¿Cómo hablar de un hombre que detestaba hacer ruido? ¿De alguien que rehuía los golpes de efecto y toda forma de exhibición, aun cuando su brillantez y nobleza, muy a pesar suyo, competían de manera absolutamente desleal con su extrema modestia? La tarea es particularmente ardua. Tanto más cuanto que el propio hombre, poco aficionado a los medios, las entrevistas, los honores o cualquier forma de exposición pública, habría desaprobado este ejercicio, por lo menos arriesgado, al que se entrega el autor de estas líneas. Y sin embargo, precisamente porque el jeque Michel el-Khoury, fallecido el 4 de julio de 2026, poco antes de cumplir cien años, eligió a lo largo de su vida el camino del silencio y la discreción, fiel a su leitmotiv de que “hay que servir, en vez de servirse”, y colocando al Estado y su primacía por encima de cualquier otra consideración, resulta absolutamente necesario hablar hoy de él, en un momento de profunda descomposición para el Líbano. Tanto más cuanto que su visión del país y de su papel sigue siendo más vigente que nunca.











