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Análisis

¿Nos hemos vuelto más tontos?

¿O estamos viviendo una transformación en la estructura del conocimiento?
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Por Mona Fayad
Publicado sep 5, 2026 - 20:01
La pregunta “¿Se ha vuelto el mundo más tonto?” aparece una y otra vez en los debates contemporáneos sobre los medios digitales, los motores de búsqueda y las redes sociales. A primera vista parece una pregunta sencilla, pero detrás de ella se esconde un problema mucho más profundo relacionado con la propia naturaleza del conocimiento: cómo se produce, cómo se transmite y cómo se consume. Quizás la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” no sea la más precisa. Tal vez deberíamos preguntarnos, más bien: ¿sigue transmitiéndose el conocimiento de una manera que permita comprenderlo y hacerlo productivo? ¿La mayoría de quienes leen sigue recurriendo a los textos originales? ¿O se limita a sus resúmenes y a lo que se dice sobre ellos a través de aquello que circula entre los lectores? Una de las claves para comprender este fenómeno se encuentra en los trabajos del psicólogo británico Frederic Bartlett, quien realizó en la década de 1930 una serie de experimentos sobre lo que llamó “reproducción serial”. En estos experimentos, se le pedía a una persona escuchar una historia y luego contársela a otra, que a su vez se la contaba a una tercera, y así sucesivamente. Los resultados fueron llamativos: con cada nueva transmisión, la historia no se reproducía tal como había sido contada, sino que era reformulada. Algunos detalles se eliminaban, otros se exageraban y otros eran sustituidos por elementos que se ajustaban mejor a los antecedentes, las experiencias y la cultura del receptor. Cuando la cadena alcanzaba un número suficiente de transmisores, la historia original se había convertido en algo completamente distinto. Este sencillo modelo revela una verdad fundamental: la memoria no es un recipiente neutral, sino un mecanismo de reconstrucción. Y cuando el conocimiento se transmite a través de múltiples intermediarios, no se “conserva”, sino que se “reproduce”. Aquí comienzan a aparecer los paralelismos con nuestro mundo contemporáneo y el temor de que nos estemos volviendo más tontos. En la era de los medios digitales, el conocimiento ya no circula mediante la transmisión oral, sino a través de cadenas de mediación: un artículo se resume, luego se cita, después se vuelve a publicar en forma de una publicación breve y finalmente se reduce aún más a una frase o un título. En este contexto, puede retomarse una imagen metafórica aparecida en un texto periodístico: una biblioteca cuyos libros son sustituidos por resúmenes, y después por resúmenes de los resúmenes, hasta que el lector se encuentra ante sucesivas capas de reducción. Algo parecido a lo que podríamos llamar la “cadena del mapache”, que no lee el original, sino que hurga entre sus restos. Conviene aclarar que la elección del “mapache” no es casual. Esta metáfora condensa simbólicamente una situación cognitiva que está arraigándose cada vez más. Este animal, que vive en las periferias urbanas y hurga en los contenedores de basura, no produce su alimento, sino que se nutre de los restos de lo producido por otros. A pesar de su inteligencia práctica y de su capacidad para desmontar, recoger y aprovechar objetos, no comprende realmente lo que tiene entre las manos, sino que lo trata como material susceptible de un uso inmediato. Así aparece el conocimiento en la era de la reducción serial: los textos se resumen, luego vuelven a resumirse, hasta que de ellos solo quedan migajas de sentido, reorganizadas y puestas nuevamente en circulación sin un vínculo real con su fuente. En ese punto, no solo nos hemos alejado del original, sino que hemos entrado en una nueva etapa de producción de información o conocimiento, en la que el actor cognitivo ya no es un lector o un pensador, sino un recolector de restos de significado que los redistribuye en fórmulas de consumo rápido. La “cultura del mapache” no es, por lo tanto, solamente una descripción de la superficialidad, sino un diagnóstico preciso del deterioro de la propia cadena del conocimiento: de la creación al resumen, de la comprensión al procesamiento formal, de las ideas a algo que apenas conserva una huella desvaída de ellas. Pero este fenómeno no puede entenderse al margen de la estructura tecnológica que lo gobierna. Aquí cobra importancia Marshall McLuhan, quien resumió su pensamiento en la famosa frase: “El medio es el mensaje”. El problema no está solamente en el contenido, sino en la forma a través de la cual ese contenido es transmitido. Los medios digitales contemporáneos no se limitan a transportar información, sino que la remodelan de acuerdo con una lógica de velocidad, condensación y fragmentación. El texto largo deja de ser apto para el consumo, mientras que una idea solo parece aceptable si puede reducirse a unas cuantas líneas fáciles de compartir. Esta transformación genera una paradoja llamativa: vivimos en una época en la que acceder al conocimiento ya no es difícil, sino excesivamente fácil. Y junto con esa facilidad extrema aparece lo que podríamos llamar una “ilusión cognitiva”: basta leer un fragmento breve o un resumen rápido para sentir que se ha adquirido una idea. Sin embargo, esa sensación de posesión no necesariamente va acompañada de una comprensión profunda ni de la capacidad de reconstruir o criticar el conocimiento. Aquí aparecen los que podríamos llamar “semiinstruidos”: individuos que poseen las señales del conocimiento, pero no su estructura; su vocabulario, pero no su lógica interna. El problema se vuelve aún más complejo si se observa desde el ángulo de la atención. En lugar de mantenerse en un estado de concentración prolongada, como ocurre con la lectura tradicional o la reflexión sostenida, la mente vive ahora sometida a un bombardeo constante de información: notificaciones, videos, titulares y oleadas sucesivas de contenido. Esta situación no solo dispersa la atención, sino que la reconfigura según una lógica de saltos continuos entre breves unidades de significado, en lugar de favorecer la construcción gradual y acumulativa de una idea. Recuerdo aquí una anécdota que solíamos contarnos y que circulaba mucho en la época de las manifestaciones populares. Ilustra muy bien la idea de la reducción y la transformación del contenido. Después de la ocupación de Palestina, numerosas manifestaciones salieron a las calles coreando “¡Que caiga la Declaración Balfour!”. La broma consistía en que, al final de la manifestación, el eslogan se había convertido, en árabe, en “¡Que caiga uno desde arriba!”, una frase completamente diferente que conservaba algo del ritmo y la sonoridad de la original. Tal vez esta imagen ayude a comprender mejor lo que sucede en el lenguaje cotidiano cuando el conocimiento se transforma en mensajes breves que se repiten colectivamente. La manifestación comienza con una consigna política precisa. Pero con la repetición, la inmersión colectiva y el ritmo sonoro, la frase se transforma gradualmente en otra completamente distinta. Puede conservar el ritmo y la carga emocional de la primera, pero pierde su significado y su sentido original. Lo que permanece no es el significado, sino la energía emocional de la expresión. Aquí vuelve a aparecer, bajo otra forma, lo que Bartlett había observado: no importa solamente lo que se dijo, sino cómo volvió a decirse y cómo volvió a comprenderse dentro de un contexto social cambiante. Si reunimos todos estos hilos, podemos decir que lo que vivimos hoy no es tanto un “colapso de la inteligencia” como una transformación de las condiciones en las que esta funciona. La mente humana no ha cambiado radicalmente, pero el entorno en el que opera sí se ha transformado profundamente: hemos pasado de un entorno que permitía la acumulación lenta a otro que impone la reproducción rápida y fragmentada del conocimiento. Esta transformación crea una tensión permanente entre dos tipos de pensamiento: uno reflexivo, que necesita tiempo, y otro rápido, que exige una respuesta inmediata. Desde esta perspectiva, la pregunta “¿Nos hemos vuelto más tontos?” resulta parcialmente engañosa. Quizás sería más exacto decir que estamos cada vez más expuestos a condiciones que hacen menos estable, o menos posible, el pensamiento profundo, y vuelven al conocimiento más vulnerable a la fragmentación y al reciclaje. En cuanto a la estupidez, si se permite el término, quizá no sea una característica de la mente, sino un efecto secundario y un rasgo de la estructura cultural que ha surgido. Se trata de una tecnología que está remodelando nuestra relación con el mundo. Así, en lugar de contemplar este fenómeno como un descenso de las capacidades humanas, podemos entenderlo como una transformación del “entorno del conocimiento”: un entorno en el que resulta fácil saber algo, pero cada vez más difícil comprenderlo verdaderamente y en profundidad.
Opinión
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Por Youssef Mouawad - Publicado sep 5, 2026 - 13:25
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En 2010, Israel interceptó con violencia el Mavi Marmara, un barco turco fletado por una ONG humanitaria para socorrer a la Franja de Gaza, entonces bajo bloqueo israelí. Ese incidente, la gota que colmó el vaso, sacó a la luz la animosidad entre el gobierno de Erdogan y el Estado hebreo. (AFP)
La guerra aún no ha cesado en nuestro sur cuando ya amenaza con estallar entre nuestros vecinos. Es decir que vivimos con una prórroga, saltando de un conflicto a otro. ¡Y con razón! Faltó muy poco para que el bombardeo de una base siria degenerara en una batalla campal entre Ankara y Tel Aviv. Fue el pasado 18 de agosto, y Benjamin Netanyahu no se anduvo con rodeos: su país no iba a tolerar un afianzamiento militar turco capaz de extenderse hacia el sur de Siria. El mensaje resultó aún más contundente por el hecho de que ocho ataques habían tenido como blanco la base aérea de Abu al-Duhur, situada a 70 kilómetros de la frontera turca. Recordemos, por otra parte, que desde la caída de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024, Erdogan es el principal mentor de la nueva Siria, la de Ahmed al-Sharaa, ayudándolo a reconstruir sus fuerzas armadas y convirtiéndola en un socio estratégico. Esta ya no es la Siria de Hafez al-Ásad ¿Fue este recrudecimiento de la tensión entre Ankara y Tel Aviv lo que precipitó una reunión entre el jefe de la diplomacia siria, Asaad Chaibani, y el jefe del Mosad, Roman Gofman, el pasado 23 de agosto en Jordania? Sin embargo, este cónclave no provocó una ola de indignación en el mundo árabe como sí lo hizo la visita improvisada de Anuar el-Sadat a Israel en 1977. Se ha roto oficialmente un tabú y, de hecho, ¿quién habría podido creer que semejante encuentro tendría lugar bajo el régimen baazista? El Estado hebreo debería haberse congratulado, pero, contrariamente a lo que se esperaba, no interrumpió ni sus ataques aéreos ni sus incursiones territoriales, como la del 27 de agosto en Quneitra. Es que las cosas han cambiado. Bajo Hafez al-Ásad, Siria era una potencia regional que, sin ser temible, sí era temida por sus vecinos inmediatos, fueran o no países árabes. Se evitaba buscarle pleito y, por ello, llevó a cabo, dentro de ciertos límites, una política exterior agresiva que a menudo rozaba la provocación. Y así, en virtud de la autonomía de su acción y del margen de maniobra que se otorgaba a sí misma, había constituido, aunque solo fuera geográficamente, una zona de amortiguación entre, por un lado, una Turquía «erdoganesca» que exhibía su islam sin complejos y, por otro, un Israel, el Estado consustancialmente judío. Pero he aquí que, en un país agotado por una gestión baazista y devastado por años de guerra civil, Turquía, al empezar a establecer sus marcas, se encontrará indudablemente cara a cara con un Israel que ocupa una porción del territorio sirio. ¿Qué cabe esperar? Teniendo en cuenta el ego desmesurado tanto de Netanyahu como de Erdogan, y en el supuesto de que ambos estadistas permanezcan en sus respectivos cargos, debemos esperar un duelo épico en territorio sirio, libanés, jordano, o incluso en otros lugares. Este combate estará hecho de fintas, esquivas y golpes bajos, pero también de ataques frontales, cuerpo a cuerpo y escaladas de tensión hasta el punto de ruptura. Y esto a pesar de que el informe delCongressional Research Servicede septiembre de 2025 estima que la confrontación directa entre Turquía e Israel sigue siendo poco probable, precisamente porque ambos Estados conocen el costo que tendría una guerra si esta llegara a declararse. Sin embargo, en el terreno de la polemología, ¡los dirigentes y demás élites no son necesariamente actores racionales! Tanto más cuanto que, a ojos de los observadores israelíes, el eslogan que impera en Anatolia, a saber «Make Turkey great again», no es precisamente tranquilizador para el Estado sionista. A Washington le costará cada vez más contener o separar a los dos adversarios que ya se están alineando en orden de batalla. ¿Turquía, un nuevo Irán? Sí, es una hipótesis, pero solo en un enfrentamiento cara a cara con Israel, ya que Siria se ha convertido de la noche a la mañana en una zona donde «se superponen dos perímetros de seguridad», el turco y el israelí, el musulmán y el judío. Y no cabe descartar que el activismo chiita, ese movilizador de«proxies», termine aliándose, aunque sea momentáneamente, con una «versión hermanista» del islam político promovida por Ankara. Tendríamos así, contra todo pronóstico, a un Hezbolá respaldado por su enemigo de ayer, Ahmed al-Sharaa, un islamista salido de Jabhat al-Nusra y Hayat Tahrir al-Sham. Frente a un adversario común, un vuelco en las alianzas siempre resulta legítimo y oportuno. Pero no sería más que una alianza táctica, dictada por las necesidades del momento, que no prejuzgaría el futuro. Habiendo quedado el nacionalismo árabe de lado, Turquía no se conformará con apoderarse económicamente del mercado sirio, con sus 25 millones de consumidores: querrá ejercer también una influencia política en Damasco e invertir para ello su aparato militar y de seguridad. El endeble poder del presidente sirio, incapaz de garantizar ciertas funciones soberanas ni de encuadrar a los diversos cuerpos del Estado, tendrá necesariamente que recurrir a la experiencia de su vecino del norte. ¿Debemos creer, no obstante, que este último se verá arrastrado por la espiral de la «beligerancia anunciada»? Todo apunta en esa dirección, y ya pueden percibirse los primeros indicios de un engranaje que recuerda al de Estados Unidos en Vietnam bajo Lyndon Johnson. Porque si el Estado sirio pretende reconstituirse, necesitará ante todo un ejército capaz de sofocar las tendencias centrífugas de los alauitas, los drusos y otras facciones que reclaman la fragmentación del país. Y es a Ankara a quien corresponde proveerlo y reforzar la autoridad central asentada en Damasco. Pero Israel, que ha adquirido malos hábitos en Siria y pretende conservar allí libertad de acción aérea, no puede conformarse con un ejército estructurado según el modelo de la OTAN y que podría servir de intermediario a una empresa neootomana. ¿Y el Líbano, de la primacía a la secundariedad? Un nuevo decorado queda ahora montado para un nuevo guion que definirá nuevas reglas del juego. ¿Qué será de Hezbolá, atrapado en una ratonera? Pues bien, podría beneficiarse, en ese escenario, aunque solo sea en parte, del apoyo logístico de Damasco, un respaldo que le ha faltado gravemente desde la caída de Bashar al-Ásad. Y quizás, por un desplazamiento de las placas tectónicas, el Líbano pasaría de ser el escenario inicial a convertirse en el escenario secundario de un conflicto regional. Pero, para serles sincero, ¡eso a nosotros nos va a traer sin cuidado!
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Por LevantTime . - Publicado sep 5, 2026 - 00:55
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El convoy del CICR que transportaba a los civiles liberados, procedente de la zona ocupada por Israel en el sur del Líbano, se dirigió al punto que marca el inicio de la zona controlada por las autoridades libanesas. (AFP)
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció el viernes que trasladó a Líbano a otras cuatro personas liberadas por Israel, un día después de la liberación de un primer civil. Según el CICR, se trata de tres libaneses y dos sirios. Es la primera vez que se lleva a cabo una operación de este tipo desde el inicio, en abril, de las negociaciones entre Líbano e Israel, bajo la mediación de Estados Unidos. Beirut había solicitado, durante la última ronda de conversaciones celebrada en agosto, la liberación de un primer grupo de ciudadanos libaneses capturados por Israel en el sur de Líbano, donde mantiene una guerra con Hezbolá, aliado de Irán. Sus familiares estiman que hay alrededor de una treintena de personas retenidas, entre ellas combatientes del movimiento islamista. El presidente libanés, Joseph Aoun, agradeció en un comunicado a Estados Unidos y al CICR, y afirmó que esta liberación «confirma lo acertado de la postura» de Líbano, que participa en negociaciones con Israel rechazadas por Hezbolá. Estados Unidos elogió el jueves «al Gobierno de Israel y al Gobierno de Líbano por haber demostrado buena fe mediante estos primeros pasos», y expresó su esperanza de que esto sirva «de base para conversaciones más amplias sobre otras cuestiones civiles». Ambos países deberán celebrar una nueva ronda de negociaciones en septiembre, en una fecha que aún no ha sido anunciada. Según la oficina del primer ministro israelí, el anuncio del jueves «se produce tras los esfuerzos realizados por Israel y Líbano para localizar y repatriar los restos de dirigentes de la comunidad judía que habían sido secuestrados y asesinados en Líbano» entre 1984 y 1986. Israel intensifica sus ataques En el terreno, ataques israelíes dejaron el viernes tres muertos y 23 heridos en el sur y el este de Líbano, según un medio estatal. Israel intensificó el viernes sus ataques en la región, después de anunciar la noche del jueves que había tomado el control de la cresta montañosa de Ali Taher, que servía como posición estratégica para Hezbolá, aliado de Irán, y domina, entre otras zonas, la ciudad de Nabatiye. El ejército reforzará ahora sus posiciones en la zona para «impedir que el enemigo vuelva a posicionarse allí», declaró el ministro israelí de Defensa, Israel Katz. Otro ataque alcanzó también la región de Tiro, en particular la localidad de Rmadiye, según la Agencia Nacional de Información (ANI). Para Trump, la guerra en Irán es «poca cosa» En cuanto a la guerra en Irán, el presidente estadounidense, Donald Trump, intentó el viernes minimizar su impacto para Estados Unidos ante la proximidad de las cruciales elecciones legislativas de medio mandato. «Mucha gente no lo llama guerra. Yo digo que es un conflicto militar, porque para nosotros es poca cosa (“small potatoes”). No es gran cosa. Hicimos lo de Venezuela y hemos hecho esto», respondió a periodistas en la Oficina Oval, al ser cuestionado sobre su vicepresidente, JD Vance, quien el día anterior había dicho que no quería describir el conflicto como una guerra. Mientras el fuerte aumento de los precios de los combustibles relacionado con la guerra amenaza con costarle a los republicanos de Donald Trump su mayoría en el Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre, su administración intenta restar importancia al conflicto. Según el presidente, Estados Unidos lleva a cabo «ataques puntuales» y aseguró que «actualmente no está combatiendo». También afirmó que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz y que ha diezmado a las fuerzas armadas iraníes. «Lo que hemos logrado es extraordinario. Tomamos el control de Venezuela y, en esencia, tomamos el control de Irán», declaró.
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Para un retorno al legado político de Mohammed Mehdi Chamseddine

Líbano, y en particular la comunidad chiita, conmemoró recientemente el 25 aniversario de la muerte, el 10 de enero de 2001, del expresidente del Consejo Superior Chiita, el imán Mohammed Mehdi Chamseddine. Durante más de dos décadas fue el líder espiritual de la comunidad chiita libanesa, sucediendo al imán Moussa Sadr, quien desapareció misteriosamente durante una visita a Libia en 1978. Dejó tras de sí un “testamento” político cuya existencia y verdadero alcance siguen siendo desconocidos, o deliberadamente ocultados, para muchos libaneses y extranjeros, especialmente en los círculos académicos y periodísticos. La dimensión histórica y profundamente existencial de este legado queda hoy resaltada por los dramáticos acontecimientos que sacuden al Líbano y a la región. Más que nunca, el Líbano y el Levante necesitan la contribución a la vida pública de una figura que, como el imán Shams al-Din, combine autoridad moral, apertura intelectual y una lectura lúcida de las realidades sociopolíticas contemporáneas. Hacia el final de su vida, y a pesar de estar debilitado por la enfermedad, grabó en casetes sus memorias y recomendaciones sobre el rumbo que debían adoptar los chiitas en el Líbano y en la región. En particular, exhortó a sus correligionarios a no tener un “proyecto político específico para los chiitas” y a luchar por sus derechos “integrándose en la sociedad en la que viven”. En términos claros, rechazaba de manera apenas velada el principio de exportar la Revolución Islámica iraní, impulsada por los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria (Pasdarán) tras la llegada al poder de Jomeini en 1979. Cuestionaba especialmente el sistema instaurado por Jomeini, basado en la autoridad del walih al-faqih , es decir, del Líder Supremo de la Revolución Islámica iraní, en ese entonces él mismo y luego sus sucesores, quien, como supuesto descendiente directo del Profeta, concentraba un poder absoluto y definitivo sobre las decisiones estratégicas, incluidas las de guerra y paz. Al establecer este sistema político, el ayatolá Jomeini sembró las semillas de una desestabilización regional crónica, producto de un régimen autocrático que ha sumido a todo Medio Oriente en el caos durante más de cuatro décadas. No es casualidad. La wilayat al-faqih fue concebida como una autoridad absoluta no solo para los iraníes, sino para todos los chiitas. En la práctica religiosa, cada grupo o individuo chiita debe elegir a su referente espiritual. Sin embargo, al atribuirse un poder basado en una “legitimidad” divina, y por lo tanto incuestionable, el nuevo Líder de la República Islámica, primero Jomeini y luego Jamenei, se colocó por encima de todas las demás autoridades religiosas, al servicio además de un proyecto político transnacional, expansionista, hegemónico y represivo que sacraliza la violencia como método de acción. Este “injerto” jomeinista en el cuerpo sociopolítico y religioso chiita no podía sino convertirse en una fuente de tensiones y conflictos en el mundo árabe, bajo el peso de la exportación de la Revolución Islámica y del poder divino atribuido al Guía Supremo. Verdadero visionario, el jeque Mohammed Mehdi Chamseddine supo percibir el peligro que se perfilaba en el horizonte y tomó distancia de los fundamentos de la wilayat al-faqih y de las ambiciones expansionistas de los Pasdarán. Su postura se asemejaba a la del líder espiritual de la comunidad chiita en Irak, el ayatolá Sistani, así como a la del imán Moussa Sadr e incluso a la del jeque Mohammed Hussein Fadlallah, a quien muchos observadores occidentales etiquetaron erróneamente como el “guía espiritual de Hezbolá”, cuando en realidad cuestionaba la autoridad divina del walih al-faqih y, en consecuencia, expresaba reservas sobre la línea de acción de Hezbolá en el Líbano. Más de veinticinco años después, los acontecimientos han confirmado el carácter visionario del legado político del jeque Chamseddine. De hecho, es en nombre de ese “proyecto transnacional específico de los chiitas”, denunciado por el expresidente del Consejo Superior Chiita, que el régimen iraní recurrió hace pocos días a milicias provenientes de países árabes para reprimir brutalmente a su propia población. La consigna “Ni Gaza ni Hezbolá, damos la vida por Irán”, coreada por manifestantes iraníes, resume por sí sola toda la dimensión histórica y existencial de la visión expresada por el imán Shams al-Din. Refleja además el profundo resentimiento hacia las poblaciones árabes presente en un amplio sector de la opinión pública iraní, que no logra comprender cómo el ala radical del régimen ha podido gastar decenas de miles de millones de dólares en sostener fuerzas aliadas en países árabes, mientras Irán atraviesa una crisis socioeconómica grave y sin precedentes. Sobre esta misma base del “proyecto transnacional específico de los chiitas”, el secretario general de Hezbolá, el jeque Naim Qassem, sigue priorizando los intereses del régimen iraní por encima de la construcción de un Estado libanés fuerte y soberano. Incluso ha llegado a amenazar al ministro de Relaciones Exteriores, Joe Raggi, considerado excesivamente soberanista, y no ha dudado en agitar el fantasma de disturbios internos si el gobierno avanza en su decisión de desarmar a Hezbolá. En uno de sus discursos recientes, el presidente Joseph Aoun llamó a Hezbolá a “actuar con sensatez”, lo que provocó el abierto malestar de Naim Qassem, para quien los intereses del Irán de los mulás siguen siendo prioritarios. Para frenar esta deriva suicida del grupo proiraní, se impone con urgencia un paso fundamental: alinearse con las recomendaciones y con el legado político, casi profético, de Mohammed Mehdi Chamseddine. Aunque ello implique inevitablemente, y algún día deberán reconocerlo, una verdadera “revolución cultural” que reconfigure su doctrina política forjada a mediados de la década de 1980.

El “Viejo Continente”, entre la memoria fundacional y el desarme civilizatorio

La noción de “Viejo Continente” remite a una Europa moldeada por una historia extensa, una pluralidad de pueblos y una profundidad espiritual singular. Sin embargo, esta Europa no es una realidad estática: ha sido concebida, reconstruida y reinterpretada a lo largo del tiempo. Dos visiones permiten medir su evolución y las tensiones contemporáneas: la elaborada en la inmediata posguerra por Robert Schuman y los demócratas cristianos, y la que describe hoy Chantal Delsol en La insurrección de las particularidades . Entre ambos momentos, Europa pasó de un proyecto civilizatorio fundado en la reconciliación a una crisis de identidad marcada por la fragmentación y la impotencia estratégica. En la posguerra inmediata, el pensamiento de Robert Schuman se ancló en una experiencia histórica traumática. Europa emergía ensangrentada y exhausta tras dos guerras mundiales originadas en su propio territorio. El grito implícito que entonces atravesaba las conciencias era simple, radical, casi existencial: “Nunca más”. Nunca más guerras fratricidas, nunca más nacionalismos asesinos, nunca más la negación de la dignidad humana. Ese rechazo absoluto al retorno de la barbarie constituyó el fundamento moral del proyecto europeo tal como lo concibieron Schuman, Adenauer y De Gasperi, todos formados en la tradición demócrata cristiana. Para Schuman, Europa no era ante todo un espacio económico o tecnocrático, sino una comunidad de destino compartido fundada en una determinada idea de humanidad. Esa antropología provenía del cristianismo, no como dogma impuesto, sino como matriz cultural que dio forma a la concepción europea de la persona, el derecho y el poder. En ese sentido, declaró célebremente: “La democracia será cristiana o no será” (1). Lejos de confundir fe y política, la frase expresa la convicción de que la democracia no puede subsistir sin un fundamento moral que reconozca la dignidad de la persona humana, la responsabilidad, la solidaridad y los límites del poder. La Declaración del 9 de mayo de 1950 encarna de manera concreta esta visión. Europa no se construirá por decreto, sino mediante realizaciones concretas que creen solidaridades de hecho. No se trata de abolir las naciones, sino de inscribirlas en un marco superior capaz de neutralizar sus impulsos destructivos. El “Viejo Continente” es concebido así como una civilización consciente de sus raíces grecorromanas, cristianas y humanistas, y decidida a transformar su memoria trágica en un principio de paz duradera. La democracia cristiana ofrece, por tanto, una síntesis original: unidad sin uniformidad, pluralidad sin confrontación, memoria sin resentimiento. Próximo artículo: La insurrección de las particularidades. Una Europa desarmada frente a la historia (1) René Lejeune, Robert Schuman, padre de Europa , Fayard, p. 169.

Líbano, Tierra de Asilo
Por
Jawad Pakradouni
Publicado

« Líbano se distingue por la proximidad única entre el mar y la montaña. Las imponentes cadenas montañosas del Líbano se extienden paralelamente a la costa del mar Mediterráneo, creando una diversidad geográfica sorprendente que reúne playas magníficas, valles verdes y montañas cubiertas de nieve en invierno. » Introducción típica que se encuentra en todos los manuales de geografía libanesa que describe un país único en su género, tan cautivador para los locales como para los turistas. No es de extrañar, por tanto, el flujo masivo de ciudadanos extranjeros, especialmente sirios e iraníes (quienes, al parecer, contribuyen a un aumento repentino de la tasa de ocupación de ciertos hoteles): Líbano paga el precio de su éxito. Es cierto que hubiéramos preferido ver desembarcar a occidentales o árabes del Golfo Pérsico, pero desafortunadamente, no elegimos a nuestros turistas, y fue el ministerio en cuestión quien se atrevió con el eslogan «Ahla Bhal Tallé» sin especificar las nacionalidades de la «tallé». De hecho, hay que constatar que los sirios en cuestión decidieron repentinamente visitar el país a partir de diciembre de 2024, la gran mayoría de ellos prefiriendo instalarse en las fronteras, en el valle de la Bekaa, conocido por su clima riguroso en invierno y seco en verano, pero necesariamente menos riguroso y seco que el clima político que reina en Siria, para aquellos que precisamente decidieron apresuradamente pisar suelo libanés. Lo mismo ocurre con los iraníes que muy recientemente – según la información que circula – han invadido algunos hoteles, una variante más delicada que la invasión llevada a cabo en mayo de 2008 por su milicia local, pero que sigue siendo molesta, en la medida en que se encontrarían algunas personas fichadas en las bases de datos de las golondrinas israelíes cuyo zumbido no deja de amenizar nuestros días. En el fondo, estos turistas de otro tipo se aclimatarán muy fácilmente en algunas de nuestras regiones. De hecho, existen playas que responden a sus criterios sociales y culturales: unisex, muy viriles donde Mohammad Raad ejerce como GO (Gritón Organizador), como animador, será Hussein Hajj Hassan cuyo físico recuerda al de Gordon Shumway (acreditando así una de las premoniciones más disparatadas de Michel Hayek), y por supuesto Naim Kassem como DJ, reemplazando al David Guetta de la milicia, aquel que hacía vibrar la república con su dedo. Sin embargo, es lamentable constatar que la tierra de acogida que es Líbano solo recibe a personalidades de segundo, o incluso tercer rango, mientras que las celebridades y otros VIP prefieren ir al Este del muro de Berlín (que en realidad es el Oeste para ellos), a Rusia, a pesar de la notoria fragilidad de los balcones y el efecto purgativo de sus tés. Según los informes publicados por «World Population Review» a finales de 2025, Líbano ocupa el lugar de primera finalista en el mundo árabe y el quinto en el ranking mundial en términos de prevalencia de enfermedades mentales y trastornos psicológicos. Ya que somos un manicomio a cielo abierto, si además tuviéramos que servir de asilo para criminales....

La idea mediterránea a prueba de los equilibrios europeos (2/5)

Después de haber definido el espacio geográfico de la Unión Mediterránea y expuesto las razones por las cuales los mares adyacentes, así como los países ribereños no vinculados al Mediterráneo, fueron excluidos, se presentarán los Consejos Báltico y Nórdico, así como sus objetivos, para identificar sus similitudes con esta Unión y las diferencias de objetivos que los caracterizan. Los límites geográficos de la Unión Mediterránea estaban precisamente determinados: el mar Mediterráneo, delimitado por los estrechos de Gibraltar y de los Dardanelos, así como por el canal de Suez. Los países afectados, es decir, aquellos que pueden designarse como el arco mediterráneo de Europa (incluyendo, por su idioma, historia y cultura, Portugal), así como los países ribereños del Sur y del Este, en número de dieciséis: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Palestina, Siria, Turquía; para el Adriático: Bosnia y Herzegovina, Croacia, Albania y Montenegro; finalmente, Mauritania, por una razón similar –aunque no idéntica– a la que justifica la presencia de Portugal. El iniciador quería que el Mediterráneo no apareciera como una simple sucesión continua de países que rodean un conjunto vacío, sino como un espacio de vida, producción e intercambios humanos, comerciales y culturales, compuesto por el mar Mediterráneo y los países ribereños que lo rodean. Se trataba de un conjunto indisoluble: unión de países, de tierras, por lo tanto, pero también unión de estas tierras con el mar, espacio central que las conecta. Sin embargo, parece que los objetivos asignados son esencialmente terrestres. Ninguno concierne directamente al mar. La entonces canciller alemana, Angela Merkel, exigió que este proyecto abarcara los veintisiete países de la Unión Europea. Para evitar cualquier enfrentamiento, el presidente francés Nicolas Sarkozy tuvo que modificar el proyecto de unión, integrando en él a todos los países de la UE y adaptando su denominación para eliminar cualquier ambigüedad. Sin embargo, a veces es útil revivir las diferentes fases de la creación de un proceso para comprender las razones de sus éxitos o fracasos y, por lo tanto, las dificultades encontradas por la Unión por el Mediterráneo (UpM) para avanzar al ritmo deseado. Veremos que no constituye un fracaso, pero quizás –en parte– una víctima de las inercias asociadas a su macroestructura, como Europa sabe producir. Aquí se presentan dos organismos: el Consejo de los Estados del Mar Báltico, que se asemeja –de lejos, por sus ambiciones y objetivos– a la Unión Mediterránea (o a la UpM), y, para que conste, el Consejo Nórdico. Este último se tratará muy brevemente, ya que no se centra en y alrededor del Báltico en su vocación. El Consejo de los Estados del Mar Báltico Este Consejo** fue creado en 1992 por iniciativa de Alemania y Dinamarca para fomentar la cooperación en la región del mar Báltico, especialmente en materia de seguridad y medio ambiente. Desempeña un papel de plataforma regional de cooperación en asuntos civiles, medioambientales, marítimos y sociales. Se trata de un foro regional que agrupa a diez Estados –Dinamarca, Estonia, Finlandia, Alemania, Islandia, Letonia, Lituania, Noruega, Polonia y Suecia– que se han adherido a la Unión Europea, con la excepción de Islandia y Noruega. Países como Francia, además, tienen un estatus de observador a título nacional. Su secretaría está establecida en Estocolmo. La invasión rusa de Ucrania ha modificado algunos componentes de este Consejo con la suspensión de Moscú. Sus objetivos son: * promover la identidad y la cooperación regional en torno al mar Báltico; * fomentar un desarrollo sostenible y próspero de la región; * asegurar una región segura (seguridad civil, protección de las personas, cooperación transfronteriza); * garantizar la protección del medio ambiente y la resiliencia democrática; * fomentar los contactos humanos y un crecimiento económico equilibrado. Los ámbitos de acción incluyen la protección marítima, la economía marítima sostenible, la lucha contra la trata de seres humanos y el crimen organizado, así como la educación, la juventud y la cultura, con un papel reforzado en la cooperación regional europea del Nordeste. El Consejo Nórdico Creado en 1952, el Consejo Nórdico, y su homólogo ministerial establecido en 1971, tienen como objetivo reforzar la cooperación entre los países nórdicos en numerosos ámbitos (movilidad, medio ambiente, cultura, sociedad). Su visión está claramente orientada hacia una cooperación e integración políticas, económicas, sociales y culturales. Constituye un modelo de unión regional democrática. Este Consejo agrupa a Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, así como a sus territorios autónomos (Groenlandia, Islas Feroe, Åland). Su sede está en Copenhague. Sus objetivos esenciales son fomentar un espacio nórdico integrado –libre circulación, igualdad, sostenibilidad e innovación– y promover los valores democráticos y la solidaridad regional. El Consejo Nórdico no incluye ni a Alemania ni a los otros países de la Unión Europea. Sin embargo, se menciona para mostrar que existen y operan activamente instancias geográficamente constituidas, que agrupan a algunos países de la UE en torno a proyectos comunes con países no miembros de la Unión en un área geográfica definida. Funcionan, sin duda, más fácilmente que la UpM, vasta y quizás demasiado pesada para soportar y hacer funcionar de manera dinámica. Solo el Consejo de los Estados del Mar Báltico puede compararse con la Unión Mediterránea, ya que ambos están estructurados en torno a un conjunto marítimo a partir de países ribereños. Sin embargo, los objetivos de este Consejo no tienen la amplitud de los de la Unión Mediterránea. No obstante, esta última, aunque rodea el mar Mediterráneo –con una vertiente adriática y una apertura atlántica– carece de objetivos verdaderamente marítimos. La Unión Mediterránea fue efímera. Dio paso a la Unión por el Mediterráneo, que existe hoy. Esto es esencial para los pueblos mediterráneos. Líbano tiene todo su lugar en ella. Próximo artículo: La transmutación del Proceso de Barcelona en Unión por el Mediterráneo (3/5) Artículo anterior: Unión mediterránea: ¿qué ha sido del proceso de Barcelona? (1/5)

Irán: una guerra civil, como la de Siria, sigue siendo probable

El régimen de Teherán no ha caído; e incluso si estuviera fragilizado, no vacila. Si las manifestaciones y los disturbios desatados en las ciudades de Irán honran a universitarios, mujeres, bazaríes y otras capas de la sociedad, cabe preguntarse si han superado en magnitud a las que derrocaron al Shah en 1979. Pero estas convulsiones y protestas pueden alcanzar de repente una gravedad insospechada, y no sería ilusorio apostar por su éxito, como no duda en declarar el canciller alemán. ¡E incluso en caso de ataque israelí o estadounidense! Sin embargo, no seremos testigos de la desbandada de la élite político-clerical iraní en breve, ni de la de sus mamelucos que son los pasdarans y los bassidjis *. No son personas que huyan ante manifestantes desarmados. Y además, el ayatolá Jamenei, incluso disminuido por la enfermedad, no es el Primer Ministro Mohammad Mossadegh, a quien un golpe de estado fomentado en 1953 por la CIA estadounidense y el MI6 británico había derrocado fácilmente para reinstaurar a Mohammad Reza Pahlavi. Así que, a menos que el régimen se vuelva contra sí mismo, el futuro del país se decidirá en las barricadas. Los pesos pesados del régimen no van a renunciar a su ascendencia y los Guardianes de la Revolución solo tienen un deseo: el de enfrentarse al enemigo interior. Toda esta gente tiene demasiado que perder con una alternancia en el poder. Y habiendo incurrido en la corrupción y la represión, ¿dónde encontrarían refugio los barones y pilares del Estado? ¿En China o en la Federación Rusa, si Venezuela les está supuestamente prohibido? Sin embargo, bajo la amenaza exterior, la clase dirigente puede ceder. Puede llegar a reducir la autoridad del Guía Supremo, o incluso ceder en el tema nuclear, pero no por ello abandonará el poder. Seamos claros, un ciberataque malicioso o incluso un bombardeo estadounidense, sin despliegue de tropas terrestres, no son capaces de derribar el régimen odiado. Así que, una vez más, será el pueblo que ha salido a las calles quien se llevará la victoria por la fuerza. Una guerra civil asimétrica al principio, como fue el caso en Siria, es por lo tanto probable. Y en ese caso, no habría que descartar una intervención rusa y/o china, aunque solo sea para contrarrestar la injerencia israelí y estadounidense. ¿Y Líbano entonces? Dicho esto, no hemos salido del apuro: si se debe derramar sangre en las provincias de la República Islámica, es de esperar una deflagración en Líbano. Porque si alguna vez se ve amenazado en su propia sede, el régimen de los mulás no dudará en prender fuego a todo el Próximo Oriente. Sí, una decisión suicida no debe descartarse por parte de quienes han caído en picada en menos de dos años y que viven en un asombroso estado de negación. ¡De ahí el llamado a velar y a permanecer vigilante! *Si su potencial actual alcanza los 200.000 soldados, no hay que perder de vista « que al menos 2 millones de pasdaran, y otros tantos bassidji, han conocido la terrible experiencia del frente. Esta fraternidad de armas explica la influencia posterior de sus redes de solidaridad de veteranos desmovilizados en el conjunto del cuerpo social ». Jean-Paul Burdy, « Irán: Una militarización del régimen por los Guardianes de la Revolución », Revista Oriente Medio, 10 de enero de 2024

Origen de uno de los museos más grandes del mundo
Por
Micha Moussallem
Publicado

El 1 de noviembre de 2025, veinte años después del inicio de las obras de construcción, el Gran Museo Egipcio o GEM (Grand Egyptian Museum), finalmente abría sus puertas. Se trata del sexto museo más grande del mundo y el más extenso dedicado a una sola civilización. Durante una inauguración faraónica, en presencia de numerosos jefes de Estado, el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sissi presentó este nuevo museo como un regalo de Egipto al mundo. Una historia llena de obstáculos La historia del GEM comienza en 1992, cuando el entonces ministro de Cultura egipcio, Farouk Hosny, propone la creación de un nuevo museo destinado a reemplazar el antiguo Museo de El Cairo, que se había vuelto obsoleto. Este proyecto ambicionaba reunir los inestimables tesoros arqueológicos egipcios hasta entonces dispersos. La primera piedra se colocó en 2002, pero las obras de construcción no comenzaron efectivamente hasta 2005. Sin embargo, la realización del museo estuvo llena de obstáculos y marcada por numerosos retrasos, debidos en particular a la Primavera Árabe de 2011 y a la pandemia de Covid-19. El proyecto también tuvo que afrontar importantes dificultades de financiación, ya que el coste total del GEM superó los mil millones de euros. Finalmente, el 1 de noviembre, tras una estrecha cooperación internacional, tanto financiera como técnica, el museo vio finalmente la luz en una grandiosa inauguración. Un museo a la sombra de las pirámides El museo está situado en la meseta de Giza, frente a las pirámides, y se extiende sobre un terreno de 500.000 metros cuadrados, el equivalente a 70 campos de fútbol. En 2002, la UNESCO y la Unión Internacional de Arquitectos lanzaron conjuntamente un concurso internacional de arquitectura para el diseño del museo. Entre las 500 propuestas presentadas, fue seleccionado el estudio irlandés Heneghan Peng Architects. Toda la arquitectura del museo se inspira en las pirámides. Su fachada triangular, de 60 metros de altura, está compuesta por paneles de alabastro y vidrio translúcido que evocan el color de las arenas del desierto y cuyo aspecto varía según el momento del día o de la noche. Está adornada con jeroglíficos y pirámides en las que están grabados los nombres de 140 faraones. La estructura de la fachada está visualmente alineada con las tres pirámides vecinas, y el edificio integra armoniosamente, dentro de una arquitectura moderna, la geometría sagrada de los faraones. El museo también cuenta con tecnologías de punta destinadas a conservar, realzar, iluminar y proteger sus doce galerías. Un centro mundial de conservación e investigación Más allá de su papel como joyero de la fabulosa historia del antiguo Egipto, el GEM se posiciona como un importante polo científico, dotado de un centro de investigación y conservación arqueológica de primer nivel. Con una superficie de 32.000 metros cuadrados, este es el centro de restauración de artefactos arqueológicos más grande y sofisticado del mundo. Operativo desde 2010, comprende 19 laboratorios ultramodernos equipados con microscopios digitales, máquinas de rayos X y 3D, tecnologías espectroscópicas y sistemas de identificación de ADN. Ciento veinte conservadores de nivel internacional trabajan allí. Gracias a estos medios técnicos excepcionales, el GEM ha desempeñado un papel esencial en el traslado y la restauración in situ de más de 57.000 artefactos procedentes de diversos sitios egipcios. El centro también ofrece programas de formación destinados a conservadores-restauradores egipcios e internacionales, consolidando así su estatus de referencia para la preservación del patrimonio en Oriente Medio. El complejo también incluye un centro de conferencias con capacidad para 1.000 personas, destinado a acoger conferencias y simposios internacionales. Finalmente, cabe destacar que el museo ha sido diseñado con un enfoque en la preservación del medio ambiente: utiliza energías renovables que permiten ahorrar hasta un 60% de energía y asegurar una reducción de un tercio en el consumo de agua. Un museo para el futuro El GEM no solo conserva y restaura el pasado: lo reinventa para las generaciones futuras. De hecho, integra tecnologías inmersivas como la realidad aumentada, las reconstrucciones digitales y las presentaciones multimedia interactivas, adoptando así «el lenguaje de la generación Z», según Ahmed Ghoneim, director general del GEM. Estas innovaciones transforman la experiencia museística tradicional en un viaje cautivador a través del tiempo. El museo también incluye un espacio dedicado a los niños de 5.000 metros cuadrados, diseñado para fomentar el aprendizaje a través del juego gracias a pantallas interactivas. El GEM no es, por tanto, solo un santuario del patrimonio: es también un espacio vivo de diálogo intercultural y de investigación científica. Después de este breve resumen de la edificación de este museo fuera de lo común, es hora de entrar en él y descubrir algunos de los innumerables tesoros que alberga. Esto es lo que abordaremos en nuestro próximo artículo: «Bienvenido a la casa de Ramsés II».