
Dos diplomáticos franceses agredidos por los servicios de seguridad iraníes en Teherán


La visita oficial del presidente Joseph Aoun a Washington y, más concretamente, la reunión prevista en la Casa Blanca con el presidente Donald Trump este martes 21 de julio, podrían —o más bien deberían— dar un fuerte impulso a la marcada orientación soberanista adoptada por el poder. Dicha orientación —que se suma al lema del 14 de Marzo «El Líbano primero»— se ha manifestado de forma abierta y sin ambages, sobre todo desde el pasado 2 de marzo, cuando Hezbolá arrastró unilateralmente al país (pese a las advertencias del gobierno) a una nueva guerra estéril con el único objetivo de apoyar al régimen iraní y, supuestamente, «vengar» la muerte del Guía Supremo Alí Jamenei, abatido en las primeras horas del ataque estadounidense-israelí contra Irán el 28 de febrero pasado.
Para calibrar el impacto estratégico real que podrían tener las reuniones de Washington en el destino del Líbano a corto y medio plazo, conviene dar un paso atrás y ganar perspectiva para evaluar con lucidez los múltiples trastornos que ha vivido la región del Levante desde el fatídico 7 de octubre de 2023, cuando Hamás lanzó desde Gaza su mortífero ataque en territorio israelí.
Esa operación marcó un punto de inflexión en la región. Fue el punto de partida de una larga serie de importantes desarrollos político-militares que se han sucedido a un ritmo sostenido hasta el día de hoy, y cuyo efecto ha sido el declive acelerado del llamado campo «obstruccionista» (de la mumana'a).
Ese declive comenzó, desde el primer momento, con la destrucción de Gaza y el desmantelamiento de Hamás. Continuó rápidamente con el asesinato de Hasán Nasralá, la decapitación de la cúpula política y militar de Hezbolá, el drástico debilitamiento del partido proiraní que ello generó, la caída del régimen de Assad —que privó a la República Islámica de su espacio vital estratégico— y, más recientemente, la llegada al poder en Irak de un equipo dirigente que libra una batalla sin cuartel contra la influencia iraní en el país.
La nueva orientación que se manifiesta desde hace semanas en Bagdad quedó consolidada durante la reciente visita del nuevo primer ministro, Ali al-Zaidi, a Washington, donde fue recibido por el presidente Trump, quien subrayó su firme apoyo al nuevo poder iraquí en su lucha contra la influencia iraní.
La República Islámica pierde así otro espacio vital que le resultaba de gran utilidad en múltiples niveles.
Es en este contexto regional global, marcado por el fuerte e irresistible declive progresivo del régimen de los mulás, donde se inscriben estas «jornadas libanesas de Washington».
Las conversaciones del presidente Aoun con el Secretario de Estado Marco Rubio el domingo y con el presidente Trump el martes 21 deberían consolidar y afianzar en gran medida las orientaciones soberanistas del poder, las cuales se enmarcan precisamente en el contexto general del debilitamiento —e incluso la aniquilación— del expansionismo de los Guardianes de la Revolución Islámica. La orientación adoptada por el poder libanés en este ámbito está, además, abiertamente enmarcada bajo el signo de la emancipación del Líbano de la tutela iraní.
Los dirigentes estadounidenses no han dejado de subrayar la importancia estratégica de esta línea directriz que caracteriza los desarrollos en curso en la región, llegando incluso a evocar una «alianza» entre Beirut y Bagdad contra la influencia iraní.
Y para dejar bien claro el apoyo inequívoco de Washington al restablecimiento de la autoridad del poder central, el señor Rubio invitó expresamente al Líbano y a Siria a hacer pública una declaración solemne centrada en el respeto mutuo de la soberanía de ambos países.
Como anticipando el resultado de la visita del presidente Aoun a Washington, el Secretario de Estado subrayó el lunes que el jefe de Estado podrá destacar ante los libaneses, a su regreso a Beirut, que es él quien, gracias a sus orientaciones nacionales, logra encaminar al país hacia la recuperación.
Al respecto, el señor Rubio quiso dejar claro que Washington no tiene otro interlocutor en el Líbano que el presidente Aoun y la legalidad, y que por tanto, en ningún caso se trata del régimen iraní.
Inicio del establecimiento de las «zonas piloto»
Es sobre la base de ese mismo compromiso con el restablecimiento de un Líbano soberano y libre que la Administración Trump ejerce toda su influencia para poner en práctica las disposiciones del acuerdo marco firmado el pasado 26 de junio por el Líbano e Israel.

El establecimiento de las zonas piloto previstas por el acuerdo libanés-israelí comenzó el lunes por la noche y debería continuar el martes con la retirada de las fuerzas del Estado hebreo de la primera zona piloto, formada por las localidades de Froun, Srifa y Zawtar al-Gharbiyeh, donde el ejército libanés deberá desplegarse el martes y verificar, bajo supervisión estadounidense, que la zona en cuestión está libre de toda presencia miliciana de Hezbolá.
Si esta operación avanza sin contratiempos, consagrará sin lugar a dudas el éxito de la opción de negociaciones directas con Israel adoptada por las autoridades para iniciar el proceso de retirada del ejército israelí y resolver el problema del Líbano Sur.
El Departamento de Estado quiso señalar el lunes a este respecto que el inicio del establecimiento de las «zonas piloto» es el resultado directo de las últimas conversaciones libanesas-israelíes celebradas hace unos días en Roma.
Cabe recordar en este contexto que el presidente Aoun y el gobierno de Nawaf Salam se comprometieron con este camino a pesar de las presiones y maniobras del régimen iraní, que buscaba imponer «su» solución en el Sur con el fin de arrogarse el derecho de manejar la carta libanesa para posicionarse mejor en su negociación con la Administración Trump…
Sin embargo, las autoridades se opusieron firmemente al enfoque iraní, afirmando sin rodeos que corresponde al Estado libanés, y solo a él, negociar en nombre del Líbano.
¿Vuelta a las «negociaciones» con Teherán?
Mientras el Líbano avanza en su camino hacia el restablecimiento de su soberanía, el lunes por la noche parecía asomar un pequeño y tímido rayo de esperanza en el horizonte regional.
Informaciones procedentes de Islamabad daban cuenta de un proyecto de alto el fuego (otro más…) de unos diez días de duración.
Esta pausa, que iría acompañada de libre circulación en el estrecho de Ormuz, se aprovecharía para debatir la manera de retomar las conversaciones entre Washington y Teherán.
Se trata, pues, en esta fase, de negociaciones destinadas a allanar el camino… hacia las negociaciones sobre los asuntos conflictivos.
Salvo que las conversaciones con la República Islámica sobre esos mismos asuntos (el programa nuclear, el enriquecimiento de uranio, los misiles balísticos…) se prolongan desde hace más de… ¡veinte años!
Se iniciaron a comienzos de los años 2000 y fueron incluso objeto, entre 2006 y 2010, de seis resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que instaban a Irán a detener el enriquecimiento de uranio. En vano…
En las últimas veinticuatro horas, el régimen iraní ha expresado su voluntad de relanzar las conversaciones con Estados Unidos y ha enviado con ese fin a su ministro del Interior a Islamabad para examinar la manera de reactivar el alto el fuego en el Golfo, conforme al memorando de entendimiento suscrito con Washington en junio.
El Ministerio iraní de Asuntos Exteriores debía subrayar el lunes en un comunicado la necesidad de «atenerse a las negociaciones con los estadounidenses».
Esta postura repentinamente «pacifista» resultó aún más sorprendente dado que un comunicado atribuido a finales de la semana pasada al misterioso Guía Supremo, Moujtaba Jamenei, afirmaba que «la firma de Donald Trump en el memorando de entendimiento no tiene ningún valor», lo que implícitamente convierte en caduco —en principio y a ojos de Teherán— ese mismo memorando de entendimiento que algunos dirigentes iraníes quieren resucitar…
Tal incoherencia viene después —cabe señalarlo— de nueve noches consecutivas de intensos bombardeos estadounidenses contra posiciones e infraestructuras militares, así como contra almacenes de armas y municiones pertenecientes a los Guardianes de la Revolución.
Agresión contra dos diplomáticos franceses
En cualquier caso, mientras el régimen de los mulás subrayaba su voluntad de retomar el «diálogo» con Estados Unidos, no dejó de lanzar al mismo tiempo misiles y drones, el lunes por la noche, contra Kuwait, Baréin y Jordania.
Al mismo tiempo, el lunes se registraron dos nuevos ataques contra embarcaciones que transitaban por el estrecho de Ormuz, mientras el presidente iraní reafirmaba a primera hora del día que «el papel de Irán» en dicho estrecho «no es negociable».
Un alto responsable iraní subrayó por su parte que esta vía marítima no será transitable para ninguno de los países «que cooperen con Estados Unidos».
En cuanto al presidente del Parlamento y principal negociador con Washington, Mohammed Bagher Ghalibaf, dirigió palabras muy poco corteses hacia los estadounidenses, denunciando el suministro de material militar por parte del ejército de EE. UU., mientras que este país «pretende querer poner fin a la guerra».
Y añadió, dejando traslucir su talante belicoso: «Apuestan a que nuestra inteligencia es tan limitada como su propio coeficiente intelectual».
Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, anunciaron por su parte un «bloqueo marítimo de Arabia Saudí», tras un intercambio de disparos entre ambos bandos la semana pasada.
Aún más grave: el jefe del Quai d'Orsay, Jean-Noël Barrot, indicó el lunes por la noche que dos diplomáticos franceses «fueron detenidos sin motivo» en Teherán por los servicios de seguridad «durante varias horas, fueron interrogados y uno de ellos fue maltratado». El señor Barrot calificó el hecho de «acción de intimidación extremadamente grave».
Esta acumulación, en un breve lapso de tiempo, de acciones belicosas y declaraciones agresivas dice mucho sobre el estado de ánimo real de los centros de poder iraníes y la forma en que llevan más de veinte años percibiendo sus relaciones con Occidente y con la comunidad internacional en general.