


En el tercer día de la quinta ronda de conversaciones libano-israelíes celebradas en Washington, las discusiones —calificadas de arduas— entre las dos delegaciones político-militares libanesa e israelí debían desembocar en una declaración de intención que definiera el marco para negociaciones más detalladas y para una futura cooperación entre Líbano, Israel y Estados Unidos.
Se esperaba que la declaración de intención fuera anunciada y firmada por Líbano e Israel a las 23:00, hora de Beirut, pero el anuncio se retrasó debido a que las conversaciones entre ambas partes continuaban. Según diversas fuentes coincidentes, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, está ejerciendo toda su influencia para lograr que Líbano e Israel firmen dicha declaración.
Mientras tanto, a lo largo del jueves, tanto durante el día como por la noche, se registraron varios incidentes puntuales entre el ejército israelí y combatientes de Hezbolá. Poco antes de medianoche, la aviación del Estado hebreo llevó a cabo un ataque contra la localidad de Beit Yahoun, en el distrito de Bint Jbeil.
Los debates de esta última jornada de la quinta ronda de conversaciones giraron, como era de esperar, en torno a la retirada israelí y el futuro del arsenal militar de Hezbolá.
Dos asuntos sobre los que ambas partes tenían dificultades para ponerse de acuerdo, mientras el secretario de Estado estadounidense, de gira por el Golfo, mencionaba avances en las negociaciones.
Para Israel, sometido a fuertes presiones estadounidenses a favor de una retirada, al menos hasta la Línea Azul, la ecuación es clara: no habrá repliegue mientras la formación proiraní mantenga sus armas y represente una amenaza para el norte del país.
Líbano, por su parte, reafirma su voluntad de extender su soberanía sobre la totalidad de su territorio y considera que la permanencia del ejército israelí en el sur complicaría su tarea.
Beirut exige así una retirada israelí total como condición previa, mientras que Tel Aviv pretende que el ejército libanés se despliegue en el sur antes de que sus fuerzas se retiren.
Las dos partes también tenían dificultades para alcanzar un acuerdo en torno a las llamadas «zonas piloto», que constituirían el punto de partida de un repliegue israelí cuyo calendario aún está por definir.
Según el Yediot Aharonot, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habría logrado convencer a Donald Trump de que dejara de reclamar una retirada, dado que Washington estaría asociado al proyecto de «zonas piloto» en el sur, de las que Israel se retiraría progresivamente a cambio de un despliegue reforzado del ejército libanés.
Netanyahu reafirmó además, en un discurso al final del día, que sus tropas mantendrían presencia en «las zonas de seguridad en Gaza y en Líbano» y que «aún quedan misiones por cumplir frente a Irán, Hezbolá y Hamás».
Tel Aviv ha reducido considerablemente sus operaciones en la parte meridional del país, aunque su ejército continúa eliminando combatientes de Hezbolá. Tres personas murieron en un ataque con dron que tuvo como objetivo un vehículo cerca de Mayfadoune, en el distrito de Nabatiyé.
El expediente libanés está integrado, como es sabido, en las conversaciones entre Washington y Teherán, a insistencia de la República Islámica, que quiere mantener el control sobre cualquier proceso que comprometa el destino del país y se ha autoproclamado portavoz del Líbano, pese al rechazo oficial libanés a toda injerencia iraní en sus asuntos.
Haciendo caso omiso de las críticas del presidente Joseph Aoun y del primer ministro Nawaf Salam contra el comportamiento de Teherán, el comandante de la fuerza al-Quds de los Guardianes de la Revolución Islámica, Esmaïl Qaani, declaró una vez más que Israel debía abandonar «la totalidad del territorio libanés» por propia voluntad, so pena de verse «obligado a huir derrotado».
Teherán sigue imponiendo como condición para continuar sus negociaciones con Washington una retirada israelí incondicional del sur del Líbano.
Por su parte, Estados Unidos y los países del Golfo reafirmaron, en un comunicado conjunto publicado al término de la conferencia ministerial del Consejo de Cooperación del Golfo celebrada en Manama, la necesidad de mantener separados los dos procesos diplomáticos que se llevan a cabo en Washington y en Suiza.
El bloque parlamentario de Hezbolá se sumó a la postura de los Guardianes de la Revolución, instando al Estado libanés a «aprovechar el apoyo iraní» y advirtiéndolo contra «concesiones que pudieran hacerse a Tel Aviv». Israel reaccionó de inmediato a través de su ministro de Defensa, Israel Katz, quien anunció que su país «golpeará con fuerza a Irán si nos ataca a causa de nuestras operaciones en el Líbano».
Pulso por el Estrecho de Ormuz
En el plano regional, el pulso en torno al estrecho de Ormuz se intensificó notablemente el jueves, después de que los Guardianes de la Revolución Islámica rechazaran una iniciativa de Omán, respaldada por Washington y los países del Golfo, destinada a garantizar la seguridad de la navegación en ese paso estratégico.

Este desarrollo amenaza con complicar el proceso diplomático en curso en favor de la paz en la región, sobre todo porque Irán, que se proclama vencedor de su guerra contra Estados Unidos e Israel y que atraviesa serias dificultades financieras y económicas, busca acumular el mayor número posible de logros en ese sentido.
Según el Wall Street Journal, los derechos de peaje podrían reportar a Teherán hasta 40.000 millones de dólares al año, lo que supondría un importante alivio para el régimen, especialmente si sus activos siguen bloqueados por Washington.
Como señal de una crisis emergente, la marina británica anunció al caer la tarde que un petrolero había sido «alcanzado por un artefacto explosivo de origen indeterminado al sureste de un puerto omaní». Otros tres cargueros, entre ellos un petrolero, que transitaban por el mismo corredor se vieron obligados a dar media vuelta, según la misma fuente.
Teherán contaba con Omán para sortear la presión internacional e imponer un peaje en Ormuz, pero el sultanato se desmarcó rápidamente, anunciando dos nuevos corredores temporales establecidos a lo largo de su costa en coordinación con la Organización Marítima Internacional (OMI).
Su ministro de Asuntos Exteriores, Badr al-Busaidi, aseguró que no se impondría ningún «cargo de tránsito», aunque precisó que Mascate continuaba sus conversaciones con Teherán sobre costes vinculados a determinados servicios administrativos y de seguridad marítima.
Si bien esta decisión fue ampliamente aplaudida por los países del Golfo, los Pasdaran, que pretenden mantener el control sobre uno de los principales puntos de paso energético del planeta, la rechazaron de inmediato. En un comunicado en respuesta, afirmaron que «las únicas rutas autorizadas para atravesar el estrecho de Ormuz son las anunciadas por la República Islámica de Irán».
Reprochando a Mascate no haber consultado con ellos, advirtieron que cualquier buque que utilizara una ruta alternativa quedaría expuesto a «sanciones», sin precisar su naturaleza.
La reacción estadounidense no tardó en llegar. En Baréin, donde participa en la conferencia ministerial del CCG, Marco Rubio rechazó de plano cualquier idea de peaje o canon en el estrecho, afirmando que «ningún Estado puede pretender ser propietario de una vía marítima internacional».
Para Washington, el debate trasciende con creces el ámbito del Golfo. Los responsables estadounidenses temen que un precedente en Ormuz pueda animar a otras potencias a cobrar por el paso en estrechos estratégicos de todo el mundo, lo que provocaría un «caos total», advirtió Rubio.
Queda por ver qué impacto tendrá este episodio en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.
Por un lado, los Pasdaran consideran que cualquier concesión sobre Ormuz equivaldría a una pérdida de influencia regional.
Por otro, Estados Unidos, aunque desea alcanzar un acuerdo con Irán, no está dispuesto a hacerlo «a cualquier precio», reafirmó Marco Rubio en Manama.
El jefe de la diplomacia estadounidense reiteró así que ninguna disposición del futuro acuerdo con Irán debía comprometer «la seguridad, la estabilidad ni la prosperidad» de los estados del Golfo, en un claro intento de tranquilizar a estas monarquías, mientras se prevé una nueva reunión técnica entre expertos estadounidenses e iraníes en Suiza a finales de mes.
Este compromiso quedó reflejado en el comunicado final de la conferencia ministerial de Manama.
La cuestión de los misiles balísticos fue incluida en el texto, aunque no figura en el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, y Teherán se niega, en nombre del equilibrio de fuerzas regional, a que este asunto sea objeto de negociaciones.
Los jefes de la diplomacia de los países del Golfo instaron así a Washington a incluir la cuestión de los misiles iraníes y de los grupos armados aliados de Teherán en las conversaciones destinadas a poner fin de manera definitiva a la guerra en Oriente Medio. «Una paz y una seguridad regionales duraderas exigen hacer frente al conjunto de las amenazas iraníes, incluidos sus misiles balísticos, sus drones y su apoyo a los grupos armados de la región», declararon los ministros del CCG.