

El arma nuclear ya no es un simple instrumento militar. Se ha convertido en el símbolo de una interrogante más profunda, la de la seguridad de los Estados en un mundo donde la eficacia de las garantías internacionales no deja de erosionarse. La guerra en Ucrania, la tensión persistente en torno a Irán y la supervivencia de Corea del Norte pese a su aislamiento traen de vuelta la misma pregunta: ¿cómo pueden protegerse los Estados en un orden internacional cada vez más inestable?
Ucrania, o la lección de renunciar a la disuasión
Ucrania representa el caso más debatido. Tras renunciar a su arsenal nuclear a cambio de garantías de seguridad internacionales, se encontró frente a la invasión rusa. Desde entonces, la pregunta resurge con aún más fuerza: ¿bastan las garantías políticas por sí solas para proteger a los Estados frente a las grandes amenazas?
Corea del Norte, la fuerza de la disuasión más allá del aislamiento
Corea del Norte, en cambio, ofrece un modelo opuesto. Pese a las sanciones y al aislamiento económico que pesan sobre ella, la posesión del arma nuclear ha hecho prohibitivo el costo de cualquier ataque en su contra. La disuasión nuclear se ha convertido así en garantía de supervivencia tanto para el régimen como para el Estado, sea cual sea el precio económico y político.
Irán en busca de un paraguas disuasorio
Irán, por su parte, se sitúa entre los dos modelos. No ha declarado poseer el arma nuclear, pero busca reforzar su posición disuasoria en un entorno regional turbulento. Desde su perspectiva, el programa nuclear forma parte de una estrategia destinada a impedir cualquier intento de imponer un cambio por la fuerza o de amenazar su seguridad nacional.
Una disuasión que ya no se limita a lo nuclear
Los desarrollos recientes muestran, sin embargo, que la disuasión ya no se reduce al arma atómica. Irán cuenta con una carta estratégica gracias a su capacidad de influir en el flujo de la energía mundial a través del estrecho de Ormuz. Corea del Norte, por su parte, ha logrado convertir sus capacidades militares en beneficios económicos y tecnológicos provenientes de Rusia. Ucrania, a su vez, ha conseguido desarrollar tecnologías avanzadas en drones y guerra electrónica, tecnologías que ya empiezan a despertar el interés de otros países.
Oriente Medio en una encrucijada
En Oriente Medio, esta realidad plantea preguntas difíciles sobre el futuro de la seguridad regional. ¿Puede la región seguir apoyándose en alianzas internacionales cambiantes, o se encamina más bien hacia el fortalecimiento de sus propias capacidades de disuasión, en formas tanto nucleares como no nucleares?
Líbano: cuando el ser humano se convierte en fuente de disuasión
En el centro de este debate sobre los instrumentos del poder y la disuasión, el Líbano se distingue como un caso aparte. Su verdadera riqueza nunca residió en la posesión del arma nuclear, ni en el control de corredores estratégicos, ni en el desarrollo de arsenales militares sofisticados, sino en la posesión de otra forma de poder: la del ser humano.
Los valores de la convivencia, la capacidad de solidaridad en la adversidad, así como la energía creativa que los libaneses han llevado por el mundo en la economía, la cultura, la medicina, la educación y las artes, han constituido siempre un capital estratégico que confiere al Líbano una presencia muy superior a su tamaño geográfico y demográfico.
Este poder blando, aunque parezca menos estruendoso que los misiles y las flotas, sigue siendo uno de los elementos más esenciales para la supervivencia del Líbano y para su papel en una región que necesita, más que nunca, modelos de convivencia y apertura, en lugar de división y conflicto.
La pregunta abierta
Tal vez la pregunta esencial no sea si el arma nuclear constituye la única póliza de seguro de los Estados, sino si el mundo está entrando en una era en la que se multiplican las formas de disuasión, mientras la confianza en la capacidad del derecho internacional por sí solo para garantizar la seguridad y la estabilidad retrocede poco a poco.