

El 1 de noviembre de 2025, veinte años después del inicio de las obras de construcción, el Gran Museo Egipcio o GEM (Grand Egyptian Museum), finalmente abría sus puertas. Se trata del sexto museo más grande del mundo y el más extenso dedicado a una sola civilización. Durante una inauguración faraónica, en presencia de numerosos jefes de Estado, el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sissi presentó este nuevo museo como un regalo de Egipto al mundo.
Una historia llena de obstáculos
La historia del GEM comienza en 1992, cuando el entonces ministro de Cultura egipcio, Farouk Hosny, propone la creación de un nuevo museo destinado a reemplazar el antiguo Museo de El Cairo, que se había vuelto obsoleto. Este proyecto ambicionaba reunir los inestimables tesoros arqueológicos egipcios hasta entonces dispersos. La primera piedra se colocó en 2002, pero las obras de construcción no comenzaron efectivamente hasta 2005.
Sin embargo, la realización del museo estuvo llena de obstáculos y marcada por numerosos retrasos, debidos en particular a la Primavera Árabe de 2011 y a la pandemia de Covid-19. El proyecto también tuvo que afrontar importantes dificultades de financiación, ya que el coste total del GEM superó los mil millones de euros. Finalmente, el 1 de noviembre, tras una estrecha cooperación internacional, tanto financiera como técnica, el museo vio finalmente la luz en una grandiosa inauguración.
Un museo a la sombra de las pirámides
El museo está situado en la meseta de Giza, frente a las pirámides, y se extiende sobre un terreno de 500.000 metros cuadrados, el equivalente a 70 campos de fútbol.
En 2002, la UNESCO y la Unión Internacional de Arquitectos lanzaron conjuntamente un concurso internacional de arquitectura para el diseño del museo. Entre las 500 propuestas presentadas, fue seleccionado el estudio irlandés Heneghan Peng Architects.
Toda la arquitectura del museo se inspira en las pirámides. Su fachada triangular, de 60 metros de altura, está compuesta por paneles de alabastro y vidrio translúcido que evocan el color de las arenas del desierto y cuyo aspecto varía según el momento del día o de la noche. Está adornada con jeroglíficos y pirámides en las que están grabados los nombres de 140 faraones.
La estructura de la fachada está visualmente alineada con las tres pirámides vecinas, y el edificio integra armoniosamente, dentro de una arquitectura moderna, la geometría sagrada de los faraones. El museo también cuenta con tecnologías de punta destinadas a conservar, realzar, iluminar y proteger sus doce galerías.
Un centro mundial de conservación e investigación
Más allá de su papel como joyero de la fabulosa historia del antiguo Egipto, el GEM se posiciona como un importante polo científico, dotado de un centro de investigación y conservación arqueológica de primer nivel. Con una superficie de 32.000 metros cuadrados, este es el centro de restauración de artefactos arqueológicos más grande y sofisticado del mundo.
Operativo desde 2010, comprende 19 laboratorios ultramodernos equipados con microscopios digitales, máquinas de rayos X y 3D, tecnologías espectroscópicas y sistemas de identificación de ADN. Ciento veinte conservadores de nivel internacional trabajan allí.
Gracias a estos medios técnicos excepcionales, el GEM ha desempeñado un papel esencial en el traslado y la restauración in situ de más de 57.000 artefactos procedentes de diversos sitios egipcios. El centro también ofrece programas de formación destinados a conservadores-restauradores egipcios e internacionales, consolidando así su estatus de referencia para la preservación del patrimonio en Oriente Medio.
El complejo también incluye un centro de conferencias con capacidad para 1.000 personas, destinado a acoger conferencias y simposios internacionales. Finalmente, cabe destacar que el museo ha sido diseñado con un enfoque en la preservación del medio ambiente: utiliza energías renovables que permiten ahorrar hasta un 60% de energía y asegurar una reducción de un tercio en el consumo de agua.
Un museo para el futuro
El GEM no solo conserva y restaura el pasado: lo reinventa para las generaciones futuras. De hecho, integra tecnologías inmersivas como la realidad aumentada, las reconstrucciones digitales y las presentaciones multimedia interactivas, adoptando así «el lenguaje de la generación Z», según Ahmed Ghoneim, director general del GEM. Estas innovaciones transforman la experiencia museística tradicional en un viaje cautivador a través del tiempo.
El museo también incluye un espacio dedicado a los niños de 5.000 metros cuadrados, diseñado para fomentar el aprendizaje a través del juego gracias a pantallas interactivas.
El GEM no es, por tanto, solo un santuario del patrimonio: es también un espacio vivo de diálogo intercultural y de investigación científica.
Después de este breve resumen de la edificación de este museo fuera de lo común, es hora de entrar en él y descubrir algunos de los innumerables tesoros que alberga.
Esto es lo que abordaremos en nuestro próximo artículo: «Bienvenido a la casa de Ramsés II».