
"Guarda tu moneda blanca para tu día oscuro"... Era una frase que mi difunta madre solía repetirnos desde el comienzo de la guerra civil libanesa, hace más de cincuenta años. Para ella, no era un simple consejo financiero, sino la expresión de una temprana conciencia del peligro y de la necesidad de prepararse para los días difíciles. También había conocido la tragedia de la hambruna a través de los relatos transmitidos por su padre, cuyos dos hermanos emigraron en busca de sustento y permanecieron mucho tiempo sin dar noticias, mientras él se quedó para cuidar de sus padres… Al mismo tiempo, mi madre estaba influida por las ideas reformistas de Raymond Eddé y por sus temores ante las ambiciones expansionistas de Israel. Recordaba en particular su advertencia, en 1969, contra la firma del Acuerdo de El Cairo, por temor a que pudiera ofrecer a Israel un pretexto para ampliar su ocupación del sur del Líbano, en el marco de lo que él consideraba sus ambiciones expansionistas históricas.





