el Líbano, 35 de estos movimientos y comunidades eclesiales presentes en el país se reunieron, en su diversidad, en la catedral de la Resurrección (Mtayleb, diócesis maronita de Antelias). El obispo del lugar, monseñor Antoine Bou Najem, acompañado por el nuncio apostólico, monseñor Paolo Borgia, les ofreció la hospitalidad de su catedral y les dio oficialmente la palabra. Cumplimiento de una promesa La reunión fue presentada por Fadi Bouzamel (Focolares) como “el cumplimiento de una promesa hecha en 1998 al papa Juan Pablo II por Chiara Lubich”. Esta promesa consistía en trabajar incansablemente, “de acuerdo con la vocación a la unidad de los Focolares”, para acercar entre sí a los nuevos movimientos eclesiales, ayudarlos a conocerse, apreciarse y cooperar en su misión de evangelización del mundo, conforme a los carismas propios de cada uno y bajo la autoridad de sus obispos. ¿Por qué 1998? Responder a esta pregunta significa remontarse al Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales celebrado en Roma el 31 de mayo de 1997. Ese día, Juan Pablo II tuvo un “encuentro inolvidable” con más de doscientas mil personas pertenecientes a unos cincuenta movimientos eclesiales y nuevas comunidades. Estas representaban una “corriente de gracia” en crecimiento que su predecesor, san Pablo VI, al recibir la Renovación carismática en el corazón de la basílica de San Pedro en 1975, había considerado como “una oportunidad para la Iglesia”. En 1998, durante Pentecostés, la admiración de Juan Pablo II se renovó ante una inmensa manifestación que reunió, del 27 al 29 de mayo, en la plaza de San Pedro, a 400,000 responsables y miembros de movimientos eclesiales y nuevas comunidades llegadas desde todos los rincones del planeta. Asombrado, el mundo entero descubrió ese día una Iglesia llena de juventud, una Iglesia capaz de acoger y valorar cada carisma, una Iglesia capaz de reunir la diversidad en la unidad, la vitalidad misionera de los laicos, la catolicidad de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades nacidas bajo el impulso del Concilio Vaticano II. Entre los movimientos más influyentes, por mencionar únicamente los más conocidos, se encontraban el Movimiento de los Focolares, nacido en plena Segunda Guerra Mundial (1942), la Renovación Carismática Católica, el Movimiento Comunión y Liberación, el Camino Neocatecumenal, la Comunidad de Sant’Egidio, la Comunidad del Emmanuel y el Camino Nuevo. Dirigiéndose a la multitud, Juan Pablo II afirmó: “Pude mencionarlos como novedades que todavía esperan ser acogidas y valoradas adecuadamente”. Hoy veo, y me alegra, que manifiestan una conciencia personal más madura. Representan uno de los frutos más significativos de esta primavera de la Iglesia, ya anunciada por el Concilio Vaticano II, pero lamentablemente a menudo obstaculizada por el proceso de secularización que se desarrolla (…) y que promueve modelos de vida sin Dios (…). Por ello se percibe con urgencia la necesidad de un anuncio fuerte y de una formación cristiana sólida y profunda. Hoy necesitamos cristianos maduros, conscientes de su identidad bautismal, de su vocación y de su misión en la Iglesia y en el mundo. ¡Necesitamos comunidades cristianas vivas! Y aquí están entonces los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades: son la respuesta suscitada por el Espíritu Santo ante este desafío dramático del final del milenio. Ustedes son esa respuesta providencial”.

Negociaciones de Washington: la política de los pequeños pasos

El segundo día de la quinta ronda de negociaciones directas entre el Líbano e Israel, celebradas este miércoles 24 de junio en el Departamento de Estado en Washington, estuvo centrado en el análisis del mecanismo concreto que debería establecerse para «gestionar» la retirada parcial —y simbólica en esta etapa— de las fuerzas israelíes de algunos sectores de la zona fronteriza. De acuerdo con las conversaciones en curso sobre este plan, el ejército libanés deberá ir reemplazando paulatinamente a las unidades israelíes que se retiren de forma progresiva. Fuentes generalmente bien informadas señalan que este relevo lo llevarán a cabo unidades del ejército libanés encuadradas y bajo control «de seguridad» y operacional del mando militar estadounidense. Las conversaciones que se desarrollan en Washington sobre este asunto continuarán por un tercer día, este miércoles 24 de junio. En cuanto al objetivo final de estas negociaciones libano-israelíes, un alto funcionario del Departamento de Estado indicó el miércoles que la administración Trump trabaja para «poner fin definitivamente a los ciclos de violencia entre el Líbano e Israel». Y añadió, para precisar bien el marco de los pourparlers —sin duda con el fin de mantenerlos alejados de los aspavientos mediáticos hegemónicos del régimen de los mulás— que «el Líbano e Israel negocian en su condición de Estados soberanos para alcanzar la paz». A la espera de que se clarifiquen las conversaciones de esta quinta ronda, una paz precaria y tensa sigue imperando sobre el terreno en la zona sur, a lo largo de la frontera con Israel. Esta calma se ve interrumpida de forma casi cotidiana por incidentes de seguridad puntuales, como ocurrió este miércoles cuando el ejército israelí abatió a dos milicianos de Hezbolá que se acercaban a las posiciones israelíes en el sector de la colina estratégica de Ali el-Taher. Al mismo tiempo, un dron israelí lanzó un misil contra un vehículo que circulaba por la carretera de Kfar Remman (caza de Nabatiyeh). Dos personas murieron como resultado de este ataque. Al final de la tarde, se reportó otro ataque de dron en Nabatiyeh el-Fawqa, mientras que disparos de artillería fueron dirigidos contra el pueblo de Yater, en el caza de Bint Jbeil. Estos incidentes puntuales se producen mientras el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó el miércoles que el Estado hebreo «no ha concluido su operación en el Líbano del Sur», subrayando que mientras permanezca en el cargo, el ejército israelí no se retirará completamente de la zona de amortiguamiento que se esfuerza en establecer y consolidar en el sur del Líbano para garantizar la seguridad del norte de Israel. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, indicó también el miércoles que la administración Trump no ha pedido a Israel que se retire del Líbano del Sur. Cabe señalar, para cerrar este expediente libanés —que parece avanzar «a pequeños pasos»—, que el presidente Joseph Aoun reafirmó este miércoles que las negociaciones de Washington están totalmente desvinculadas de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán iniciadas en Suiza. El ámbito regional En lo que respecta a los desarrollos regionales, tres expedientes fundamentales siguen alimentando las divergencias entre estadounidenses e iraníes en cuanto a la lectura e interpretación del acuerdo marco alcanzado entre ambas partes. La administración Trump, y más concretamente el jefe de la Casa Blanca, no pierde ninguna ocasión para afirmar que los expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica inspeccionarán efectivamente los sitios nucleares iraníes, algo que los círculos del régimen iraní no cesan de desmentir de manera categórica. Al mismo tiempo, el presidente Trump subraya sin rodeos que los activos iraníes que sean desbloqueados se destinarán exclusivamente a comprar, en beneficio de la población iraní, trigo, maíz y soja directamente en el mercado estadounidense, lo que redundará en beneficio de los agricultores y productores de Estados Unidos. Sin embargo, este enfoque es rechazado por los altos responsables en Teherán, quienes repiten a quien quiera escucharles que corresponde únicamente al poder iraní decidir el uso de los activos que serán descongelados por la Administración estadounidense. Otro punto de discordia entre Washington y Teherán es la gestión de la navegación marítima internacional en el estrecho de Ormuz. El régimen iraní sigue esforzándose en múltiples frentes para imponer, como un hecho consumado, su control y soberanía sobre el estrecho, exigiendo tasas por servicios de carácter administrativo, «ecológico» y «de seguridad» que supuestamente se prestarían a los buques que transiten por esta vía marítima. Se trata claramente de un peaje que no quiere llamarse por su nombre… Lo que llevó al presidente Trump a afirmar el miércoles que si los iraníes se empeñan en imponer un peaje encubierto en el estrecho de Ormuz, pondrá fin pura y simplemente a las negociaciones con Teherán…

EE.UU.-Irán: una hoja de ruta contra el reloj (1/2)

Tras 48 horas caóticas marcadas por amenazas de ruptura, la primera sesión de alto nivel entre las delegaciones estadounidense e iraní concluyó bajo la mediación conjunta de Catar y Pakistán. El protocolo firmado en Versalles el 17 de junio había parecido hasta ahora un frágil alto el fuego; pero ahora se ha transformado en un verdadero ejercicio diplomático tras el respaldo formal a una hoja de ruta de 60 días. Se espera que esta conduzca ya sea a un acuerdo final, siguiendo la línea de los arreglos que han moldeado Medio Oriente desde 1948, o a una nueva crisis abierta. Los riesgos políticos y militares entre ambas partes siguen plenamente vigentes, dentro de un plazo extremadamente reducido. El papel de Catar El papel central de Catar en las negociaciones entre Irán y Estados Unidos ilustra, por un lado, que las tácticas de presión iraníes, mediante el bombardeo contra el emirato, han dado resultados, y por otro, el fuerte retorno de una diplomacia transaccional, en la que la geopolítica cede el paso a lo que parece más un acuerdo comercial. Ya como antiguo custodio de canales financieros secretos entre Washington y Teherán, Doha aprovechó su poder blando en Suiza para consolidarse como garante de cierto nivel de estabilidad regional. Al compartir con Irán el mayor yacimiento de gas natural del mundo y, al mismo tiempo, albergar la principal base militar estadounidense en Medio Oriente, Catar maniobró con habilidad para orquestar primero la congelación de activos iraníes bajo presión de Washington y luego su descongelamiento, permitiendo así la reapertura del estrecho de Ormuz. Pero la fortaleza de la mediación catarí también reside en la cercanía de sus redes económicas con el círculo íntimo de Donald Trump. Ya sea el yerno de Trump, Jared Kushner, o el enviado especial Steve Witkoff, ambos presentes en Suiza junto a JD Vance, las dos figuras clave de la delegación estadounidense mantienen estrechos vínculos financieros con los fondos soberanos del emirato. Esta conexión sin precedentes entre intereses privados y asuntos de Estado ha permitido transformar un conflicto ideológico altamente explosivo en una mesa de negociación comercial, aunque no sin riesgos. Al integrar aún más a Catar en el centro de la célula de desescalada en el frente libanés, Washington está validando el surgimiento de un patrocinio catarí que está redefiniendo el equilibrio de poder en Medio Oriente. Para Líbano, el peor desenlace de este episodio sería un nuevo Acuerdo de Doha, como el alcanzado en 2008. La principal novedad surgida de las conversaciones en Suiza es precisamente esta hoja de ruta, que activa una verdadera carrera contra el reloj de 60 días, con negociaciones técnicas prolongadas destinadas a implementar el memorando de entendimiento. Los equipos permanecen en el lugar, en Bürgenstock, y se espera que las sesiones técnicas de trabajo se multipliquen. Este calendario ajustado encierra a Washington y Teherán en una trampa política, donde el tiempo necesario para realizar concesiones se convierte en una cuenta regresiva volátil bajo una creciente presión interna en ambos países. ¿Podría extenderse el plazo de 60 días? La administración estadounidense no puede permitirse esperar: la Casa Blanca enfrenta una presión urgente para obtener resultados rápidos con el fin de estabilizar los mercados energéticos y validar su doctrina de diplomacia transaccional. Un estancamiento técnico en Suiza, acompañado de una posible extensión de la tregua, ofrecería a Irán el escenario ideal: seguir acumulando petrodólares gracias al levantamiento temporal de las sanciones sobre sus ventas de petróleo, mientras mantiene su programa nuclear envuelto en ambigüedad. Frente al avance del reloj iraní, el Ejecutivo estadounidense quedaría atrapado por su propia opinión pública de derecha, especialmente por el senador Roger Wicker, republicano de Misisipi y presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, quien declaró públicamente que este acuerdo “negocia y desperdicia” las victorias militares de las fuerzas armadas estadounidenses. El senador Ted Cruz, republicano de Texas, ha lanzado una ofensiva total contra el descongelamiento de 12,000 millones de dólares en activos iraníes, argumentando que enviar miles de millones a los ayatolás equivale a financiar directamente el terrorismo antiestadounidense y a formalizar el control iraní sobre el estrecho de Ormuz. El senador John Cornyn, republicano de Texas, ha condenado el acuerdo por permitir que Irán venda libremente su petróleo y vuelva a llenar sus arcas para reconstruir su arsenal de misiles balísticos, sin ningún compromiso recíproco sobre el desmantelamiento nuclear. El senador Rick Scott, republicano de Florida, ha expresado su negativa categórica a confiar en el régimen de Teherán. Pero el más significativo de todos es el senador Lindsey Graham, republicano de Carolina del Sur y uno de los aliados más cercanos de Donald Trump, quien ha adoptado una posición cautelosa pero firme: insiste en que cualquier acuerdo final debe ser sometido a la aprobación y votación del Congreso, rechazando que el Poder Ejecutivo pueda validar por sí solo el descongelamiento de fondos. Por lo tanto, si la tregua de 60 días pretende convertirse en un tratado, Donald Trump tendrá que enfrentarse a una coalición de halcones republicanos que denuncian una traición y demócratas que critican un cheque en blanco. Esta oposición representa el primer gran obstáculo interno para el éxito de la hoja de ruta suiza. Cuando el Capitolio llega a Bürgenstock Donald Trump también enfrenta presión de su izquierda. El 23 de junio, el Senado estadounidense aprobó, por 50 votos contra 48, una resolución que limita los poderes de guerra del presidente. Esta moción constitucional no tiene la fuerza legal suficiente para paralizar a la Casa Blanca, pero su momento político resulta incómodo. Al unirse a los demócratas, cuatro senadores republicanos rompieron filas con su partido para cuestionar el monopolio de Donald Trump en la toma de decisiones militares frente a Teherán, exigiéndole que obtuviera la aprobación del Congreso para cualquier acto de guerra. Esta postura legislativa debilita a los negociadores estadounidenses en Bürgenstock: Irán sabe ahora que la amenaza de Donald Trump de reanudar los bombardeos ante el menor tropiezo está políticamente limitada por un Congreso que podría bloquear el financiamiento que necesita. Además, esto empuja al presidente estadounidense, furioso por lo que califica como una “traición patriótica”, a endurecer su discurso para reafirmar su autoridad, incluso con el riesgo de socavar las propias sesiones técnicas de trabajo mediante publicaciones incendiarias en redes sociales. Atrapada entre las exigencias de Mojtaba Khamenei, la furia de un aliado israelí marginado y de sus aliados dentro de la administración estadounidense, y la resistencia constitucional de su propio Congreso, la hoja de ruta de 60 días parece más que nunca una tregua precaria, en la que cada parte espera el primer error de la otra. La imprevisibilidad estadounidense y la diplomacia de doble vía Las negociaciones estuvieron a punto de colapsar cuando, el 21 de junio, Donald Trump amenazó en directo por Fox News con reanudar los ataques contra Irán e intervenir en el estrecho de Ormuz si no se alcanzaba un acuerdo en un plazo de 60 días. La delegación iraní suspendió entonces su participación, y fueron necesarios intensos esfuerzos de mediación por parte de Catar y Pakistán para devolver a los negociadores a la mesa. Este tipo de intervención pública pone de relieve una tensión persistente entre la diplomacia sobre el terreno llevada a cabo por JD Vance, Jared Kushner y Steve Witkoff, y un estilo de comunicación presidencial que recuerda dónde reside la autoridad de decisión, con el riesgo de deshacer los avances logrados tras bambalinas. Ahí se encuentra la paradoja estratégica central: la combinación de amenazas verbales máximas y una práctica diplomática pragmática. Esta paradoja podría permitir obtener concesiones, pero también genera crisis de confianza del lado iraní, pakistaní y catarí. (Continuará)

Crisis regional: la diplomacia se activa, las zonas grises se multiplican

La jornada del martes estuvo marcada por una intensa actividad diplomática en torno a dos temas que desde hace algún tiempo ocupan la primera plana internacional: las conversaciones entre Washington y Teherán y las negociaciones directas entre Líbano e Israel. La quinta ronda de negociaciones libano-israelíes se abrió en el Pentágono, pero no sin un firme recordatorio del presidente Joseph Aoun sobre la línea que debe guiar estas conversaciones, previstas para extenderse durante tres días: el respeto a la soberanía libanesa. Aoun, quien ha criticado en varias ocasiones la injerencia iraní abierta en los asuntos internos del Líbano, colocó en el mismo plano a Teherán y Tel Aviv. “No aceptaremos nada menos que el fin de la ocupación israelí y de todas las tutelas extranjeras”, declaró, en una alusión apenas velada a Irán. Expresó su esperanza de que las conversaciones conduzcan “al pleno restablecimiento de la soberanía del Líbano sobre cada parcela de su territorio”, según un comunicado de su oficina. Para Beirut, el objetivo de estas conversaciones consiste en transformar el alto al fuego en un mecanismo concreto que permita la retirada israelí del sur del país, el retorno de los desplazados y la liberación de los prisioneros. Según fuentes del palacio presidencial citadas por la agencia local Al-Markaziya, se impartieron instrucciones precisas al jefe de la delegación libanesa, el embajador Simon Karam, para mantener firmemente estas prioridades, al mismo tiempo que se buscan acuerdos militares y de seguridad aplicables sobre el terreno, donde el alto al fuego sigue siendo frágil. El ejército israelí disparó el martes contra grupos de personas que presentó como “terroristas” del Hezbolá proiraní, en el sector de la colina estratégica de Ali Taher, dejando al menos dos muertos. Según informaciones difundidas por los medios israelíes, las discusiones abordarían especialmente la creación de “zonas piloto” en el sur del Líbano. De acuerdo con el diario Haaretz, Tel Aviv habría elaborado varios mapas que contemplan una retirada experimental de ciertas áreas situadas al sur del río Litani y de la Línea Amarilla, donde el ejército libanés se desplegaría bajo supervisión estadounidense. En Líbano se indica que las discusiones de carácter militar y de seguridad serán seguidas, el jueves, por otras de naturaleza política, relacionadas especialmente con el desarme de Hezbolá. El proyecto de “zonas piloto” cuenta, naturalmente, con el apoyo estadounidense, en la medida en que constituirá una verdadera prueba de la capacidad del ejército libanés para mantener la seguridad en la parte meridional del país e impedir que los tentáculos de Teherán vuelvan a extenderse allí. Sin embargo, incluye dos grandes obstáculos: la República Islámica, que se niega a reducir su influencia sobre el Líbano, fue asociada al mecanismo que debe ponerse en marcha. Las razones de esta presencia, cuanto menos inoportuna, todavía no han sido explicadas oficialmente. Por otro lado, Líbano no parece participar en los preparativos concretos de este dispositivo, como lo demuestra el contenido revelado de las dos conversaciones telefónicas de Joseph Aoun con el vicepresidente y el secretario de Estado estadounidenses, JD Vance y Marco Rubio. Ambos lo llamaron el martes para expresar su apoyo a sus posiciones y a las del gobierno, a favor del restablecimiento de la soberanía libanesa. Según un comunicado de la Presidencia de la República, le informaron que “los preparativos para la composición y el funcionamiento de esta célula se encuentran actualmente en estudio”. Queda por saber cuál será el papel de Líbano en este marco, mientras Beirut continúa defendiendo una separación de las dos vías de negociación: la libano-israelí y la irano-estadounidense. El llamado de Joe Raggi a los países árabes En Ammán, donde participaba en los trabajos de la 165.ª conferencia ministerial de la Liga Árabe, el ministro de Relaciones Exteriores, Joe Raggi, pidió a los países árabes que apoyaran “la independencia de la vía de negociación libanesa” respecto al eje estadounidense-iraní. Insistió en que el futuro de Líbano no debía decidirse en su ausencia. Al parecer, esta voluntad sigue contando con el respaldo de Washington, como recordó JD Vance en su respuesta al líder de las Fuerzas Libanesas, Samir Geagea, quien le había planteado la posición estadounidense respecto al Líbano y a Hezbolá. JD Vance afirmó en su respuesta a Geagea que Estados Unidos consideraba al presidente Aoun y al gobierno libanés como “la única autoridad legítima del país”. El vicepresidente estadounidense insistió en que los intercambios con Teherán “no tenían como objetivo otorgarle un papel en el futuro de Líbano, sino lograr que ejerciera presión sobre Hezbolá para que respete sus compromisos”. En cualquier caso, el campo soberanista, contra el cual el líder de Hezbolá, Naïm Qassem, volvió a arremeter el martes acusándolo de servir a los intereses de Israel, no tiene intención de reducir su vigilancia. Más de 400 personalidades libanesas firmaron conjuntamente un llamado para salvar al Líbano, articulado en torno a tres ideas principales: una unión alrededor del Estado, un apoyo a las negociaciones directas con Israel y un rechazo a la tutela que Irán busca imponer sobre el Líbano a través de su brazo militar, Hezbolá. En la misma línea, el bloque parlamentario de las Fuerzas Libanesas, los diputados del partido Kataëb y un grupo de parlamentarios independientes, entre ellos Achraf Rifi, Michel Moawad y Fouad Makhzoumi, entregaron al jefe de gobierno, Nawaf Salam, un memorándum en el que llaman al Estado libanés a preparar un expediente jurídico, financiero y diplomático para reclamar a la República Islámica de Irán compensaciones por los daños y pérdidas derivados de la última guerra iniciada en el frente libanés por Irán. La diplomacia francesa también continúa fuertemente involucrada en la etapa posterior a la guerra en Líbano. Durante tres conversaciones telefónicas con Joseph Aoun, Nawaf Salam y el presidente del Parlamento, Nabih Berri, el presidente francés Emmanuel Macron abordó la evolución de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, la consolidación del alto al fuego en el sur del Líbano y la preparación de la etapa posterior a la FINUL. Mientras la misión de la fuerza internacional debe finalizar a partir de 2027, París consulta a varios socios europeos para definir las modalidades de una eventual presencia internacional de reemplazo. Tensiones crecientes Paralelamente, las conversaciones entre Estados Unidos e Irán alcanzaron una nueva etapa, ya que ambas partes decidieron establecer cuatro grupos de trabajo dedicados al levantamiento de sanciones, al programa nuclear, a la reconstrucción económica iraní y al seguimiento de los compromisos. Los responsables estadounidenses se muestran optimistas, pero empiezan a escucharse señales de desacuerdo, mientras el presidente iraní, Massoud Pezeshkian, y su ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, se encuentran en Islamabad para mantener conversaciones con responsables paquistaníes, involucrados en la mediación con Washington. El presidente estadounidense Donald Trump afirmó que Irán había aceptado inspecciones nucleares “al más alto nivel” y que “los inspectores estarán sobre el terreno, en el momento adecuado”, algo que Teherán se apresuró a desmentir. A través de sus funcionarios, la República Islámica declaró que no tiene intención de permitir que el Organismo Internacional de Energía Atómica inspeccione ciertos sitios nucleares recientemente bombardeados por Israel y Estados Unidos. Ante esto, Donald Trump respondió: “Si Irán está buscando problemas, que intente dotarse del arma nuclear”. Un segundo punto de fricción se refiere al desbloqueo de los activos iraníes congelados. Teherán anunció un acuerdo que prevé la liberación inmediata de 12,000 millones de dólares, en dos tramos de 6.000 millones cada uno. Sin embargo, Donald Trump indicó que esos fondos serían puestos bajo custodia y destinados exclusivamente a la compra de productos alimentarios y médicos estadounidenses. A través de su embajador ante la ONU, Teherán rechazó inmediatamente esta interpretación, afirmando que Irán seguiría siendo el único responsable del uso de sus activos. Mientras Estados Unidos busca garantizar que estos fondos sean utilizados para apoyar al pueblo iraní, afectado por una crisis socioeconómica sin precedentes, el régimen de los ayatolás, enfrentado a una crisis financiera, busca obtener recursos para garantizar su propia supervivencia. La disputa por el estrecho de Ormuz Un tercer punto de fricción se relaciona con la cuestión del estrecho de Ormuz. Teherán reafirmó su voluntad de conservar el control administrativo de esta vía estratégica, que registró el martes el mayor tráfico marítimo desde el inicio de la guerra. Irán y Omán anunciaron el inicio de conversaciones sobre las modalidades y los costos de los futuros servicios relacionados con la gestión de esta ruta, mientras Washington se opone firmemente a un control iraní del estrecho. En este contexto, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, quien inició el martes una gira por el Golfo, reafirmó a su llegada a Abu Dhabi que “ningún país está autorizado a cobrar peajes o tarifas sobre una vía navegable internacional”. El objetivo de la gira es “tranquilizar a los países aliados del Golfo sobre el memorando de entendimiento con Irán”. Marco Rubio debe discutir con los dirigentes de Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin sobre el acuerdo con Irán, la seguridad del estrecho de Ormuz y las garantías de estabilidad reclamadas por estos países, que fueron atacados por Irán durante su guerra con Estados Unidos e Israel.

SpaceX: ¿el nacimiento de la primera superpotencia corporativa?

El 12 de junio de 2026, los mercados financieros de todo el mundo presenciaron en tiempo real un momento histórico. Pocas horas después de su salida a bolsa, SpaceX cruzaba el umbral simbólico de los 2000 millones de dólares de capitalización bursátil, convirtiéndose en la mayor oferta pública inicial jamás realizada. Su fundador, Elon Musk, se convertía, a su vez, en el primer individuo en la historia de la humanidad en ver su fortuna personal superar el billón de dólares. Como era de esperar, Wall Street se dividió en dos bandos. Para unos, esta valoración representa la máxima expresión de los excesos especulativos de nuestra época: un mercado embriagado por la tecnología, la inteligencia artificial y los relatos de crecimiento ilimitado. Para otros, simplemente refleja el valor lógico de una empresa que revolucionó el acceso al espacio, domina actualmente las comunicaciones satelitales y podría, con el tiempo, redefinir el futuro de la humanidad más allá de nuestro planeta. Pero quizás ambos bandos estén planteando la pregunta equivocada. La verdadera importancia de la salida a bolsa de SpaceX no está en saber si la empresa vale o no 2000 millones de dólares. Reside en el hecho de que los inversionistas quizás ya no estén valorando una empresa. Quizás estén valorando una nueva forma de poder supranacional. La empresa supranacional A lo largo de la historia moderna, las empresas han evolucionado dentro de estructuras creadas y protegidas por los Estados. Los gobiernos controlaban los territorios, mantenían los ejércitos, construían las carreteras, impartían justicia y acuñaban las monedas. Los actores económicos y las empresas obtenían sus beneficios dentro de estos marcos institucionales. Elon Musk y los otros capitanes de la alta tecnología forman ahora parte de las delegaciones oficiales en los desplazamientos del presidente Trump, como en esta fotografía del 14 de mayo de 2026, durante la cumbre entre China y Estados Unidos en Pekín. (AFP) SpaceX difumina hoy estas fronteras. La empresa posee y opera la infraestructura de lanzamiento más avanzada del mundo. Gracias a Starlink, controla la mayor red de comunicaciones satelitales jamás desplegada. Se ha convertido en un elemento indispensable para las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia estadounidenses. Desarrolla simultáneamente capacidades que incluyen las telecomunicaciones, defensa, inteligencia artificial, logística y exploración espacial. Históricamente, la capacidad de proyectar poder más allá de las fronteras nacionales pertenecía casi exclusivamente a los Estados. Pero eso era antes de la era digital. Hoy, SpaceX proyecta sus capacidades incluso más allá del planeta Tierra. Ya no se trata únicamente de un logro tecnológico. Se trata de un logro geopolítico. Cada época produce su gigante La historia observa, a veces, el surgimiento de empresas que trascienden su vocación comercial inicial para convertirse en las infraestructuras vertebrales de su época. Desde 1602, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales financió y facilitó la primera gran era del comercio mundial. La Compañía Británica de las Indias Orientales se convirtió en uno de los principales instrumentos de la expansión imperial británica. Los ferrocarriles transformaron el comercio y la geografía del siglo XIX. Standard Oil impulsó la era industrial. IBM detonó la era de la información. Microsoft proporcionó el sistema operativo de la revolución digital. Apple transformó el teléfono inteligente en un elemento central de la vida moderna. Todas estas organizaciones se convirtieron en algo más que simples empresas. Se transformaron en las plataformas sobre las cuales se construyeron sistemas económicos completos. SpaceX parece seguir hoy una trayectoria similar. Pero, a diferencia de sus predecesoras, la empresa opera simultáneamente en varios ámbitos estratégicos: transporte, comunicaciones, defensa, infraestructuras de datos y espacio. Ninguna empresa antes había intentado integrar tantos sistemas críticos bajo un mismo techo. La nueva frontera de la competencia entre grandes potencias El ascenso de SpaceX no puede separarse de la rivalidad geopolítica más amplia que define el siglo XXI. Durante tres décadas, la globalización desplazó gran parte de la producción industrial hacia Asia, en particular hacia China. Pekín estableció progresivamente posiciones dominantes en sectores manufactureros, minerales estratégicos, baterías, tecnologías solares y cadenas de suministro industriales. Estados Unidos se encontró cada vez menos capaz de competir bajo los criterios industriales tradicionales. Sin embargo, conservó una ventaja decisiva: la innovación tecnológica. La concentración del capital de riesgo, la cultura empresarial, el talento tecnológico y los mercados financieros en Silicon Valley siguen sin tener equivalente en el mundo. SpaceX constituye probablemente su expresión más pura. Mientras China domina la escala industrial, Estados Unidos continúa liderando la creación de ecosistemas tecnológicos completamente nuevos. La importancia de SpaceX, por lo tanto, supera ampliamente el rendimiento de sus accionistas. La empresa representa un intento de establecer una posición dominante en el próximo ámbito estratégico antes incluso de que las reglas del juego hayan sido escritas. La carrera espacial se parece cada vez más a la carrera por el dominio de los océanos que moldeó los siglos anteriores. La fusión entre poder corporativo y poder estatal Uno de los aspectos más sorprendentes de SpaceX reside en la desaparición progresiva de la frontera entre la autoridad pública y la empresa privada. La empresa es simultáneamente un proveedor comercial de lanzamientos espaciales, un contratista de defensa, una red global de comunicaciones, un activo estratégico de inteligencia y un componente esencial de la planificación militar occidental. La importancia geopolítica de Starlink quedó claramente demostrada durante el conflicto en Ucrania; desde entonces, se ha extendido a numerosas regiones de gran interés estratégico. Pocas empresas en la historia han ejercido una influencia tan directa sobre los resultados militares y políticos. Por supuesto, SpaceX opera en un mundo radicalmente nuevo. Pero la acumulación de capacidades estratégicas en manos de una sola entidad privada plantea preguntas que los gobiernos apenas comienzan a considerar. ¿Hasta dónde debe llegar el poder de una empresa? ¿Y qué ocurre cuando los gobiernos se vuelven dependientes de ella? ¿Puede justificarse una valoración de 2000 millones de dólares? El debate sobre la valoración de SpaceX está lejos de terminar. Los modelos tradicionales de valoración tienen dificultades para comprender las tecnologías disruptivas. ¿Cómo valorar una empresa cuyas ambiciones abarcan simultáneamente las infraestructuras globales de comunicación, la producción industrial en órbita, la logística lunar, la integración de la inteligencia artificial, el transporte interplanetario y la explotación de los recursos de los asteroides? La realidad es que los modelos de descuento de flujos de caja se vuelven cada vez menos fiables cuando se aplican a mercados que todavía no existen. Esto no significa que la valoración sea irracional. Tampoco significa que esté justificada. Simplemente significa que los inversionistas intentan valorar un futuro profundamente hipotético. Una advertencia de la historia financiera El momento elegido para la salida a bolsa de SpaceX merece una atención especial. Ocurre después de uno de los periodos más extraordinarios de especulación tecnológica en la historia moderna. Las valoraciones vinculadas a la tecnología y la inteligencia artificial se dispararon. Las empresas tecnológicas dominan los índices mundiales. La participación de inversionistas particulares alcanza niveles récord. El apalancamiento se encuentra en niveles extremos. Los relatos atractivos reemplazaron a los fundamentos económicos y financieros. Históricamente, estos entornos han acompañado con frecuencia grandes cambios financieros. Todas las burbujas de inversión fueron alimentadas por innovaciones reales. Todas terminaron con ajustes dolorosos. La historia nos enseña que las tecnologías revolucionarias y los excesos especulativos no son fenómenos opuestos. Por el contrario, tienden a aparecer juntos. La inteligencia artificial y las comunicaciones espaciales probablemente transformarán el mundo. Pero los inversionistas que compraron las grandes revoluciones tecnológicas en el punto máximo del entusiasmo especulativo a menudo descubrieron que incluso las mejores ideas pueden convertirse en malas inversiones cuando se adquieren a precios irreales. El verdadero mensaje de la salida a bolsa de SpaceX Al final, la importancia de la salida a bolsa de SpaceX quizás tenga poco que ver con su cotización bursátil. O con la fortuna personal de Elon Musk. Su verdadero significado reside en lo que revela sobre la evolución de las relaciones entre los Estados, la tecnología y el capital. Durante siglos, las empresas evolucionaron dentro de marcos establecidos por los gobiernos. Hoy, los gobiernos parecen depender cada vez más de las empresas para alcanzar sus objetivos estratégicos. Mientras la globalización entra en una nueva fase caracterizada por la rivalidad tecnológica, la fragmentación de las cadenas de suministro y el regreso de la competencia geopolítica, entidades como SpaceX se convierten en actores plenos del escenario internacional. ¿Fortalecerá esta evolución el orden mundial o contribuirá a su debilitamiento? Nadie lo sabe. Lo que sí es seguro, sin embargo, es que estamos asistiendo al surgimiento de un mundo en el que el poder económico, el poder tecnológico y el poder geopolítico tienden a concentrarse en las mismas manos. El mercado seguirá debatiendo, sin duda, si SpaceX realmente vale 2000 millones de dólares. Pero quizás la pregunta más inquietante sea otra: ¿quién gobernará el futuro cuando los constructores del futuro sean más poderosos que los gobiernos encargados de regularlos?